No confío en mi hermana gemela – Capítulo 16

Traducido por Maru

Editado por Sharon


Al girar el pomo de la puerta, entré en la habitación. Aunque era mediodía, las cortinas estaban cerradas, por lo que estaba oscuro como la noche. No familiarizada con la oscuridad, cerré la puerta que conducía a la habitación y caminé cuidadosamente hacia la cama en la que Erusia se sentó.

—Me sorprendió que desaparecieras de repente anoche. ¿Te duele en alguna parte?

Erusia no abrió la boca. La imagen era satisfactoria.

—Tu hermana te estuvo buscando…

—Hermana mayor —interrumpió Erusia en medio de mi oración—. ¿Cómo te encontraste con el archiduque Veridian?

—¿Mmmmm?

Era extraño para ella cortar una frase. Pero al recordar que originalmente era este tipo de niña, me reí suavemente.

Tenía que desempeñar el papel de la amable hermana mayor para quitarle la máscara a esta niñata. Para que otros pensaran que no había cambiado, me quedé como la hermana mayor amable y comprensiva. Mi máscara no podía caerse.

—Nos conocimos y encontramos accidentalmente. ¿Por qué preguntas?

—Entonces, ¿qué pasa con el marqués Acpencia?

—No tengo relaciones con esa persona.

—Pero habías recibido una flor de él.

Ah, ¿esa rosa?

—También recibiste una.

—Eso…

Observé en silencio mientras ella se mordía firmemente los labios y se quedaba sin palabras. Fui yo quien habló primero.

—De todos modos, me sorprendió ayer que el marqués Acpencia te acompañara como compañero. Los dos, ¿quizás se encontraron sin que yo lo supiera?

Probablemente se conocían. Sino, ¿cómo podrían haber salido en un momento tan fantástico?

—La primera vez que nos conocimos fue en aquel entonces. Cuando fue invitado a la mansión.

—Ah, ¿es así?

La primera vez. ¿Gente así puede igualar sus pasos sin dudar al bailar? Era una excusa increíble.

—Los dos se adaptan bien el uno al otro.

Aunque estaba oscuro, pude ver sus hombros estremecerse. Así era, se adaptaban bien. Una chica que se encontraba con el prometido de su hermana mayor y el hombre que traicionaba a la prometida. Si estas dos personas unidas como “traidores” no se adaptaban, ¿quién lo haría?

Aunque la elogié, Erusia mantuvo la boca cerrada.

Así es, no podrás ocupar este castillo. Pensaste que habías tomado lo que era mío, pero resulta que no lo hiciste. Esto va a ser impactante. Aun así, tu oponente será uno que no puedas tocar, el Archiduque Veridian.

Pensando en ello, estaba segura de que estaba estupefacta y molesta.

Pero, ¿sabes qué, Erusia? Las cicatrices que recibí y la sorpresa que me has dado están más allá de toda descripción. Entonces será vergonzoso para ti pensar que este será el final. Haré un esfuerzo para quitar esa máscara de tu cara.

—Debes estar cansada, descansa un poco. Tu hermana mayor se irá.

Así que esperaría con ansias. Hasta que se rompiera la máscara.

Mientras movía mis pies para salir de la habitación, Erusia habló desde atrás.

—Yo también…

—¿Mmmmm?

—Por favor, permíteme conocerlo también.

Me di la vuelta. No pude evitar tener una mirada feroz en mis ojos. Estaba oscuro, así que no había forma de saber cuál era mi expresión.

—¿A quién?

—Al archiduque Veridian. Por favor, preséntamelo.

Sentí que me echaría a reír.

No podía renunciar a ese hábito, ahora estaba pensando en extender su mano hacia Ian. Aunque era mi hermana menor, pensé en lo diferente que era de mí mientras observaba en silencio.

—Parece ser una persona importante para ti… ¿Sería posible para mí conocerlo? Quiero decir, somos gemelas.

Ante sus últimas palabras me enfurecí. ¿Gemelas? Así era, éramos gemelas. Entonces, ¿cómo veías al yo que era tu gemela?

¿Crees que solo porque somos gemelas, puedes tener las cosas que yo tengo? ¿Es por eso que le presentaste a Barrett a la familia que yo había protegido preciosamente? ¿Creías que todo se volvería tuyo una vez que te convirtieras en su esposa?

—Por favor, hermana mayor —dijo con tristeza

Me cansé de escucharla. La voz que no ocultaba los métodos o medios para tratar de tomar lo que era mío.

