La gota de esperanza – Capítulo 16

Escrito por Grainne

Asesorado por Maru

Editado por Sharon


En cuanto la camioneta fue estacionada frente la casona de Guillermo, el grupo observó cómo Bianca salía a saludarlos luego del largo viaje. Estaba entusiasmada por ver a su amiga Gina, aunque lamentablemente le tocó ver su lado lleno de tristeza y culpa. Ese sentimiento se dejaba ver en su rostro incluso desde dentro del vehículo.

Sin embargo, en lugar de demostrar su preocupación, la albina solamente la abrazó cuando ella bajó de la camioneta. Gina sonrió apenas acurrucándose sobre los cálidos brazos de su amiga.

David y Larry bajaron, observándolas y esperando que Gina realmente entrara a la casa. Sin embargo, la pelirroja los miró y suspiró explicándoles que volverá más tarde. Necesitaba pensar las cosas con detenimiento para saber que quería hacer con su vida. Larry intentó detenerla para que entraran a la casa y descansara un poco.

—¿A dónde vas? —agarró su mano.

—A caminar un rato, necesito… pensar un poco —le respondió con una mirada de desgano. Pero Larry sostuvo su mano con un poco de fuerza.

—¿Estás segura de esto… ? —se acercó lentamente hacia su rostro, pero ella se liberó de su agarre caminando hacia otra dirección.

—Lo siento, necesito esto —respondió sin siquiera verle a la cara, siguiendo el paso por en medio de la calle que dirigia a los barrios bajos.

Evito que las personas vieran su rostro cansado entre sus rizos rojos mal peinados. No había conseguido un buen sueño dentro de la camioneta, además de los dolores de cuello y espalda que ganó. Escondía sus enormes bolsas violáceas  debajo de sus ojos debido al estrés y pesar que su mente debía afrontar. Y cuanto más se alejaba de la casona, sentía un cosquilleo de libertad desorientada.

Ella no sabía si la decisión de acabar con su vida era la correcta, ni mucho menos si era lo que realmente quería hacer. La joven había pasado por tantas cosas en corto tiempo que no sabía cómo reaccionar ante todo aquello que se le fue presentado de la manera más cruda y cruel. Aprendió de la realidad de una manera que no esperaba. Vio algunos híbridos en su muerte; otros huyendo, y desesperados.

Ella estaba en el punto medio, entre la desesperación y la idea de su muerte. Pero algo provocaba su calma mientras se acercaba a los barrios bajos de la zona, múltiples casas sin terminar, apiladas una tras de otra.

Observó a la gente pasar entre los pequeños pasillos de los barrios mientras algunos niños de escasos recursos jugaban con una pelota desinflada. Ella caminaba entre aquellos pasillos con su ropa algo desgastada por la pelea reciente con su padre.

De repente, vio un padre dándole lo poco que quedaba de comida a su hija. La melancolía inundó su corazón al ver aquella escena, y sintió la enorme culpa de su decisión. Pero sabía que su padre podría vivir sin ella, como lo hizo al vivir sin su compañero a su lado.

Gina suspiró mientras se alejaba de ese pequeño barrio y se acercaba a un parque con muchos niños alrededor. Quería despejar la mente de recuerdos pero cuando se sentó, los observó divertirse. Cada uno de ellos le recordaba a su adorado Eduardo, ese pequeño híbrido que pudo haber sobrevivido.

¿Cómo puede ser que ellos vivan tan tranquilos cuando cada día nosotros somos atacados por demonios?, pensó. Las imágenes del pequeño no se borraban de sus recuerdos. No pudo evitar lágrimas, provocando que le dirigieran miradas de extrañeza. Estuvo varias horas sentada frente a ese parque, sin importarle que los humanos la observaran o le preguntaran cosas.

No le respondía a nadie. Simplemente se quedó allí, pensando en las cosas que la rodeaban y su trabajo actual. Su mente era una guerra constante entre vivir o morir. Ya no reconocía cual era su objetivo realmente en esta vida. Ella quería ayudar en lo máximo posible pero ahora se encontraba corriendo en un camino sin fin.

Cuando se hicieron las cuatro de la tarde, escuchó unos pasos dirigirse hacia ella. Alzó la mirada y vio a Larry con una bolsa en la mano.

—Vine a ver cómo estabas. Sé que no debí, pero… te traje esto por si tenías hambre —dijo dándole la bolsa, donde había unos bowls de plástico con algo de comida adentro.

