Baño de la Diosa – Después de la historia Parte 4: El recién llegado

Traducido del inglés por Shisai

Revisión del japonés Leedks

Editado por Sakuya

Corregido por Maru


Sin duda, esto apesta.

Izumi lavó las burbujas verdes que se habían formado en la ducha.

El jabón pulverizado que contenía el jarrón que había intercambiado con el Príncipe Hinoki, quien estaba confinado dentro de un castillo en Yohk’Zai, tenía un hedor nauseabundo.

De vez en cuando, ella sería incapaz de soportar el olor a hierba flotando en el aire. O en lugar de decir hierbas, era como el olor a hierba macerada, o tal vez como el musgo verde que aparece en los tanques de agua a mediados del verano. Solo pensar que esto había sido hecho por el hombre, dejó una marca profunda en ella, en cierto sentido.

Pero para empeorar las cosas, los puntos malos de este jabón no terminaban allí. También era malo formando espuma, y a menudo, permanecía como gelatina.

En cualquier caso, se dice que la buena medicina siempre sabe amarga, y el jabón probablemente se debe haber producido sin aditivos. Pensando así, Izumi decidió intentar usarlo, pero…

―Incluso si esto fuera lo mejor del mundo para mi piel, ¡mi cordura no puede con eso!

Exhaló un profundo suspiro y comenzó a restregarlo bajo la ducha.

Al final, Izumi se lavó con su jabón habitual y entró al baño.

Ese jabón, el que más le gustaba a lo largo de los años, no estaba mal. Si bien no era malo, echaba de menos el jabón suave y fluido que había recibido del príncipe de Jebas.

Ese jabón, hecho a mano por el príncipe mismo, fue en sus propias palabras, una maravillosa experiencia de baño.

Normalmente, Izumi necesitaba usar una crema hidratante desde el comienzo del otoño hasta principios del verano para su piel seca, pero no necesitó usar una el día que probó ese jabón.

Sin embargo, solo pudo usarlo una vez…

Pero no solo se arrepintió de haber perdido el jabón. Por ejemplo, las sales de baño, no había podido usarlas ni siquiera una vez.

Izumi juntó sus manos y recogió un poco de agua. Suspiró mientras miraba el agua que goteaba entre sus dedos.

De haber usado esas sales de baño, ¿qué tipo de maravilloso olor tendría esta agua?

Como era de esperar, no puedo darme por vencida.

Izumi miró fijamente al espacio. Y procedió a mirar al hombre de piel oscura que ella imaginaba flotando allí.

Todo lo que sucedió fue su culpa por albergar esas aburridas aspiraciones.

¡Si se trataba de esto, solo necesitaba al príncipe de Jebas para poder viajar libremente por el mundo!

Para hacer eso, era indispensable que el mundo más allá de la ventana estuviera en paz.

Por el amor del príncipe Hinoki, por el bien de todas las personas que estaban siendo víctimas de las ambiciones de Karasu, y por su propio bien también…

¡Hagamos paz para el mundo!

Apretó los puños mientras renovaba su determinación. Entonces, de repente se dio cuenta.

Su conexión con ese mundo no se reduciría mientras haya alguien ahí que necesitara este tanque de agua reseca a mitad del verano.

Después de escuchar la situación de tensión en la que se encontraba el mundo, Izumi fue primero a ver al verdadero Huuron y verificó la verdadera identidad de Karasu. Luego, se encontró con el príncipe Hinoki y le pidió su voluntad.

¿A quién debería ir a ver después? ¿Tal vez debería reunirme con Roten y Yuataree para tener una conversación agradable con ellos? ¿O tal vez explicar lo que le estaba sucediendo a la princesa Aqua y decirle que su hermano volverá? En realidad, la reina de Sunayu, Hitow, ¿no habló muy bien de su prometido, el rey Cornou de Tohji? Tal vez sería una buena idea parar allí y pedir su ayuda también.

Y como las corrientes de agua subterráneas también le preocupaban, quería reunirse con Mira otra vez.

Decidió aplastar las ambiciones de Karasu y ayudar a todos los países afectados por ellas, pero aún no estaba segura de por dónde empezar.

En primer lugar, ¿a quién le gustaría ese jabón apestoso del tanque de agua reseca a mediados del verano?

Por otra parte, siempre había estado preocupada de que pronto comenzase una disputa entre Yohk’Zai y Triht.

Pensando en eso otra vez, recordó al gobernante de Triht, Setsugen.

