Matrimonio depredador – Capítulo 12: La tierra de las bestias

Traducido por Yonile

Editado por Meli


Los kurkanos eran bárbaros que heredaron la sangre de las bestias. Existen antes de que en el continente se registrara la historia.

Vivían en los desiertos ubicados en el extremo occidental del continente y se dividían en tribus según el tipo de sangre de bestia que poseían.

Solo una persona podía unir a estas tribus: el rey de Kurkans.

Nadie sabía cómo había llegado al poder. Sin embargo, la mayoría creyó que se basó en el concepto de supervivencia del más apto.

El continente condenó el comportamiento salvaje de los kurkanos y los llamó bárbaros. La principal causa de su desdén se debía a la costumbre de esta raza de casarse por cautiverio.

Su pareja era muy valiosa para ellos. En consecuencia, recurrían a todo tipo de medios para obtener lo que querían. Si no pudieran capturarlas por medios legales, no se abstendrán de cometer un crimen; como secuestrarlas.

La crítica fue solo superficial, puesto que habían perdido ante ellos después de formar una alianza para invadirlos. Nadie se atrevió a emprender ninguna nueva acción militar contra ellos.

Pareció una guerra para condenar sus costumbres, no obstante, la verdadera intención fue capturar kurkans y venderlos a un alto precio como esclavos.

Su codicia no fue suficiente para vencerlos y su colisión se desintegró luego de sufrir miserables derrotas.

La tierra de las bestias…  No era un término exagerado.

Jamás se acostumbraron al clima de las tierras de Kurkan. El sol ardiente brillaba justo encima durante el día. Y por la noche, el territorio se volvía frío como el hielo. No comprendieron cómo los bárbaros se las arreglaron para vivir allí.

Sin embargo, el clima era el menor de sus problemas. Los kurkans nacieron para ser grandes guerreros: eran astutos, valientes y conocían cada centímetro del desierto. Pelearon con las fuerzas aliadas como juguetes, los atacaron usando la topografía y el clima a su favor.

Desde entonces el continente los tolera y ellos viven aislados del mundo.

Pero ahora, la delicada paz estaba a punto de romperse.

♦ ♦ ♦

Era la primera vez que los kurkans solicitaron una audiencia con los otros países del continente. Los beligerantes querían la paz y buscaban la armonía.

Leah no podía creer en eso. Sabía que el rey actual tomó el trono después de matar a su antecesor. ¿Por qué el dueño de una corona ensangrentada, un hombre feroz y violento quería la paz? Algo debía estar mal.

Estia no estaba lejos de la frontera de Kurkan, y en caso de que estallara una guerra masiva, sería el primer país en sufrir.

Su mente corrió para planificar de inmediato, pero el pensamiento del hombre con el que pasó la noche apareció de repente. El arrogante Kurkan que la engañó asumiendo la identidad de un prostituto. Lo imaginó con una corona…

Imaginó vívidamente su rostro engreído pero hermoso. El brillo que emanaba de sus ojos deslumbrantes quedó grabado para siempre en su mente. Sin lugar a dudas, habría sido la pareja perfecta para la espléndida corona dorada.

Sin embargo, la idea de que el rey de Kurkan fuera a los barrios de prostitución ilegal de un país extranjero y fingiera ser un trabajador del placer era absurda e imposible. Leah se estremeció ante el ridículo pensamiento y examinó la situación con calma.

—¿Qué dijo Su Majestad?

—Es una exigencia para nosotros tener relaciones amistosas con ellos. Preguntó si podíamos aceptarlo de inmediato y pidió que nos preparáramos para una conferencia con ellos.

—Ya veo.

Una velada de bienvenida para los kurkans…  El mero pensamiento sobre ello era irritante. Los aristócratas siempre estaban deseosos de diversión y no perderían esta oportunidad. Y entre esos bastardos codiciosos estaba Byun Gyeongbaek de Oberde.

Cansada, Leah se masajeó las sienes. La sola idea de conocerlo le hacía doler la cabeza. Había esperado evitarlo tanto como fuera posible hasta el día de su boda, pero ahora, no había nada que pudiera hacer.

—Supongo que debemos prepararnos para dar la bienvenida a este invitado especial.

El conde Valtein asintió con la cabeza, la tensión era evidente en sus ojos. Leah suspiró con resignación.

¿Conocer al nuevo rey de Kurkan y a Byung Gyeongbaek de Oberde, que ha estado luchando contra Kurkan toda su vida, al mismo tiempo? Nada puede ser peor que esto.

Solo podía esperar que no ocurriera un baño de sangre en la sala de conferencias.

♦ ♦ ♦

La tarde terminó con el arreglo de los últimos detalles y discusiones de la conferencia de bienvenida. Para cuando terminaron una inspección informal del salón de banquetes, el sol ya se había puesto.

Ahora, era momento de que ella regresara a los aposentos de la reina.

De mala gana, Leah dio un paso hacia el palacio, y cuanto más se acercaba, más rígido se volvía su cuerpo, su pecho palpitaba con dificultad.

Las doncellas del palacio de la reina se le acercaron. A diferencia de sus doncellas brillantes y alegres, las doncellas de la reina tenían un aspecto sombrío. Sus rostros carecían de cualquier tipo de emoción mientras murmuraban entre dientes.

Siguió a las doncellas de aspecto pálido, que la acompañaron a la sala de recepción. Todos los sirvientes pronto se retiraron cuando las puertas se cerraron detrás de ellos.

—Madre. —Leah habló con cautela.

—¿Oh? ¿Has llegado?

El rostro de la bella mujer floreció como una flor, como si su alegría viniera de su corazón. Para cualquier otra persona, su sonrisa habría parecido maravillosamente refrescante.

Su cabello castaño y rizado le llegaba hasta la nuca y la forma caída de sus ojos azules la hacía parecer bondadosa. Solo por su apariencia, uno podría decir su naturaleza delicada. Cerdina, la reina de Estia, era exactamente lo contrario de Leah.

—Te he estado esperando, Leah.


Yonile
Me encanta su nombre n.n, me deja insultarla indirectamente mientras traduzco....CERDAAAA!

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