Prevenir un Harem – Capítulo 38: El príncipe frío y su esposa tsundere

Traducido por Shiro

Editado por Sakuya


El séptimo príncipe llevó a un artesano anciano para ver al emperador Yan. Éste no preguntó mucho, le otorgó recompensas y luego los despidió. Durante la corte de la mañana siguiente, el emperador emitió un edicto imperial a través del cual le otorgaba el título de rey al séptimo príncipe, Yan Mingli. El emperador nunca había tenido un príncipe heredero, así como tampoco le había dado el título de rey a ninguno de sus hijos. Hoy, el séptimo príncipe, fue el primero en recibirlo. Todos pensaban cosas diferentes, algunos suponían que ahora el príncipe se elevaría hasta la cima, mientras que otros sentían que ésta era la forma del emperador de restringirlo, y su oportunidad para el trono había desaparecido.

Yan Mingli leyó el edicto sobre la mesa con un rostro sombrío. Sus manos se contraían y relajaban, para luego tensarse de nuevo. Era evidente que su humor era terrible.

Su eunuco de confianza se inclinó hacia su persona y le reportó:

—Esa persona está haciendo un alboroto. Dijo que se le ocurrió una idea que definitivamente hará que Su Alteza gane más dinero y que también diseñó un artefacto que mejorará enormemente el riego agrícola.

— ¿Oh? —Las comisuras de los labios de Yan Mingli se elevaron, en sus ojos había un brillo gélido. —Tiene muchas innovaciones… ¡Pero quién sabe si otras personas presentarán estos artículos suyos a padre al día siguiente!

Originalmente se acercó a An Chengjie con el fin de tener la casa de Zhen Guo en sus manos y así poder evitar el problema en el futuro. Éste inesperadamente poseía algunas habilidades; había creado bastantes fórmulas y planos, tiempo atrás incluso creó algo asombroso llamado «explosivos», ¡pero Yan Mingli no esperaba que este pastel de carne, que cayó del cielo, estuviera envenenado!

Su eunuco le sirvió una taza de té.

—Su Alteza, no es necesario que se preocupe por alguien tan insignificante, este es un asunto de conservar a quien es útil y matar a quien no lo es. Actualmente, Su Alteza es el primero en recibir el título de rey, y una vez que se mude a su residencia real, no tendrá que caminar sobre cáscaras de huevo de nuevo —le aconsejó con cautela.

Yan Mingli tocó la taza de té y reflexionó sobre el asunto sin decir nada. El pastel de carne era demasiado seductor, no quería dejarlo ir… De este modo, pensó cuidadosamente en una contramedida.

Los «ofrecimientos» del séptimo príncipe continuaron presentándose; un instrumento para el riego, equipamiento militar para la defensa, un método para incrementar la producción de los cultivos, la recomendación de una semilla de una tierra extranjera. Incluso había un avanzado sistema de perforación del ejército. Las reacciones de los oficiales de la corte pasaron de la sorpresa inicial a una apatía posterior, la mirada que los otros príncipes le dirigían a Yan Mingli se fueron tornando más y más extrañas, mientras que la expresión de éste empeoraba cada vez más. Sin embargo, el emperador parecía seguir valorando al séptimo príncipe y le otorgó recompensa tras recompensa. Incluso escogió personalmente a dos de sus concubinas como premio, se decía que estas damas imperiales fueron escogidas con la ayuda de la emperatriz viuda.

Los avisos del sistema aparecieron repetidamente hasta que finalmente, dos días antes de la cacería de otoño, la probabilidad amorosa entre Yan Mingli y el protagonista bajó hasta un cincuenta por ciento. Ye Zhizhou apagó la pantalla y luego miró hacia el escritorio donde Yan MingYong jugaba ajedrez solo. Se sintió complicado. Originalmente, había pensado que su amante en este mundo era pequeño, malcriado y testarudo; por lo que debía cuidar bien de éste. No pensó que estaba siendo muy ingenuo, ¿cómo podía un hijo del emperador ser tan simple? Sólo tenía que comentarle su plan para que el chico lograra todo esto.

A medida que los hallazgos de la investigación fueron haciéndose repetidamente públicos en la corte de las mañanas, el séptimo príncipe eventualmente dejó de tener confianza en An Chengjie. Tras lo que inmediatamente le dijo a su gente que cerraran la pequeña villa en las afueras de la capital y envió personas a que lo vigilaran. An Changjie había estado recientemente absorto en terminar un trabajo tras otro, por lo que no se percató del cambio a su alrededor. Su mente estaba inmersa en un hermoso sueño en el que ayudaba al séptimo príncipe a alcanzar la cima y él se convertía en un hombre por encima de los hombres, después de eso, Torturaría despiadadamente a la casa Zhen Guo.

— ¿Chuan Yue?[1] Heh. —An Chengjie volteó los dibujos hechos por el artesano de acuerdo a su visión y rio siniestramente. — ¿Y qué si ambos hemos transmigrado? Tú ya has caído en el infierno, y yo, ¡estoy destinado a elevarme por encima de miles de personas!

