El Conde y el hada – Volumen 3 – Capítulo 2: El disturbio en el baile

Traducido por Den

Editado por Nemoné


Desde el día que se decidió que iban a ser invitados al baile del Conde en la residencia Carlton (donde Lydia vivía), las cosas estaban siendo preparadas frenéticamente.

Estaban tan ocupados, que olvidaron buscar el paradero de la “luna” de la Reina de las Hadas, además de la tal organización que luchaba contra Príncipe.

No hubieron más incidentes después de eso y, de hecho, Lydia había olvidado el mal presentimiento que tuvo. Necesitaba conseguir rápidamente un vestido a medida, tener listos unos zapatos a juego, unos guantes y un peluquero. E incluso aprender y recordar cómo bailar, además las normas de un comportamiento cortés.

En primer lugar, Lydia no tenía ningún vestido que fuera adecuado para asistir a encuentros formales, ya que cuando era arrastrada por Edgar a la ópera y a la residencia de la aristócrata, llevó los vestidos que fueron preparados por el personal de la casa del Conde.

El motivo por el que debía aceptar asistir a lugares como aquellos era para que la Doctora de Hadas, que fue contratada por la familia del Conde, fuera aceptada en la sociedad.

Imaginó que ese baile era algo similar a eso, pero su padre, que se estaba esforzando por el bien de su única hija, la había corregido de una manera inusualmente firme porque dado que fue invitada formalmente, no debería considerarlo como otro servicio extensional de su trabajo.

El padre de Lydia era un profesor universitario y tenía buenos lazos con gente de la clase alta, pero no favorecía a los encuentros sociales glamurosos, así que no asistía a menos que fuera una invitación de alguien a quien no podría rechazar.

Pero en este caso, para no hacer pasar a su hija por una experiencia vergonzosa, decidió que iba a asistir también al baile. Es por eso que había más conmoción y desorden en la casa Carlton, por hacer algo a lo que no estaban acostumbrados.

Mientras estaban haciendo esto y aquello, el día del baile llegó.

En la tarde, el padre de Lydia fue al barbero y peinó su cabello desaliñado; estaba esperando al sastre que llegaba tarde, mientras repetidamente se quitaba y limpiaba las gafas con impaciencia.

Dado que no había mucho tiempo, el vestido de Lydia solo podía estar listo para el día del baile, por lo que al final llegó esa noche. Sin embargo, ya que el ama de llaves de la casa Carlton pudo ayudar hábilmente a Lydia a vestirse, llegaron a tiempo.

El vestido de muselina [1] blanca de lana tenía lindas cintas de color amarillo crema unidas a él. Un delicado encaje tejido a mano decoraba el cuello y la falda. Encantadoramente tenía su cabello, que normalmente dejaba caer por su espalda, peinado a la moda como una joven dama.

Después de que lo decorara con una ornamentación de fresia y se subiera los guantes que, le llegaban hasta los codos, estaba lista. Su padre en ese momento la llamó en el pasillo, y la ama de llaves salió a responder.

Mientras ella completaba el último chequeo le preguntó a Nico, que estaba a su lado, su impresión.

— ¿Nico, qué piensas?

—Cómo puedo saberlo.

Nico bostezó y se puso de pie.

Observaba a los humanos corriendo como si no le importara, pero llevaba una nueva corbata blanca de seda. Parecía que también iba a asistir al baile.

—El sastre dijo que el blanco estaría bien si iba a ser mi primer baile. Pero, ¿no piensas que es un poco brillante e incómodo?

—Está bien, porque eres joven.

—Si es blanco, el sastre dijo que podíamos reutilizarlo retocándolo, y si cambio las cintas y los lazos, sería un nuevo diseño.

— ¿Estás planeando asistir a tantos bailes?

—Este vestido formal, que se supone es para una velada, muestra mis hombros más de lo que esperaba.

—No me estás escuchando, ¿verdad?

Dando vueltas frente al espejo, Lydia revisó su espalda.

— ¿Oye, no crees que la espalda es demasiado reveladora?

—Y pareces bastante entusiasmada.

Lydia volvió a la realidad.

— ¿Q-Qué estás diciendo? Esto es deber, solo deber.

—Pienso que está bien para ti divertirte. Esto no es algo que se pueda comparar con un baile en el campo, ¿cierto? Podrías alardear de esto con esa gente.

Era verdad. Un baile es el sueño de toda chica, y ella no era la excepción. Incluso en el campo que era su ciudad natal se hacían. Y aunque eran fiestas pequeñas organizadas por una familia de clase media, era el tema de adoración de todas las chicas que nunca habían salido de ese pueblo.

Sin embargo, Lydia nunca había ido a uno. Dado que era considerada como una bicho raro, incluso si iba a asistir al baile organizado en el pequeño pueblo, donde todos se conocían, imaginó que no iba a poder disfrutarlo.

Pero al cual iba a ir hoy era un verdadero baile. Uno que sería de un cuento de hadas o de un sueño, organizado para nobles y aristócratas. Sus habilidades de baile no se acercaban a las de un sueño, pero si no hubiera conocido a Edgar, esa oportunidad nunca se habría presentado.

Decidió que iba a disfrutar de la glamurosa atmósfera de la mejor manera posible.

—Tienes razón. Sería un desperdicio no disfrutarlo si voy.

—Pero, en serio, no deberías bailar con alguien que no conoces. Vas a avergonzar al hombre.

Nico dijo eso solo porque había estado observando las prácticas de baile de Lydia, sus habilidades deben ser peores de lo que imaginaba.

El instructor le dijo que estaba bien, pero tenía la sensación de que los músculos de su sonrisa temblaban incómodamente.

—Entonces, debería hacer que Edgar se lo replantee.

Eso sería más relajante para Lydia.

—Oh, ¿porque no bailan los dos? Deberías descargar tu frustración que se ha estado acumulando en el Conde.

Nico permaneció de pie sobre sus patas traseras, y golpeó el aire con sus patas delanteras, como si golpeara a alguien con sus puños.

Qué se supone significa eso.

Desde el pasillo, escuchó una voz que la llamaba. Parecía que su padre todavía no podía decidirse por una corbata.

Lydia le dijo que ya iba y levantó un poco el dobladillo de su vestido.

Tuvo que empujar hacia abajo la crinolina [2] que estaba debajo de su falda para poder pasar por la puerta. Eso significaba que para moverse con un vestido formal, las puertas de esta casa y la escalera eran demasiado estrechas.

