Traducido por Shiro
Editado por Ayanami
{1}
Seis y media de la tarde.
Tang Xun se encontraba sentado en un árbol de durazno en flor, mientras limpiaba su caja de los mil compartimientos. Su ojos claros y seductores observaban, de vez en cuando, a los transeúntes caminar bajo de él. Originalmente, había estado monitoreando los hábitos diarios de su objetivo desde este árbol, pero el hombre ya está muerto, y el árbol que una vez estuvo cargado de capullos había florecido en su totalidad. Sin embargo, todavía no quería regresar y reportarse a la secta Tang porque…
Un discípulo de una secta íntegra venía caminando por una callejuela. Algunos mechones de rizos dorados quedaban expuestos bajo el sombrero blanco. Una nariz alta y recta descansaba sobre sus hermosos labios delgados.
Tang Xun enderezó su espalda de inmediato. Entonces, se dedicó a observar con avidez cada movimiento del hombre.
Él pasa por allí todos los días, y cada vez que caminaba junto al árbol de durazno en flor, levantaba su cabeza para mirar las flores.
Tang Xun sabía esto.
Era por esto que, en el instante en que el discípulo alzaba la cabeza, él, con rapidez, miraría al cielo con indiferencia.
Sin embargo, la mano que sostenía su arma exudaba una delgada capa de sudor.
{2}
Una vez, todos los días.
A las seis y media de la tarde, durante el crepúsculo, el sol que se ocultaba en el horizonte brindaba sus últimos rayos y teñía todo con una luz cálida.
{3}
El discípulo de la secta íntegra era un poco extraño.
Todos los días llevaba en sus manos cosas extrañas cuando pasaba.
A veces, jugaba con un anillo de plumas de pavo real de la secta Tang. Otras, llevaba consigo una olla de pescado escalfado de Sichuan en aceite de chile. Tang Xun no sabía a quién le llevaba estas cosas. Una vez, llevaba un poste de madera nuevo, y en otra ocasión cargaba bajo su brazo a un panda bebé junto con un montón de bambú.
Tang Xun lo encontraba muy interesante. Pensó que quizás necesitaba llevar todo esto a un lugar en particular, o que tal vez tenía un amante de la secta Tang.
Su amante le dio el anillo de plumas de pavo real. A su amante le gusta la comida picante. A su amante le gusta practicar artes marciales con un poste de madera. A su amante le gustan los pandas.
Mientras más pensaba, más infeliz se sentía. Por lo que decidió que regresaría a la secta Tang cuando las flores de durazno se marchitaran.
Esto se debía a que cuando las flores de durazno se marchiten, el discípulo de la secta íntegra no volverá a mirarlas cuando pase caminando, ni volverá a ver la silueta de Tang Xun a contraluz.
El único lazo que los une se habrá roto.
{4}
La noche anterior llovió mucho.
A las seis y media de la tarde, cuando Tang Xun llegó, se encontró con el paisaje desolado del árbol de durazno sin las flores. Éstas habían salido volando con la tormenta y sólo algunas de ellas quedaban en el árbol. Parecía que no durarían otra noche.
Tang Xun suspiró y apoyó su mejilla sobre una de sus manos, mientras aguardaba sentado sobre el árbol de durazno. Esperaba poder ver al discípulo de la secta íntegra una vez más.
En ese momento, el hombre finalmente apareció. Sobre su hombro llevaba agazapado un gato persa blanco como la nieve.
Tang Xun sonrió ligeramente.
Este final no está mal.
Sin embargo, cuando el discípulo alcanzó el árbol de durazno, de pronto, el gato persa saltó, corriendo y escalando con agilidad el árbol, hasta acomodarse en los brazos de Tang Xuan. Luego, frotó su cabeza con satisfacción contra su pecho, sus ojos brillaban con astucia e inteligencia.
Tang Xuan estaba sorprendido.
En ese momento, el discípulo alzó la cabeza y elevó su sombrero en un ángulo que revelaba un par de ojos, tan inteligentes como los del gato.
—Mi gato —dijo, sonriendo ligeramente.
{5}
Me gusta alguien. Todos los días se sienta sobre un árbol de durazno en flor mientras mira hacia el cielo.
Él mira al cielo, yo lo miro a él.
{6}
Hoy pasé caminando mientras manipulaba un anillo de plumas de pavo real para hacerle saber que me gustaba la secta Tang.
Pero él siguió mirando al cielo.
Qué detestable.
{7}
Hoy pasé caminando con una olla de pescado escalfado de Sichuan en aceite de chile para insinuarle que bajara y comiera conmigo.
Pero él continuó mirando al cielo.
Qué detestable. Detestable.
{8}
Hoy pasé caminando con un poste de madera. Escuché que los miembros de la secta Tang se abalanzarían sobre él tan pronto lo vieran.
Pero él miró al cielo en todo momento.
Qué detestable. Detestable. Detestable.
{9}
Hoy pasé caminando con un panda bajo mi brazo. Estaba seguro de que hoy sí tendría éxito. Quería llevarlo a las Regiones Occidentales de vuelta conmigo.
Pero hoy siguió mirando al cielo como de costumbre.
Qué detestable. Detestable. Detestable. Detestable.
{10}
Hoy pasé caminando con TaoTao, a quien entrené con antelación y cumplió su misión exitosamente.
¡Cielos! ¡Estaba por conseguir una esposa!
Calmándome, revelé mi sonrisa más atractiva.
{11}
A las seis y media de la tarde, durante el crepúsculo, el sol que se ocultaba en el horizonte brindó sus últimos rayos y tiñó todo con una luz cálida.
{Fin}