Una sombra oscura pasó por una esquina afuera y rápidamente desapareció en la oscuridad.

♦ ♦ ♦

Medianoche, en una prisión secreta.

Yan Mingyong jugó con el pequeño y delicado dardo en su mano con una expresión indiferente.

— ¿De verdad se lo creyó?

—Este subordinado lo presenció con sus propios ojos.

—Retírate, que lo sigan observando.

— ¡Sí!

El guardia Zijin se fue y Yan Mingyong bajó el dardo. Entonces le sonrió a la persona apresada en la pared en un dispositivo de tortura.

— ¿Aún no hablarás?

El hombre blanco y de aspecto delicado, se movió a pesar de parecer encontrarse cercano a la muerte, permaneciendo en silencio.

—No pensé que tuvieras las agallas.

Yan Mingyong se levantó y lentamente entró.

—No debes saberlo todavía. Tu querido amor ha sido nombrado rey, es bastante impresionante. Su Majestad también escogió varias esposas para él y sólo está esperando por una buena fecha para casarlo.

El hombre delicado finalmente reaccionó. Miró a Yan Mingyong con un rostro ensangrentado y de aspecto feroz, forcejeando salvajemente mientras aullaba un grito desesperado y ronco.

— ¿No puedes aceptarlo? ¿Te duele? —A él no le incomodaban sus ojos llenos de ira ni un poco. Se giró para sentarse de vuelta en la silla y continuó: —Pensar que el hijo del majestuoso ministro de justicia terminaría así por un hombre que sólo lo ha estado usando. Das tanta pena. ¿Sabías que mi hermano además de ti tiene un buen número de «confidentes» iguales a su alcance? Escuché que entre ellos un hombre joven llamado Han Wen era particularmente favorecido. Han Wen… es tu amigo, ¿cierto?

Los ojos del hombre delicado sobresalieron. Su pecho fluctuó violentamente y su garganta dejó escapar un sollozo doloroso. Lentamente, lágrimas bajaron de sus ojos abiertos.

— ¿Hablarás? —Yan Mingyong recogió los dardos de nuevo, haciéndolos girar en sus manos con tranquilidad.

Un cuarto de hora más tarde, el hombre blanco y delicado finalmente se calmó, tras lo que respiró profundamente.

—Te diré todo lo que quieres saber… pero tengo una condición. Tienes que decirme los nombres de los otros «confidentes» de Mingli —le dijo.

Yan Mingyong asintió, pero, fijándose en la hora, se levantó y dejó caer el dardo.

—De’an, interrógalo. —Después de decir eso, se fue. Había desperdiciado mucho tiempo, tenía que regresar a acompañar a Le’er en la cama.

Al salir de la prisión secreta que lucía como un jardín de rocas, estaba subiéndose la capucha de su capa cuando una voz familiar, sólo que, con un tono siniestro, se escuchó sobre la colina.

— ¿Así que estás soñoliento durante el día porque «disfrutas del paisaje» durante toda la noche?

Yan Mingyong se puso rígido ante esta acusación. Se volvió para mirar al hombre sentado en una roca con sus labios fruncidos.

—Le’er.

Ye Zhizhou saltó de la rocalla, haciendo crujir sus nudillos con semblante burlón.

—Incluso drogándome intencionalmente, ¿hm? Más te vale darme una buena explicación, de lo contrario… —sus ojos recorrieron la parte inferior del cuerpo del otro e hizo un gesto de corte.

Yan Mingyong no pudo evitar apretar con fuerza sus muslos.

♦ ♦ ♦

Temprano en la mañana el día previo a la cacería otoñal, el ministro de justicia abruptamente presentó un documento autoincriminante lleno de culpa, declarando que deliberadamente había juzgado mal algunos casos a lo largo de los últimos años. El emperador estaba enfurecido, y ordenó que los oficiales nombrados en el documento, que eran culpables, fueran asesinados. Por ahora, los funcionarios de la corta percibieron que se encontraban en peligro, lo cual llevó a cada uno de ellos a conducirse con cobardía y con la cola entre las patas. Los príncipes que habían actuado por su cuenta, recientemente comenzaron a comportarse como debían a causa de este susto, sólo esperaban que nadie de sus facciones estuviera implicado.

Después de la corte de la mañana, Yan Mingli lanzó por los aires todo lo que pudiera ser levantado. Entonces, urgentemente le envió una carta al hijo del ministro de justicia.

Nunca pensó que la persona que jamás lo había rechazado se negaría a verlo, a diferencia de como hacía antes, y que incluso dejaría la capital junto con su familia por razones de salud. Esa tarde, el ministro de justicia se suicidó en la prisión real.

Esto finalmente alertó a Yan Mingli. Desde que obtuvo los explosivos de An Chengjie, todo se había salido de control. ¡Ahora, incluso, la familia que más lo había apoyado lo traicionó!

Alguien debía estarse metiendo con él desde la oscuridad. ¿Quién podría ser?