—Oh, señor, parece que podrías tropezarte dentro de la casa y no volver a levantarte —murmuró Nico, rodando los ojos.

♦ ♦ ♦

Cuando llegaron a la casa del Conde en el carruaje, había un sinnúmero de carrozas con los escudos de armas estacionados en frente de la entrada del palacio.

Quienes bajaban de ahí, eran damas y caballeros que vestían finos y elegantes trajes de noche. Entraban por la entrada del palacio del Conde como si se dejasen llevar.

Lydia y su padre bajaron del carruaje y los sirvientes los guiaron hasta la fila.

Era el salón con el que estaba familiarizada, pero después de que fue cubierto con una alfombra nueva, numerosas lámparas y, decorado con flores y ropas, Lydia sintió como si se hubiera adentrado en un mundo diferente. Movió su cabeza de una manera poco femenina para mirar todo a su alrededor.

Desde el vestíbulo de la entrada, la escalera conduce al piso superior mientras se curva en un arco. Una vez subieron, ingresaron al gran salón.

Las puertas de la gran estancia, conectaban a diferentes salas que estaban abiertas, y, los invitados vestidos elegantemente que ya habían llegado, estaban ocupados disfrutando de hablar entre ellos.

Su padre le dio un golpecito en el hombro y cuando volvió la mirada hacia él, se dio cuenta que Edgar estaba de pie frente a ellos.

—Milord, es un honor poder ser invitado a un evento tan elegante.

—Bienvenido, Profesor Carlton y Señorita Lydia.

Cuando la llamó así, recordó que vino ahí como la hija de Carlton, no como su Doctora de Hadas.

Debido a ese diferente estado de ánimo, se suponía que estaba acostumbrada a verlo, pero cuando le mostró una sonrisa, su corazón dio un vuelco.

—Buenas noches… Lord Edgar.

Se recordó a sí misma que no podía hablarle con su habitual actitud amistosa, pero de repente sintió que una gran distancia creció entre ellos, lo cual fue una extraña sorpresa.

—Por favor, tómense su tiempo y disfruten.

Con solo decir eso, sus ojos se apartaron de Lydia y su padre. Tenía que dar la bienvenida a los invitados que venían uno tras otro, y no tenía tiempo que perder con ella.

Por otro lado, Lydia se dio cuenta que era imposible recibir más palabras de él, y se sorprendió de sí misma. Aparentemente esperaba que conversaran más.

Cuando estaba a punto de irse, su brazo fue agarrado ligeramente. Como si le dieran una carta secreta, Edgar colocó una rosa en su mano.

—Llévala en el cuello de tu vestido —susurró en su oído.

Lydia sintió como si le hicieran esconder un secreto a su padre, y cuando este se volvió a verla, rápidamente ocultó la rosa de su vista.

— ¿Lydia?

—No es nada… Pensé que debería buscar algo para beber.

—Bien, iré a saludar al Duque Masefield.

Dejando a su padre, Lydia se mezcló con la multitud de gente mientras soltaba un suspiro de alivio.

— ¿Por qué tengo que estar tan nerviosa?

Era normal para Edgar actuar como si hubiera sentimientos detrás de sus acciones.

Primero de todo, que le dijeran que pusiera una rosa en el cuello de su vestido, quizás eso significaba que su vestimenta era muy sencilla y necesitaba más decoración.

Una vez más, echó un vistazo a la gente de su alrededor y vio que todas las mujeres llevaban ropas elegantes y brillantes. El vestido que pensó que era maravilloso en su casa, de hecho, parecía soso una vez que un capullo de campo como ella estaba entre elegantes flores florecidas.

Usando una ventana como un espejo, intentó deslizar la rosa, que tenía todas las espinas retiradas, en el cuello de su vestido. Dado que no tenía ninguna joya extravagante adornando su atuendo, tener una flor en el cuello lo hacía más agradable a los ojos.

Arreglando los volantes que recorrían el largo de su cuello, Lydia sintió que un par de ojos la observaban y levantó la cabeza. Un número de mujeres miraron casualmente hacia otro lado, o quizás eso era su imaginación.

¿Hay algo extraño acerca de mí?

Trató de buscar a su padre, pero entonces miró a Raven esperando como servidor. Se acercó a Lydia y le tendió una copa.

— ¿Le apetece algún refresco?

—Oh, gracias… Uh, Raven, ¿hay algo extraño con mi vestido?

—No lo sé —respondió de inmediato.

Parece que le preguntó a la persona equivocada.

—Lo siento, cometí un error. Se ve muy hermosa.

— ¿Edgar te dijo que dijeras eso…?

—Sí.

¿Cómo es que puede decir que sí?

A este intercambio de palabras desafinado, se escuchó una risa cercana.

—No es en absoluto extraño.

Quien dijo aquello era un hombre que estaba junto a ellos.

—Bueno, no soy la persona adecuada para decir eso, ya que es mi primera vez asistiendo a un baile.

Sus ojos mostraron que era una persona amable

—El Conde Ashenbert fue amistoso y me invitó, así que vine, pero me preocupa que esté fuera de lugar —Agarró el final de su abrigo desgastado de noche.

Parecía que Raven estaba ocupado mientras se marchaba para continuar con lo que estaba haciendo.

Por otro lado, Lydia sintió algo familiar con ese hombre que dijo que era su primer baile, por lo que fue capaz de sonreír con naturalidad.

—También es mi primera vez.

Daba una impresión obvia de que era un joven honesto y de buena voluntad. Su cabello castaño claro crecía con naturalidad, pero para Lydia pareció que no era del tipo pretencioso.

No aparentaba ser de la clase alta y, si Edgar había hablado directamente con él, entonces debía ser alguien que le había gustado.

—Pero, señorita, todos le han puesto el ojo encima. ¿No ha prometido bailar con el Conde?

— ¿Eh?

Señaló la rosa que estaba sujetada en el cuello de su vestido.

—Es la misma que usa el Conde Ashenbert.

Ahora que pensaba en ello, en el ojal de Edgar también estaba esta rosa.

—Está flor esta reuniendo todos los ojos envidiosos de jóvenes hijas y damas. Los caballeros también pueden estar observándola. Incluso si quisieran invitarla a un baile, deben sentirse avergonzados si solo tiene ojos para el Conde.

¿Es eso lo que esto significa?

Entonces no seré invitada por nadie.