Las preciosas joyas y el joyero que solía guardar… junto con las pertenencias de mi madre. Te lo llevaste todo. Con solo esa dulce voz tuya.

En el pasado lo habría pasado, pero ahora era diferente.

—Lo pensaré.

—¡Hermana mayor…!

Tan pronto como me di la vuelta, Erusia se acercó y me abrazó. Su asqueroso toque pareció ponerme la piel de gallina. Estaba a punto de gritarle que me quitara las manos de encima, pero la puerta se abrió primero.

La luz brillante que atravesó la oscuridad que llenaba la habitación lastimó mis ojos y fruncí el ceño ligeramente. Miré hacia la entrada pensando quién carecía de tales modales que entrarían en la habitación de una dama sin siquiera tocar. Sin embargo, debido a la luz de fondo no pude ver su cara.

—Entonces estabas aquí.

Escuché una voz clara. Una voz familiar. Una que sabría a fresas solo por escucharla.

A medida que me fui acostumbrando a la luz, quité mi mano que cubría mis ojos para mirar al hombre que entró. Esta vez también estaba sonriendo con un caramelo con sabor a fresa en la boca.

—Ian…

—Hola. Vine a verte de nuevo.

¿Por qué viniste aquí de nuevo?

Miré a Erusia. Sus ojos se volvieron similares a los de un gato montés. Ojos de una bestia salvaje cazando a su presa.

Una inquietud atravesó mi corazón.

—Guao, si miras desde aquí, ambas se ven exactamente iguales. Ahora entiendo por qué otras personas tienen dificultades para distinguirlas —se rio con alegría.

Sí, eso era verdad. Éramos gemelas especialmente parecidas. Si tuviera que hacer algo, Erusia me seguiría poco después.

La gente de alrededor no podía distinguirnos. Lo único que se distinguía entre nosotras era la fuerza de nuestras voces.

Ian se quitó el dulce de la boca y lo sacudió suavemente. Luego alternó mirando entre Erusia y yo mientras sonreía.

—Bueno, todavía hay una distinción.

Se tambaleó, y de su bolsillo sacó otro palo de caramelo, despegó su envoltorio y lo colocó dentro de mi boca. No pude responder a la acción inesperada.

Mientras miraba fijamente con el dulce en mi boca, él colocó el caramelo restante nuevamente en su boca y sonrió.

—La hermana mayor es más hermosa.

¿Qué dice esta persona?

Estaba tan avergonzada que no sabía qué decir y rodé los ojos. Sobre sus hombros vi al inquieto mayordomo Pevil.

Pevil me miró a los ojos y dejó escapar un profundo suspiro mientras se inclinaba. Trató de entender cómo se produjo esta situación, pero terminó soltando un suspiro cuando no obtuvo respuestas.

Miré al hombre sonriente. Tan pronto como nuestros ojos se encontraron, sonreí. Sus cejas se retorcieron.

—¿Cómo viniste aquí?

—Vine a verte.

—¿A mí?

Moví mi cabeza verticalmente.

¿Por qué vino a verme? ¿Tienes mucho tiempo libre? Hay bastante distancia entre el archiducado y el condado de Aztane. No me digas…

Aclaré mis sospechas. Para demostrar que ser excesivamente celoso era una visión vergonzosa, di un paso atrás con sutileza y seguí hablando.

—Si hubiera algo que quisieras decir, o cualquier pregunta que tuvieras, podrías haber enviado una carta. O podrías haber enviado a alguien. Estoy segura que estás ocupado, no tenías que venir aquí personalmente…

—¿De qué estás hablando? —Abrió mucho los ojos con una expresión perpleja e incomprensible—. No tengo ningún asunto o negocio. Solo vine a verte.

Como lo hizo antes, esta vez me señaló con el dedo.

Ah, ah.

—¿Qué diablos estabas pensando…? —murmuré al final con una mano sobre mi frente y una expresión cansada.

—¿Qué dijiste?

—No es nada.

Sus orejas también eran afiladas. Moví mis labios y expresé mi disgusto.

¿Eres consciente de la persona que Erusia está codiciando en este momento? Esto no es diferente a dirigirse hacia la zorra que me pidió que te presentara hace un momento, ya sea un poco más tarde o un poco más temprano. No puedo entender por qué vendrías ahora a darme dolor de cabeza.

—Escuché que eres la hermana gemela más joven de Laurentia. Dicen que tu salud es bastante pobre.

Esta vez, la voz de Ian no se dirigió hacia mí sino hacia Erusia. Apresuradamente levanté la cabeza.

