Baño de la Diosa – Capítulo 20: En realidad era solo un sirviente

Traducido por Endgame

Editado por Sakuya

Corregido por Maru


—Vete.

Con esta única palabra el sirviente que había traído el alcohol inmediatamente se inclinó y desapareció.

Después de confirmar que estaba solo, se sirvió una copa de la bebida que el criado acababa de traer.

Las luces estaban apagadas.

El único placer que tenía era mantenerse sin antorchas o piedras lunares durante la noche y, así disfrutar del vino en este jardín.

Se encontraba disfrutando de la tenue luz de la luna junto a él.

Flores Rotus se encontraban en el estanque ubicado detrás suyo.

Peces hermosos de varios colores nadaban alrededor de los pétalos de color rosa, y las hojas redondas a su alrededor.

El estanque en sí era increíblemente grande.

Cuando el hombre miró a la luna sobre la superficie del agua, llevó la bebida a sus labios. Y la comisura de su boca se curvó naturalmente en una sonrisa.

Visitar este lugar siempre le dio una sensación de realidad respecto a lo que había obtenido.

Su lugar de nacimiento había sido un pueblo empobrecido.

El pozo de agua era tan pequeño que podía secarse en cualquier momento, y vivían sus vidas mientras se cuidaban cuidadosamente entre ellos.

Las cosechas tampoco crecían bien y, los hombres de la aldea ganaban dinero acompañando a grupos mercantes ambulantes en viajes particularmente peligrosos.

Él también había cruzado el desierto como guardaespaldas de una compañía mercante.

Aunque los peligros de su trabajo lo habían acercado bastante a la muerte, el hombre seguía siendo pobre.

Pero, ¿qué tal ahora?

Un castillo repleto de agua abundante.

Un estilo de vida completamente extravagante.

Cuando pensó en la ridiculez de ser traído aquí y convertirse en rey, encontró que su risa era imposible de contener.

Pero todavía había un largo camino por recorrer. Haría que otras cosas aún más grandes sean suyas.

El hombre era muy claro acerca de lo que iba a hacer, así como lo que quería lograr.

La única preocupación que tenía era la desnuda, o la casi desnuda mujer que de vez en cuando aparecía. Había bromeado con sus sirvientes que ella era una diosa, pero en realidad él no creía eso ni un poco.

Ciertamente tenía un poder misterioso. Tenía ese contenedor lleno de agua y podía aparecer en varios lugares.

Pero eso parecía ser todo.

Tenía poderes misteriosos, pero la mujer era una mujer normal. Así fue como la vio.

Habiendo salvado su vida y habiéndolo dejado a cargo de I’Jibro, esa mujer se había metido en su camino tres veces.

Así que el hombre creyó en su instinto, y se preparó para que ella no interfiriera más con el futuro que él mismo había planeado.

Considerando su apoyo al príncipe Hinoki de I’Jibro, así como al muchacho Ottko Yu, inmediatamente supo que ella era débil con los niños.

No sólo eso, estaba el hecho de que ella no podía salvar al Príncipe por sí sola y tuve que buscar su ayuda, estaba claro que estaba lejos de ser omnipotente. Estaba seguro de que con sólo una pequeña amenaza, estaría fuera de sí misma con un tremendo terror. Pensando esto, él le escribió una carta y luego la sujetó a una flecha.

Como recordó, escribió algo acerca de aplastar el dedo del niño cada vez que interfiriera, o quizás algo sobre cortarle la nariz y los oídos…

De cualquier manera, eran cosas que sólo la escoria diría.

Si ella era una mujer aburrida como se esperaba, entonces probablemente dejaría de entrometerse por temor a la vida del príncipe Hinoki.

Cuando se imaginaba la cara que haría al ver la carta, de su rostro nacía espontáneamente otra sonrisa.

Endgame
Esa sonrisa de ser sádico y querer acción

Sintiéndose muy feliz, agitó su bebida.

Le gustaban sus bebidas lo suficientemente fuertes como para quemarle la garganta.

Después de su primera copa, se arrepintió de pedirle al criado que se fuera.

