El fuerte caballero negro – Capítulo 34: Las molestias propias del Imperio

Traducido por Kavaalin

Editado por Nemoné


Arena del Coliseo (POV de Chie)

Las voces provenientes del cielo nos hicieron mirar hacia arriba.

Había un grupo de personas vestidas de negro encima de nosotros. Estaban montados en grifos. Además, haciendo una inspección más cercana, se veía que sus rostros estaban ocultos con unas máscaras de calavera.

A estas personas… ¿se les zafó un tornillo?

Un golpecito en el hombro me sacó de mi estupor. Se trataba de Conrad. No tenía palabras para describir la expresión en su rostro. Él también debe de haberse sorprendido.

En cualquier caso, era una emergencia y, como los oficiales de más alto rango en la arena, los dos teníamos que asumir el mando de los soldados. El toque fue su recordatorio de que debería tratar de hablar con ellos como habíamos acordado en la reunión anterior. A decir verdad, casi lo olvidaba. Pero como la persona a cargo, tenía que tratar de descubrir sus motivaciones.

Me volteé hacia el árbitro mientras suspiraba profundamente. Este también estaba estupefacto. Sin embargo, no parecía asustado. En realidad, emitía un aura de ¿qué pasa con estas personas?

Francamente, si pudiera, yo también preferiría ignorarlos.

La situación requería el hechizo de Voz. Apenas estaba más allá de mis posibilidades, pero controlar el volumen requería mucho esfuerzo, por lo que generalmente se lo dejaba a los profesionales. Es por eso que, en momentos como este, siempre tenía a alguien del cuerpo mágico conmigo.

Una vez lanzado el hechizo, me dirigí al grupo de extraños.

— ¡Tontos insolentes! ¿No se dan cuenta de en presencia de quién se encuentran? ¡Están frente a Su Alteza Imperial y sus Majestades Reales!

Probablemente se daban cuenta, pero debía seguir con el discurso.

Continué, completamente en modo de trabajo.

— ¡Esta arena es sagrada! ¡Es un lugar donde los guerreros más fuertes se reúnen para mostrar su fuerza a sus soberanos! ¿Saben ustedes, delincuentes, qué lugar están invadiendo?

Me sentía un poco incómoda en este punto.

Para ser honesta, los otros dos representantes eran prácticamente inútiles. Sólo yo y Conrad podríamos pelear aquí en serio. Pero si no incluía a los otros dos reinos, estos morirían de la vergüenza.

El mundo de los adultos es muy complicado.

Su respuesta, acompañada de una carcajada despectiva, vino del hombre que parecía ser el líder de los intrusos. Se destacaba de los demás gracias a su exagerado collar.

— ¡Lugar sagrado mi trasero! ¡Ustedes nobles no poseen verdadera fuerza! ¡Simplemente hacen alarde de su estatus, oprimen a los plebeyos e incluso los esclavizan de una manera inhumana! ¡Nosotros, las Guadañas de la Revolución, somos los ángeles de la muerte enviados por Dios para entregar su castigo divino!

Se les han zafado bastantes tornillos.

Ese tema aparte, no me hacía ilusión ser agrupada con los otros reinos.

Además, toda esta teatralidad me había dejado con un fuerte dolor de cabeza y el estómago revuelto.

— ¿Dijiste… esclavos? Hace mucho que el Imperio abolió la esclavitud. ¿Ni siquiera sabes eso, desgraciado? ¿O no perteneces a nuestra gloriosa nación? Después de todo, ningún ciudadano del Imperio estaría tan confundido.

No pude contenerme, tenía que corregirlos. El líder de las Guadañas simplemente se rió.

— ¡Ja! ¿¡A quién intentas engañar!? ¡Ya sabemos la verdad, no tiene sentido ocultarla!

¿Él sabía qué…? ¿La verdad…?

Debía estar haciendo una expresión realmente tonta debajo del yelmo.

Estaba completamente asombrada. Tal imprudencia. Tales generalizaciones. Sus delirios eran realmente intensos.

—Comandante…

Escuché a Conrad hablar quedamente y miré en su dirección. Tanto él como el árbitro estaban enterrando sus rostros en sus manos. Se podía oler tanta vergüenza ajena en el ambiente que también les había comenzado a doler la cabeza.