No era como si no esperara que no le preguntaran por ese tipo de cosas. Pero aún tenía un poco de esperanzas que un acontecimiento de ensueño como que los ojos de ambos se encontraran y desearan oír la voz del otro ocurriera.

Pensó en tirar esta rosa. Pero si se lo pedía y bailaba con el sujeto, entonces podría avergonzarlo. Edgar debe de haber anticipado eso y se le ocurrió esa idea. No debe de querer que el baile que estaba organizando se convierta un desastre.

Lydia soltó un suspiro, pensando que la realidad era más dura de lo que se lo imaginaba. De todas formas, la sensación que tenía que todos la observaban era por esa rosa.

—Um, soy una conocida del Conde, pero, no es así. Porque no soy muy buena bailando, debe de haber hecho esto para que no tuviera que bailar.

— ¿No es buena bailando? Yo tampoco. Como no puedo bailar, puedo hablar con usted, ya que sería grosero no pedirle un baile.

Cuando Lydia lo rechazó, él también sonrió.

—Oh, lo siento, no me he presentado. Mi nombre es Paul Foreman. Soy un pintor principiante.

— ¿Quizás es usted quien pintó esa Titania?

— ¿La ha visto? Oh, entonces habría sido mejor si no hubiera dicho mi nombre… Las mujeres me dicen que no soy lo que esperaban por la imagen del cuadro. Parece que piensan de mí del tipo vulnerable y sensible.

—No, en absoluto. Siempre he querido conocerte. Ah, mi nombre es Lydia Carlton.

— ¿Señorita Carlton, le gustan las hadas?

Más bien como que las podía ver, oír  y encontrarse con ellas todos los días, que gustar.

Pero si fuera a decirlo así, entonces este pintor de hadas pensaría de ella como una extraña.

—Oh, sí.

No quería que estuviera asustado de ella, así que no dijo nada más de lo necesario.

—Las hadas y los dioses de la mitología son todas fuentes de imaginación para mí. Como no las he visto antes, puedo crearlas libremente en mi imaginación.

—Pero, como hay gente que las ha visto antes, ¿no creería que la existencia de las hadas se ha expandido por la sociedad?

—Oh, sí. Porque las personas tienen el ojo de la mente, pueden ver lo que sus ojos no pueden.

— ¿Ojo de la mente? Sí, también pienso eso. Eso es lo que se necesita para ver a las hadas.

Era solo una conversación sencilla, pero Lydia se sentía feliz, como si alguien la entendiera.

Porque le gustaba pintar a las hadas, quizás, pensó que podría aceptarlo cuando le dijera que podía ver a las hadas.

Antes de que se diera cuenta, la orquesta había terminado de tocar el preludio. La gente en el salón comenzó a moverse. En el centro, se reunían las parejas listas para bailar.

—Allí está el Conde. Él seguramente destaca.

Lydia también podía vislumbrarlo. Su cabello dorado que brillaba sobre cualquier otra cosa, captaba los ojos de la gente bajo la luz del candelabro.

Por supuesto, tenía que invitar a las hijas y las damas de la clase alta de entre los distinguidos invitados. Así que en realidad, no tenía tiempo para estar bailando con Lydia.

Ella estaba bien si no iban a hacerlo.

Mientras los observaba a todos, momentáneamente, un nuevo baile comenzó acompañado del ritmo del Quadrille.

Mientras bailaban en una línea, los compañeros y la joven que era escoltada por Edgar cambiarían. Durante el corto período de tiempo, ella tenía que dejar su lado y tomar la mano de otro hombre, pero no dejó que sus ojos se apartaran de él mientras los miraban acaloradamente.

Lydia tenía un poco de envidia.

—Parece divertido.

— ¿Le gustaría bailar?

—Eh, pero…

—Si es este baile, parece bastante fácil. Y si cometemos un error, pienso que no resaltaría mucho.

Tenía razón. Es por eso que se miraba divertido. El baile con el que Lydia tenía problemas hasta el final era con los pasos del Vals y el Minuet.

—Si no solo bailará con el Conde, claro.

Sería un desperdicio no disfrutarlo. Mientras Lydia pensaba aquello, asintió.

—Um, Sr. Foreman, por favor sea bueno conmigo.

—Puede llamarme Paul.

♦ ♦ ♦

Sentado sobre la barandilla de piedra que conduce al jardín, con una copa de whisky en una pata, el gato hada Nico tarareaba una melodía para sí mismo.

La música que estaba siendo interpretada por la orquesta podía escucharse desde aquí con claridad suficiente. Y además, el ruido de la actividad y el cotilleo de la multitud estaba muy lejos, por lo que era silencioso.

Probando el caviar y el salmón ahumado, y, disfrutando de la luz de la luna creciente que colgaba en el cielo nocturno, bebiendo los buenos espíritus, hacía que Nico estuviera de un humor tremendamente bueno.

A decir verdad, prefería un pescado entero recién capturado después de que fuera bien freído, que huevas de pescado, o las finas rodajas de pescado, pero no le importaba esto tampoco.

Las pequeñas hadas que se habían reunido al escuchar la música estaban bailando junto a la fuente y los troncos de los árboles. Incluso el trasgo de la casa Carlton estaba allí.

—Señor Nico, el baile del Conde es magnífico —Aleteando sus doradas alas deprisa, Marigold revoloteó en el aire encima de Nico—. El Conde sí es un hombre maravilloso. Si viniera al lado de Nuestra Majestad, entonces nuestra tierra de seguro se volvería más próspera.

—Oye, oye, ¿todavía no te has dado por vencida? Es imposible llevar al Conde contigo.

—Si tuviera esa “luna” conmigo, de seguro habría accedido.

—Pero el hombre del que se enamoró tu reina no es él, ¿sabes? Él es solo un hombre que heredó el apellido y sin embargo, ¿todos ustedes están bien con eso?

— ¿Por qué? Si tienen el mismo apellido, no hay mucha diferencia, ¿no? Como las vidas humanas son cortas, he oído que continúan su linaje con la sangre y el apellido.

Pero él ni siquiera comparte la misma sangre. A pesar de que pensó eso, guardó silencio.

Hace mucho tiempo, el humano que era el amigo más cercano a las hadas era el Lord Caballero Azul. Como sus descendientes, aquellos que tienen el mismo nombre del Conde Caballero Azul deben ser alguien especial entre las hadas, por lo que no era de extrañar que su Reina de las Hadas estuviera tan aferrada a él.

A decir verdad, a Nico realmente no le importaba si esta Marigold se llevaba a ese criminal a la tierra de su reina, así Lydia sería liberada.

