El dragón volvió a arrebatar a una princesa – Capítulo 13: El gran final

Traducido por Shisai

Editado por Meli


Shiloh se quedó helado. Levantó la cabeza para mirar a Tammy y no pudo decir una sola palabra.

—¿Quieres que deje ir a esos caballeros? Entonces bésame… Si me besas, los dejaré ir —Se sonrojó lo suficiente como para explotar, pero se obligó a ser desvergonzado.

Shiloh guardó silencio durante mucho tiempo antes de hablar. Sus párpados estaban caídos mientras miraba hacia abajo, velando su mirada, y su voz ya estaba un poco ronca.

—Tendrás que dejarlos ir tarde o temprano.

Entonces, había sido rechazado.

La sonrisa en el rostro de Tammy se desvaneció de forma gradual y la luz en sus ojos se atenuó.

Tammy, ya ves, es inútil, no importa lo que hagas. Es posible que para Shiloh seas un acosador molesto.

El príncipe no respondió. Sus ojos ya estaban rojos mientras lo miraba con tranquilidad.

—Shiloh. No quiero volver a verte —pronunció con cuidado sus palabras.

Tammy se dio la vuelta para salir.

A Shiloh no le agradaba.

A Shiloh no le agradaría sin importar qué.

De repente sintió que era súper, súper molesto.

En verdad, súper, súper, súper, súper, súper molesto.

Shiloh agarró a Tammy del brazo. Suspiró como si aceptara su destino.

 —Tammy, cierra los ojos.

Cayó un beso suave, casi piadoso.

Tammy fue tomada por sorpresa.

Muy, muy lentamente, un rubor se extendió desde sus mejillas hasta su oreja y su cuello y rostro se pusieron rojos.

Tammy parpadeó.

—¡Shiloh! —gritó, aturdido.

—Sí, estoy aquí —Shiloh respondió con calma.

—¡Shiloh! —La voz de Tammy tembló y volvió a gritar.

—Si, estoy aquí.

—Shiloh…

—¿Qué estás tratando de decir? —La voz de Shiloh era firme.

Tammy bajó la cabeza. Su actual apariencia mansa era como la de un bebé dragón recién nacido que acababa de salir de su caparazón.

—… Los dejaré ir…

—Me gustas.

—En realidad, no necesitas… ¡¿Qué?! —Tammy levantó de forma abrupta la cabeza.

Shiloh suspiró de nuevo, con suavidad tomó al joven que tenía frente a él en sus brazos. Con cuidado apoyó la cabeza en el hombro del joven, su voz estaba llena de rastros de una sonrisa impotente:

—Tammy. Dije que me gustas. Solo te besé porque me gustas. Me gustaste, desde el principio.

De principio a fin.

Desde el momento en que todavía era un dragón.

Tammy se sintió mareado por todas partes. Le había dejado aturdido por esta repentina confesión.

En este momento, toda la tristeza y el dolor desaparecieron como humo en el aire. No se podía ver ningún rastro de ello, y su felicidad no se podía ocultar en absoluto cuando las comisuras de sus labios se abrieron en una sonrisa.

Tammy quería poner una fachada reservada, pero no pudo lograrlo en absoluto.

—Hmph, ¿cómo podrías haber tardado tanto en decirlo? —Solo pudo criticar con una voz tonta.

—Bueno… estoy pensando.

—¿Oh? ¿En qué estás pensando?

—Estoy pensando en… cómo pedirle a tu padre, el rey, tu mano en matrimonio sin ser encarcelado —La voz de Shiloh parecía sonreír.

En un instante, las mejillas enrojecidas de Tammy se pusieron aún más rojas.

Se quedó callado por un momento, luego murmuró:

—Está bien. Yo iré a salvarte. Después de todo, soy un gran dragón.

—Está bien —Shiloh soltó una risa sutil.

—Le diré a mi padre que eres el príncipe consorte del príncipe. ¡Aparte de ti, no me casaré con nadie más en esta vida! —Tammy dijo con seriedad.

Shiloh le dio un beso suave en la oreja.

—Bueno.

El joven en sus brazos era delicado y cálido.

Mientras lo abrazaba, sintió como si todo el dolor y la amargura de este mundo se desvanecieran.

Shiloh abrazó al joven en sus brazos con fuerza.

Quería… perdonarse a sí mismo.

Quería ser feliz.

Quería estar con el joven en sus brazos… por siempre jamás.

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