Cuando se encontró con él en las montañas, Setsugen dio la impresión de ser un muchacho reservado y honesto. Aunque más tarde descubrió que era bastante popular…

Pero que él quisiera comenzar una guerra contra Yohk’Zai era un poco difícil de imaginar.

Para empezar, no tendría la oportunidad de ganar si eso sucediera.

Izumi continuó pensando mientras cruzaba los brazos dentro de la bañera.

Entonces se le ocurrió, primero necesitaba ganar tiempo mientras no había guerra.

Si ocurriera una guerra, las repercusiones dejadas en forma de resentimiento permanecerían por un largo tiempo. Se distanciarían del mundo pacífico que Izumi deseaba por mucho.

Pero, de nuevo, ¿qué podría hacer para comprar más tiempo?

¿Hasta dónde llegaron los preparativos para la guerra en ambos lados, y dónde estaban planeando llevarla a cabo?

―Hmm….

Izumi gimió. Normalmente despejaría su mente de cualquier pensamiento, y/o miraría fijamente el vapor, o leería un libro que ella hubiese traído al baño.

Soy la única que podría crear cualquier ventaja, supongo.

Si pudieran meter a Yohk’Zai dentro de las montañas nevadas, probablemente tendrían problemas contra pequeñas batallas de guerrillas.

Espera, esa no es exactamente una táctica defensiva…

En primer lugar, dado que Triht necesitaba piedras de fuego, no tenían otra oportunidad que ir a pelear por ellas.

Pero era difícil imaginar que pudieran pelear al máximo en un terreno al que no están acostumbrados, como el desierto.

Entonces, si, por ejemplo, formarán una alianza con personas acostumbradas al desierto, podrían tener una mejor oportunidad.

―¿Huh?

Izumi, accidentalmente, dejó salir su voz.

Cuando conoció a Setsugen dentro de las montañas, él estaba en su camino para encontrarse con la tribu Kak’Kenah, o eso le había dicho el viejo calvo que estaba tratando de capturar a la princesa Yunoha.

Pero luego, cuando Setsugen escuchó que Teo Keh probablemente ya se había reunido con Huuron, dijo que ya no tenía ningún negocio en Zaharya.

Entonces, eso significaría que…

―Todo tiene sentido ahora.

Izumi bajó la cabeza.

Como puede ser. No solo Karasu, sino también Setsugen, ambos estaban pensando en llevar a cabo algo peligroso cuando se encontraron con Izumi.

Las personas que conoció más allá de la ventana, no eran sólo débiles en problemas.

Izumi notó su propia ingenuidad.

Quizás, en el caso de Setsugen, hubo ciertas circunstancias fuera de su control…

Pero, aun así, sin importar la razón, esa no es de ninguna manera una excusa aceptable para involucrar a personas normales en una guerra.

Por otra parte, ¿por qué creía que la tribu Kak’Kenah aceptaría unir fuerzas con Triht?

Además de eso, el hermano del jefe de la tribu fue sobornado por Yukama, y estaba preparado para envenenar la bebida de Setsugen en un banquete. Teniendo eso en cuenta, parecía que había problemas internos en la tribu Kak’Kenah también.

Entonces, cuando pensó en eso, oyó débilmente la voz de una persona.

Después de escuchar un poco más atentamente, notó que era una voz masculina.

Un gemido… y una voz grosera, del tipo que parece ser usada para maldecir.

―Err…

Izumi estaba preocupada. Si la ventana realmente se conectaba con la persona a la que quería ver, ¿en quién estaba pensando esta vez?

Mientras dudaba, la voz continuó hablando sin descansar un momento.

―Mierda. Al diablo con esto. ¡Maldita sea!

La persona del otro lado de la ventana parecía bastante molesta e impaciente.

No sabía con quién se había conectado la ventana, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. De pie, ella abrió la ventana.

―Oh, una cara nueva.

La persona parada afuera de la ventana era alguien que nunca había visto antes. Parecía tener unos veinte años, y su largo cabello estaba atado con un hilo rojo. Su brazo musculoso expuesto era del mismo color marrón que los habitantes del desierto.

Pero el lugar donde estaba este hombre no era el desierto sino un área rocosa.

Muchas rocas de varios tamaños estaban rodando por todas partes, y el hombre estaba sentado encima de una de ellas.

―¿Ah?

El hombre lanzó una mirada dudosa a Izumi y…

―¿Ah?… Whoaaa.

Él se puso de pie gritando.

