Disfruta de los árboles en flor durante el camino de regreso – Capítulo 7 (2)

Traducido por Shiro

Editado por Ayanami


Vamos, regresemos a seis años atrás. La primera mañana después del Festival de las Linternas, el capítulo inicial de «Viento, Flor, Nieve y Luna entre Su Majestad y Yo».

Se dice que tras despachar la corte de la mañana, Su Majestad llamó a Li Cong Qing en privado. Éste se encontraba en un punto muerto, por lo que apretó sus nalgas, y siguió a Wei Xiao Miao al estudio imperial para tener una audiencia con el emperador.

—Reportando, Su Majestad. El señor Li ha venido. —Wei Xiao Miao lo guió al interior del estudio imperial. Regresando al lado del emperador para esperar por él, dedicándose a preparar la tinta para que el emperador escribiera con el pincel.

—Este humilde súbdito saluda a Su Majestad. —Li Cong Qing se encontraba de pie, bastante alejado. Esta era la primera vez que era convocado a solas.

—Acércate. —Los ojos del emperador no habían abandonado el documento en el que trabajaba.

A causa de su orden, el aludido dio un paso hacia adelante, un paso muy pequeño.

—Acércate más.

Entonces, dio otro paso, aunque seguía siendo uno muy pequeño.

—De nuevo, acércate.

Tras lo que dio otro paso pequeño.

—Párate frente a mí, y levanta tu cabeza.

Li Cong Qing suspiró para sus adentros, levantó su par de pesadas piernas para detenerse, finalmente, frente al asiento imperial, y levantó su cabeza, pero sus pestañas seguían inclinadas hacia abajo, sin atreverse a mirar directamente al emperador.

Éste lo estaba mirando en este momento, observando su rostro, el cual, lucía como si estuviera a punto de recibir un castigo. Al verlo así, una sonrisa afloró en su rostro y, articulando las palabras de forma tranquila y relajada, como si le estuviera hablando a un gato ocioso, dijo:

—No sé por qué, en el pasado, no me pareció que fueras atractivo, pero, ¿por qué mientras más te miro más atractivo me resultas? Xiao Miao, ¿a qué piensas se deba esto?

—Respondiendo a Su Majestad. Popularmente, se dice, ante los ojos de un amante aparece Xishi [1], incluso si no es del todo correcto aplicar esto con el señor Li, la idea no está tan lejos.

Esas palabras hicieron sentir incómodo a Li Cong Qing, desde los pies hasta la cabeza, y no pudo evitar que su boca se apresurara a decir:

—Su Majestad, si busca a alguien para que lo entretenga y complazca, debe buscar a un hombre hermoso como el académico Lou, el cual, posee una belleza sin igual, cosa que seguro lo entusiasmaría.

—El ministro Lou ya se ha convertido en el Xishi de muchas personas. No tengo la intención de pelear por él con otros.

—Con que Su Majestad diga una palabra, ¿quién se atrevería a competir por él con usted?

—Entonces, no sería interesante.

—Tampoco nadie competiría con usted por mí, ¿no sería igual de aburrido?

—Si nadie compite conmigo, tengo menos de qué preocuparme.

Por lo que, básicamente, a él era al único que quería.

Li Cong Qing se quedó sin opciones para contraargumentar, pero, en su corazón, le gritaba a los Cielos. Para sus adentros estaba pensando que, bien fuese apuesto o no, bien tuviese un talento, la mejor virtud que poseía su persona era ser aburrida e incolora al máximo. No podía entender lo que el emperador veía en él. Cosa que lo hacía querer recomendarle a éste, que llamara al doctor imperial para que comprobara si no había algo mal con su vista.

—Quise darte un buen puesto como oficial y tú te asustaste —le dijo.

—Este humilde súbdito no tiene habilidades ni virtudes, llevar una responsabilidad tan pesada sobre mis hombros no es posible.

—Nadie esperaba que llevaras una pesada carga sobre tus hombros. —Los ojos del emperador brillaron estimulados—. Excepto tu honorable hermano mayor, quien quiso venderme tu trasero.

¡¿Por qué mencionar este asunto de nuevo?!

Li Cong Qing por poco se caía. Sollozando para sus adentros.

Hermano mayor, no sabes cuánto daño me has hecho. ¡Conseguiste que me partan las nalgas!

—Li Cong Qing, ¿accedes a convertirte en mi Xishi? —Preguntó el emperador con voz gentil.

El corazón del aludido latía desbocado. Quería decirle frontalmente que no estaba de acuerdo, pero también pensaba que sería inútil hacerlo, por lo que, al final, terminó no diciendo nada. No era una persona tan determinada como para preferir la muerte en lugar de someterse, además, sólo hacia el emperador, sentía una debilidad inusual, la cual, lo hacía impotente e incapaz de resistirse.

—Acércate.