Había estado haciendo esto desde la mañana, y tal vez porque no había tenido mucho que comer, quería algo para masticar.

Cada vez que le decía a sus sirvientes que limpiaran, siempre los tendría a distancia, donde su voz no alcanza a escucharse.

No se puede evitar. ¿Debería ir a la cocina y amenazar a un cocinero?

El hombre se puso de pie. Y en el momento en que lo hizo, una luz blanca brilló sobre el estanque.

—¡Aquí está su pedido! ¡La última delicadeza que puede ir acompañada con vinos destilados, vinos de frutas, vinos de arroz dulce, vino nigori, cualquier cosa! ¡Queso de huevo salmonete curado!

Cabellos negros que bajaban por los hombros blancos. La mujer volvió a aparecer semidesnuda, divagando enérgicamente tan pronto como había llegado.

—¡Diablos, sí! ¡Tengo al tipo adecuado! ¡Ha pasado un tiempo!

El hombre miró con mudo asombro mientras la mujer levantaba un puño de alegría.

¿Por qué…? 

El hombre no podía creer que su evaluación estuviese equivocada. Estaba orgulloso de decir que era el mejor para leer a la gente que nadie más.

—¿Oh? ¿Qué pasa? Ah, lo sé. Aquí, toma esto.

La mujer inclinó la cabeza en confusión durante un rato, antes de que aparentemente recordará pasar el plato en su mano.

—¿Quieres algunos bocadillos para acompañar tu bebida?

—Sí…

Sólo después de aceptarlo había vuelto a sus sentidos.

—¿Qué piensas pedirme esta vez?

La primera vez le dio los pendientes.

Sin embargo, la siguiente vez que hicieron un intercambio, ella exigió algo tan ridículo como salvar al príncipe Hinoki por su mapa.

¿Qué diablos planea esta vez…?

El hombre la estudió cuidadosamente. Su cara no mostraba signos de terror o miedo. El hombre sintió un inmenso arrepentimiento. No tuvo más remedio que aceptar que la había malinterpretado. Ella no era tan frágil, ni misericordiosa como para retroceder debido a las amenazas de ese príncipe.

Era imposible saber si sabía lo que estaba pensando, pero ella sonrió como si hubiera esperado esa pregunta exacta.

—Es sencillo. Primero, suelte al Príncipe Hinoki. Segundo, detenga a sus tropas en Triht.

Él bufó.

—Qué parte de eso es simple.

—Es muy simple. No puedo entender qué parte no lo es.

La ira se alzó ante su despreocupada respuesta.

—Entonces, digamos que lo suelto. ¿Me estás diciendo que lo envíe a I’Jibro? Incluso si es un niño, no puedo imaginar a una persona que esté en condiciones de gobernar cuando su país fue robado dos veces. Él va a ser encerrado en alguna parte otra vez.

Era imposible dejarlo ir a I’Jibro ahora. Hacerlo sería lo mismo que retener la recompensa de sus soldados. El punto fuerte del hombre era el ejército en sus manos. Si descuidaba a sus soldados, entonces su pie se volvería tembloroso en poco tiempo.

Pero la mujer soltó la mano con desdén.

—No te estoy diciendo que lo mandes a I’Jibro, ni te dije que lo hagas rey.

—¿Qué?

—De hecho acabo de verlo. Mientras aceptes una condición, te entregará I’Jibro.

El hombre levantó una ceja.

—¿Qué condición?

—La garantía de la posición y los recursos de los plebeyos de I’Jibro. Si se apodera de los bienes de los nobles, tendrás suficiente para compensar los fondos utilizados por tomar I’Jibro, ¿no?

Aunque había caído bajo su gobierno, I’Jibro era una nación abundante, a diferencia de Yohk’Zai que no era más que arena. Las fortunas de los nobles de I’Jibro eran enormes. Tal como dijo la mujer, estos fondos serían más que suficientes.

Pero el hombre no podía entender lo que el príncipe estaba pensando en absoluto al renunciar a su nación, incluso con esta mujer como su aliado.

Tal vez ella adivinó sus pensamientos, porque la mujer miró hacia abajo y habló.

