Nuestro Matrimonio Político – Capítulo 14

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


Después de cenar y tomar un baño, Leandroth fue a la habitación de Matilda. En la cena, ella no discutió con el Chef, ya que no era adecuado, pero preparar comidas tan pesadas para la noche…harían que su estómago se agrandara.

Leandroth la abrazó y se movió de lado a lado, era como si un perro estuviese olfateando a su amo, mientras menea la cola. Las doncellas salieron rápidamente de la habitación.

—Mattie…

Él susurró su nombre en su oído, su aliento cálido, le produjo escalofríos alrededor de su espalda. A ella no le era desagradable. En realidad, le gustaba bastante.

—Hoy sería la tercera vez. ¿Crees que todavía te duela?

Las mejillas de Matilda se tiñeron de rojo ante la pregunta directa.

—Oh, idiota.

— ¡Ja, ja! Eres muy tímida. Estas muy sonrojada, querida. Sin duda, la única forma de acostumbrarse es hacerlo una y otra vez.

Leandroth abrazó a Matilda con fuerza, mientras la acariciaba. Ella tenía su mejilla contra su amplio pecho y cerró los ojos, pensando “tiene un cuerpo hermoso, es delgado pero poderoso, y no es excesivamente musculoso.”

—Quería nacer hombre, al igual que tú.

Era una declaración sincera, ella realmente lo deseó. Leandroth lanzó un largo suspiro sobre su cabeza.

—Esa idea no me gusta. Los hombres son demasiado groseros. Las mujeres son agradables y suaves…pero si aún quieres ser un hombre, entonces seré ¡una mujer! Me aprovecharé de mí poder y te haré mi esposo.

Ayanami
XD me quede muda con dicha declaración...Leandroth es un encanto!!!

De alguna manera, era como si se estuviera quejando.

¿Ella era una esposa rebelde?

Ella había oído hablar de eso antes. Una mujer que ignora la voluntad de su marido.

—Usaré el poder de mi posición y mi país, para atraparte.

Su cuerpo tembló a su alrededor, ella vio que él se reía y comenzó a reír también.

—Mi amada —dijo en voz baja mientras acariciaba su cabello.

Cerró los ojos, le gustaba que Leandroth la acariciara y abrazara. Ella podría permanecer en esta posición para siempre. Mientras tenía los ojos cerrados, se le ocurrió que Leandroth sería una mujer hermosa: su cabello dorado, suave y liso, sus ojos dorados y su sonrisa rebosante de confianza.

—Si fueras una mujer, serías coronada como la Princesa más bella.

A ella le gustaría verlo, pero no dijo eso en voz alta.

—Si quieres ver algo así, por favor tengamos un hijo.

Su cerebro se apagó por un momento.

— ¿Huh?

—Puedes dar a luz a una niña que se parezca a mí.

Le sonrió, suavemente, mientras colocaba sus manos sobre sus pechos bajo su camisón, como si estuviera comprobando su suavidad.

Su pecho se hinchó y endureció, mientras jugaba con él, cambiándolo de forma y moldeándolo en su mano.

—Mattie —llamó.

Ella lo miró y sus labios cubrieron los de ella. Ella quería un beso más profundo, así que se puso de puntillas.

Él, detuvo sus caricias por un momento debido a la sorpresa por su participación ávida, luego la apretó más fuerte, al punto que casi dolió.

Ella frunció el ceño ligeramente ante la incomodidad. Leandroth levantó en silencio a Matilda, se sentó al borde de la cama y ​​la colocó sobre sus piernas.

Ella se preguntó si no era pesada. Ya que, creía que lo era, pero al parecer el cuerpo de Leandroth no lo considera igual.

Sus manos se movieron ambiguamente mientras la besaba, desenredando los lazos de su camisón. Su ropa de dormir tenía nudos a intervalos regulares desde el cuello hasta la parte inferior del abdomen, con adornos alrededor del cuello y las costuras. Era de seda de alta calidad, le daba una sensación cómoda y suave contra su piel.

Leandroth desató todos los nudos, excepto el que estaba en medio de su pecho. ¿Qué quería hacer ahí? Ella se preguntó. Esta tarde también, él solo desabrochó algunos botones y le dejó la ropa puesta. Ella inclinó la cabeza ante este pensamiento.

A través del espacio, se podía ver su suave y blanca piel, brillando a la luz de las velas. Él deslizó su mano a través de la parte superior de su vestido, acariciándola suavemente, le acarició los pechos y los dejó al descubierto. Los sostuvo en sus manos, la suave redondez llenó sus palmas. Había dos pequeños montes del color de las rosas que apuntaban hacia arriba, como si anhelaran ser tocados.

Matilda pensó en si él los preferiría más grandes. Ese simple deseo la asustó y se alejó un poco.

—Eso…entonces…un poco más…los grandes son mejores, ¿verdad?