Inmediatamente cayó hacia atrás y aterrizó sentado en el suelo.

Estaba demasiado sorprendida, ¿podría haberse dislocado la espalda debido al shock? Izumi miró al hombre preocupada, palideciendo por la idea.

Su brazo izquierdo desnudo estaba enterrado dentro de las rocas desde la muñeca hacia arriba.

Al menos, parecía que no se había dislocado la espalda, pero no podía pararse porque su brazo estaba atrapado dentro de las rocas.

―Eso duele…

Dolorosamente comenzó a masajear su hombro izquierdo. Luego procedió a mirar a Izumi.

―Oye, hechicera. ¿No sabes que es de cobardes acercarse sigilosamente a las personas cuando no se pueden mover?

Izumi estaba preocupada de que su brazo pudiera haber sido aplastado bajo las rocas, pero el hombre parecía ser muy enérgico.

―Bueno, no, no estaba tratando exactamente de hacer eso… Por cierto, ¿no puedes sacar tu brazo?

―Puedes verlo solo mirando. Maldición, ¿en qué me metí?

El hombre pateó con fuerza la roca que cubría su brazo. Después de un tiempo, muchas rocas pequeñas cayeron a su alrededor.

Izumi, sorprendida, asomó la cabeza por la ventana. Y pronto, se puso pálida de nuevo.

El lugar donde se encontraba era una pendiente pronunciada, y muchas rocas estaban apiladas muy por encima de ellos. La forma en que estaban ahí, aparentemente a punto de caer en cualquier momento, gritaba peligro.

En realidad, algo de eso podría haber terminado de caerse, al ver cómo el suelo estaba cubierto de piedras.

―¿Fuiste atrapado por las rocas que caen? Quiero decir, si pateas las rocas así, ¿no causará que caigan más desde arriba?

―¿Qué quieres que haga? ¿Solo sentarme aquí como un tonto y esperar a morir de hambre?

El hombre continuó pateando la roca.

―¡E-Espera! ¡Para!

Si continuara así, Izumi también sería arrastrada a una avalancha de rocas.

Izumi se levantó apresuradamente de la bañera y fue a buscar el jarrón con el jabón pulverizado del tanque de agua.

―Oye, ¡mira esto! ¡Te daré esto!

―¿Ahh? ¿No son esas burbujas? Huelen tan horrible como siempre, eh.

Aparentemente este hombre conocía sobre este jabón.

―¿Y entonces? ¿Qué quieres que haga con esto?

Izumi recogió un poco de agua en un balde y puso el jabón pulverizado del tanque de agua y lo disolvió. Después de un tiempo, el agua estaba resbaladiza.

―Sumerja su brazo en esto, y luego permita que fluya a través del espacio entre las rocas.

El hombre finalmente pareció entender cómo se podían usar las burbujas.

Se empapó el brazo mientras hacía una mueca ante el olor.

Finalmente, inclinó el balde y dejó que el agua fluyera a través de las rocas. Respiró profundo.

―Huff.

Reuniendo toda la fuerza que pudo, él tiró de su brazo. Una vez más, las rocas cayeron.

―¡Te estoy diciendo que te detengas! Por favor, ¡mantente quieto por un tiempo! ¡De lo contrario, cerraré la ventana y huiré sola!

―Cállate, hechicera. ¿Crees que puedo hacer algo más cuando estoy atrapado de esta manera?

Diciendo eso, el hombre tiró de su brazo otra vez, y una tercera vez. El corazón de Izumi se aceleró mientras lo miraba. Pero al final, no parecía que su brazo se haya movido ni una sola pulgada.

―Maldición, no puedo sacarlo.

Izumi preparó otro balde de agua mezclado con burbujas y se lo entregó al hombre. Luego se asomó a la roca.

Aparentemente no le dolía, probablemente no estaba herido. Seguramente había un vacío al otro lado de la roca.

Después de mirar más de cerca, también notó una pequeña brecha alrededor de su brazo.

Así es… había una brecha.

―Umm. Por las dudas, pero… ¿tal vez estás apretando el puño? —le preguntó con voz monótona.

Pareció sorprendido por un segundo, luego guardó silencio. Un rato después de eso evitó mirar hacia donde estaba Izumi…

En los siguientes segundos, el brazo del hombre salió de la roca sin problemas.

Él es un idiota. Definitivamente es un idiota.

―Es… No es lo que piensas. Había una razón para eso.

Probablemente se dio cuenta de que estaba siendo tomado como idiota.