Wei Xiao Miao dejó la barra de tinta y se retiró a un lado. Li Cong Qing vaciló un momento, tras lo que rodeó el asiento en el que el emperador se encontraba para detenerse a su lado.

Entonces, el emperador tiró de él y lo sentó en su regazo, acariciando sus frescos y suaves labios con su pulgar.

—Eres la primera persona que logra hacerme sentir frustrado y emocionado al mismo tiempo. Lo he dicho, no te obligaré, pero tampoco te dejaré ir.

El ligero toque, cercano a ser impropio, hizo que Li Cong Qing se estremeciera.

—Su Majestad, ¿de verdad quiere mi trasero? —Consiguió decir finalmente con rigidez.

—En este momento, así parece.

En este momento… ¿entonces qué hay del futuro?

—Perdone a este humilde súbdito por hablar con franqueza —sonrió con ironía sin poder evitarlo—, pero las palabras que Su Majestad acaba de decir son muy crueles.

—¿Piensas que te veo sólo como a un juguete?

—Cuando se es amado, te sostendrán en su palma y te verán como a un tesoro. Una vez dejen de amarte, te harán a un lado como a un par de zapatos usados. ¿No es esto a lo que llaman un juguete? —Espetó Li Cong Qing, su tono parecía más bien cuestionarlo.

—Tu apariencia es la de un debilucho, mientras que interiormente, en realidad, eres valiente. Sin embargo, este lado es lo que me fascina de ti. —El emperador tomó su rostro y lo miró a los ojos—. A tus ojos no existe monarca ni súbdito, no hay pasión ni súplica. Quiero saber cómo tú, quien no se toma nada en serio, te ves cuando algo llega a importarte. Li Cong Qing, ¿alguna vez te has sentido apegado a algo?

El aludido, no sabía qué decir. Pensando en retrospectiva, desde que nació hasta el día de hoy, nunca se había comportado de una manera terca y absurda. Hacia quien fuera y hacia lo que fuera, siempre había elegido arreglárselas como pudiera, hasta el punto de sentirse satisfecho sólo con seguir adelante; beber agua si había agua, comer gachas si había gachas. «Sin principio» era su principio. Esta era la forma más relajada de vivir; sin embargo, vivir de este modo hacía que su vida pareciera vacía y sin sentido.

Las palabras del emperador lo urgieron a mirar hacia atrás y reflexionar acerca de su vida. Aunque este estilo de vida, torpe e ignorante, era el más adecuado para su temperamento inactivo y negligente, era muy aburrido. Prácticamente, no había diferencia con la vida de una persona inútil. En términos simples, era sólo beber y comer hasta el día de su muerte.

Debería cambiar, ¿no es así?

El emperador lo esperó con paciencia, abrazándolo para evitar que se cayera, pero tampoco le dio mucho tiempo para que comenzara a dudar y tampoco encontrara una salida a su pregunta.

—Esta noche, ve al Palacio de Verano y espérame allí —le ordenó en un susurro con una voz gentil a su oído.

La voz grave y profunda, era seductora en demasía. Cuando el apuesto, brillante y fascinante Su Majestad el emperador quería seducir a alguien, ¿quién podía resistirse y detenerlo?

Li Cong Qing se estremeció, la temperatura de su oreja elevándose.

—Su Majestad dijo que no me obligaría.

—Si me dices que no estás de acuerdo, de ninguna manera te obligaré.

¡Disparates! ¿Quién se atrevería a decir que no está de acuerdo frente a ti? ¡Hijo del Cielo!

Li Cong Qing sintió el impulso de poner los ojos en blanco y que lo viera hacerlo. Sin embargo, no se atrevió.

—Regresa primero al Ministerio de Ritos —le dijo una vez que lo dejó ir.

—Su humilde súbdito se retira.

—Recuerda lavar tu trasero. —No perdía nada con recordárselo con frialdad.

Li Cong Qing, quien apenas había conseguido avanzar un par de pasos, se tropezó con estrépito y poco le faltó para caerse. Detestando, en extremo, la mención de esa parte de su cuerpo, se enfureció en una fracción de segundo y, olvidando el respeto que un súbdito debe mostrarle a su monarca, se volvió y le dirigió una mirada fulminante. Entonces, levantando su cabeza e irguiendo su pecho, se alejó con grandes zancadas.

Al verlo actuar de ese modo, el emperador no pudo seguir conteniendo su risa, fuerte y clara.

—Xiao Miao, Li Cong Qing es una persona muy interesante, ¿no te parece?

—Su Majestad lo ha dicho correctamente, mi humilde persona no lo había visto tan feliz en mucho tiempo.

—¿No me ves feliz por lo general?

—No me refiero a eso. Es sólo que cuando está con el señor Li se ve más relajado y cómodo —dijo con sinceridad Wei Xiao Miao—. Espero que Su Majestad pueda ser feliz toda su vida.

El emperador se rió ligeramente, sin decir nada.