Había escuchado que a los hombres les gustaban los pechos grandes. De vuelta en casa, ella, por lo general, no escuchaba ese tipo de conversaciones desagradables, pero en fiestas y bailes, solía toparse con algunos aristócratas más liberales y con más conocimiento en esos temas y rumores. Su pecho parecía verse como un par grande pero que es pequeño.

Parecían increíbles en fiestas o veladas a las que acudía, donde veía a un montón de mujeres con escote en exhibición, ella comenzó a pensar en ellos, como las armas de una dama.

¿No sería difícil mantenerlo firme? Ella no podía descuidar sus ejercicios o pronto comenzarían a caer.

Leandroth miró a Matilda e inclinó la cabeza, su mirada volvió a sus pechos.

—Aunque continué mirándolos en silencio, desafortunadamente, no se harán más grandes, pero, no creo que su forma sea mala, sin embargo…

Ella pensó, qué estaba diciendo. Matilda miró hacia abajo y levantó uno de sus pechos con su mano. Ella nunca tuvo la oportunidad de comparar sus senos con otra persona, entonces, ¿qué forma tenían para mirarlos tanto, son feos?

No le gustaban sus propios pechos, le parecían dos manzanas con formas extrañas. Verlos la hacía sentir triste.

Debido a que siempre había odiado nacer mujer, aun cuando pensaba en los senos como un símbolo de la feminidad, todavía sentía asco cuando los miraba.

—Estoy fascinado, —dijo finalmente.

— ¿Eh? Por estas cosas tan feas.

—…hasta el punto en que olvido lo que estoy a punto de decir. Son realmente hermosos.

Levantó el pecho que Matilda sostenía, lo empujó hacia arriba lo suficiente para que el pezón estuviera directamente, frente a su ardiente mirada.

—No puedo apartar los ojos de ellos, son tan hermosos…a veces no tengo palabras para describirlos y solo puedo decir, bellísimos~~

Él rió suavemente, mientras levantaba el otro pecho desde abajo, colocándolo en la misma posición que el otro.

—Son más pesados ​​que cuando están en el agua ¿No tienes los hombros adoloridos?

Mientras se reía, su pulgar izquierdo rozó su pezón derecho.

Ella gimió. Él comenzó a acariciar su pecho con firmeza. Su yema se frunció cuando sus pechos se volvieron más llenos, casi como si quisiera que él la lamiera.

—Leann —Ella lo llamó suavemente.

Sus movimientos se detuvieron y él la miró.

—Ponte de pie un momento —dijo en voz baja.

Cuando ella se puso de pie, él juntó sus piernas y la jaló para que se sentara a horcajadas sobre su cuerpo.

Esto es embarazoso, pensó.

Debajo de su camisón solo estaban sus bragas. Era vergonzoso rodearlo así, tan cerca de su virilidad. Podía sentir sus mejillas y orejas sonrojadas.

Ella expuso su pecho, con sus manos, los levantó y sostuvo para él.

—No me gusta mi pecho, pero si me dices que te gustan, me hace muy feliz, tanto que podría llegar a gustarme también.

Su mano tembló un poco. Su tono era infantil, incluso a ella le resultó extraño.

—Si mis hombros terminan adoloridos, puedo soportarlo.

Tenía una media sonrisa, que levantó un lado de su rostro,

— ¿Tu mano quiere…?

— ¿Hmm? —Leandroth inclinó distraídamente la cabeza.

—Porque…porque estabas tratando de tocarlo. Así que me preguntaba si querías cambiar tu posición —Dijo Matilda, mientras apartaba la vista, tratando de evitar sus ojos. Ella realmente no se podía acostumbrar, sin embargo, ¿no podía esperar?

—Eres tan linda, todo sobre ti es bello —dijo mientras besaba la parte superior de su cabeza.

— ¿Eh?

—Hermoso, suave y cálido.

La miró con una sonrisa llena de felicidad, ella lo miró, parecía haber comprendido sus sentimientos.

—Tus pechos te representan, de alguna manera, ya que son hermosos, suaves, lindos, cálidos y justos. Sin embargo, no me gusta hablar sobre los gustos de otros hombres en la cama, eso me causa tensión. Incluso si se trata de tus parientes, me parece irritante. Pero entiendo por qué tu padre no quería que fueras la Reina.

— ¿Huh?

De alguna manera, ¿Qué? Es lo único que ella podría decir.

—Eres muy amable —dijo con una sonrisa irónica. —Ser un rey es una gran responsabilidad. Tu padre, probablemente, no quería que su querida hija tuviera ese peso en sus hombros.


Ayanami
recordar conversaciones pasadas sólo por tocar sus pechos? bueno cuando el tema llega ni cómo evitarlo...supongo...espero que esta pareja tenga un final feliz!!

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2 thoughts on “Nuestro Matrimonio Político – Capítulo 14

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