—Para el príncipe Hinoki, que debería haber estado encerrado en la torre de por vida, ¿sabes cuál es su mayor tesoro?

—No puedo decir que lo sé…

—Un mapa… Un mapa del mundo. Siempre lo miraba y pensaba que si por algún milagro salía de la torre, viajaría por todo el mundo. No tiene interés en el trono. En cambio, lo desprecia. ¿Es realmente tan extraño cuando piensas en ello? Debido a ese trono, lo encerraron por segunda vez.

El hombre suspiró.

No había deméritos en seguir su idea, pero no quería hacer lo que le dijo.

—¿Y qué hay de Triht? Ese país aparentemente está congelado ahora. ¿No estarían más felices sus ciudadanos bajo nuestro gobierno? Por lo menos, podrían vivir sin morir de hambre. Voy a decir esto primero, pero no les estoy dando piedras de fuego. Ese grupo de Triht primero nos pidió ayuda, luego la próxima vez comenzaron a decir tonterías sobre enviarles piedras de fuego. Esas piedras de fuego podrían no valer mucho en Yohk’Zai, pero necesitan ser manejadas con cuidado. ¿Me estás diciendo que debo llevarlas gratuitamente a esas malditas montañas?

—Está bien. No puedo decir que darán tanto oro y plata como quieras, pero Triht puede ser útil para Yohk’Zai.

El hombre frunció el entrecejo.

—Es imposible que eso sea así

Fue porque no quisieron declarar la guerra a Yohk’Zai.

—Triht tiene excepcionales herreros. Sus espadas son actualmente muy populares en Jebas. Como usted sabe, Jebas es un país generoso que la gente suele llamar un paraíso. De hecho, incluso su cultura está unos pasos por delante de otras naciones. Y sin embargo, Jebas todavía no puede crear una espada tan fuerte como la de Triht, y están tratando de comprar tantas como puedan.

El hombre recordó el rostro del joven rey Triht, que tenía el mismo modo de honestidad.

—Ese Setsugen es terrible en las negociaciones. Si tenían algo así, debería haberlo mencionado antes. Compraré esas espadas. No hay necesidad de tratar con Jebas.

La mujer se echó a reír.

—Usted debe estar bromeando. ¿Quién en la tierra daría colmillos y garras a la misma bestia que está tratando de cazarlos?

—¿Entonces quieres decir que Jebas está a salvo? Es porque son tan abundantes que podrían estar apuntando a la hegemonía.

—No hay necesidad de preocuparse. Jebas es una nación religiosa. Invadir a otro país va en contra del primero de sus 47 preceptos. Incluso un rey no sería perdonado si violara esto. Jebas es un dragón durmiente. Y ese dragón está sosteniendo la espada de Triht. No tienes ninguna posibilidad de ganar.

El hombre apretó los dientes mientras la miraba. Ella sonrió triunfalmente a cambio.

—¿Bien? No tienes ninguna razón para confinar al príncipe Hinoki o atacar a Triht, ¿verdad?

—Sí. Exactamente como usted dice.

Cuando él escupió eso, los ojos de la mujer lo miraron con esperanza.

—Entonces~

Pero empujó el plato de aperitivos justo delante de esos ojos.

—Pero creo que voy a tener que rechazarla. Lamento tener que devolverle esto

Sus deseos no se limitaban sólo a I’Jibro o a Jebas. Con esas dos naciones en la mano, podría destruir incluso a las naciones más grandes

No era gran cosa. Todo lo que tenía que hacer era destruir a Triht antes de que pudieran completar las espadas. Él tenía la iniciativa.

La mujer suspiró tristemente.

—No lo malinterpretes. No he venido a pedirte un favor. —Ella lo miró directamente. —Vine aquí para amenazarte. No tienes otra opción más que obedecer. ¿No es así, Karasu?

—¿Karasu? ¿Quién se supone que es …?

Cuando oyó ese nombre, su visión quedó borrosa, y sólo permaneció de pie por fuerza de voluntad.

No podía permitirle ver su descompostura. Pretendía permanecer tranquilo, pero ¿qué tan exitoso había sido?

