La gota de esperanza – Capítulo 23 (1)

Escrito por Grainne

Asesorado por Maru

Editado por Sharon


La mañana empezó para Gina. Se levantó escuchando el despertador a todo volumen al lado de su cama, provocando que se levantase de golpe.

En ese momento, Flor le gritó desde el otro lado de la casa para que se apresurara a desayunar y entrenar. La pelirroja suspiró, levantándose mientras abría uno de los cajones, y se quedó pensativa al ver que tenía una camiseta de Larry.

Típica camiseta con frase de algún teólogo, ya que decía: “Si Dios es luz, alumbrará oscuridad en la vida del que llama”. Gina solo hizo una mueca pensando cómo terminó en su equipaje.

—¡Gina! ¡Tienes que desayunar! —los gritos de su abuela la sacaron de sus pensamientos. Agarró la prenda, encogiéndose de hombros, y se colocó unos shorts elastizados.

Después de haberse preparado, cepillar sus dientes y lavar su rostro, salió a toda velocidad para sentarse frente a la mesa llena de comida. Empezó a comer algunas tostadas mientras su abuela le servía café.

—¿Y esa camiseta… ? —soltó una carcajada.

—Oh, es de mi… em, ¿pareja? Y pues, ¿por qué no usarla? Solo entrenaremos y sudaré —respondió con cierta tonta sonrisa mientras agarraba la taza para beber un poco.

—Debe ser un buen chico ese novio tuyo

—S-Supongo… —agachó la cabeza sonrojándose un poco.

—Y no comas mucho, que luego hay que hacer elongación y ejercitar con unos trotes por el barrio —le advirtió, agarrándose el cabello para hacerse una coleta alta.

—¿Saldremos tan temprano…? ¿No será peligroso? —preguntó ya que eran las seis de la mañana.

—Tranquila, hay oficiales por todos lados. Estaremos bien —la tranquilizó. Se dirigió a su biblioteca para luego volver con una mochila con libros.

—Por cierto, respecto a Lilith, aún no me creo que ella pueda ser alguien relacionado conmigo —le confesó Gina, mirando por la ventana que daba al barrio, ya que la mesa del comedor daba justo a un ventanal al otro lado.

—Solo sé que ese collar tiene un ADN adentro muy parecido al tuyo. Si ese cristal es realmente parte de Lilith… No lo sé, a menos que haya usado su magia iluminadora —contestó Flor, pensativa.

—Entiendo… Háblame un poco más de eso. Esa magia, ¿la tenemos todos?

—Están dentro de nosotros pero no lo manifestamos. A muchos humanos les cuesta hacerlo. Cuando venga mi amigo podrá explicarte con mayor exactitud y sabremos la verdad. En fin, ¿nos vamos? —le dijo su abuela mientras se colocaba la mochila para empezar su entrenamiento. Gina, como respuesta, asintió con la cabeza. Se levantó y ambas se dirigieron hacia la puerta, la cual cerraron luego de atravesarla.

Al salir, la pelirroja se sorprendió ante la cantidad de oficiales bien armados.

—Flor, si ven mi transformación… ¿me arrestarán o algo así? —susurró empezando a elongar un poco junto a su abuela. Cuando estuvieron listas, las dos comenzaron con un trote ligero.

—Trata de evitar tu transformación lo máximo posible; no son amables con los híbridos —dijo en voz baja mientras trotaban en las solitarias calles del barrio con todos los locales cerrados.

Ambas siguieron trotando hasta llegar a un espacio amplio con dos sectores de césped entre tanto piso de cemento duro. Flor le insistió a Gina con un movimiento de brazos para que siguiera, ya que corría lentamente al ver unos oficiales explotar una cabeza amorfa de lo que parecía un demonio.

Se escuchaban los golpes contra la carne muerta del cadáver, mientras de él se expandía una mancha de líquido negro. No dejaba mucho a la vista debido a la cantidad de oficiales rodeándolo para limpiar y sacar el cuerpo.

Gina no pudo ver con más detalles, y aun así su rostro lleno de repulsión era obvio. Flor bajó su velocidad para que la muchacha le siguiera el paso, hasta que llegaron a la puerta de la casa. Ella no se sentía para nada cómoda ante el ruido y los oficiales.

—¿No iremos a otro lugar? —preguntó la pelirroja.

—Pues, es mejor entrenar y relajarnos en el patio… —exclamó con cierta preocupación.

—Flor, vamos, yo… estoy preparada para ver cualquier cosa. No te preocupes tanto por eso. Si quieres podemos ir en bici hasta algún parque para ejercitar mi iluminación interior o como sea eso —respondió colocando una mano en su hombro con una sonrisa apenas.

—Tengo una idea —dijo sacándose la mochila y dándoselo a Gina. Ella la miró con una ceja levantada.

—Estudia lo de los libros y entrena duro. Te tomaré un examen en dos días. Debes seguir lo que dicen los libros. Mañana discutiremos qué entendiste, y cualquier cosa, me llamas. Ten el teléfono a mano y encendido, ¿sí? —la miró con seriedad.

Gina suspiró y le preguntó:

—¿Te pusiste así por lo anterior? ¿Por qué no quieres venir conmigo?

—Yo…

En ese momento la puerta se abrió, dejando ver un David completamente desarreglado y despeinado, ya que al parecer acababa de despertarse.

—¿Podrían dejar de hablar tan fuerte? —Pero su rostro de cansancio cambió al ver a Flor un poco abrumada—. ¿Pasó algo?

—Em… es que…

—Nada, iré a estudiar a un parque. Cualquier cosa, les aviso —respondió Gina para después irse rápidamente, ya que pensó que lo ideal sería dejarlos hablar solos.

David miró a su madre para preguntarle qué había sucedido. Ella lanzó un bufido, pero entró para preparar el agua caliente para unos mates [1] y así explicarle.

—¿Dónde conseguiste yerba [2] mate en Italia para preparar? —preguntó, sorprendido al ver todo un equipo para disfrutar de la bebida además de un paquete bien lleno.

—Tengo contactos…

—Ajá. Dime, ¿qué pasó con Gina?

Florencia se sintió un poco afectada por la pregunta, y sus manos temblaron mientras preparaba potecito de mate de madera. Permaneció en silencio por unos momentos para recuperar la compostura y ordenar sus pensamientos. Cuando se sentó, le hizo una señal a su hijo para que la acompañara, y sirvió el agua caliente sobre la yerba.

—Pues, vimos como unos oficiales mataban un… Parecía un demonio pero era la cabeza de un híbrido… —intentó aclarar su garganta ya que sentía un enorme nudo que le dolía intensamente—. P-Por suerte, tu hija no se dio cuenta… p-pero… —David agarró su mano en un suspiró.

—¿Sigues afectada por eso… ? —le preguntó mientras acariciaba su mano con cariño y la miraba con cierta preocupación.

—Y-Yo… no pensé que algo así sucedería justo hoy. Y me sentí incómoda, incluso cómo Gina lo tomó con tanta tranquilidad siendo una… jovencita. David, es una joven de… ¿cuánto? ¿Dieciocho? ¿Diecinueve años? Y la estoy mandando en medio del Lim…

—Shh, estoy igual que vos con todo esto. Me alegra saber que te hayas dado cuenta ahora. Pero… a veces, hay que seguir. Mi niña es fuerte, Flor. La entrené toda su asquerosa niñez. Y me duele verla sufrir. Sigo adolorido de muchas cosas que ella vio y no puedo arreglarlo, pero ella sigue en pie. Además…. me encantaría ir con ustedes al Limbo para ayudarlas si es necesario, pero sé que no me dejarás.

Flor suspiró bebiendo un mate mientras soltaba las mano de su hijo. Acarició su frente cansada y frustrada.

—Quisiera que vengas con nosotras, pero, ¿aprenderías sobre la iluminación? —hizo su mano a un lado, para correr uno de sus mechones castaños que sobresalían interponiéndose en su rostro de pocas arrugas.

—Sabes que… dudo de ello. Cuando Guillermo me contó de ello, me molestó un poco el destino, y más sabiendo tus ideales…

—Oh, por… —lo miró y le preguntó con total sinceridad—. ¿Por qué no crees? ¿Cómo puedes no creer en Dios luego de haber una enorme cantidad de demonios entre las calles y países que atormentan a cada uno?

—Porque Dios está muerto, Florencia —exclamó con frustración y cierto enojo. Aunque ella ni se inmutó, solo lo miró y suspiró.

—Pero, por algo funciona esa esencia o fuerza lumínica. No puede ser algo normal que tengamos un porcentaje de esa esencia como si fuéramos una jarra de cocina para medir las cantidades. Sabes que yo creo fervientemente en que Él está entre las nebulosas, como un ente hecho de masa esparcida que nos observa…

David negó con la cabeza agarrando el mate y sirviéndose un poco, ya que su madre no le había pasado ninguno.

—Ese pensamiento tan humano… —le dio un gran sorbo a la bombilla y la miró—. Te pareces a Gina en cierto sentido, buscando esperanza o dándoles oportunidades a la gente…

—Bueno, te di oportunidades a ti de vivir, y mirate —respondió burlona sacándole el mate y sirviéndose.

—Ya… —desvió la mirada.

—Por cierto, sé que Gina leyó el álbum. Pero parece que no quiere preguntarme por no involucrarse… ¿Le has dicho algo? —Levantó una ceja mirándolo.

—No le dije nada. —Se cruzó de brazos.

—Ya, entiendo… —suspiró y sorbió el mate, bajando la mirada.

—Creo que la que no está segura de ir al Limbo, eres tú… —Ella agachó la cabeza intentando esconder sus ojos tristes, hasta que David preguntó—: ¿Qué sucedió cuando fuiste allí? —le preguntó con aflicción.

Flor se apoyó contra la parte de atrás de su asiento mientras observaba el mate en su mano con pesar.

—Está bien, seré sincera y concisa con esto, pero tú también empezarás a serlo. Tu hija sabe poco y nada de ti.

Las palabras de su madre fueron demasiado afiladas para él, traspasando sobre de manera dolorosa y resonante sobre sus pensamientos. Ante esto, soltó un gruñido de queja, aunque parecía más un berrinche.

—Ah, tan inmaduro y misterioso. —Pellizcó su mejilla de forma burlona mientras lo miraba con cariño maternal—. En fin, te contaré un poco…


[1] Bebida tradicional Argentina.

[2] Yerba: También llamada “hierba” en otros sitios. Solo que desde el coloquial Argentina se acostumbra a decir “Yerba”.

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