Suspiré de nuevo, esta vez más profundamente. Seguidamente, le dije al árbitro que cancelara el hechizo de voz.

Tenía muchas ganas de desahogarme.

— ¿Qué verdad? ¿Qué quieren decir? —No le estaba preguntando a nadie en particular—. Claro, está ese incidente de tráfico de esclavos de hace medio año, pero no es como si lo estuviéramos manteniendo en secreto. Entonces, ¿por qué divagan sobre la verdad? ¿De qué están hablando exactamente? Ustedes y sus delirios están resultando extremadamente molestos.

Tal vez eso era exactamente lo que eran: molestias delirantes. Ninguna persona en su sano juicio atacaría una reunión como esta fuertemente custodiada por tres jefes de estado. Bueno, probablemente tenían algún tipo de plan, visto que habían preparado grifos y todo. No se veían como un grupo que se metería en todos estos problemas mientras eran ignorante de los últimos acontecimientos.

Decidí que más tarde investigaría quiénes eran sus benefactores. Pero, primero, ellos mismos tenían que ser capturados. Y estaba a punto de concluir que tratar de convencer a este tipo era una tontería.

A juzgar por la fuerza con la que sus manos presionaban sus frentes, Conrad y el árbitro opinaban lo mismo.

—Estoy realmente feliz de haber nacido en el Imperio —dijo este último de repente—. No tenía idea de que carecer de educación podía ser tan aterrador. Ahora sé por qué el comandante siempre habla de la importancia de reunir información.

Conrad asintió en concordancia.

Tenía toda la razón. La información era importante.

Si no fuera por nuestros esfuerzos de recolección de inteligencia, Claude y yo nunca hubiéramos sabido de esto. Puede que tomara un poco más de tiempo debido a la interferencia de los hombres que habían atacado a Claude, pero finalmente habíamos obtenido lo que buscábamos.

Sin embargo…

—Trabajamos muy duro para obtener la información y el enemigo resultó ser… esto.

Un grupo ruidoso de gente mal informada.

Al principio, comenzamos a intercambiar observaciones sobre nuestra decepción en voz baja, pero, la íbamos subiendo con cada palabra que pronunciábamos. La forma en que habían actuado hasta ahora había sido tan simplista que había perdido todo mi entusiasmo.

—P-Pero, ¡ahora sabemos que los preparativos que hicimos de antemano evitarán todo daño! Eso está bien, ¿verdad?

— ¡E-Es como dice el vice comandante! Hombre prevenido vale por dos, ¿verdad comandante? Y eso es exactamente lo que está sucediendo en este momento. ¡Como siempre ha dicho!

Los dos intentaron animarme inmediatamente. Estaba agradecida.

—Cambio de planes. Acabemos con esto de una vez —dije con una profunda resignación—. Nuestro enemigo aquí es… eso. Y es probable que los demás ya hayan terminado su trabajo. Prefiero pasar tiempo charlando tranquilamente con las familias reales.

Después de decir eso, el árbitro volvió a lanzar el hechizo de Voz y me dirigí al grupo de lunáticos una vez más. Tenía que averiguar qué hacer con esas vergüenzas voladoras.

Pero, primero lo primero.

—Su Majestad, si me disculpa —le dije, inclinándome en dirección al emperador—. Tendremos que posponer nuestra discusión durante el breve momento que tomará detener a estos delincuentes.

Obviamente, era de buena educación decirle a la gente que se había producido un cambio de planes para que su tiempo no fuera inútilmente desperdiciado.

—Entiendo. Por favor, lidien con esto rápidamente.

—Así sea su voluntad, emperador. Y así es, queridos huéspedes inesperados. Aplaudo la planificación que han puesto en este ataque, pero se enfrentan a un oponente más allá de sus capacidades. Atribúyanlo a la mala suerte y ríndanse.

Ahora que Su Majestad me había concedido permiso, podía seguir con ellos.

— ¡Tú! ¡¿Nos estás menospreciando?!

Bueno, ¿sí? Bastante, pensé.

—Estoy ocupado ahora y no tengo tiempo para preocuparme por pequeñas molestias como ustedes. Sólo ríndanse. No hagan esto más difícil de lo que ya es.

Sólo por gusto, agregué una línea clásica de las series policiales.

El líder de la banda comenzó a temblar visiblemente de ira. Apuesto a que estaba completamente rojo debajo de esa máscara suya.