♦ ♦ ♦

Li Cong Qing, quien recién había salido del estudio imperial, lo que más deseaba era abandonar todo y desaparecer. No obstante, al final, regresó al MInisterio de Ritos, tal y como se le había ordenado. Inquieto e incapaz de quedarse sentado con tranquilidad a causa del nerviosismo, le dio vueltas a los documentos en sus manos, fallando por completo la tarea de leer siquiera una página completa después de un largo rato.

Sus compañeros oficiales nunca lo habían visto tan agitado e incómodo como ese día. Extrañamente, no se quedó dormido una sola vez; y sus preocupados colegas, se acercaron, uno a uno, a preguntarle qué le ocurría.

Con esfuerzo, consiguió reírse y decirles que todo estaba bien.

Con ansiedad, pensó para sí: El emperador gobernante por virtud, no es un hombre fatuo y autoindulgente, jamás me cortaría la cabeza sólo porque lo rechace. Lo peor que podría pasar es que pierda mi trabajo. Pero ¿por qué estas palabras quedan atrapadas en mi garganta? No consigo decirlas por más que lo intente. ¿Es posible que yo también lo esté deseando…? ¡¿Lo deseo?!

Entonces, escupió el té que había en su boca.

¡¿Qué hombre normal desearía que le abrieran el trasero?!

Deprimido, Li Cong Qing tiró de su cabello.

Sus compañeros oficiales dieron un brinco, asustados por su comportamiento repentino y extraño. Hoy, sin duda, algo le pasaba.

—Señor Li, ¿no se siente bien? ¿Le gustaría solicitar un permiso para retirarse a su casa temprano e ir a descansar?

De hecho, quería huir a su casa en secreto, pero solo podría ocultarse por un tiempo, no podía escapar por siempre. Además, desafiar un decreto era un gran crimen.

Ai, ai… ¿Cómo puede no ceder toda aquella persona que esté colgando de un alero y que sea forzado por alguien poderoso?

—No es necesario. Iré a caminar un rato. —Con sus sentimientos hechos un caos, Li Cong Qing se escabulló. Mientras caminaba intranquilo por el jardín afuera de la oficina, comenzó a repasar las interacciones que había tenido con el emperador desde que había entrado a la corte dos años atrás.

Todo comenzó después de la ceremonia del banquete primaveral, luego las veces que nos vimos durante la cacería en otoño… ¿por qué no me di cuenta de la forma en la que el emperador me miraba? Ahora que lo pienso, su deseo por devorarme pareciera haber ido en aumento de ahí en adelante.

Sin darse cuenta, recordó la carne asada que el emperador le había otorgado: Así que lo que quería era hacerme engordar. Después de hacerlo, escogería un buen momento, el día afortunado, para matarme y comerme… ¿qué hago? ¿Qué hago? No quiero que me abran el trasero ni quiero rebelarme…

—¡¡Ahh!! ¡Qué molesto! No aguanto el dolor de cabeza, ¡ya no quiero pensar más! —Se agarró la cabeza consternado, mientras daba pisotones y gritaba.

—Señor Li, ¿qué le ocurre? —Geng Bai Zuo, el funcionario del Ministerio de Hacienda, salió y, accidentalmente, vio a Li Cong Qing solo y fuera de sí.

—Señor Geng… ¿qué piensa de mí? —No pudo evitar preguntarle.

—No comprendo

—Si fuera un hombre… eh, ya es un hombre, ¿le parecería atractivo?

Geng Bai Zou retrocedió tres pasos de un brinco, su rostro se ensombreció.

—Señor Li, u-u-usted… yo, yo, yo… ¡mala mía, no tengo nada que decir!

Li Cong Qing quedó estupefacto.

—Ha habido un malentendido, no me refería… —añadió con rapidez

—Con permiso, todavía tengo cosas por hacer. Adiós —le interrumpió y salió corriendo.

En esta oportunidad, fue el rostro de Li Cong Qing el que se ensombreció.

Aiyaa… que te malinterpreten de ese modo… 

Admitió en su interior, mientras suspiraba.

Olvídalo. Ya sea fortuna o desastre, ninguno puede ser evitado. De cualquier modo, es difícil escapar de la calamidad; sin importar cuánto lo intente, no servirá de nada. Es mejor que duerma un rato, estoy agotado.

Li Cong Qing, a quien hasta pereza le daba preocuparse, regresó al Ministerio de Ritos; y, finalmente, reanudó sus hábitos de sueño, descargando todos sus pesares con Zhou Gong. Tras lo que pasó durmiendo lo que quedaba de la agitada tarde hasta cerca de la noche. Cuando Wei Xiao Miao llegó en persona a llamarlo, deseó de todo corazón fingir su muerte, y así acabar con todos sus problemas.


[1] Xishi: una famosa belleza china, la principal de las cuatro bellezas legendarias otorgados por el rey Gou Jian de Wu como parte del exitoso plan para destruir a Wu.

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