Nervioso, comenzó a explicarse a sí mismo.

―¡Estaba sosteniendo una bolsa con pólvora! Eso es realmente valioso así que, si es posible, quería llevarlo a casa conmigo.

―Mmmm.

No pudo evitar darle una mirada indiferente.

Bueno, al menos estaba contenta de poder liberar su brazo. Pensando en decirle algo así, se dio cuenta de algo extraño.

―Dime. Esa pólvora, ¿para qué la querías usar?

Izumi le preguntó mientras echaba un vistazo a las rocas dispersas a su alrededor.

Pólvora, rocas caídas y la estupidez del hombre. Por una vez, en este momento, ella se puso a pensar en todas las posibilidades…

El hombre respondió mientras apartaba los ojos.

―Ah, ah, es como puedes adivinar, ¡estaba detonando las rocas! Me quedé atrapado entre la avalancha de rocas que me causé a mí mismo. ¡¿Tienes algún problema con eso?!

Al instante, se puso en una actitud completamente desafiante

Izumi dejó escapar un suspiro exasperado.

―¿Por qué? ¿Por qué querías hacer algo así…? ¿Vas a comenzar a construir algo?

Trató de mover su mano un poco para asegurarse de que todo estaba bien.

―No. Estaba destruyendo un camino. El camino que baja a mi pueblo desde Pirenia.

―¿Huh? ¿Pirenia?

Ella había escuchado ese nombre antes, pero no podía recordar dónde.

―Pirenia… ¿Dónde es eso?

―Está en una montaña entre Triht y Zaharya. Hmm, los hechiceros son más ignorantes de lo que pensaba.

―Ah, correcto, sí. Lo escuché de Sentoor. Pirenia, huh.

El denso caballero Sentoor había dicho que la cabaña de montaña en la que se encontraba Setsugen estaba en Pirenia.

Dio un suspiro de alivio después de recordar con éxito.

―¡¿Qué?!

Inconscientemente gritó y se echó hacia adelante.

―Whoa.

Por alguna razón, el hombre saltó hacia atrás.

―¡¿Pirenia de Triht?! ¿Por qué? ¿Por qué destruiste el camino? ¡Ah! Tal vez, ¿tal vez eres un espía de Yohk’Zai?

No había duda, la piel bronceada que tenía era un rasgo especial de los habitantes del desierto. Probablemente vino a bloquear la carretera bajo las órdenes de Huuron.

―¿A quién llamas espía de Yohk’Zai?

El hombre frunció el ceño con disgusto mientras señalaba a Izumi.

―Más que eso, para que las demuestres con tanta valentía, ¿tienes decencia?

Izumi miró hacia donde estaba apuntando, en otras palabras… su propio pecho.

―Ahh, mmmm… —tosió y aclaró su garganta. Entonces gritó ―¡Espera allí por un segundo! ―y corrió al vestidor como un conejo.

Regresó al baño después de envolver una toalla alrededor de sí misma apresuradamente.

El hombre la estaba esperando descuidadamente, su brazo descansaba en el marco de la ventana.

―En serio, te falta algo llamado decencia…

Él negó con la cabeza en lástima después de verla con solo una toalla de baño.

―¡Cállate! No me importa si alguien piensa que soy indecente de todos modos. En primer lugar. ¿Quién eres tú? ¿Tú no eres alguien de Yohk’Zai? ¿Por qué destruiste el camino?

Izumi disparó una pregunta tras otra.

—Soy el hermano de Cho’Shaw, el jefe de la tribu Kak’Kenah. Mi nombre es Goemon. Podrías decir que soy de Yohk’Zai, pero no al mismo tiempo…

Estaba hablando con la boca entreabierta, por lo que su enunciación no era la mejor, pero ahora no era el momento de prestar atención a eso.

―Entonces… ¿Tú eres la persona que fue sobornada por Yukama y trataste de envenenar a Setsugen, ese hermano del jefe de la tribu Kak’Kenah?

Después de que ella dijo eso, todo el cuerpo de Goemon se estremeció. Entonces, buscó en su cadera la daga que llevaba allí.

―Tú, ¿quién eres? —habló con un tono tenso. Izumi agitó sus manos nerviosa.

―No es lo que piensas. No soy un espía o algo así. ¡Ni siquiera soy alguien de Triht o Yohk’Zai!

Sin embargo, Goemon todavía era cauteloso.

―¡Entonces eres un rebelde en mi contra!

