El Secreto de la Belleza – Capítulo 23: Problemas y reprimendas

Traducido por Akatsuki

Editado por Sharon


—Guh. —El ataque de Julius fue repelido junto con su arma.

La persona frente a él ni siquiera trató de ocultar su asombro.

Aunque finalmente había obtenido su deseada victoria parecía estar insatisfecho.

—No lo acepto, Julius Rosenberg. ¿Acaso te estás burlando de mí? —se quejó el Príncipe.

—No, no era mi intención…

Él solo podía bajar la mirada mientras se defendía, ya que Dudrick sonaba como si lo estuviera reprochando.

Sabía que no estaba en condiciones, por lo que su respuesta sonó débil.

—¡¿Qué sucede contigo?! Podrías haber frenado ese ataque sin ningún problema. Pensé que tus habilidades tal vez se vieron afectadas por las heridas, pero ese no parece ser el caso. Estás distraído, es obvio que tu mente está en otro lado.

—No tengo que responder a eso.

Julius había sido atacado por unos asesinos hace algunos días, pero como era joven, logró recuperarse rápidamente.

Aunque para él era más difícil lidiar con los regalos que curar sus heridas.

Tener que responder con palabras de “agradecimiento” a todas las personas que le enviaron los regalos era una tortura.

Aunque el dolor en su hombro había desaparecido, y el haber obtenido la aprobación del médico para reanudar con su entrenamiento; él había fallado por otra razón.

Obviamente su fuerza física había disminuido un poco al permanecer en cama todo el día, pero la principal causa fue que estaba preocupado y no podía concentrarse en absoluto.

Y Dudrick pudo derrotarlo finalmente por su falta de concentración.

—Así que, dime ¿qué es lo que te preocupa?

—No es nada por lo que Su Alteza deba preocuparse…

—Está bien, no me importa hablar un poco. Además, también me afecta cuando actúas así. Si no logro hacer que vuelvas a tu estado normal, entonces nunca podré superarte.

Dudrick trataba de obtener información a la fuerza, pero Julius dudaba en responder.

—¿Es porque ganaste que no lo vas a aceptar?

—Tonto. Dije que no lo aceptaré, ¿verdad? Quiero ganarte cuando estés en tu mejor forma. No tiene sentido si gano así.

Dudrick pensaba en él como su rival, pero eso no significaba que estuviera satisfecho con ganar contra un Julius debilitado.

Quería superarlo, pero eso no significaba que quisiera ganarle.

Solo podría satisfacer su orgullo ganando contra un Julius en su mejor estado.

Por lo que no estaba satisfecho con su actual victoria ya que obviamente no estaba en su mejor condición.

—Entiendo. Si insistes, pero quiero que lo mantengas entre nosotros.

—Deja de irte por las ramas y solo dímelo.

Dudrick no se daría por vencido hasta que él hablara. Sin poder evitarlo, Julius tuvo que decirle aquello que le molestaba.

Estaba preocupado porque no había podido reunirse con Emilyn desde el ataque.

Ambos habían salido a dar un paseo, luego fueron atacados por unos asesinos y uno de ellos logró herirlo. Él logró salvarse porque ella lo había tratado e incluso lo trajo de regreso a la Capital Real.

Quería agradecerle por salvarle la vida y disculparse por haberla involucrado en algo peligroso. Sobre todo, quería terminar la propuesta que no pudo concluir en ese momento.

Quería volver a verla para poder hablar, pero ella no lo había visitado ni una sola vez mientras estaba inconsciente.

Luego de despertar se había visto obligado a escribir a todas las personas que le habían enviado regalos por lo que no se había dado cuenta/recordado de ella. Teniendo en cuenta que era Emilyn, le costaba imaginar que no lo hubiera visitado. Ella normalmente dejaría todo lo que se encontraba haciendo para ir a visitarlo.

Julius envió una carta a la Casa Verjus solicitando reunirse, sin embargo, ella se había encerrado en su habitación y su padre, el Vizconde, había respondido de forma negativa.

—Ya veo, así que no pudiste ver a Lady Emilyn. Hmm, bueno, si lo piensas normalmente…

—¿Normalmente?

—¿No estás siendo rechazado?

—¡Su Alteza!