Sonreí debajo de mi yelmo.

— ¡Eso es todo! ¡No más! ¡No permitiré que estos malditos nobles se sigan burlando de nosotros! ¡Todos ustedes lamentarán su arrogancia!

Y entonces, chasqueó los dedos… Pero nada pasó.

— ¿Qué? —Estaba muy desconcertado.

Las otras figuras encapuchadas parecían estar tan confundidas como él. En ese momento, alguien entre los asientos de la audiencia general gritó en voz alta: ¡¿Están buscando a estos tipos?!

Era el Hermano Cabeza de Músculos, junto con algunos de sus subordinados, estaban restringiendo a un pequeño grupo de hombres y mujeres aparentemente normales.

— ¡¿Q-Qué está pasando?!

El líder enmascarado era incapaz de ocultar su agitación.

— ¿Te sorprende que este lugar esté bien vigilado? Somos los protectores de este reino. Es nuestro deber estar preparados para emergencias, sea cual sea.

Mientras decía esto, los soldados del Ejército Imperial aparecían en las gradas. Ellos también habían arrestado a varias personas de aspecto extraño.

— ¡Y ahora, haré que todos ustedes se arrepientan de haber elegido mal a sus enemigos!

♦ ♦ ♦

Varias semanas antes. En una sala de reuniones en el Cuartel General del Ejército.

—Empecemos.

Acababa de convocar a todos los comandantes y vice comandantes para una reunión de emergencia.

—Unos días antes de las clasificatorias —dije, comenzando a relatar la misma información que le acababa de informar al Emperador—, un exhausto agente de inteligencia se acercó a mi amigo y a mí cuando estábamos en la Taberna Aliento Salvaje.

— ¿Podría ser…?

Conrad instantáneamente adivinó de quién estaba hablando.

Asentí en confirmación y continué.

—Nos hizo unirnos a él en una habitación privada en la parte posterior de la taberna antes de divulgar lo que sabía. Hay un grupo que está planeando atacar el Torneo de los Tres Reinos.

Las reacciones variaron. Algunos de los presentes simplemente levantaron sus cejas, otros saltaron de sus sillas por la sorpresa.

—Cualesquiera que sean sus dudas, puedo garantizar la veracidad de la información y responder por el agente. Sin embargo, la información proporcionada no era suficiente y tuve que investigar más a fondo por mi cuenta. Finalmente ya sé lo suficiente, por eso estamos teniendo esta reunión.

Me detuve para respirar hondo.

Este tema me hizo recordar algo más. Nuevamente me preguntaba cómo había logrado Aaron averiguar sobre la subasta en ese entonces. Estaba segura de que no lo diría, probablemente era un secreto comercial.

— ¿Es quizás el mismo informante de hace seis meses? —Preguntó Celes.

—Mmm, ¿será?

Después de todo, había otra persona sin la cual esto no podría haberse hecho.

— ¿Cómo deberíamos actuar? —Preguntó el Ikemen de cabello azul—. Eres el Caballero Negro, debes tener un plan.

Parecía confiar mucho en mí. Debió de percatarse de mi personalidad después de haber estado trabajando junto a mí todo este tiempo.

—Tengo un plan. Entrenaremos adecuadamente a los guardias y los estacionaremos para que estén listos para reaccionar ante lo que pueda llegar a suceder.

La comprensión llenó los rostros de mis compañeros.

—Lo sabía. ¡Siempre estás preparado!

— ¡Comandante Addinsell! ¡Esa forma de hablar es inaceptable!

Charlotte estaba enojada por la actitud de su superior.

Había evitado pensar en el tema de sus sentimientos desde que me había dado cuenta de ellos. Ser confrontada nuevamente con eso era un dolor de cabeza, pero también era irrelevante para la discusión actual, así que lo deseché por el momento.

—Bueno, proteger la arena no será un desafío, pero aun así me sentiría mejor si todos conocieran sus roles. Informen a sus unidades según sea necesario.

— ¡Sí, señor!

Mis órdenes habían sido reconocidas sin protesta alguna, pero había una cosa más.

—Una última cosa. Quiero presentarles a alguien que fue de gran ayuda… Un compañero sin el cual no podría haber hecho esto.

— ¿Un compañero? —Preguntó el Espadachín Estúpido.