A este ritmo, si permanecía como la Doctora de Hadas de la familia del Conde, existiría la posibilidad de que fuera a ser involucrada en la guerra desconocida que estaba detrás de Edgar.

Pero Lydia estaba de algún modo sintiendo lástima. Fue engañada y utilizada varias veces, e incluso cuando fue obligada a hacer lo que él quería que ella hiciera, terminó compadeciéndose de él por tener un pasado tan triste.

Sea como fuere, esa era la personalidad de Lydia, por lo que no se podía evitar.

Si Edgar se viera involucrado en una situación donde sería llevado al mundo de las hadas, y ese no era su deseo, ella seguramente haría algo para ayudarlo. Por su responsabilidad como una Doctora de Hadas, haría cualquier cosa imprudente.

—Tut, eso significa que viviremos en Londres por un tiempo.

Justo cuando murmuró aquello, las pequeñas hadas del jardín de repente comenzaron a susurrar con voces nerviosas.

El agua de la fuente se desencadenó en olas explosivas. La superficie del agua que rodeaba la estatua de bronce de la sirena se alzó como una montaña negra. En el momento siguiente, la zona alrededor de ellos se llenó de un siniestro viento.

Marigold se escondió detrás de la cola de Nico y este corrió para saltar a los arbustos.

Lo que apareció de las aguas salpicadas de la fuente fue un magnífico caballo negro.

—Ke-Kelpie…

Nico no pudo evitar jadear de sorpresa y entonces se cubrió rápidamente la boca con sus patas.

Elevándose por la retaguardia, el Kelpie pateó a las hadas que aún no habían escapado con sus pezuñas, sacudió su crin empapada, haciendo que las gotas de agua la hicieran brillar, luego levantó la cabeza para mirar hacia el edificio.

—E-Es él, señor Nico. Él es quien robó la “luna” de Nuestra Majestad.

— ¿Qué? ¿De verdad?

—Tenía una forma humana en ese entonces, pero no confundiría esos ojos negros perlados.

Esto es malo. Extremadamente malo.

Mientras Nico se ponía más y más nervioso, cambió su atención a sus bigotes que sobresalían.

Desde la primera vez que vio la roca que tenía moho creciendo en ella, había tenido un mal presentimiento. No pensó que el caballo acuático abandonaría las aguas familiares de su hogar y vendría a Londres, por lo que negó esa posibilidad.

Sin embargo, él era un personaje diferente al caballo acuático normal. Normalmente, solo verían a los humanos como presas, sin embargo siguió a Lydia después de interesarse por ella.

Aparentemente, fue influenciado por su aún más extraño hermano menor que tomó una esposa humana,por lo que le preguntó a Lydia si ella sería su novia.

Mientras Nico intentaba averiguar qué hacer, Kelpie adoptó su forma humana y comenzó a subir las escaleras que llevaban a la sala donde se estaba celebrando el animado baile.

—Oh no… Tengo que decírselo a Lydia.

Nico finalmente movió su cuerpo congelado. Trepó al árbol cercano y saltó a la ventana del segundo piso para entrar en el salón, que estaba iluminado por las lámparas de gas, antes que Kelpie.

La música rápidamente cambió de una a otra. De la hermosa música del violín que fluía por el aire, a la melodía fuerte del clarinete y, después a la tranquila melodía del solo del violonchelo.

Alejarse del círculo de aquellos que estaban bailando y detenerse a hablar mientras escuchaba la música era en realidad bastante divertido para Lydia.

Presentó al Sr. Foreman a su padre y justo cuando la conversación entre ella y la duquesa, a quien le encantaba escuchar sobre las hadas, se estaba animando, vislumbró a un gato de pelo gris que se movía y abría paso entre las piernas de las personas.

Oh, Nico ha olvidado completamente actuar como un gato en frente de la gente y caminar a cuatro patas.

Afortunadamente nadie estaba mirando a sus pies así que parecía que nadie se había dado cuenta, pero Lydia rápidamente se acercó a Nico.

— ¡Lydia! ¡He estado buscándote…! Algo ha ocurrido, ese Ke-

Parecía que estaba en pánico, pero Lydia cogió a Nico que parecía que iba a seguir hablando en su posición vertical.

— ¿Oye, qué estás haciendo, Lydia?

—No hables así en esta multitud.

Habría una conmoción si la gente descubriera que un gato estaba de pie sobre sus patas traseras y hablaba.

Llevó a Nico en su estado de pánico hasta el balcón y lo bajó, mientras se escondía en la sombra de la cortina, en la parte superior de la barandilla.

—No seas irrazonable —refunfuñó Nico mientras se acomodaba el pelaje que se había revuelto.

Era un gato hada que se preocupaba de su aspecto por encima de todo. Mientras estaba en ello, también acomodó su corbata.

—Más importante, ¿cúal es el problema?

— ¡Cierto! Él está aquí, ese chico.

— ¿Él?

—Ya sabes, él, quien le robó a Marigold la “luna”.

— ¿Averiguaste quién era el culpable?

—No, quiero decir él era quien…

— ¡Lydia! Ahí estás.

Antes de que Nico pudiera terminar, otra voz los interrumpió.

Desde el balcón vecino, un hombre se inclinaba hacia ellos.

Por la luz de la lámpara, su cabello negro ondulado era iluminado. Tenía un aspecto místico e impresionante, el tipo de belleza y rasgos finos con los que un ser humano no podría haber nacido. Alto, con un cuerpo fuerte y bien formado.

Por supuesto, todo eso era muy familiar.

— ¡Ke-Kelpie!

Él era el hada que visitaría su casa de Escocia periódicamente.

Originalmente era un caballo acuático que vivía en las altas tierras. Sin embargo, era un bicho raro que fue hasta el pueblo cercano de Edimburgo donde Lydia vivía y se estableció en el río cercano.

Habían especies que naturalmente no comunicarían sus pensamientos con los humanos. Eran la Corte Unseelie[3] que utilizaría su aspecto diabólico para engañar y arrastrar personas a las aguas para comérselos.

Sin embargo, este Kelpie visitaría la casa de Lydia y pasaría el tiempo arbitrariamente. Por lo que ella solo pensaba de él como alguien como un amigo un poco insolente.

Incluso si era un caballo acuático diabólico, no era para nada peligroso una vez dejaba el río. Y cuando se relacionaba con este, lo veía más por curiosidad como Doctora de Hadas, que por su verdadera naturaleza como devorador de hombres.