Ian se acercó a ella y la miró en silencio. Erusia se sintió avergonzada por un momento y cambió su expresión a una más débil y delicada mientras lo miraba.

¡Zorra despreciable! 

Quería recitar las palabras que había dicho anteriormente con reproche, pero había demasiada gente mirando. Desde el mayordomo que estaba justo en frente de la puerta, los sirvientes y el hombre que parecía ser el ayudante de Ian. Me mordí el labio.

Toda mi ansiedad resurgió. La fuerza naturalmente entró en mi puño.

Erusia siempre fue así. Si había algo que quisiera, sin importar lo que fuera, tenía que tenerlo. Ya fuera un hombre, un amor e incluso la familia que protegí como algo precioso, ¡todo! Su codicia superaba incluso a ese bastardo de Barrett.

El método que Erusia usó para obtener lo que quería en sus manos fue el de la simpatía y el consuelo. Sintiendo lástima, las manos cálidas siempre se derramarían sobre ella.

La sociedad siempre había sido cálida con Erusia, a diferencia de mí, que siempre sentía frío.

Si decidiera extender su mano usando la cara que compartió conmigo, si pidiera ayuda, era probable que la gente se la ofreciera. Uno podría verlo como una habilidad.

Me puse ansiosa. Si Erusia miraba a Ian e intentaba robarlo, ¿qué pasaría?

—Ian…

Miré en silencio entre ambos. Tenía una mirada extremadamente pacífica en su rostro. Mientras tanto, mi corazón latía con dolor por su sonrisa.

No sonrías. No mires. No hables. Soy codiciosa y posesiva. Aunque no estamos en una relación, eres mío, quería gritar.

Mi corazón estaba latiendo frenético. Se me secó la boca. Mi cabeza, que normalmente funcionaba bien, ni siquiera podía hacerlo frente a la conversación entre esos dos.

Respiré con dificultad, necesitaba romper eso que me había dejado congelada. No importa cómo, necesitaba evitar que los dos conversaran más. ¿Pero cómo? ¿Qué debía hacer para evitarlo? ¿Que debía hacer…?

En el momento en que la mano de Erusia comenzó a moverse, las voces huecas gritaron repetidamente. Su piel, que nunca fue bronceada por el sol, era tan transparente y fina que se podían ver sus vasos sanguíneos. Muchos hombres se preocuparon luego de sostener su mano solo una vez, llamándola una princesa enfermiza.

Esa mano se movió. Y fue hacia Ian. ¿Cómo iba a reaccionar? ¿La sostendría? No quise ver. Quería pararlo. ¿Pero cómo?

Estaba en profunda angustia. No escuché ningún sonido. Solo un pitido sonaba repetidamente en mis oídos. Aunque el eco se repitió, no continuó para siempre.

—Jaja, ¿qué se supone que es esta mano?

Escuché el sonido de la voz y la risa de Ian. En ese momento pude ver y escuchar mi entorno por completo.

Parpadeé un par de veces y miré a las dos personas. Ian estaba sonriendo.

—¿Sería posible para mí tener ese dulce también, mi señor?

—Ah, ¿esto?

Sacó el caramelo que estaba masticando de su boca y lo miró distraídamente.

—Sí. Mi hermana siempre me dice que no coma cosas dulces y las mantiene alejadas de mí. Pero aun así me gustan cosas como los pasteles.

Nunca hubo un caso así. Era una mentira maliciosa. Estaba a punto de decirle que no mintiera, pero antes mi mirada fue hacia Ian.

Me miró con ojos sin emoción. Sentí como si mi corazón cayera. ¿Pensaba que yo no tenía corazón?

¿Pensó que yo era una malvada hermana mayor que intimidaba a un niño enfermo? ¿Era por eso que me estaba mirando con esos ojos?


Maru
Pero cómo quiero matar a esa maldita gemela. Prácticamente decía los mismos insultos que Laurentia mientras traducía. ¿Qué hará ahora Ian?

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12 thoughts on “No confío en mi hermana gemela – Capítulo 16

  1. Addy says:

    Me encantó esta novela 😍😍😍 me gusta la trama 🥰🥰 y me encanta Ian hacen una hermosa pareja 🥰🥰
    Muchas gracias por subir este hermoso proyecto 😍😍

  2. Maru says:

    Me encanta esta novela💖 Se que no debo de preocuparme por la reacción de Ian, él ya notó como realmente es Eurasia. Igualmente estoy ansiosa por las próximas actualizaciones 😁 Muchas gracias por los capítulos!😊

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