—C-Comandante, ¿podría ser…?

Aparentemente, Conrad había adivinado de quién estaba hablando y se puso inquieto. Calmé sus dudas con un gesto discreto. Para ser sincera, tampoco quería revelar la existencia de esta persona, pero no había otra opción. No podía recurrir a nadie más, dado la persona de la que debíamos cuidarnos.

Por eso también me había decidido por este tipo de escenario.

— ¡Ya puedes entrar! —dije un poco más fuerte.

El recién llegado, alguien que conocía muy bien, se acercó a mi silla y se dio la vuelta.

Todos, a excepción de Conrad y yo, miraron al extraño con confusión.

—Lamento haberte hecho esperar. Chicos, este es mi amigo y colaborador, Claude Orglenn. Salúdalos.

—Yo soy Claude. Encantado de conocerlos.

♦ ♦ ♦

En la actualidad. Arena del Coliseo.

—Bien dicho, comandante.

—Eso no quita que se sienta raro que nuestros oponentes sean… esos —respondí con un suspiro.

Nuestras fuerzas habían sido desplegadas en varios partes.

Los vice comandantes, el Ikemen de Cabello Azul, el Espadachín Estúpido y Celes, habían sido estacionados en las cuatro secciones cardinales de la ciudad. Amy había quedado a cargo del castillo. El Cabeza de Músculos estaba protegiendo el Coliseo.

A cada uno de ellos se les había asignado varios escuadrones de soldados, algunos de los cuales habían sido escondidos con la ayuda del hechizo Ocultar Presencia. A los soldados restantes se les había ordenado que patrullaran la ciudad como de costumbre para limitar los movimientos del enemigo.

Las patrullas habían obligado a los conspiradores a áreas menos pobladas donde los soldados ocultos con magia habían lidiado con cualquiera que ingresara, ya fuera un civil o un sospechoso.

No es que hubiera habido muchos civiles. El torneo había estado en progreso y se habían publicado guías por la ciudad. No obstante, se requería un cierto grado de precaución en caso de que un transeúnte inocente cayera en la trampa.

Los sospechosos arrestados habían sido llevados a la arena para que fuera más fácil convencer al líder de la conspiración de que su plan había fallado.

Claude esperaba que el ataque principal viniera del aire en el momento en que se suponía que estaríamos cansados, por lo que para que tuviéramos el tiempo suficiente para arrestarlos a todos, retrasamos ese momento con varios pequeños planes. Como hacer que el árbitro llegara tarde, el extenso descanso antes de la final, todo eso y más había sido planeado de antemano.

Nemoné
Woah. Todo estaba fríamente calculado. Qué casualidades ni que nada.

Habíamos permitido que Conrad terminara su combate contra esa mujer rápidamente, pero a cambio, se suponía que yo debía prolongar mi duelo de semifinales tanto como me fuera posible. Por eso me había dado tantas desventajas. Desafortunadamente, no había funcionado muy bien. Tenía la intención de reflexionar sobre ese fracaso. No había esperado que el bruto fuera tan débil.

Aun así, probablemente estaba bien. Los soldados parecían felices de que finalmente estaban siendo llamados.

Y, por supuesto, Claude también había ayudado mucho.

—Hola, Negrito.

—Hola, Claude —Le di la bienvenida cuando apareció de repente en su ropa de civil al lado del árbitro—. ¿Cómo están las cosas de tu lado?

El árbitro estaba en estado de shock.

— ¿Qué? ¿Cuándo?

—Desde que se canceló el hechizo de Ocultar Presencia —respondió Conrad con calma.

Ja, lo sabía.

Claude respondió a mi pregunta mientras se acercaba.

—Fue un fracaso. Miré por todas partes, pero no encontré nada.

—No es de sorprender.

Él sólo se encogió de hombros. Mi predicción parecía haber dado en el blanco.

El hombre que lo había atacado antes, pertenecía a una organización diferente. Era un subordinado de la mente maestra, no un miembro de esta chusma.

Después de digerir el informe de Claude, tuve una idea de cómo habían reunido a los conspiradores y ambos acordamos que la persona que se destacara de entre el grupo de atacantes debía de ser el instigador.

Pero ahora, era obvio que este grupo estaba compuesto sólo de gente desechable.