No obstante, mientras ella le permitía visitar su casa, debió de haberse cansado de estar yendo a la tierra y comenzó a decirle directamente a Lydia que fuera a las aguas con él.

Kelpie la invitaba alegremente a vivir con él, ya que no conocía la moral ordinaria de la vida humana, así que cuando ella le dijo el hechizo de que “lo haría si él le traía la luna”, no apareció ante ella por un tiempo.

Marchándose en ese estado, Lydia fue hasta Londres y los días que pasó aquí pasaron rápidos, por lo que se había olvidado completamente de Kelpie. Pero, aun así, no tenía porque haber escogido aparecer en un momento como este.

—He venido por ti. Volvamos a casa, a Escocia.

Kelpie saltó hacia el balcón donde estaban, como si fuera tan ligero como una pluma.

— ¿Có-Cómo supiste dónde estaba?

Lydia se tensó.

—Me lo dijo el trasgo de tu casa. Porque estás contratada por el Conde Caballero Azul, no volverás a casa por un tiempo. Así que esa es la razón por la que verdaderamente llegué aquí, por ti.

Escuchó de su padre que envió una carta a un conocido suyo para administrar su casa vacía mientras estaban fuera. Los rumores de que la bicho raro de Lydia había sido contratada por el aún más extraño bicho raro llamado Conde se habían extendido por todo el pueblo.

Den
Esto parece un trabalenguas XD

Los trasgos amaban los chismes y rumores mucho más que los humanos. Para ahuyentar al Kelpie que les disgustaba, debe haber estado más que feliz al decirle que Lydia se estaba quedando en Londres.

—Tengo un trabajo aquí. Así que regresa a casa por tu cuenta.

Pero el kelpie no estaba escuchando. Estaba inspeccionando groseramente a Lydia con ojos confundidos y curiosos.

— ¿Por qué estás vestida así de rara?

Esto es ropa formal.

Quien no estaba vestido para la ocasión era Kelpie. Como era un hada, no se podía evitar, pero cuando llevaba esa pieza suelta de camisa tipo túnica, y ese pantalón como si fuera una especie de pastor de ovejas de las montañas, entonces parecía un hombre entrometiéndose en la propiedad de otra persona.

Por el momento, Lydia decidió en pánico que era mejor esconderlo de los ojos de la gente. Sin embargo, Kelpie no se dio cuenta de la situación y sin pensarlo levantó su falda para mirar.

— ¡¿Qué estás haciendo?!

En reflejo, le dio un fuerte golpe en la mano. Al menos Kelpie la soltó, pero estaba segura que su acción no le había hecho mucho daño.

—Eres tan bruta como de costumbre.

—No quiero que me diga eso un kelpie salvaje.

—Solo quería saber qué había dentro.

— ¡Este es ese tipo de vestido!

— ¿Señorita Lydia, sucede algo?

Quien le habló mientras salía al balcón era Paul Foreman.

Debe haber visto el comportamiento de ambos justo ahora y pensó que un intruso sospechoso estaba haciendo algo ilegal en su contra.

Se deslizó entre Kelpie y Lydia.

— ¿Podría preguntarle quién es? No parece ser uno de los invitados y si entró sin permiso, entonces creo que sería mejor si se marcha de inmediato. O sino, tendré que llamar a los guardias.

Kelpie puso una mirada irritada mientras fruncía sus cejas varoniles.

— ¿Él es el Conde Caballero Azul? ¿Lydia, estás trabajando para esta débil excusa de un hombre?

—Estás equivocado, él no es el Conde… Más que eso, ¡no digas algo tan grosero!

Paul se volvió para mirar a Lydia con sorpresa.

— ¿Señorita Lydia, es un conocido suyo?

—Uh, bueno… sí…

—Oh, qué, así que no es el Conde. Entonces no te metas en nuestro camino.

Kelpie empujó a Paul a un lado y tiró del brazo de Lydia.

—Más importante, Lydia, he encontrado la luna. Ahora serás mía.

¿Qué? Lydia abrió la boca sorprendida pero volvió a la realidad cuando Nico tiró fuertemente de su falda desde detrás.

Oh, cierto. Marigold dijo que él era quien le había robado la “luna”.

Recordó que no debía aceptarla a toda costa mientras apartaba la mano.

—No seas ridículo. La luna cuelga sobre nosotros en este momento.

—Oh, solo echa un vistazo. Es la luna e incluso cambia de fases.

En la palma de su mano había un anillo que tenía una piedra blanca unida a él, pero Lydia apartó los ojos.

—No gracias. Nunca podría ser la verdadera.

—No digas eso y solo acéptala.

— ¡No!

Kelpie trató de forzarlo en uno de los dedos de Lydia.

— ¡Te dije que no la quiero!

—Deténgase, joven…

Kelpie comenzó a luchar contra Paul que se interpuso para proteger a Lydia.

—Dije que no te metas en mi camino, tú pequeño…

— ¿No puede ver que no quiere lo que sea eso?

— ¡Cállate! Ah…

Cuando Kelpie gritó en sorpresa, se detuvo completamente.

— ¿Huh? —dijo Paul y levantó su mano en sorpresa al ver que llevaba puesto el anillo.

— ¿Oye, qué estás haciendo? No tengo ningún interés en ti. ¡Devuelvelo!

—No sale…

— ¿Qué? Entonces te arrancaré el dedo.

— ¡Qué!

— ¡Detente!

Lydia trató desesperadamente de empujar a Kelpie hacia atrás, pero las cosas ya estaban fuera de control.

Los invitados, que notaron la conmoción que estaban haciendo, ya se habían reunido en un círculo alrededor de la entrada del balcón.

— ¿Qué es toda esta conmoción?

Era Edgar. Se acercó a Lydia y miró a Kelpie que agarraba a Paul del cuello de la camisa.

—Le importaría soltar a mi preciado invitado.

Paul dijo «Milord» pero fue echado a un lado por Kelpie que hizo frente a Edgar.

—Así que eres el Lord Caballero Azul.

— ¿Lydia, quién es este?

La forma en la que le preguntó a Lydia en su lugar, ya que no tenía la intención de tener una conversación con alguien que no estaba invitado, era la actitud desfavorable de un noble.

Pero, probablemente, eso no era comunicado a Kelpie.

—Soy el más temido y gran Ke…

Lydia asestó su codo con toda su fuerza en el estómago de Kelpie. Mientras este tomaba aliento, habló en su lugar.

