Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 59: El mismo nombre (3)

Traducido por Herijo

Editado por Raon Miru


—Hey, ¿estás despierto? —habló una voz de repente.

Provenía de la puerta entreabierta de su habitación, lo cual atrapó su atención de inmediato. Volteando a ver, observó a un robusto hombre de mediana edad entrar.

Era alto y delgado, dando la impresión de ser un soldado débil, pero él era el miembro más antiguo de la armada Kaldia y a quien todos los soldados admiraban y consultaban.

El soldado arrugó sus ojos al ver a Ratoka. La luz roja del atardecer brilló en él, desprendiendo una delgada sombra.

—Bien, apenas venía a despertarte. Claudia cazó unos monstruos, por lo que se encuentran cocinando su carne. Deberías venir a comer también —dijo con la intención de invitarlo.

Sin embargo, el chico seguía en su cama, solo mirándolo de manera vacía.

No entendía exactamente lo que quería decir. A pesar de entender las palabras que estaba diciendo, no comprendía a qué se refería.

—¿Qué ocurre? ¿No te sientes bien?

El hombre comenzó a preocuparse por lo que Ratoka estaba haciendo, y caminó a un lado de su cama. Cuando estiró su brazo con una cara preocupada, el niño sacudió su cabeza de manera apresurada

—No es eso…

Vio la expresión confundida del niño por unos segundos, y sonrió suavemente.

De pronto lo tomó entre sus brazos, y empezó a caminar sin decir nada. El chico tampoco dijo algo, estaba congelado por lo que estaba sucediendo, así que  su voz no salía.

—Te llevaré.

El soldado cargó a Ratoka a la cafetería, donde casi todos los soldados estaban reunidos. La cafetería de las barracas estaba construida con el suficiente espacio para acomodar a un centenar de personas, pero se veía ligeramente vacía ya que no había suficientes soldados como para llenarla.

—¡Como se esperaba del viejo!

—¡Vaya, para cargar a la señorita en tus brazos, debe ser la sabiduría que llega con la edad!

—No deberían molestar así al chico, si lo siguen tratando de esa manera no saben que podría terminar haciendo, podría terminar realizando alguna estupidez.

Mientras era cargado de esa forma, Ratoka escuchó todo tipo de comentarios venir de los alrededores, hasta que una calmada voz amonestó a los soldados.

Ya que se encontraba demasiado avergonzado, y no sabía cómo responder a la situación, escondió su cara en los hombros del soldado que estaba cargándolo.

El hombre palmeó su cabeza con la intención de tranquilizarlo.

Todo lo que el niño podía pensar era que ellos seguramente lo ridiculizarían por el estado en que se encontraba. ¿Qué dirán de él? ¿Qué solo es un joven pequeño?

Sin embargo, contrario a sus expectativas, los soldados no se burlaron, sino que permanecieron en silencio. Ratoka había pensado que se reirían groseramente, por lo que verlos permanecer callados lo sorprendió demasiado.

Levantó su cabeza ligeramente para mirarlos. En ese momento alguien le ofreció una brocheta de carne de monstruo cocida. No pudo hacer otra cosa más que parpadear.

—Para ti —dijo el joven soldado que sostenía la carne mientras desviaba la mirada.

El muchacho finalmente tomó la brocheta que se le ofrecía. Era una pieza más grande que cualquier otra, lo cual lo confundió aún más, sin saber  por qué era él quien la recibía.

—No hay ningún error, esta es para ti, apúrate y come. Ya que no has cenado, ¿cierto?

Ya que él sostuvo la brocheta sin empezar a comer por tanto tiempo que incluso su estómago comenzaba a gruñir, el joven se molestó. Como reflejo, Ratoka sostuvo la brocheta como si fuera un arma apuntando al soldado quien rápidamente saltó hacia atrás alejándose.

—En serio, no hay forma de ayudar a algunas personas… —dijo el soldado que lo sostenía con una sonrisa irónica.

—Honestamente, todos ustedes están haciendo demasiado escándalo por un mocoso —dijo alguien en la dirección opuesta.

Cuando el muchacho volteó a ver, se encontró con Gunther quien acababa de hacer ese comentario. Prestándole más atención, se podía observar que tenía su usual ceño fruncido.

—Tu boca sucia no ha mejorado desde que enseñaste a Charlie, ¿verdad, Gunther?

—En lugar de mejorar diría que está empeorando. Charlie no se rendiría sin importar que tanto se burlaran de ella, este mocoso no es parecido en nada.

Ratoka notó que los dos adultos hablaban sobre él y escondió su cara. Sin embargo, saber que la hija del Señor del territorio también fue ridiculizada de la misma manera durante su entrenamiento lo sorprendió en gran medida.

A pesar de que un horrible sentimiento de odio se formaba cada que oía hablar de ella, en esta ocasión un tipo completamente de emoción flotaba como niebla dentro de su interior.

Eso fue lo que más lo sorprendió ese día.

♦ ♦ ♦

Ese sentimiento no desapareció de su mente, sino al contrario seguía incrementando en su interior. Aun odiaba a la hija del antiguo señor. Sin embargo, empezaba a sentir algo misterioso hacia ella ahora que sus fuerzas estaban incrementando.

Eso sin contar que la intención asesina que sentía hacia Eliza cada vez era menor. No entendía qué le pasaba a sus propios sentimientos.

Desde que había tenido esa carne de monstruo junto a los demás, los soldados se mantenían diciendo cosas positivas de él debido a que el más veterano al cual todos respetaban lo había sacado de su habitación para comer con los otros. Después del regaño de aquel hombre hacia los demás, el tratamiento que recibía se había hecho mucho mejor.