—Kyousui está saludable, por cierto. Está viviendo felizmente con Huuron. Ah, eso me recuerda, creo que está embarazada también. ¿No te hace feliz como su hermano mayor?

Ignorando al hombre (ignorando a Karasu) la mujer siguió diciendo una y otra vez.

No tenía afecto persistente por el nombre que tenía cuando era niño, pero cuando oyó el nombre nostálgico de su hermana, no pudo mentirse por más tiempo.

Con el plato de aperitivos todavía en la mano, se sentó encima de la alfombra magníficamente extendida por el borde del estanque.

Los sirvientes (en particular el ejército) siguieron a Karasu tan ciegamente porque vieron a Tenuhg con su arrogante manera de hacer las cosas.

Tenuhg seguía siendo el héroe de Yohk’Zai para ellos. Incluso ese astuto Teo Keh lo había seguido ciegamente.

Estaba claro como el día, lo que pasaría si la mujer que él mismo declaró como una diosa fuese y anunciase al mundo que era un impostor.

—¿Cuánto tiempo hace que sabes de esto?

No tenía sentido resistir más. Habiendo juzgado así, Karasu se rindió.

—Supongo… ¿desde que me diste los pendientes?

—Hah. Realmente estoy lleno de asombro. Así que lo sabías desde el principio.

—No todo. Siempre pensé que era extraño cuando me di cuenta de que las manchas en los pendientes eran de sangre. Deberías haber estado llevándolos por más de diez años, así que ¿por qué sangrarías tanto? Mis sospechas sólo crecieron después de que me diste ese manto. Ya que parecía caro, quería devolverlo, y me conecté con nada menos que Kyousui… y un hombre con pendientes rojos.Sabes, esta ventana me conecta a la persona que quiero ver. Por eso quedé perpleja al respecto. En cuanto al momento en que estuve segura de que era el verdadero Huuron, sucedió un poco antes cuando conocí al príncipe de Jebas. “Las cosas que recibes sin pagar por ello acabarán por obstaculizarte”. Siempre pensé que era un dicho de Yohk’Zai, pero eso no era correcto, ¿verdad? El príncipe de Jebas me dijo que se trataba de un dicho transmitido en una aldea en Yohk’Zai. Y yo había escuchado este mismo dicho del hombre que había estado con Kyousui.

Los pendientes y el manto que daba como pagos habían divulgado completamente sus mentiras.

—Supongo que los pendientes realmente no fueron suficientes.

Pensar que el dicho de su ciudad era cierto y lo obstaculizaría realmente…

Una risa de auto-burla escapó de los labios de Karasu.

—Quizá no lo fueron.

La mujer simplemente se encogió de hombros.

—Sólo para hacerte saber, Huuron no aceptará convertirse en rey.

—Puedo decirlo de un vistazo. En lugar de su abuelo, se parece más a su padre, ¿no es así? Por eso lo ayudaste a escapar con tu hermana, ¿verdad? Dudo que fuera pura bondad y amor familiar lo que te llevó a actuar.

Karasu volvió a bufar.

Fue justo como ella dijo. Cuando los soldados aparecieron buscando al hijo de Iyoh, Karasu se dio cuenta, a partir de la historia personal de Huuron, que ésta era una oportunidad de toda una vida.

No era que no tuviera sentimientos por su hermana, y Huuron era su amigo de la infancia. Pero su deseo de progreso había sido un factor impulsor mayor que su preocupación por ellos.

—Así que puedes seguir viviendo como Huuron, el rey de Yohk’Zai. Mientras liberes al príncipe Hinoki y hagas la paz con Triht, eso.

Ya veo. Una amenaza.

Karasu suspiró. ¿Cómo podía negarse?

—Ah, también, también tengo algunas cosas con las que quiero tu ayuda. No te preocupes, todo es una cosa muy sencilla.

Esta mujer “simple” siempre fue todo menos eso.

—¿Qué quieres? —preguntó Karasu, un poco cansado.

—¿Sabías que algunas de las corrientes subterráneas de agua han cambiado? Está causando problemas en el este de Insen. Por otro lado, la casa de la tribu Ottko Yu que has estado cazando ha perdido su corriente de agua, y este pequeño animal llamado sunarabi ha ido junto con él. Peor aún, el arrijighock que el Ottko Yu usa, en realidad se alimenta de los Sunarabi, y se han alejado también.