—K…, ¡Su nombre es Kain!

Si se corría la voz de que era un caballo acuático, un kelpie a la vista de todos, entonces habría un caos absoluto.

—Así que, Señor Kain, ¿tiene algún negocio conmigo?

— ¿Negocio? Oh, sí. He venido para llevarla de vuelta a Escocia. Es algo horrible lo que haces dejándola en este basurero de lugar llamado Inglaterra.

—Bueno, veamos, sin duda hay una cantidad de cosas aquí que se podrían tirar, pero estoy seguro que en tu hogar, la gente debe recoger y llevarse todo lo que se arroja.

Incluso en este momento, Kelpie se dio cuenta que estaba siendo ridiculizado.

— ¡Por qué tú pequeño…!

Su brazo fuerte y corpulento se extendió  para agarrar el cuello de Edgar.

Pero Edgar permaneció quieto, sin pestañear. Tampoco mostró signos de esquivar su asalto. Quien detuvo el brazo de Kelpie fue Raven.

Él era un hombre esbelto y asiático con un rostro adolescente, pero miró a Kelpie en silencio con sus ojos penetrantes que se asemejaban a un ave rapaz. Hizo retroceder el poder salvaje del caballo acuático con su propia fuerza.

—Hah, como se esperaba del Conde Caballero Azul. Estás manteniendo algo tan tremendo como tu sirviente.

Se preguntaba si el espíritu sediento de sangre dentro de Raven podía ser visto por Kelpie.

Entrecerró sus ojos negros perlados y retrocedió.

—Estoy en desventaja en tierra. Lydia, nos vemos luego.

Con eso Kelpie giró su cuerpo flexible y saltó hacia el suelo desde el balcón.

Mientras todos en la multitud soltaban gritos de sorpresa, saltó al agua de la fuente.

Todos pensaron que su cuerpo se sumergió en el charco de agua supuestamente poco profundo, pero luego inmediatamente se alzó otra vez en la forma de un caballo negro, y los roció con una lluvia de gotas de agua, retrocedió y relinchó, para desaparecer bajo la superficie del agua.

Los invitados del baile estaban atónitos y en un silencio muerto al ver tal sorprendente escena.

¿Qué haremos ahora? Pensó Lydia mientras miraba hacia abajo desde la barandilla del balcón y no podía alzar la cabeza del miedo.

Permaneció congelada pero sintió a Edgar a su lado tomar una profunda respiración.

—Uh, Edgar…

—Está bien, sigue sonriendo —dijo y después se volvió para mirar a todos.

—Damas y caballeros, me disculpo por la conmoción. Parece que hay hadas rondando por el baile de nuestra familia. Si ven cuernos o alas en su compañero de baile, por favor tengan cuidado para no ser llevados a su mundo.

Una vez les dirigió una sonrisa, una agitación emergió de la multitud nerviosa mientras estallaban en aplausos.

Lydia escuchó a los invitados comentar: Qué maravilloso espectáculo fue ese. Me pregunto qué clase de artefacto utilizaron. ¿Era ese hombre de cabello negro del circo? O, ¿era un mago? Pero él Conde es el Lord del Mundo de las Hadas, podría haber sido en realidad un hada de verdad.

Mientras susurraban entre ellos, regresaron al salón nuevamente. Eran conducidos por el sonido de la música, haciendo que el baile continuara de nuevo como si nada hubiera pasado.

— ¿Paul, estás herido?

Preocupado por Edgar, Paul finalmente volvió a sus sentidos y se enderezó. Se arregló la corbata que estaba arrugada porque Kelpie la había agarrado y sacudió la cabeza.

—No, estoy bien.

—Lamento que hayas tenido que pasar por tal experiencia.

Y después se volvió hacia Lydia.

—Bailemos —Edgar parecía que ya no estaba afectado por lo que acababa de pasar mientras le tendía la mano—. Como prometimos.

—S-Sí…

Pasaron frente a Paul que parecía no entender el alcance de lo sucedido y quería hacer unas preguntas. Y mientras escuchaba el susurro de Nico “Buena suerte”, Lydia entró en el salón.

Parecía que una canción de polka acababa de terminar, y cuando Edgar condujo a Lydia al centro, los ojos de la gente se posaron en la chica que llevaba la misma rosa y no tuvo que mirar a su alrededor para comprobarlo.

—El siguiente es un Vals.

Intentar un Vals tan repentinamente, iba a ser un gran obstáculo.

—Edgar, podría ser mejor si no…

—Puedes bailar con Paul, pero ¿no conmigo?

Parece que se dio cuenta.

—No es así. Estoy diciendo que podría avergonzarte. Pasaste por el trabajo de calmar la situación antes, pero gracias a mí otra vez…

Sus ojos malva ceniza se fijaron en Lydia mientras la escudriñaron con atención. Parecía enfadado, como si no pudiera creer lo que estaba diciendo.

—No hay forma de que me avergüences.

Una de sus manos se entrelazó con la de Lydia, y la otra agarró su cintura, esperando al primer sonido del Vals. Pero, en comparación con otras parejas, ella se preocupó por si estaban demasiado cerca el uno del otro.

Cuando trató de apartarse un poco, no relajó la fuerza en sus brazos.

—Si estás tan cerca, te pisaré…

—Adelante.

—Podría chocarme contigo y golpearte.

—Te cogeré así que estaremos bien.

— ¿No escuchaste de Raven que mi baile era como un arma o una tortura?

—Escuché que eras dulce y olías bien.

—Huh.

—Estoy deseando que te tropieces conmigo también.

—Raven no diría algo como eso…

—Uh-hum es solo mi imaginación. Hueles a freesias esta noche.[4]

Se reiría como siempre de Lydia, que se puso roja, pero ahora mismo su mirada parecía más seductora que de costumbre.

Sus manos que estaban juntas, y sus cuerpos que estaban presionados, no era por el placer de bailar, sino más bien como un heraldo para pasar juntos un momento agradable que a Lydia aún le resultaba difícil imaginar.

Por un momento, el salón quedó en silencio, y entonces una frase del violín sonó en el aire. Como una señal, Edgar tiró del cuerpo de Lydia contra el suyo y se deslizó hacia el primer paso.

Continuaron como si estuvieran apoyados contra la música del violín y Lydia estaba sorprendida de que su cuerpo se moviera con naturalidad.

