Matrimonio depredador – Capítulo 111: Eva

Traducido por Yonile

Editado por YukiroSaori


La preocupación persistente era como una astilla en la punta de sus dedos. Invisible, pero una molestia constante que era imposible de olvidar por completo.

A medida que se acercaba el día de la boda, la sombra de la ansiedad en el rincón de su corazón se hizo más y más grande. Leah se mantuvo ocupada con los preparativos de la boda mientras trataba de ignorarlos, aunque como no estaba familiarizada con las costumbres de kurkan, la mayor parte de los preparativos eran responsabilidad de Ishakan.

En medio de su otro trabajo, también estudió el idioma kurkan, que extrañamente no tenía vocales, solo consonantes. Estaba confundida al principio, pero con un poco de esfuerzo pudo leerlo torpemente.

Mura ocasionalmente elogiaba sus esfuerzos, explicando que el idioma era difícil de aprender para los extranjeros y que nunca había visto a nadie aprender a leerlo tan rápido. Leah siempre fruncía los labios avergonzada por el elogio. No estaba acostumbrada a que la felicitaran por las cosas que hacía.

Los días agitados pasaron rápidamente y finalmente llegó la boda. Las bodas en kurkan comenzaban con una ceremonia que duraba cinco noches juntas y terminaban con el voto matrimonial. En la mañana de su boda, Leah comió pétalos rojos tan pronto como se despertó, luego se lavó en una bañera llena de ellos, frotándose meticulosamente y luego secándose el pelo largo.

Después de su baño, fue a desayunar. En Estia, si había algún evento siempre pasaba hambre el día anterior, pero en Kurkan era todo lo contrario. Sus damas estaban preocupadas porque no habían logrado que comiera tanto como creían necesario. Mura la animó con cada bocado.

—¡Lo estás haciendo bien! ¡Necesitas desarrollar un poco más de fuerza antes de la primera noche, por favor, inténtalo más!

Leah comió hasta que pensó que su estómago iba a estallar y finalmente se detuvo, insistiendo en que no podía comer más. Mientras Mura la vestía con la ayuda de las otras damas, le explicó varias costumbres más.

—A partir de hoy, los invitados disfrutarán de un banquete. Se revolcarán como cerdos en el vino y la comida de Ishakan. Pero no los verás.

Cuando dos kurkanos se casaban, ambos daban la bienvenida a los invitados. Pero cuando un continental se casaba con un kurkan, solo el socio kurkan recibiría a los invitados. El continental solo vería a los invitados el último día, cuando tomaran sus votos matrimoniales.

—Ahhh… —Mura suspiró mientras arreglaba el cabello de Leah, y las otras damas se hicieron eco de ella—. Que preocupación. Seguramente se comportará como una bestia salvaje…

—¿Qué tengo que hacer? —Leah murmuró mientras bebía una poción nutricional especial que Morga había preparado para ella—.Tal vez debería llamar a un médico…

Su expresión era seria mientras sorbía la poción de sabor amargo, su otra mano extendida para permitir que le cortaran las uñas. Mura se llevó el vaso cuando estuvo vacío.

—Estableceremos medidas de seguridad. Si crees que es peligroso, huye.

Mura lo repitió varias veces mientras seguía vistiendo a Leah. Hoy su vestido sería rojo, de tela de alta calidad con una parte superior e inferior separadas que enmarcaban elegantemente su vientre desnudo. No estaba acostumbrada a exponer tanta piel, y pasó la mano por el espacio desnudo con timidez.

También tenía un velo fino bordado en oro y joyas en la frente, el cuello, las muñecas y los tobillos. Junto con las joyas en sus muñecas y tobillos, pequeñas campanillas colgaban, emitiendo un débil repique mientras caminaba para alejar las malas energías.

El sol se había puesto y estaba completamente oscuro afuera cuando Leah estuvo vestida. Después de echar un vistazo a la posición de la luna llena, Mura y las otras damas se fueron, dejando a Leah sola. Estaba en silencio sin ellos. Leah se examinó brevemente en el espejo y luego fue a mirar por la ventana.

A lo lejos podía escuchar voces, música y carcajadas. Parecía como si el banquete de bodas estuviera en pleno apogeo.

Mientras miraba el palacio, pasó lentamente la mano por el marco de la ventana, sintiendo su textura dura y fría. Le hizo pensar en Estia y se preguntó si el funeral del rey ya había terminado. La fecha del funeral de su padre y su boda se habían superpuesto, por pura casualidad.

Se sintió extraño.

 

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