—No debiste… —respondió ella dejando la bolsa con comida a un lado mientras el español se sentaba del lado izquierdo.

—Gina, yo… quiero ayudarte. No me gusta verte así, intento entenderte para solucionar esa carga que llevas —explicó agarrando sus manos con dulzura.

—Eres buena persona, Larry. Pero deja de centrarte en mí, yo… no valgo nada en este mundo. Y lo entendí de la peor manera —dijo, desviando la mirada al sentir los ojos preocupados del joven español.

—Quiero estar a tu lado todo lo posible, incluso en las malas.

Sorprendida, se giró para mirarle y se encontró con su rostro acercándose al suyo con los ojos cerrados y los labios prominentes para un beso. Gina lo observó un momento, debatiéndose su próxima acción, para finalmente aceptarlo. Quería saber qué sentía en verdad por él.

El beso fue… un completo desastre. Él intentaba hacerlo de la manera apasionada, provocando la cara de asco de la pelirroja. Pero su furia llegó a una nueva altura cuando la agarró por la cintura, bajando la mano hacia su trasero. Se alejó de él de inmediato, dándole una bofetada tan fuerte que se escuchó el crujir de su mandíbula.

—Búscate una prostituta, no seré quien para satisfacer tu extraños fetiches —le habló con asco mientras se dirigía hacia otro lugar, dejando la bolsa con comida y al joven con un terrible dolor en la mandíbula. El chico intentó hablar para explicarse, pero de su boca sólo salió un gemido de dolor, y se quedó solo, sintiéndose un completo estúpido.

Gina siguió su camino hasta llegar a un enorme parque llamado “Montaña de la cruz”. Así era su nombre debido que en medio de los árboles, había una enorme cruz que estaba expuesta al atardecer.

Se acercó hasta la cruz pensando en la religión absurda de los humanos, creyendo en un cristo que probablemente nunca existió. Como también un Dios que estaba muerto.

Se sentó al lado de ella y suspiró.

Los híbridos solo tienen un destino, su muerte, pensó. Pero ella sabía que en esa frase suya había una contradicción al estar viva, gracias a David. Otro híbrido que se esforzó por vivir sin importarle las desgracias del pasado. A diferencia de su padre, estaba harta de seguir con vida.

Cuando llegó el anochecer, esperó que un demonio llegara por fin y causara su muerte. Cuando la oscuridad llegó, la gente se encerró en sus casas para protegerse. Un hombre miró a Gina y le gritó que se fuera de ese lugar. Ella no le dio respuesta alguna, y él siguió hablando hasta que un demonio le devoró la cabeza. Por la escasez de luz, vio como su cuerpo parecía una fuente de sangre al haber perdido parte de su cuerpo.

El demonio no desaprovechó el cadáver y devoró cada parte con goce. El crujir de los huesos junto el sonido de la carne sacando su jugo era desagradable. Gina podía oler el olor a carne y sangre perfectamente, pero no vomitó. Solo era espectadora de un festín.

El paso sigiloso del demonio se acercaba hacia ella. No se movió de su sitio pero sintió el latir desesperado de su corazón. Una parte en su interior quería seguir viviendo, haciendo que su instinto se activara por acto reflejo.

Sus ojos negros identificaron que era un demonio de bajo nivel, y sus garras se alargaron cuando este tomó velocidad. Las pequeñas patas corrían hacia su delgado cuerpo y, cuando se abalanzó, lo perforó con asco. Toda la sangre negra cayó sobre su pálido rostro y su desarreglado cabello rojo.

—Esperaba algo mejor —dijo tirando el cadáver amorfo con pequeñas patas y aspecto animal. Decidió desviar la vista porque le daba una sensación de repelús y asquerosidad en su interior, provocando que las náuseas surgieran nuevamente y terminara tragando el vómito que pasó por su garganta. Sintió ese sabor ácido en su lengua y escupió del asco.

Luego suspiró esperando un demonio de alto nivel, alguien que realmente la hiciera trizas. Hasta que se descolocó completamente al escuchar una voz familiar.

—Cariño, no deberías estar sola a estas horas —dijo aquella voz que provocó su curiosidad. Se fue acercando de a poco hasta ver el rostro de su padre, lleno de preocupación.

No obstante, tomó distancia al oler una esencia diferente en él. Su expresión de sorpresa cambió a una lleno de seriedad, sabiendo que esa persona no era su padre.

