Querida “amiga” – Capítulo 28: No es un regalo

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


—Mis disculpas, lady Mariestella.

Klaude sacó un pañuelo con una mirada extraña y se limpió la boca.

¿Qué? ¿Qué le pasó? No, lo que es más importante, ¿cómo puede ser? Se veía bien, incluso después de tomar el té.

—¿Hay algún problema, duque? —Pregunté con confundida, no entiendo cómo alguien podría permanecer tan apuesto sin importar lo que haga

—¿Perdón? ¡No, no, sí!

¿Qué fue eso…?

En lugar de sonreír ante su inesperada pelea, estaba bastante perpleja. Klaude era amable, astuto y agradable, pero no era un tonto torpe, y parecía que, de repente, se había convertido en uno.

—¿Hay algún problema? —Lo repeti.

—No, no es un problema, más bien… —la voz de Klaude se apagó, mientras fruncía el ceño. —Esto fue enviado por Xa, ¿no, el Príncipe Heredero?

—No estoy segura —dije, y cuando me volví hacia Florinda, poniéndola en el centro de atención, me explicó rápidamente.

—Poco después de que el duque llegó a su habitación, señorita, Sir Dilton llegó del Palacio Thurhan. Cuando fue invitada al palacio Thurhan, pensó que te gustaba el té, es por lo que te envió mucho, dijo que era bueno para la estabilidad mental y física.

—Ah, ya veo…

No sabía que Sir Dilton estaba aquí. Si no fuera por Klaude, habría hablado con él. Sentí una punzada de culpa.

—¿Entonces, Sir Dilton ya no está? —Le pregunté a Florinda.

—La condesa quería servirle una taza de té, pero desafortunadamente tenía un asunto urgente y se fue —respondió con un poco de pesar —de todos modos, no se podía tirar el té y, como dijo que le había gustado, lo traje para usted y para que el duque lo pruebe.

Miré a Klaude, que había tomado un sorbo del té antes, y le hablé con voz preocupada.

—Ah, ¿el té no se adapta a tu gusto, Su Excelencia?

La cara de Klaude se puso roja de vergüenza —¿el, el té? —Tartamudeó.

—Sí. Lo arrojaste tan pronto como lo bebiste…  —dije con una mirada seria en mi rostro. Pensé que el té estaba delicioso, pero al parecer el sabor de un té, es cuestión de preferencia personal —si no te gustó, puedo pedir otro tipo de té.

—Ah… —Klaude dio un breve suspiro y sacudió la cabeza. —No, mi lady. No es que el té no supiera bien. Es que está demasiado caliente… por eso no pude retenerlo. Solo eso.

—Ah, ya veo —no sé si eso es bueno o malo, pero me sentí aliviada porque, al menos, no quiso decir que el té era malo. De alguna manera, me alegré de tener otro compañero que reconocía el maravilloso sabor de este té.

—En realidad, disfruté tomando este té cuando me invitaron al Palacio Thurhan. ¿También te gusta este té? —Pregunté emocionada esta vez.

—Sí… bueno… me gusta —dijo Klaude con una hermosa sonrisa, luego habló de nuevo, está vez con más cautela —debes ser muy cercana al Príncipe Heredero.

Fue un momento después de escuchar su comentario que entendí la gravedad de sus palabras. Klaude podría haberlo entendido mal. Sacudí mi cabeza rápidamente.

—De ningún modo. Le causé un inconveniente y necesitaba reponer mi pañuelo. Me llamó al palacio una vez para eso.

Ahora que lo pienso, me pregunto por qué el Príncipe Heredero no envió el pañuelo. Podía pasarlo a Sir Dilton. ¿Cambió de opinión?

—Ya veo.

La cara de Klaude se iluminó de repente al escuchar eso. Pensé que tal vez había alguna parte con lo que dije que podría darle felicidad, pero no puede ser eso ¿Qué era?

—Te debe gustar mucho el té —comentó.

—No me gusta tanto, pero si hay alguno que se adapte a mi gusto, solo beberé ese por un tiempo.

—La mansión Escliffe siempre tiene excelentes hojas de té. Te enviaré algunas.

—Ah, gracias…

No, espera, pero ¿por qué?

—Está bien, su gracia, pero tal regalo es demasiado para mí —decliné, algo confundida.