Se sentó y comenzó a considerarlos a todos, desde el primer príncipe y la emperatriz hasta las sirvientas del palacio del quinto príncipe, pero no se le ocurrió nada. Finalmente, se centró en An Chengjie. Todo comenzó a salir mal desde que entró en contacto con el hombre. No conforme con esto, las invenciones que le presentó al emperador poco después… ¡No estaba claro quién lo había hecho a sus espaldas, pero en definitiva algo tenía que ver con An Chengjie!

Con el pecho lleno de ira, se puso un disfraz y salió del palacio hacia la pequeña villa en las afueras de la capital.

A Chengjie lo saludó alegremente con un pequeño objeto similar a una daga en su mano.

—Su Alteza, vino justo a tiempo para ver mi nuevo diseño —dijo entusiasmado. — ¡Es un arma oculta, y funciona de maravilla en conjunto con el veneno desarrollado por el doctor Feng! Por favor, mire, este es el producto a medio terminar.

— ¿Oh? ¿Un arma oculta? —Yan Mingli sonrió hipócritamente y tomó en su mano el producto a medio terminar, examinándolo con los ojos entrecerrados. — ¿Ha sido bañada en veneno?

An Chengjie no sospechó de él y asintió.

—Con muy poco veneno. No como para matar a una persona, pero suficiente como para que sus brazos y piernas se debiliten. Su Alteza, por favor, tenga cuidado. No debe tocar la superficie en absoluto.

—Por supuesto, tendré cuidado. —La mano de Yan Mingli se alzó, le dio unas palmadas en el hombro, en ese momento de pronto se inclinó y lo apuñaló con fuerza en el estómago. Luego, estabilizó el cuerpo del otro y le sonrió. —Esta clase de arma oculta no puede ser presentada a padre. Es inútil, por lo que puedes usarla.

Sus ojos abiertos de par en par miraban con incredulidad la daga en su estómago. Sus manos rodearon el corte, se tambaleó hacia atrás, su expresión distorsionada mientras miraba al hombre que exudaba nobleza y gracia.

—Su Alteza, por qué habría… de este modo…

La sonrisa en el rostro de Yan Mingli desapareció. Sacó un pañuelo, limpió sus manos y lo miró con desdén.

—Yo, Yan Mingli, nunca he tenido paciencia para con quienes me traicionan. Guardias, ¡llévenlo a prisión! Díganles a los doctores que lo mantengan con vida, este rey todavía tiene preguntas que hacerle.

¿Traicionar? ¿Qué quiere decir con eso?

Su herida dolía una barbaridad. En su campo de visión oscilante, pudo ver a varias sombras acercarse. Se resistió, pero la propagación del veneno lo dejó impotente. Al final, se rindió; perdió el conocimiento con un corazón lleno de preguntas, incapaz de aceptar lo que había ocurrido.

[La probabilidad de enamoramiento de Yan Mingli con el protagonista descendió a un 20%, que el huésped persista en sus esfuerzos.]

Ye Zhizhou apagó la pantalla y continuó pasando las páginas del libro con tranquilidad, en el proceso ignorando por completo a Yan Mingyong, quien lo miraba fijamente.

—Le’er. —Lo llamó lastimosamente; la expresión suplicante de su rostro era como la de alguien que habia sido agraviado.

Esta apariencia sin duda evocaría tierna piedad en las personas. Desafortunadamente, Ye Zhizhou, quien conocía su verdadera naturaleza, hacía mucho se había vuelto inmune; sus párpados ni siquiera se movieron.

Desde la noche en el jardín de rocas, Ye Zhizhou había iniciado una guerra fría unilateral. Sin importar cómo Yan Mingyong lo persuadiera, no daba resultado. Por supuesto, desde la perspectiva del primero, ¡que el otro cambiara de tema no era persuasión sino añadirle leña al fuego!

Yan Mingyong frunció los labios. Buscar evocar lástima era inútil. Inclinó su cabeza y permaneció en silencio por un momento, para luego levantarse repentinamente y cerrar todas las puertas con firmeza. Entonces caminó hacia el hombre y le quitó el libro.

Ya Zhizhou, quien había estado observando sus acciones en secreto, arqueó sus cejas y lo miró sin decir palabra.

Yan Mingyong dejó el libro a un lado y sus manos comenzaron a deshacer su cinturón.

¿Hm? ¿Qué está haciendo?

Estaba sumamente desconcertado, pero recordando que seguían en medio de una guerra fría, contuvo su impulso de preguntar.

El cinturón negro se deslizó hasta el suelo, la corona de oro que ataba su cabello siguió. Sus amplias mangas se deslizaron suavemente exponiendo los vigorosos y saludables brazos que cubría, los cuales ahora eran delineados por el cálido brillo del sol de la tarde. Sus delgados dedos alcanzaron el cinturón del otro y lentamente tiraron de él.

¡Mierda! ¡¿Qué rayos haces, mocoso?!


[1] El restaurante Chuan Yue.

Shiro
Qué persuasivo...

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