El Secreto de la Belleza – Capítulo 22: Despertar

Traducido por Akatsuki

Editado por Sharon

Corregido por Gia


—Esto es…

Julius vio un techo muy familiar cuando recuperó la conciencia.

Mirando alrededor de la habitación, reconoció su propio cuarto en la residencia Rosenberg, la cual se encontraba en la capital real.

—¡¿Oh?!

Intentó levantarse, pero un dolor punzante le atravesó el hombro izquierdo y no pudo sostener su cuerpo. Cayó de nuevo en la cama, con la almohada amortiguando el golpe en su cabeza.

Buscando la fuente de aquel dolor, vio un vendaje colocado bajo su camisa.

—¿Qué diablos me pasó?

Julius acababa de despertar y su mente todavía estaba un poco desordenada, pero trató de recordar lo último que hizo.

—Cierto, salí a dar un paseo con la señorita Emilyn y fuimos atacados por unos hombres en el lago.

Solo recordaba que luchó contra unos hombres y que, a pesar de que uno de ellos le había lastimado el hombro, él había logrado vencer.

Recordaba haber escuchado la voz de Emilyn pronunciar su nombre a lo lejos en la oscuridad.

—He logrado escapar de la muerte por poco… Oh, sí, ¿qué pasó con la señorita Emilyn?

Los derroté a todos, por lo que no debería haber estado en peligro, pero aun así, estoy preocupado por ella. Considerando que todavía estoy con vida, ella debería estar a salvo, pero…

Alguien llamó a la puerta.

—Ah, pasa —respondió permitiéndole entrar.

Sintió un aura de sorpresa venir del otro lado de la puerta.

—¡P-Perdón!

La puerta se abrió un poco más rápido que de costumbre y la doncella principal, Parla, apareció desde el otro lado.

—Ha despertado, joven Julius.

—Así es.

—Espere un momento, por favor. —Parla se volvió hacia Julius antes de retirarse de la habitación. Ella le dio instrucciones a una sirvienta para que informara al conde Rosenberg y a la señora Elizabeth que su hijo había despertado.

Regresando a la habitación, hizo una reverencia y luego se acercó a la cama donde Julius estaba acostado.

—Cambiaré su vendaje.

—Está bien, te lo encargo. Además, ¿podrías decirme cómo llegue aquí?

—Como lo ordene —respondió Parla, quitándole la venda que envolvía el hombro de Julius—. Usted perdió el conocimiento debido a un ataque del asesino, pero la señorita Emilyn lo trajo de vuelta a la capital real, montando a caballo.

—¡¿La señorita Emilyn?!

Ciertamente, Emilyn era la única que quedó en el lago cuando Julius perdió el conocimiento y, si lo pensaba, esa era la única conclusión a la que podría llegar… Aun así, no podía imaginar lo difícil que fue para ella llevarlo de vuelta a la capital real, dado que era tan pequeña.

—Sí. Luego de llegar aquí, solicitamos a un médico para que lo tratara. El veneno había entrado en su cuerpo y estuvo en una condición peligrosa, pero sobrevivió gracias al tratamiento de la señorita Verjus.

—Veneno… Entonces, ¿estaba envenenado? No podré agradecerle lo suficiente a la señorita Emilyn.

Julius recordó que su herida había sido profunda, pero no lo suficiente como para hacerle perder el conocimiento de inmediato. Se había preguntado por qué se había desmayado tan rápido, pero si el cuchillo había estado envenenado, entonces podía entender lo que sucedió.

Parla había dicho que si Emilyn no lo hubiera tratado, habría muerto. Suspiró con gratitud y pesar por haber causado problemas a Emilyn.

Estaba preocupado y avergonzado porque había querido pedir su mano en matrimonio. En lugar de eso, ella fue atrapada en una situación peligrosa e incluso le salvó la vida.

—Por cierto, ¿cuánto tiempo ha pasado desde que fui atacado?

—Ya han pasado tres días —dijo Parla mientras colocaba los viejos vendajes sobre la mesa y le ponía unos nuevos alrededor del hombro.

—¡¿Tres días?! Ya veo… —contestó Julius, mostrándose sorprendido por un momento, pero inmediatamente aceptó la verdad.

No era extraño que alguien se tomara tanto tiempo para despertar si estaba infectado con veneno o si tenía heridas profundas.

—Bien, he terminado de cambiar sus vendajes.

—Oh, gracias. Por cierto, ¿conoces la identidad de los hombres que me atacaron?

—No conozco ninguna información con respecto a eso… He comunicado al maestro y a la señora que usted despertó, por lo que deberían estar aquí pronto. El Maestro debería tener las respuestas.