Izumi tembló al oírlo rugir de ira. Ella inclinó la cabeza un rato después.

―No, solo piensa con calma por un momento. Un rebelde no querría trabajar para ti, pero incluso te ayudé.

Goemon se detuvo por unos segundos.

―Tienes razón ―dijo, y apartó la mano de la daga.

Izumi dio un suspiro de alivio.

―Disculpa, quiero preguntar muchas cosas, pero si te importa, no preguntaré tanto. Lo único que realmente quiero saber es, ¿por qué destruiste el camino?

Goemon se mordió los labios. Entonces finalmente habló.

―Para proteger a la gente de Triht de ser atacada por Yohk’Zai.

Izumi parpadeó un par de veces.

―¿Podría ser que la razón por la que aceptaste ayudar a Yukama y envenenar a Setsugen fuera la misma?

―Exactamente.

Goemon miró directamente a Izumi a los ojos, luego continuó hablando sin descanso.

―Ese bastardo de Setsugen. Quería usar mi aldea como base para atacar a Yohk’Zai. Y mi hermano se unió a él… ¡Está tan equivocado al hacer eso! ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que nos independizamos de Yohk’Zai? ¡Solo veinte malditos años! Veinte años desde que estuvimos cautivos por Yohk’Zai, veinte años desde que tuvimos que luchar, veinte años desde que volvimos a arar todos nuestros desgastados campos… Sí, tal vez nos confinaron a un área más pequeña, pero mi madre, todas las mujeres en el pueblo, todas estaban tan felices. Pero ahora, él… ¡¿quiere empujar a toda la tribu Kak’Kenah a la batalla otra vez?! ¿Qué piensa él de todo lo que tuvimos que pasar antes?…

Goemon se sentó desesperado allí, abrazando sus piernas.

―Lo sé. Sé que aún no había nacido cuando la batalla con Yohk’Zai sucedió, pero mi hermano ya tenía veinte años. Sucedió a mamá después de ver a mi papá siendo asesinado en la batalla, o eso me dijeron. Entiendo por qué mi hermano y parientes guardan rencor contra Yohk’Zai. Pero, ¿qué podrían posiblemente lograr tan tarde?

Izumi permaneció en silencio. No podía encontrar palabras para decirle.

No fue solo una discusión sobre si las personas que disfrutaron de su vida actual o las que resintieron sus vidas pasadas también estaban equivocadas.

Pero…

―Lo único que quiero es paz para el mundo —suspiró Izumi.

No importa en qué mundo, es imposible separar el negro del blanco, el bien del mal. Es imposible cumplir los deseos de todas las personas.

Goemon levantó la cabeza y la miró.

―¿Cuánto tiempo demorará la gente de Triht en restaurar el camino que destruiste?

―Un mes más o menos…

―Eso sería más que suficiente. Puedes pararte por un momento.

Izumi estiró su mano hacia Goemon. Tímidamente la tomó, y se levantó con fuerza.

―Cumpliré tu deseo.

―¿Qué?

Goemon levantó las cejas.

―Estoy diciendo que voy a detener el conflicto entre Yohk’Zai y Triht. Si los dos países no se atacan entre sí, tu hermano tampoco hará nada, ¿cierto?

―Ah, hum…

El hombre asintió. Izumi le sonrió y dijo:

―En cualquier caso, necesitaré algo como anticipo. ¡Ese hilo atado alrededor de tu pelo debería ser suficiente!

Sakuya
Sé que es el final, pero… no lo pareciera x.x el autor es una mala persona que nos deja con la intriga T_T

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11 comentarios en “Baño de la Diosa – Después de la historia Parte 4: El recién llegado

  1. Yinett says:

    Ufff hace mucho que había empezado a leer esta novela y ahora fue que la termine… Siento un vacío en mi alma… POR QUÉ EL AUTOR ES ASÍ? ES QUE ACASO QUIERE VERNOS SUFRIR??!! 😭 Pero bueno, fue lindo mientras duró.
    Muchas gracias por su trabajo.

  2. Cristian Trujillo says:

    Excelente historia, aunque nos deja deseando más, supongo que también es parte de su encanto…. Aunque realmente desearía saber, que pasó con el resto de los personajes…. Existe una continuación o algo así????

  3. Zorekly Mendez says:

    A pesar de lo mala que es la autora por dejarnos asi, me encanto su ingenio para crear esta obra! La disfrute en cada momento! Muchas gracias a ustedes por permitirme poder disfrutar de ella. m(u.u)m

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