—No me digas que los arrijighock han seguido el sunarabi a Insen, ¿quieres que yo prepare esa tierra para ellos? Si estás bien conmigo destruyendo Insen, no me importa ayudar.

La mujer sacudió las manos en pánico.

—¡No, no es eso! ¿Por qué de repente llegaste a una conclusión tan enloquecida?

Después de dar un suspiro cansado, la mujer continuó hablando.

—Los sunarabi no van a Insen. Algunos de ellos lo han hecho, pero pronto desaparecerán de allí. Eso es lo que Mira me dijo… Aah, umm, Mira es un ayudante que tengo en el Reino de Insen. Es una genio, pero también es una idiota de cierta manera… De todos modos, ella es definitivamente muy culta y estaba segura de que el sunarabi no iría a Insen. Por cierto, ¿sabes de la Bruja de Negro de I’Jibro?

—¿Esa historia de una bruja que se lleva a los niños malos? ¿Como cualquier otra historia inventada para disciplinar a los niños?

La mujer negó con la cabeza.

—Según Mira, la verdadera forma de la Bruja de Negro es en realidad el arrijighock. En el pasado, el arrijighock apareció hasta en la capital de I’Jibro. Varios niños desaparecieron. Pero ahora mismo no salen del área de Ottko Yu en el norte. Y eso no es porque la tribu Ottko Yu los haya hecho quedarse allí.

—La arena, ¿eh?

Karasu respondió por ella.

—¡Correcto! El sunarabi que apareció en Insen odiaba el barro. Tanto el sunarabi como el arrijighock sólo pueden vivir en tierra firme

Había agua subterránea. Finalmente supo lo que quería.

—¿Estás exigiendo que les de un lugar para vivir?

—Lo dices con dureza, pero sí.

La mujer gruñó con el ceño fruncido.

Karasu cruzó los brazos y se burló.

—Incluso si tengo I’Jibro, Yohk’Zai sigue siendo una nación pobre. Las tierras que tengo que dar son limitadas también. Si invito a las tribus de fuera, ¡estaré acabado incluso sin tus pequeños trucos! ¿Me estás diciendo que haga un doble suicidio con la tribu Ottko Yu?

—No. Por supuesto que no será gratis. Haré que la tribu Ottko Yu trabaje por ello.

—¿Trabajo?

—Sí, solían usar el arrijighock para cavar pozos en el desierto. Haré que vuelvan a hacerlo.

—¿Me estás diciendo que cambie el desierto en tierra fértil? Nos moriremos de hambre antes de que brote algo.

—Por supuesto que no pediría lo imposible. Pero al menos puedes crear un oasis, ¿verdad?

Karasu frunció el ceño. Había un gran  número de oasis. Mientras se había perdido en el desierto, esa ciudad oasis que visitó fue uno de ellos. No sólo eso, sino que había comerciantes que viajaban entre la capital a cada oasis.

Aunque esos viajes nunca fueron tan duros como los que Karasu y sus compañeros de pueblo se habían enfrentado, a menudo se usaban rutas plagadas de aridez y bandidos.

—¡Así que vamos a crear oasis y establecer rutas comerciales! —Cogiéndolo con la guardia baja, ella siguió presionando. —Piedras de luna de I’Jibro, zhaltkane de Insen, hahanero y vidrio de Jebas, hierba de Triht, coconasso de Tohji, y habas de zora de Sunayu. ¿No crees que el comercio podría mejorar el nivel de vida de cada país? En este momento el rey Tohji está tras zhaltkane para su nueva esposa, y Jebas está particularmente necesitado de piedras lunares. En cuanto a Yohk’Zai, necesitan hahanero para mantener los arrijighock lejos también. Incluso la hierba helada que es sujeto de burla por usted tiene su parte en demanda. ¡Después de todo, realmente hace que el sabor del vino barato sea como el buen vino!

Karasu se sorprendió cuando la mujer insistió con los puños apretados.