Y era porque Edgar hábilmente la conducía. Era la sensación de que ambos respiraban a la vez. Como si estuviera estrechamente ligada a la música y a él, como si se hubieran convertido en uno.

—Lo estás haciendo genial.

—Esto no es usual… Es porque eres un buen guía.

Puso su fuerza en mantener su brazo alrededor de su espalda mientras daban vueltas en círculo. Sentía que lo estaban haciendo espléndidamente mientras el dobladillo de su falda se elevaba mientras se movía en el aire.

Estaba sorprendida de sí misma por poder hacer que pareciera que caminaba sin problemas por todos los pasos de baile.

—Lydia, así como así, podemos maravillosamente compensar el uno al otro en cualquier momento. ¿No crees? —susurró en una distancia cercana donde sus labios casi rozaban su oreja.

Nemoné
A ver… Esta frase de Egdar fue difícil. Pero, lo que entendí es que pueden contrarrestar los defectos de la otra persona; complementarse.

Lydia podía ver de cerca su cabello dorado, y eso involuntariamente hizo que su corazón latiera más rápido.

Pero, esto no era el resultado de su práctica, sino la técnica de Edgar. Quien sea que fuera su pareja, podía hacer que pareciera que los dos estaban bailando perfectamente.

Sabía que la gente a su alrededor y la chica delante de él no podrían apartar sus ojos de él tan fácilmente.

— ¿Ahora qué estás planeando?

Porque la mitad de la razón por la que hablaba con palabras dulces era para manipularla con éxito. Había aprendido eso por ahora.

La otra mitad era simplemente su carácter.

Esa debería haber sido la verdad, sin embargo guardó silencio con una mirada de desilusión, como si estuviera decepcionado.

Tiró su cuerpo con fuerza contra el de él. Debido a que dieron vueltas varias veces, Lydia casi se marea. La estaba conduciendo más bruscamente que al principio. Apenas podía seguirle el ritmo y, justo cuando pensaba que sus piernas cederían y se enredarían, Edgar detuvo el baile de forma abrupta.

Antes de que lo supiera, habían entrado y estaban en la parte de atrás del invernadero que estaba conectado con el gran salón.

Podían escuchar la música, pero la humedad y el ruido de la multitud del salón deben haber sido bloqueado por las densas plantas, haciendo que el área a su alrededor estuviera en silencio. El aire de la habitación se sentía ligeramente árido y frío.

A diferencia de la habitación donde el candelabro iluminaba todo, las lámparas del pasillo que estaban colocadas con algo de espacio entre ellas y la luz de la luna que se reflejaba a través del tejado de cristal transparente, la relajaban un poco.

—Tomemos un pequeño descanso…

Respiraba con dificultad, como si hubiera estado en una carrera. Lydia se calmó tomando una bocanada de aire que llevaba el aroma de un país tropical del sur.

Edgar la llevó a sentarse en un banco y permaneció de pie mientras la observaba. Estaba un poco preocupada por la zona del busto de su vestido que no estaba acostumbrada a usar.

—Ese vestido, se mira hermoso en ti. Pareces como un pastel de gasa. [5]

— ¿Eso es un cumplido?

—Sí, te ves deliciosa.

Mientras pensaba en cómo debía responder a su estúpido comportamiento habitual, Edgar peinó su cabello castaño rojizo, que describió como de color caramelo, y le plantó un beso.

—Dado que la luna nos observa, tendré que conformarme con un poco de caramelo.

Sus ojos color malva ceniza parecían brillar con un rojo apasionado, pero eso debe de haber sido por el gran rubí en su corbata.

Y sin embargo, pensó que mostraban el color de su corazón y eso la mareó aún más.

—Eres hermosa, Lydia.

Lydia respiraba y exhalaba profundamente para tratar de calmarse.

— ¿A cuántas les has dicho eso esta noche…?

—Alrededor de veinte.

Me lo imaginaba.

—Pero eres la más hermosa. Esto no se lo he dicho a nadie.

Eso es poco probable.

Cuando dijo aquello en un tono como si no le creyera, Edgar se encogió de hombros y se apoyó contra un árbol.

—Ese hombre de cabello ondulado negro de ese momento, ¿realmente era un hada?

—Sí, lo era.

—Dijo que vino a llevarte de vuelta.

Lydia se sintió incómoda y guardó silencio.

Edgar tenía un buen ojo así que debe de haberse dado cuenta.

—Así que él es quien te propuso matrimonio.

No imaginaba que Kelpie iría hasta allí, por lo que se arrepentía de haberle hablado acerca eso.

Si Edgar se involucraba en el problema entre Kelpie, entonces esto podría complicarse aún más.

—Como dije, no fue una proposición, sino más bien el sentimiento de querer que me quedara a su lado.

— ¿Estás diciendo que no está enamorado de ti?

—Sí, eso es verdad.

—Pero en cuanto a mí, no estoy tranquilo sobre esto.

—No es como si estuvieras enamorado de mí también.

— ¿Por qué piensas eso?

—Porque pienso así.

Edgar se veía inusualmente serio.

—Señor Kain, ¿era su nombre? Era un hombre apuesto como una escultura griega. Bueno, podemos decir que está igualado conmigo.

Así que no va a rebajar el nivel de su apariencia.

—Podría perder en fuerza. Pero no tiene inteligencia, gracia, una fortuna o título. La mayoría de las mujeres serían inteligentes y me elegirían. Pero no eres ese tipo de mujer.

—Esto es estúpido…

—Sí, es estúpido. ¿Pero no es amor comparar cosas que a la vez parecerían estúpidas y pensar en ganar o perder?

Aunque estaba impresionada por lo que dijo, Lydia intentó buscar palabras para negar aquello.

—Estás equivocado, siempre deseas ser el centro de atención de todos.

—Esa no es mi única preocupación. Paul parece ser el tipo que te gustaría. Aspecto normal, impresión normal, presencia normal. La única cosa positiva sobre él es su personalidad buena. No parece fuerte en su camino por el mundo y no es tan popular entre las mujeres jóvenes, y aunque a veces sea torpe, vive fiel a su corazón y, además de eso, sigue su sueño de convertirse en un pintor. Un hombre con un sueño, ahh, por alguna razón, las mujeres son débiles contra ese tipo de hombres. Incluso si fueran cuidadosos y trabajaran duro, se apoyarían el uno al otro y vivirían una vida modesta, y sería tu ideal poder cumplir su deseo, ¿no es así?

—No decidas por mí. Además, estás fuera de lugar diciendo cosas desvergonzadas sobre otra persona.