—Bien. Le preguntaré a mi padre cuando llegue.

♦ ♦ ♦

—Me alegro de que estés bien, Julius —dijo el conde Rosenberg para romper el hielo, tratando de calmar a Elizabeth, quien revisaba frenéticamente el estado de Julius. Ambos llegaron rápidamente cuando se enteraron de que su hijo había despertado.

—Lamento molestarte, padre. Así que, ¿conoces las identidades de los hombres que me atacaron?

—Lamentablemente, no. Pasaron muchas cosas, así que no pude obtener mucha información sobre eso… Sin embargo, no había nada en los cuerpos de los asesinos que pudiera identificarlos.

—¿Es así?

Si planeaban quitarle la vida a alguien, evitarían llevar cualquier cosa que los identificara.

Julius supuso que debían estar acostumbrados a ese tipo de trabajos. Había sospechado al ver la coordinación en sus ataques.

Era inevitable que no pudieran identificarlos por sus pertenencias.

—Bueno, tenemos una idea de quién está detrás del ataque.

—¿Alguien del reino Lakshurusu?

—No podemos mencionarlo porque no hay evidencia, pero es muy probable que te hayan atacado por tus acciones en la última guerra.

—Es verdad.

También se podría decir que la guerra es una competencia por la vida, por lo que, por supuesto, matarías al enemigo.

Si no lo hicieras, entonces perderías tu propia vida. Eso quería decir que la víctima se había convertido en el agresor y estaban ladrando al árbol equivocado si guardaban rencor por eso. No importaba cuál fuera su postura oficial, las emociones eran complicadas.

Personas cuyas familias fueron asesinadas, aquellos que terminaron con sus casas arruinadas por la derrota de la guerra y quienes sintieron la desgracia de la derrota. No era difícil imaginar que esas personas guardarían rencor hacia la otra parte. Era comprensible que atacaran a Julius porque había sido el factor decisivo en la victoria del reino Aullène.

Sin embargo, como había dicho el conde Rosenberg, la realidad era que no podían culpar al reino Lakshurusu sin tener pruebas. La historia sería diferente si hubieran capturado vivos a los asesinos y que estos confesaran quién era la persona que tiraba de los hilos. Sin embargo, era imposible desear algo así en este tipo de situaciones.

—Nos dirigimos a las conversaciones de paz con el reino Lakshurusu. Ambas partes no quieren causar más discordia. Desafortunadamente, es probable que este caso se esconda.

—Es inevitable.

Hubo problemas con los que no estaban satisfechos, pero podía entender que, en lo que respecta a las relaciones entre reinos, sería perjudicial introducir asuntos particulares. Aun así, no estaba feliz con el hecho de que enterraran el caso por falta de pruebas.

—Y tenemos otro problema —mencionó el conde, a lo que Julius inclinó la cabeza en señal de confusión.

—¿Otro problema?

Él no pensó que habría algo más aparte de lo que ya habían discutido.

Sin embargo, sabía por la expresión del conde que había surgido algo problemático, por lo que escuchó atentamente e instó a su padre a continuar.

—El hecho de que fuiste atacado y perdiste la conciencia ya se ha extendido por todo el reino. Hemos recibido una avalancha de solicitudes de visita.

—¡¿Qué?! —gritó Julius con asombro. Estaba preparado para escuchar sobre algo grande, pero resultó ser algo increíblemente estúpido.

—Rechacé todas las visitas y solo me limité a recibir los regalos porque aún no despertabas —mencionó el conde—. Siguen llegando uno tras otro y ya se han llenado dos habitaciones.

—¿De verdad?

La situación superó su imaginación y se puso pálido.

Las habitaciones de la propiedad eran muy amplias, tal y como se espera de la mansión de un conde. Por lo tanto, la cabeza comenzó a dolerle cuando pensaba en cuántos regalos se necesitarían para llenar alguna de ellas.

Encima, su padre le informó que ya habían llenado dos cuartos.

—Tanto Elizabeth como yo hemos estado escribiendo cartas de agradecimiento, pero no podemos terminarlas. Tendrás que escribirlas ahora que te has despertado.

—P-Pero mis hombros están heridos…

—Es solo tu hombro izquierdo, todavía puedes escribir.

—Deberías haber sido tú quien escriba todas las respuestas, Julius —agregó Elizabeth.

—Lo haré…

A pesar de que acababa de despertar, le impusieron una penitencia.

Después de eso, a Julius se le pasó la lista de personas y se quedó boquiabierto por la gran cantidad de ellas.

Los nombres de Maxian, Lillyshia, Dudrick y Dearnet también estaban en la hoja. Sin embargo, el nombre de su “prometida”, Emilyn, no se encontraba por ningún lado.

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