—Así que vas a establecer algunos oasis. Usa a los soldados que preparaste para invadir a Triht para proteger a los comerciantes, y a cambio puede ofrecer un guardaespaldas o exigir recompensa. Y también, —continuó ella, —No sólo serán mercancías que atraviesan el desierto. Las personas también pueden ser trasladadas. Con la mayor urgencia, podremos mover ingenieros de agua expertos de todo el desierto de Tohji, para ayudar a proteger a Insen por los daños causados ​​por el agua. Mira a Insen, y el Rey Cornou de Tohji. Si los genios del Este y el Oeste unen juntos sus cerebros, creo que la mayoría de los problemas pueden resolverse. No, definitivamente resolverán todo.

¿Cómo demonios era algo simple…?

Karasu podía sentir un dolor de cabeza. Llevando su taza a sus labios, drenó el licor de un trago.

—Así que piensas usarme como un sirviente.

—¿Por qué siempre eres tan duro con tus palabras? Te estoy diciendo que unan sus manos con todo el mundo, para que todos se beneficien juntos.

Con la taza vacía en la mano, Karasu se puso de pie de nuevo.

Señalando el misterioso marco en el que estaba, la miró.

—Entonces salga de allí. Al igual que las personas que viven aquí, viva en el suelo y arrástrese por el barro como el resto de nosotros.

—No.

La mujer rechazó rotundamente.

—Qué arrogante, ¿Cómo puedes hablar de unir las manos con todo el mundo cuando solo tú solo das órdenes?

Mirándolo escupir estas palabras, la mujer simplemente inclinó su cabeza con asombro.

—¡Por Dios!. ¿No eres tú el que me llamó diosa? ¿No sabes que los dioses son completamente egoístas y voluntariosos? Y más aún para las diosas —declaró con toda claridad.

Sus ojos se abrieron y no supo qué decir.

El que la llamó diosa no fue nadie más que él.

La gente adoraba a los dioses, pero los dioses nunca estaban con el pueblo.

—¡Ku … Kukuhahahaha!

Por alguna razón, de repente se sintió insoportablemente gracioso, y empezó a rugir de risa.

Pensar que esta posición de rey se convertiría en el simple criado de una diosa.

La razón por la que intercambió lugares con Huuron no fue simplemente porque buscó riquezas. Había querido ponerse a prueba. Había querido ver hasta dónde podía llegar.

Pero eso terminaría como un sueño infructuoso.

Karasu extendió la mano hacia el plato que ahora sostenía en su mano, y se metió una pequeña porción en la boca. El sabor era delicioso, este nuevo bocadillo era más amargo que cualquier cosa antes.

—Sí, ciertamente eres una diosa. Ahora bien, oh, cruel diosa mía. ¿Deberíamos liberar al príncipe primero?

Karasu arrojó la copa de su mano, y comenzó a caminar.

♦ ♦ ♦

Tercer rey de Yohk’Zai, Rey Huuron.

Salvó a I’Jibro de la tiránica reina Akka.

Antes del estallido de la guerra con Triht, hizo la paz, y evitó el derramamiento de sangre.

Además, invitó a la tribu de Ottko Yu a regresar al desierto de donde habían sido expulsados, y usando su poder, desarrolló rutas comerciales a través del desierto.

A través de estas acciones, revitalizó la economía no sólo de su propio país, sino también de los países vecinos.

Junto con sus hazañas posteriores, estos logros le hicieron ser famoso como el Rey Sagrado de Yohk’Zai, el más fuerte y más grande.

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4 comentarios en “Baño de la Diosa – Capítulo 20: En realidad era solo un sirviente

  1. Isabel Cruz (Minimis) says:

    Gracias por vuestro trabajo!
    Siempre he sido especialmente melancólica con los finales. Me ha encantado este capítulo, me ha encantado esta novela… Y supongo que no me leeré los capítulos finales o entraré en un estado de depresión de un lapso muy largo

    • Elisa says:

      Me encanto leerlo por segunda vez, es interesante como Izumi en un solo capitulo dijo todo lo que se acordaba de sus encuentros, es muy bueno. Aunque me hubiera gustado una relación romántica con el Karasu, el impostor.

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