—Pero, sabes, Lydia, un artista puede parecer puro e inocente pero muchos de ellos son de mente estrecha e irrazonables. Serás sometida al dolor y al trabajo.

—Acabo de conocerlo, y no es así con nosotros. Y, Edgar, no pienso que enamorarse se trate de cumplir con las condiciones adecuadas.

—Lo sé, enamorarse no es ilógico. Es por eso que, ahora mismo, estoy muy incómodo. Todo mi tiempo de esta noche, desde que te vi pasando un buen momento con Paul, me he sentido incómodo y no he podido mantenerme calmado. Después de que el hada apareciera, he estado irritado aún más. Esta sensación de inseguridad, ¿no dirías que es amor?

Cuando Lydia no respondió, Edgar se molestó aún más.

—No se puede evitar que no puedas creer en lo que digo. Podría ser que no puedas bajar tu guardia con un ladrón ex-criminal, pero como el amor es lógico, entonces hay esperanza para mí. Incluso si piensas que estoy siendo descarado, ¿no tendría el derecho de decirte mis sentimientos?

No sabía por qué parte de sus palabras salían de su boca muy suavemente.

Considerándolo todo, a los ojos de Lydia solo parecía que Edgar se estaba divirtiendo con su juego. Lo más probable, un juego que no albergaba malas intenciones.

El estilo de moda de entre los nobles se dice que es disfrutar de la estrategia y las habilidades para lidiar con el amor entre alguien casado, que no llevaría a que ninguno de ellos se pusiera serio.

Para él cortejar y coquetear con Lydia, que sabía que definitivamente retrocedería, le recordó ese estilo.

Era agradable sentir que a alguien le gustabas, y si ambas personas de la relación podían sentir que se habían acercado mucho a otra persona, entonces no había problema.

Lydia no estaba casada, pero sabía un poco sobre el pasado de Edgar, por lo que él pensaría que ella no tendría sentimientos serios hacia él.

Y estaba bien en sí mismo. Si él periódicamente le decía palabras vacías, incluso Lydia no pensaría mal sobre eso y podría hacer su trabajo con un buen corazón por el bien de la familia del Conde. También podría sentirse más cercana a Edgar.

Pero, el cortejo que iba más allá de las palabras era problemático. Para Lydia, que no era noble de nacimiento, esto estaba fuera de su capacidad para soportar. Solo iba a confundirla.

—Paremos esto ya. No tengo ninguna intención de jugar un juego de amor contigo.

— ¿Juego?

Frunció el ceño, lo cual lo hizo parecer como si sus palabras le hubieran herido, pero eso podría ser una de sus maniobras.

—En cualquier caso, ¡quiero que te detengas! Con esas palabras falsas tuyas.

Inclinó la cabeza y estaba sorprendida de sí misma por haberlo dicho en un tono tan duro.

Soy una idiota por habérmelo tomado tan en serio. Aunque pensó eso por un lado, se asustó seriamente por las palabras de amor que le susurró y demás.

Recordó la primera vez cuando era joven y recibió una carta parecida a una confesión que decía que el autor tenía sentimientos por Lydia. Y que la persona que la envió quería que fuera a su fiesta de cumpleaños.

Era en su vecindario y en una casa donde la familia conocía bien a sus padres, ya que los habían invitado a tomar el té antes.

Había hablado antes con el niño de esa casa y los dos normalmente disfrutaban jugar juntos. Se había abierto a ella y le contó su preocupación, pero cuando estaba con sus otros amigos, no le hablaba a Lydia. Lo más probable era que no quería que sus amigos se burlaran de él por ser amistoso con el bicho raro del pueblo.

Dado que estaban en ese tipo de relación vaga, dudaba en creer en el mensaje que estaba escrito en la carta. Reflexionó sobre lo que debería hacer, pero al final, solo le quedó ir a la fiesta. Sin embargo, no le habló ni una sola vez a Lydia en un lugar donde muchos de sus amigos se habían reunido.

Era cualquier otro día más, era normal, pero en ese momento Lydia estaba un poco enfadada y se preguntaba por qué no miraba en su dirección.

Es por eso que se acercó a él y le habló, pero él solo le dirigió una mirada preocupada y enfadada.

—Eso era una mentira.

Le dijo que había perdido un juego con sus amigos y le hicieron escribir esa mentira de carta; me lo imaginaba, fue lo que sintió.

No tenía ningún recuerdo de sentirse herida. Solo se arrepentía de no haber regresado a casa sin hablarle, ya que sentía que algo raro sucedía.

Lo más probable, si la habían invitado a la fiesta, entonces habría hecho eso. Pero, porque la carta que leyó era algún tipo de confesión de amor y aunque no creyó mucho en ello, estaba sorprendida y disgustada con ella misma por confundir la distancia entre ellos.

Pero, recordando eso ahora, se preguntaba por qué sentía un miedo creciendo de repente.

—Me disculpo si te molesté. Pero…

Regresó a la realidad por la voz de Edgar, pero mantuvo la cabeza baja y vio algo húmedo caer en su mano que había colocado en su regazo.

¿Huh? ¿Por qué estoy llorando…?

— ¿Lydia, ocurre algo?

Incapaz de descifrar en qué estaba pensando, se puso de pie rápidamente.

— ¡No es nada! ¡Me-Me siento un poco sedienta así que iré a por algo de beber!

Me pregunto si me vio. Oh, por favor, que no lo haya visto.

Rogó Lydia mientras entraba al salón donde su padre estaba.


Aclaraciones:

[1] La muselina es una tela muy fina y transparente, generalmente de seda, algodón o lana.

[2] Crinolina: Prenda interior femenina de tela rígida, y a veces con aros, que se usa para dar vuelo a las faldas o polleras.

[3] Las hadas del folklore irlandés, inglés, escocés y galés se han clasificado de diversas maneras. Dos de las categorías más prominentes, derivadas del folklore escocés, son la división en la Corte Seelie y la Corte Unseelie. La Corte Unseelie consta de las hadas con inclinaciones a cometer cosas malas. (Dato gracias a Wikipedia)

[4] Las freesias son plantas que vegetan en invierno, florecen en primavera y permanecen en reposo en la estación cálida.

[5] El chifón (o gasa) es un pastel muy ligero hecho con aceite vegetal, huevo, azúcar, harina, levadura química y aromas.

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Capítulo 3 de este Tercer Volumen ya disponible en Kovel Times edición 20.

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