Habían sido incitados a atacar, les proporcionarían fondos y un plan a seguir y luego los sacrificarían para medir la respuesta del Ejército Imperial. Ellos, muy probablemente, no tenían idea de la identidad de sus benefactores.

—El autor intelectual debe estar observando desde otro lugar.

—Maldita sea. ¡Qué irritante!

—Calma, calma.

Le di algunas palmaditas relajantes en la cabeza.

Realmente necesitaba seguir ideando ese plan para emparejarlo con Alice.

Mientras tanto, el Hermano Cabeza de Músculos había dado la señal preestablecida para que los magos lanzaran el hechizo de Sueño sobre los grifos, el de Atar en los humanos encapuchados, y el de Levitar sobre todo el grupo mientras comenzaban a caer del cielo. Todo para que pudiéramos tener a alguien vivo al cual arrestar después de que tocaran suelo.

Y con eso terminamos. Todo lo que quedaba era limpiar.

Suspiré nuevamente. ¿Por qué los otros reinos no hacían nada más que darnos problemas?

♦ ♦ ♦

Un lugar desconocido. (POV de ¿¿??)

—Mmm. Parece que fue un fracaso…

Sonreí ante el cristal que me permitía ver el torneo.

—Definitivamente, fue un fracaso.

El Caballero Negro había aparecido repentinamente en un unicornio negro hace medio año. Incluso había matado a Fafnir. Me había topado con ese grupo de alevines justo cuando quería investigar a esa persona. Un pequeño empujón había bastado para impulsarlos a atacar, pero habían sido fácilmente atrapados por el Imperio. Eran completamente inútiles.

Y hasta les había prestado uno de mis juguetes favoritos.

—Bueno, lo que sea. Desde el principio esperaba que fueran inútiles, por eso les di ese objeto. Ahora, señor Caballero Negro, por favor, entretenme un poco.

Activé los dos círculos mágicos a mi lado.

♦ ♦ ♦

Arena (POV de Chie)

— ¡Whoa!

— ¿¡Qué!?

Las repentinas exclamaciones de sorpresa desde las gradas hicieron que Conrad, Claude y yo miraramos hacia el lugar de la conmoción. El alboroto parecía haberse originado en el grupo de soldados que habían detenido al líder del grupo de enmascarados.

— ¿Qué está pasando? —Pregunté, exigiendo una explicación.

— ¡Señor Caballero Negro! —respondió uno de los hombres con la ayuda de Voz—. ¡Es una emergencia! ¡Tienen un cristal mágico controlado a distancia! ¡No, dos cristales!

— ¡¿Qué?!

— ¡Se ven como piedras selladoras de demonios! ¡Y los sellos se están destruyendo!

— ¡Comandante Adams! —Grité en dirección al Cabeza de Músculos—. ¡Dame los cristales, ahora! ¡Levanta una barrera alrededor de la arena! ¡Deprisa!

Este se movió rápidamente e hizo lo que le había ordenado.

A su vez, los magos comenzaron a erigir una barrera. Esto garantizaba la seguridad de todos menos de los cuatro que nos encontrábamos en la arena.

— ¡Carl! ¡Mi arma!

— ¡Sí, señor!

El árbitro, Carl, sacó la espada bastarda de Conrad de su almacenamiento mágico y se la entregó. Al mismo tiempo, yo tiré mi espada de madera rota y materialicé a Sakuya mientras Claude preparaba sus dagas.

Los dos cristales se hicieron más brillantes. Eran cegadores.

—Oye, oye. ¿Me estás tomando el pelo?

Los dos monstruos que aparecieron en nuestra vista una vez que la luz se desvaneciera hicieron que Claude exclamara con incredulidad.

Un Behemoth. Una Quimera. [1]

Alistamos nuestras armas y nos preparamos para luchar contra las criaturas. Eran grotescos. Tanto así, que quería apartar la mirada.


[1] Behemot puede ser descrito ya sea como un hipopótamo, elefante, un rinoceronte e inclusive como un dinosaurio (saurópodo). Sin embargo, el punto es que esta criatura suele ser enorme y poderosa.

Por otro lado, Quimera es un monstruo híbrido (resultado de la unión de elementos de distinta naturaleza).

| Índice |

2 thoughts on “El fuerte caballero negro – Capítulo 34: Las molestias propias del Imperio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *