La gota de esperanza – Capítulo 7

Escrito por Grainne

Asesorado por Maru

Editado por Sharon


Larry abrió la puerta de una pequeña aula, dejando entrar a David y Gina. Les dió permiso de sentarse en unos bancos con mesita mientras agarraba un marcador negro para escribir en la pizarra blanca. Padre y hija le siguieron mientras se sentaban, aunque la pelirroja se encontraba sorprendido que el joven ya tome rienda al tema como una simple clase.

—Bien, durante mis días de estudiante, he llegado a tener una hipótesis. Supongo que saben la historia de Dios y el Diablo —comenzó. Ellos asintieron con la cabeza, él continuó: —Bien, Dios y Diablo son dos criaturas que eran una. Esto es porque ambas energías eran incompatibles en un solo ser. A lo que hoy se llamaría “milagro”, podríamos decirle la luz de Dios. La energía de nuestro “Señor todo poderoso”. En cambio, los demonios se asemejan a la energía opuesta de Dios, la del Diablo —explicó haciendo garabatos de palitos con cuernos y cola en la pizarra.

—Y, ¿esto qué tiene que ver con los huecos del Limbo? —preguntó Gina con seriedad al no fiarse mucho del chico. Esperaba que terminase para que le diera explicaciones sobre el pasado de su padre como “Martín”.

Larry aclaró su garganta.

—Todavía no terminé. Entonces, fue la primer alma en existir, a eso quería llegar. Esa alma tan poderosa, se dividió en dos. Y esos dos, manifestaron la energía de sus almas de manera diferente. Si Dios puso un poco de su iluminación en nosotros, sus creaciones, ¿cómo fue en el Diablo? Además del Limbo, ¿qué otra creó? Y ahí está la respuesta ante nosotros, la mortalidad. El Diablo hizo que “no fuéramos perfectos” ante los ojos de Dios, creando la muerte y el más allá —comentó con tal emoción haciendo dibujos y esquemas en la pizarra.

Gina levantó una ceja.

—¿Y? Al final, ¿de dónde salen los demonios? ¿Los agujeros del Limbo? —preguntó ella mientras pensaba en la exageración facial y física del chico al explicar algo tan obvio.

—¡Hey! Sin apuros. Sospecho sobre la muerte de Dios provocada por Lilith. Ella sabía cómo recolectar los demonios y fue la primera humana inmortal. O al menos, eso se sabe en la historias bíblicas. En el cristianismo, se la nombra simplemente como “traidora”, y en el judaísmo, como la demonio que incitaba hombres y devoraba niños. Pero, realmente, no se sabe nada más. Y estoy seguro que ella es la clave para saber el origen de los demonios. En cambio, los huecos del Limbo, seguramente formaba parte del plan del Diablo para hacer de las suyas pero no pensó que se le iría de las manos —explicó mientras los miraba esperando dudas.

—¿Dónde vamos a descansar y limpiarnos? —preguntó Gina mientras bostezaba y dejaba ver sus manos y ropa manchada de sangre negra.

Larry suspiró y miró a David, quien evitaba mirarlo. Así que, los llevó hacia su departamento. Este era enorme, y se sorprendieron ante lo amplio que era el living, que se conectaba a la cocina con artefactos modernos, como el horno eléctrico de un color negro con detalles plateados.

Gina se dirigió curiosamente hacia un pasillo que daba a la habitacion de Larry y a las habitaciones de huéspedes. Ella se detuvo en la habitación del chico al ver en el escritorio una foto de su padre con alguien parecido físicamente a Larry.

David la siguió y resopló al ver que miraba esa foto. Larry decidió no interponerse, y empezó a preparar unas toallas para que ellos se bañen. No iba a decirle nada a una joven que miraba con curiosidad su departamento, además de que David ya la andaba vigilando.

—¿Es el padre de Larry? —preguntó Gina al sentir la presencia de su padre mientras observaba la foto.

—Si, fue… un íntimo amigo mío. Se llamaba Marcos —respondió mirando la foto con melancolía.

—¿Qué pasó con él? —preguntó, dándose la vuelta para mirarlo a los ojos mientras le daba la foto.

David agarró y miró la foto sintiendo un hueco en su corazón al ver de nuevo el rostro del primero que lo aceptó como una persona normal. Sabía que nunca más podría verlo, que nunca más podría sentir esa calidez junto a él. Recordaba la sonrisa que lo motivaba para sobrevivir, y ahora… Esa sonrisa solo la podía ver en recuerdos.

Pensó en aquel hombre mientras sentía el vacío llegar a su corazón, recordando el dolor que nunca pudo reparar. Hasta que miró a su hija, y supo que ahora tenía otra persona importante que lo ama.

Ella simplemente lo miró confundida intentando adentrarse en sus pensamientos. Pero a pesar de sentir el mismo vacío en su corazón, encontraba una pequeña parte llena de calidez y cariño. Entonces, lo abrazó, comprendiendo los sentimientos de su padre.

Se quedaron varios minutos en silencio sin soltarse.

—Sé que no fui el mejor padre del mundo, pero hice cosas que no quiero que  sepas. Mi pasado no es algo importante, tu eres mi prioridad en este momento —susurró su padre, acurrucándose contra el pequeño y delgado cuerpo de ella.

Su hija acarició su cabeza contra su hombro mientra peinaba su oscuro y canoso cabello negro.

—Lo entiendo, ve a darte un baño ¿sí? Así descansas —dijo mientras David se separaba y asentía con la cabeza, cansado.

Luego de aceptar una toalla de Larry, se encerró en el pequeño baño que el chico le indicó para luego adentrándose de inmediato al agua caliente de la ducha.

Gina suspiró sintiéndose triste por el pasado de su padre, y se dirigió hacia Larry, quien ahora estaba en el comedor que se conectaba a la cocina.

—¿Quieres beber algo fresco? —le preguntó amablemente mientras sacaba un vaso limpio. Ella aceptó sentándose en una de las sillas de la parte de la cocina, donde tenía un estante que conectaba al comedor.

Se apoyó sobre el estante mientras agarraba el vaso. Larry la observó con las mejillas ruborizadas, ya que ella seguía con el sujetador deportivo.

—¿No quieres ponerte algo encima? —exclamó avergonzado.

—Oh, no te preocupes. Lo haré después de una buena ducha  —dijo inocentemente sin sentir vergüenza alguna al estar en sujetador. Gina no fue criada como toda una señorita junto a David, y cuando entrenaba con él, siempre andaba con pantalones holgados y una camiseta ajustada o cómoda al cuerpo.

—Está bien… ¿Tu herida está mejor? —preguntó Larry tratando de mirar a otro lado que no sea los pocos pechos que Gina tenía.

Ella asintió observando su hombro izquierdo y sacó las vendas para ver la mordida. Larry se dirigió a su habitación y luego volvió con un botiquín.

—Si quieres te ayudo, luego de que te bañes, a cambiar las vendas —exclamó con amabilidad mientras dejaba el botiquín sobre la mesa. Ella solo asintió con la cabeza observando el collar que Larry tenía puesto. Lo observó con curiosidad al ver que brillaba.

—Bonito collar, ¿quién te lo regalo? —preguntó ella con curiosidad.

—Oh, lo encontré en una expedición en Israel. Lo llamo “Los Ojos de Lilith”, ya que se parece mucho al color verde de sus ojos que la Biblia describe —explicó sacándose el collar y dándoselo a Gina.

Ella lo observó encantada ante el brillo que resaltaba aún más cerca de ella.

—Qué curioso, brilla más cuando lo tienes —dijo mientras lo agarraba y veía que el brillo bajaba. Luego se lo dio de vuelta, para ver que brillaba en las manos de la pelirroja.

—Tal vez tenga alguna conexión con los híbridos ¿Sabes algo más de eso?

—Solo lo encontré entre las ruinas de un lugar subterráneo en Israel, y me lo guardé enseguida al ver tremenda piedra preciosa en un collar.

—Básicamente, lo robaste —respondió.

—No voy a mentirle señorita… ¿Gina? —dijo tras reírse.

—Mi apellido es Leone. Llevo el mismo apellido de mi padre. Antes tenia el de mis padres adoptivos pero a los dieciocho decidí cambiarlo —le dijo mientras bebía del vaso.

—Oh, Guillermo me contó un poco de tí. Bueno, lo de David ya lo sabía —dijo el chico mientras se peinaba su cabello revoltoso hacia atrás.

—¿Qué opinas de mi padre? —preguntó enseguida con curiosidad.

—Leal y amable. Es fiel hasta con su propia hija. Bueno, no son familia de sangre pero aún así, él no es alguien que abandone a los suyos.

Gina sonrió y asintió.

—Es un buen padre, hizo lo posible para que tenga lo necesario. Incluso para consentirme con pequeños detalles. No sé mucho de su pasado pero, seguro tuvo una vida difícil.

Ella sintió las lágrimas caer por sus mejillas al recordar la foto de David con Marcos, como si sintiera el dolor de esa pérdida. Acercó su mano al pecho sintiendo un horrible vacío. Todos esos sentimientos fluyeron en sus lágrimas. Queria descargar todos lo que guardaba su alma.

—A veces, siento el dolor y el vacío que él tiene en su mirada. No quiero imaginarme lo difícil que le fue sobrevivir en el pasado. Supongo que fue muy duro para él y tal vez por esa razón no quiere contarmelo. A veces me pregunto, si me merezco su cariño y su protección… Arriesga su vida y acepta los cambios, solo para verme feliz… —se desahogó al sentir una presión en el pecho mientras las lágrimas caían sin cesar.

Larry se acercó a ella, limpiándolas con un pañuelo.

—David te da ese cariño porque te quiere y te lo demuestra de la manera que puede. No digas si te lo mereces o no, no puedes decidir quién debería criarte. Porque él ya lo hizo —exclamó con dulzura en su voz mientras acariciaba su cabeza como si fuera una niña, aunque él era bastante alto.

Ella observó detenidamente los ojos color miel, casi dorados, de Larry. Luego, sintió el impulso de acercarse aún más hacia su rostro para disfrutar del color de sus ojos, aunque esto provocó que el chico se sonrojara. Pero, cuando escucharon los pasos de David se separaron rápidamente.

—Ya puedes bañarte tranquila —exclamó David saliendo sin camiseta y solo con unos pantalones que había encontrado en la mochila, que eran los de pelea. Le quedaba algo ajustada a la cadera, además de parecer de cuero para evitar las manchas difíciles de quitar, como la sangre.

—¡¿Por que ese pantalón?! Es para pelear, te traje otro en la mochila —expresó molesta y agarrando la mochila que estaba en el baño. Revolvió sacando ropa, hasta encontrar algo cómodo para su padre.

—¿Qué haría sin tí? —dijo dándole un beso en la frente. Ella hizo puchero molesta para luego agarrar su ropa y encerrarse en el baño para asearse.

Larry soltó una risita al verla de esa manera, no podía evitar verla como una chica tierna.

—Cuidado con esa mirada —expresó David con seriedad mientras pasaba la toalla por sus cabellos negros con varias canas.

—Tranquilo, no la veo de esa manera. Es pequeña e ingenua.

David soltó una carcajada dándole una palmada en la espalda, y este tocó su hombro adolorido.

—Mi hija no es tonta. Ya intentó tener relaciones amorosas pero no le fue muy bien.

Larry solo negó con la cabeza y decidió empezar a preparar algo para el almuerzo. David decidió ayudarlo, ya que siempre fue un buen cocinero.

—Mi padre siempre me decía que hubieras sido un buen chef —exclamó Larry con melancolía.

—Lo sé, siempre me buscaba trabajo para eso. Aunque, deberías dejar de vivir a base de alimentos congelados —expresó mientras cortaba los vegetales para ponerlos en la olla con agua hirviendo.

Larry solo sonrió nervioso, siempre había visto a David como su tío.

—En fín, ¿sabes lo que quiere Guillermo? Además de la investigación… —cambió de tema con seriedad.

—Se piensa que somos la solución o la salvación de los Seres Humanos, pero no sabemos cómo detener esos agujeros de Limbo ni siquiera podemos eliminar a todos los demonios —expresó David con enfado mientras empezaba a poner los fideos en la olla al escuchar a su hija salir del baño.

—¡Guillermo me acaba de comunicar sobre el viaje que debemos hacer mañana para llevar a Larry! —gritó Gina desde la habitación de huéspedes donde estaba  colocándose ropa holgada. Luego se dirigió hacia donde ellos mostrándoles los mensajes de Guillermo.

Larry la detuvo para preguntarle si se cambió las vendas de su herida. Ella suspiró y se sacó la remera holgada quedando en sujetador. El chico se sintió algo nervioso y avergonzado cuando lo hizo con tanta normalidad.

Él empezó a cambiar las vendas mientras agarraba el teléfono con su hombro para hablar con Guillermo.

Parecía una discusión inentendible. Gina y David entendían algunas palabras de la llamada como “Limbo, pelear, magia y demonios”.

Cuando Larry terminó la llamada, los miró y sonrió avisándoles que mañana tomarían el vuelo de las siete de la mañana.

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