En primer lugar, ellos no podían evitar comparar al muchacho y a Eliza, en mayor parte debido a que no entendían que ella era mucho más madura que cualquier niño de su edad. Así que cuando el conde Terejia lo puso en las barracas y les pidió que lo entrenaran, desde luego le darían el mismo tratamiento que a la vizcondesa al no tener otra referencia.

Así que a pesar de que los soldados eran torpes e inexperimentados con los niños, estaban aprendiendo que deberían ser tratados de manera diferente, lo cual causó un rápido cambio en su forma de actuar, confundiendo al niño en gran medida.

Comenzó con pequeñas cosas. Tan solo un intercambio de saludo entre el pequeño y ellos, a pesar de que ambos se encontraban nerviosos en un principio.

Ratoka permaneció en un estado perpetuo de confusión ante todos los cambios a su alrededor. Cada vez que intercambiaba saludos con los soldados, su irritación hacia ellos disminuía un poco más.

Comenzando con el desayuno. Los jóvenes sentados cerca en la cafetería conversarían normalmente con él y, además de Gunther quien aún lo insultaba, los demás comenzarían a darle palabras de aliento. Se quejarían del antiguo señor del territorio juntos, llorarían de lo duro que era su entrenamiento, contarían historias de sus hogares y sus familias, y Ratoka comenzaba a conocerlos cada vez mejor. Había una gran cantidad de historias sorprendentes que había oído de los soldados.

Por ejemplo, muchos de ellos eran antiguos bandidos que odiaban al anterior señor casi tanto como él. Ya que no podía comprender por qué no odiaban a Eliza quien es su hija, no pudo dormir esa noche.

Escuchó todo acerca de la horrible forma en que habían tratado a la vizcondesa la primera vez que llegó a las barracas. Aprendió el hecho de que los golpes que recibió de Gunther fueron peores de los que él recibía y que los insultos eran del mismo grado que los suyos.

♦ ♦ ♦

—Conque aquí estabas Ratoka.

Después del entrenamiento de marcha, él estaba sentado descansando a la sombra de un árbol, cuando escuchó que le llamaban.

—Paulo.

—Eso fue bastante agotador. ¿Te encuentras bien?

Un chico con un ondulado y esponjoso pelo rubio se sentó a su lado. Su nombre era Paulo y era el segundo miembro más joven de la Armada Kaldia. Solo era mayor que él por un par de años.

Tal vez porque eran cercanos de edad, pero era con quien Ratoka más hablaba. O sería más acertado decir que el era extremadamente extrovertido. Aunque esta era la primera vez que conversaban durante un descanso, su relajada actitud hacía que el niño olvidara este hecho y su propia autoconciencia.

—Estoy bien…

A pesar de que estaba cansado por el entrenamiento, solamente se sentó aquí para alejarse un poco del calor. Ya que se encontraban a mitad del verano, que era la época más caliente en el dominio Kaldia.

Cuando el chico de cabellera rubia lo oyó quejarse del calor, alzó sus cejas ligeramente. Parece ser que él era bastante resistente al calor e incluso después del entrenamiento ni siquiera lo había notado.

—Ya veo… Entonces, ¿quieres buscar algo para el almuerzo conmigo?

—Me gustaría refrescarme aquí un poco más…

Los rayos del sol bajando eran demasiado deslumbrantes, por lo que estaba dudando de salir de la sombra. Su piel era bastante blanca y sensible, y debido a esto no era bueno lidiando con el sol. Así que prefería relajarse a la sombra del árbol a ir a almorzar. Para empezar ni siquiera tenía hambre.

—Oigan, ¿se encuentran bien?

Otro par de personas aparecieron, esta ocasión era el soldado más viejo de la armada junto a uno de los más jóvenes

—Calvin, Igor —los saludó Paulo por él, que encontraba molesto abrir la boca.

El soldado llamado Calvin fue quien lo sostuvo y lo obligó a ir a la cafetería aquel día. El que se encontraba caminando penosamente un poco detrás de él era Igor, un joven soldado que era el actual compañero de cuarto de Ratoka. Ambos sonrieron alegremente al entrar bajo la sombra, entregándoles un par de tazas.

—Asegúrense de mantenerse hidratados.

Él tomó la taza en silencio.

Paulo y Calvin eran los dos soldados más amistosos con él. En gran parte debido a la edad de Paulo y al incidente donde Calvin lo sacó de su habitación y lo llevó a la cafetería. Bueno, su actual compañero de cuarto también había estado cuidando de él.

El niño terminó de beber su agua. Definitivamente se sentía mejor después de beberla.

—Muchas gracias —dijo agradecido mientras bajaba su cabeza.

Después, Igor estiró su brazo para sacarlo del suelo.

—Si no nos vamos pronto dejarán de servir la comida en la cafetería.

Él estaba a punto de decir que no tenía hambre, pero se abstuvo. Sin duda esas palabras habrían salido de su boca el mes pasado, pero ahora se preguntaba por qué no lo habían hecho.

Miró a Paulo quien aún se encontraba parado en la sombra. A pesar de que había dicho hace un momento que no tenía hambre y que lo dejara solo, el joven había insistido en almorzar juntos.

Antes, probablemente solo hubiera permanecido ahí solo. Después de todo incluso si fuera solo hubiera recibido insultos como: “Si no puedes moverte, ¿quieres que te cargue?”.

Para Ratoka quien siempre había querido interactuar con otros, vivir con los demás en las barracas y pasar su tiempo con todos, lentamente comenzaba a curar su espíritu y a regresarlo a la normalidad.

Ahora que era tratado como un chico de su edad, ya no se desquitaba con los otros, y sus pesados sentimientos de odio que tenía hacia Eliza empezaban a desaparecer.

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