Julius no quería reconocer esta posibilidad, pero Dudrick lo había dicho con tanta crueldad que olvidó por un momento que era el Príncipe.

Ella no había hecho nada malo, sin embargo, terminó siendo arrastrada. De hecho, ya que ellos iban tras él, estuvo en peligro solo por estar a su lado…

Si ella lo pensaba así, era inevitable que quisiera distanciarse de él. No quería pensar en eso, pero no podía dejar de imaginarlo.

Dudrick sin embargo, se río.

—Estoy bromeando. No creo que Lady Emilyn se rinda solo por algo así.

—Sería genial si lo fuera.

Dudrick sabía cuánto le importaba a Emilyn, así que no pensaba que hubiera renunciado a él.

Por otro lado sus palabras tranquilizadoras sólo pusieron a Julius más ansioso.

—Si ella no te odia, entonces podría ser su padre, el Vizconde Verjus. Dejando de lado sus obligaciones, es posible que como padre no quiera que su hija quede atrapada en algo peligroso.

—No, la carta que envió no daba esa impresión.

—Entonces, ¿qué tal si está enferma?

—Si lo estuviera, el Vizconde me lo informaría.

—Es verdad.

Dudrick le mencionó diferentes posibles motivos, pero cada uno era refutado.

La conclusión a la que llegaron fue la broma de antes.

Fue aún más molesto porque había sido Dudrick, quien se lo había mencionado.

—¿Entonces, si te odia después de todo?

—… Comienzo a pensar lo mismo.

Todas las posibilidades habían sido rechazadas, por lo que está era la única conclusión a la que podían llegar.

Julius la había rechazado al principio, pero al haberse quedado sin opciones, se agachó en el suelo sintiéndose desesperado.

—Basta ya. ¿Qué tal si te diriges a la propiedad de Verjus a buscarla?

—Si hago eso, ¿no me odiará aún más?

—Diablos, incluso si de verdad te odiase, no habría diferencia.

—¡Como podría!

Las cosas se volvieron problemáticas y Dudrick se volvió cada vez más argumentativo. Julius no podía mantenerse tranquilo y terminó por enojarse.

Para Dudrick era un problema ajeno, pero para Julius era una cuestión de vida o muerte.

—Oh cierto. ¡Es malo que dudes en los momentos importantes!

—No seas irracional. Si Lady Dearnet lo odiara, Su Alteza también sufriría como yo, ¿no es cierto?

—¡¿Ack?! Eso es…—

Dudrick vaciló ante el contraataque de Julius.

Era de conocimiento común que Dudrick adoraba a su prometida, Lady Dearnet Ramagret.

Si llegara a ser odiado, definitivamente estaría como Julius ahora, o incluso peor.

—Estamos hablando de Lady Emilyn y tú, ¿no? ¡Lady Dearnet y yo no tenemos nada que ver con esto!

—Es verdad. Pero si pudieras imaginar algo así, entonces sería más fácil entender mis sentimientos.

—No sé nada de sentimientos.

—…

Después de esa breve charla, ambos reanudaron su entrenamiento. Con sus sentimientos tranquilos, su habilidad con la espada regreso casi a la normalidad, por lo que ganó en la siguiente práctica.

Dudrick estaba mortificado por haber perdido de nuevo, pero se sintió aliviado al ver al Julius de siempre.

♦ ♦ ♦

Regresando a su habitación después del entrenamiento se puso a leer nuevamente la carta que le enviaron en respuesta de la suya hacia la Casa Verjus.

La misma mencionaba que Emilyn se había encerrado en su habitación y no había salido de ella. Siendo así, sería difícil ir a verla.

Las letras que contenía la carta eran masculinas y demostraban poder, pero había partes en donde se notaban que el Vizconde Verjus se había enojado y se podía ver cuán disgustado estaba al escribir la carta.

Como se lo había mencionado antes a Dudrick, era difícil imaginar que el Vizconde se opusiera a su encuentro con Emilyn.

Si ese fuera el caso, ¿significaba que ella había insistido en no verlo?

Era difícil pensar que lo odiaba por el ataque ya que había sido ella quien le había salvado la vida. No quería seguir pensando en ello.

Sin embargo, era cierto que no tenía otras pistas.

—Lady Emilyn… —murmuró melancólicamente sintiéndose solo y anhelando por la persona que se encontraba en su corazón.

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