—No es un regalo, lady Mariestella.

Si esto no es un regalo, ¿entonces de qué se trata? ¿Un soborno?

—¿Entonces, qué es? —Pregunté, sintiéndome desconcertada.

—Técnicamente, esto también es una compensación por daño psicológico. Después de todo, debe estar agotada por todo lo que ha pasado en estos tres meses, el té es bueno para eso.

—Ah… gracias por tu sinceridad, pero realmente no tienes que enviarme el té. Eso es demasiado…

—¿Perdón…? —Los ojos de Klaude se abrieron de sorpresa cuando escuchó eso.

¿Qué? ¿Que está mal?

—¿Estás diciendo que si el regalo proviene del Príncipe Heredero está bien, pero si proviene de mi está mal?

No, ¿por qué resultó así?

Aturdida, agité mis manos.

—No, su gracia. Eso no es lo que quise decir. Solo…

—Si me odias por lo que sucedió hace tres meses, no tendría nada que decir en contra. Soy un pecador muerto…

—No, ¿de qué estás hablando? —Chillé.

El humor de Klaude es muy taciturno.

—Es la verdad. Debes odiarme porque me atreví a lastimar tu precioso cuerpo durante tres meses.

—¡No, creo que estás malinterpretando algo! Eso no es lo que quise decir cuando rechacé tu regalo. Y esta es la primera vez que el Príncipe Heredero me envió un regalo como éste. Debe haberlo enviado porque estaba acostada en la cama con dolor.

—¿Entonces, no importa si te envío un regalo de vez en cuando?

—Bueno… yo… —¿cómo logró comprender eso? Estoy sin palabras.

De repente, Klaude me habló, con los ojos brillantes.

—Entiendo, lady Mariestella. Intentaré hacer eso.

—¿Hacer qué? —Farfullé.

—Enviaré un regalo solo de vez en cuando. Por tu compensación mental.

Me preocupaba que su estándar para “de vez en cuando” fuera parecido al todos los días, pero, por ahora, solo asentí. Parecía que lloraría si lo rechazaba, aunque fuera un poco. Su linda cara antes no era de este mundo, así que, honestamente, quería verla más, pero…  espera, no, eso no es todo.

Alguien toco la puerta.

—¿Quién es? —Dije automáticamente.

—Disculpe, lady Martiestella. Tengo algo que decirle al duque.

Cuando Klaude escuchó eso, rápidamente, se levantó de su asiento y se dirigió hacia la puerta. Salió y habló con el sirviente afuera, luego de un rato regresó a la habitación.

Lo miré con curiosidad. —¿Sucedió algo urgente?

—Me temo que sí, lady Mariestella. Dicen que hay un pequeño problema con el grupo comercial de mi familia.

Klaude dijo que era un problema pequeño, pero, instintivamente, supe que no era para nada pequeño. Si realmente fuera un problema menor, no habrían llamado a Klaude, el jefe de la familia, que estaba reunido conmigo.

—Deberías ponerte en marcha, Su Excelencia —sugerí.

—Gracias por entender, lady Maristella. —Me miró con pesar, luego se acercó a mi cama. Pensé que se estaba acercando para decir adiós, pero mi predicción fue más acertada de lo que esperaba.

—Oh…

Me sorprendió por completo cuando, de repente, se arrodilló ante mí. Para ser exactos, me sorprendió más el hecho de que él se arrodilló ante mí en lugar de despedirse como siempre.

Luego, mientras estaba sentada sin palabras, él tomó mi mano y la besó. En ese momento, mis ojos crecieron una o dos veces más grandes de lo habitual, y no podía decir si esto era real o un sueño.

Este hombre me va a volver loca.

No tenía sentido que entrara en este libro en primer lugar. ¿Entonces, algo que no tenía sentido significaba que tendría sentido aquí…?

—Lady Mariestella —dijo —te veré de nuevo mañana.

Klaude me dio su deslumbrante sonrisa y se fue, pensé que, si tuviera una cámara aquí, habría tomado su foto incluso si tuviera que arrodillarme para tenerla. No, debería ser moderadamente guapo… ¿es normal que una persona brille tanto?

—Sí… —respondí estúpidamente, olvidando completamente lo que Klaude me hizo antes.

Ah, no puedo seguir con esto.

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