—¿Cómo te atreves a imitar a mi padre…? —expresó la pelirroja con molestia hacia aquel demonio de alto nivel. De todas maneras, este la tiró al suelo con gran deseo de devorar un alma en pena. La figura física de su padre se desfiguraba, pasando a ser una bestia negra con afilados dientes y unas puntas curvadas en su espalda. Gina estaba preparada a ser devorada sin dignidad alguna hasta que la bestia habló.

—Tus pensamientos tienen razón, eres una falla del mundo. Los híbridos deberían ser comida sin alma, como ese niño en el que tanto piensas. Hubiera sido delicioso probar de esa carne fresca —exclamó mordiendo su brazo derecho hasta arrancar un pedazo.

Ella soltó un grito ahogado de dolor sabiendo que era su destino. Las palabras del demonio abrieron una herida en su corazón. Bajo su ropa, no pudo percatarse que su collar comenzó a brillar con gran fervor.

—Calladita, serías más bonita —respondió con una sonrisa malévola mientras adentraba sus afiladas garras en su boca para arrancar su lengua. La saliva colgaba entre sus alargadas manos negras, a punto de estirarlo un poco más para sacarlo de la raíz. Gina lo miró con indiferencia esperando que lo hiciera.

—Vamos, llora, grita. Eso me encanta de las chicas —dijo acercándose al oído de la joven.

—Solo mátame.

El demonio la miró a los ojos y soltó una carcajada. Luego tomó la forma física de su padre y acercar sus manos hacia su cuello.

—Que tu querido padre lo haga —respondió con una sonrisa de oreja a oreja. Los ojos negros del impostor le causaba tanta tristeza, que soltó algunas lágrimas.

Alzó su mano temblorosa mientras alargaba sus garras en un intento de salir de ese infierno. No quería seguir sufriendo, solo terminar todo de una maldita vez. De la furia, perforó el pecho del demonio, provocando que soltara un rugido ahogado y escupiera sangre negra, dándole ventaja para poder empujarlo lejos de ella.

—Ustedes no deberían existir, son bestias que les gusta el sufrimiento ajeno. Por sus asquerosos fetiches, nació un niño condenado a la muerte —se acercó tambaleando del dolor por sus heridas para luego estirar sus garras hacia el corazón del demonio.

De repente, el demonio la esquivó, empujándola luego de colocarse en su espalda, provocando que cayera al suelo. Y, por fin, la bestia estaba por devorarla hasta que ella sintió un punzante dolor en la espalda. Su collar vibraba y no paraba de seguir dando luz hasta que explotó, saliendo un humo verde que se adentró en el cuerpo de la joven. Cuando el demonio parecía tener la oportunidad de devorarla con sus afilados y enormes dientes, unas espinas afiladas y alargadas perforaron completamente todo su cuerpo al punto de sobresalir de su piel.

Aquellas espinas sobresalían de la espalda de Gina.

—E-Escondías tu más profundo ser, igual que un demonio —dijo el demonio entre espinas en su cuerpo. Ella las escondió provocando que este cayera al suelo.

—Nunca sería como ustedes… —escondió su cara entre sus garras.

—E-Entonces… ¿Por qué asesinaste a e-ese niño? —preguntó, aferrándose con fuerza a los recuerdos robados.

—No quise hacerlo… —respondió entre lágrimas mientras se acercaba al demonio para terminar con su vida. Acercó su pata con garras, a punto de pisar la cabeza de la bestia.

—No somos t-tan diferentes, niña… mátame —suplicó entre el dolor en su charco de sangre negra.

Ella negó con la cabeza, retrocediendo y pensando en volver a casa.

—Q-Qué lástima, pero tu muerte llegará…  S-Se acerca la rebelión…—dijo arrastrándose hacia ella y agarrando sus tobillos, mirándola desde el suelo.

—¿Rebelión? ¿De qué mierda estás hablando? —preguntó volviendo a pisar su cabeza contra el suelo.

—C-Cada vez más demonios en e-el mundo… s-solo los más listos v-vencerán… —respondió con sus últimas palabras.

Gina no entendía a que se refería, pero tenía un mal presentimiento. La desgracia para todos los humanos estaba llegando. Se alejó del lugar, dejando el parque manchado en sangre negra para buscar un lugar donde pudiera sacarse la sangre fresca de su cuerpo. Seguía cuestionándose cosas. Pero de algo estaba segura, nunca sería igual que esos demonios.

Sus recuerdos se reproducían uno tras otro en su cabeza, entendiendo que siempre hizo lo posible para mejorar. Cuando a pesar del maltrato escolar ayudaba a niños que les costaba hacer ciertas tareas. Ofreciendo sus pocos ahorros cuando su padre se quedaba sin dinero.

Y cuando llegó a ese psiquiátrico, e intento ayudar a ese pobre niño. Limpió su rostro de las lágrimas y la mucosidad que caía de sus fosas nasales, dándose cuenta que ella era diferente a los demonios.

Tomaba consideración de su corazón humano y no se dejaba dominar por sus instintos. Admitía sus miedos, sus preocupaciones, sus fortalezas…

Sentimientos que solo un ser humano podría sentir. Entonces, supo perfectamente que tenía algo que ellos no; empatía.

Con esa respuesta, supo que no importaba el pasado. Estaba dispuesta a seguir mientras mantuviese su humanidad.

Siguió su camino por las calles, hasta que, pasando frente a un vidrio, pudo observar su reflejo. Se percató que había cambiado un poco, hasta se sorprendió ante la regeneración de sus heridas que dejaban ver sus escamas amontonándose en ellas.

Observó su cuerpo más alto y esbelto, capaz de diferenciar su género sólo por sus pechos  poco prominentes. Después, vio cómo sus espinas salían ordenadas por su columna, con su cola completamente negra hasta el final, de cuya punta salía un pequeño mechón de cabello pelirrojo.

Sus orejas puntiagudas eran más largas pero estaban escondidas sobre su abundante cabello rojo, tanto que estaban en medio de sus enormes cuernos enrollados.

Ella se acercó hacia su reflejo y alargó sus garras, deslizándolas con la acera del suelo para afilarlas y luego ir cortando mechones de su cabello. Logró observar con detenimiento su rostro híbrido. Sus dientes inferiores sobresalian de sus gruesos labios mientras que sus ojos negros eran diferentes. Distinguió en el vidrio sus pupilas blancas que dejaban ver una mirada más aterradora en ella.

Cuando terminó de cortar su cabello con sus garras de manera poco prolija, se percató de unos gritos humanos. Con un sobresalto, se dio cuenta que estaba cerca de la discoteca donde Bianca la había llevado por primera vez.

Un rincón de su mente se preguntó cómo el humano podía caer en esa trampa llena de lujuria y placer que no llevaba a ningún lado. Se quedó delante de la puerta de la discoteca, para luego tomar la decisión de abrirla y ver el festín de los demonios.

Personas bailando, drogándose o practicando las cosas más aberrantes que solo un demonio disfrutaría. Recordaba esas vagas imágenes cuando la llevó Bianca, pero su humanidad quería bloquearlas de su mente. Se sobresaltó al ver un charco de sangre salir de la puerta, los gritos eran apagados por sus pensamientos. No quería escucharlos, le aterraba.

Comenzó a retroceder, desesperada, hasta que un humano salió de la discoteca sin brazos, con el poco pedazo de piel que colgaba de ellos. Se levantó para poder ayudarlo pero sus ojos se abrieron de par en par cuando una chica de enormes pechos y vestimenta excéntrica agarró a la persona, y la empujó adentro, donde un demonio lo devoró hasta la cintura.

La multitud se cerró delante de ella y se quedó paralizada por unos minutos. Aquella chica era una humana normal, toda su aura mostraba esencia. Sus propios ojos, que detectaban el calor, obviaba esa información. Pero no le cabía la idea de cómo una persona como ella podía beneficiarse con el asesinato de personas.

Los seres humanos son los mismísimos demonios.

Luego de esa conclusión, se dirigió a la casa. Empezó a correr en busca de la calma y la solución a sus sufrimientos. Ella quería terminar con el infierno que se acercaba cada vez más por culpa de los humanos. Sintió las miradas de los demonios que evitaban su imponente presencia, porque su aura manifestaba un aura negra intimidante.

Aun así, comenzó a correr sintiendo verdadero terror: El miedo de perder su humanidad.

De repente, chocó contra alguien debido a la luz del amanecer que la cegaba. Aquella persona la abrazó inmediatamente.

—Tranquila, aquí estoy —dijo aquella voz familiar, una y otra vez.

Ella se acurrucó entre sus brazos, empezando a soltar lágrimas. No de tristeza ni desesperanza, sino de la dolorosa realidad. Aquel que la sostenía, la contempló ante la luz del amanecer, acariciando su cabello pelirrojo con compasión. Se aferró a él al sentir ese olor familiar, provocando un sentimiento de protección y anhelo en su corazón.

Finalmente, se quedó dormida entre las señales de afecto y apoyo de Larry.

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