Nuestro Matrimonio Político – Capítulo 21

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


Cuando regresó a su habitación, ocho damas de honor la esperaban.

Estaban allí para vestirla para una reunión.

Ella, realmente, solo necesitaba seis personas para vestirse. Los otros debían hacerles compañía, preparar té y conversar.

Su objetivo era transformarla en una princesa reluciente.

Le pusieron un corsé que la hace lucir más delgada y levanta sus pechos, para que parezcan más llenos. Le cepillaron el pelo hasta que resplandeció y lo envolvieron en un moño a un lado de su cabeza con lazos decorativos.

Su vestido es rosa claro, se ajusta alrededor del corpiño que muestra una parte de su pecho y al llegar a su cintura cae al suelo, suavemente, con un pequeño vuelo, una capa de encaje se ajusta a sus hombros. La joyería estaba a cargo de las otras damas que esperaban por ella, le colocaron un collar con hileras de relucientes perlas, con pendientes y brazaletes a juego.

En el espejo, pensó que estaba mirando a otra persona, parecía más delgada de lo normal y sus pechos eran más grandes.

Ellas convirtieron su rostro en un lienzo artístico y aplicaron maquillaje, sombra de ojos, rubor y lápiz labial. Su cara fue espolvoreada con un polvo traslúcido.

— ¿Has realizado algún tipo de cirugía sin que yo lo note?

Se volvió para preguntarle a Agatha, el líder de su equipo de doncellas. Agatha es una hermosa rubia, de ojos azules. Se sintió como un fraude, mirándose en el espejo.

—Esta es la verdadera cara de la Emperatriz, acabo de mejorarla —Dijo ella.

¿No se decepcionarán las personas, cuando vean su rostro real, después de esto? Pensó Matilda.

Hubo un discreto golpe en la puerta y se solicitó permiso para ingresar.

—El emperador está aquí —le comunicaron las damas al unísono.

—Él puede entrar —respondió vagamente, aun mirándose en el espejo. Leandroth apareció a la vista, se sorprendió después de verla.

—Exquisito —dijo

—Es casi como magia, es el poder del maquillaje.

Ella respondió burlonamente. Si se paraba junto a él de esta manera, se preguntaba si se verían bien juntos. Ella todavía se sentía un poco insegura.

—Porque, usualmente, te escondes. Te ves como una seductora. No puedo dejar de querer tocarte —dijo, mientras pinchaba la piel en uno de sus pechos — ¡Oh! Mi dedo se hunde.

Ella golpeó su mano.

—Ay —se quejó, ante el repentino golpe.

—Esperaba que fueras más rápido que mí mano.

Ella sopló en su mano.

—Lo siento.

Él se rió.

—No hay necesidad de disculparse, estaba siendo malo.

Ella sonrió, se sintió más relajada, él le devolvió la sonrisa, mientras daba vueltas a su alrededor, parecía que la estuviera lamiendo de pies a cabeza, se sintió como una presa.

—Te ves hermosa, pero creo que prefiero a la linda y habitual Matilda —dijo, mientras le rodeaba la cintura con el brazo y acercaba su rostro al de ella.

—Su Majestad, por favor debe abstenerse. No quiero arruinar el lápiz labial hasta después de que termine la reunión.

—Muy bien —respondió suavemente.

— ¡Responde una vez más con convicción!

— ¡Sí!

Agatha se rió de su interacción, eran como un maestro y un estudiante.

Leandroth se volvió hacia ella, — ¿Puedo llevarme a Matilda ahora?

—Sí, siento haberle hecho esperar.

Las damas de honor y las doncellas se inclinaron.

—Emperatriz, ¿puedo tomar tu mano? —Le preguntó, extendiendo su brazo hacia ella.

—Solo soy tu prometida.

Respondió, bruscamente, sin cuidado.

—Por ahora, pero no hay vuelta atrás. No escaparás, así que, simplemente, ríndete. —Él respondió con una sonrisa.

El personal que los miraba, sonreía cálidamente.

—Sí.

Respondió tímidamente

—Estás avergonzada, que linda.

Él se llevó la mano a los labios y le besó los dedos. Su cara se calentó.

—Bien, vamos a luchar sin espadas.

Leandroth le tomó el brazo y tiró de ella.

— ¿Es tu primera campaña? Has perdido en la primera salva.

—Lo siento.

Él se rió, —Solo estoy bromeando. No tienes que disculparte, tan seriamente.

Mientras caminaban, notó que estaban rodeados por más caballeros, guardias y sirvientes que de costumbre. Parecían estar en el camino a la sala donde se realizaba la asamblea de la mañana.

—Es la primera vez que trabajamos juntos. Bueno, tal vez no sea, realmente, la primera vez.

—No hables de esas cosas cuando hay otras personas cerca —dijo, su cara estaba caliente, quería volver corriendo a su habitación.

Leandroth miró a Matilda.

—Lo siento, eres tan bonita cuando te sonrojas que no puedo evitarlo.

— ¿No es contradictorio querer intimidar a alguien porque es lindo?

—Es infantil, pero no creo que sea contradictorio. Como cuando pienso que tu rostro lleno de lágrimas es lindo, puede ser desagradable para ti, pero para mí no. Es una cosa de chicos después de todo.

—Es contradictorio. ¿No son los niños demasiado descarados?

Suspiró, dramáticamente.

—Qué terrible, siento que estás regañando a tu futuro hijo.

Matilda se rió, era obvio que estaba bromeando.

— ¿Prefieres que sea gentil o que te haga reír?

—Creo… —Se dió cuenta de que prefería reír, mientras se sonrojaba.

—Te das cuenta ahora, ¿no?

—Tú, eres terrible…

Ella se preocupó por Leandroth. Él fue tan amable y paciente, incluso cuando ella decía algo molesto, se reía y la perdonaba. Pero, todavía sentía que no debería ser presuntuosa en base a esto.

— ¡Oh! Más bien honesto —Dijo, mientras la apretaba más fuerte.

Ella sintió que sus músculos se contraían, estaba firme y segura debajo de sus dedos.

¿Se dió cuenta de cómo se sentía? Probablemente, querría saber, pero ahora no era el momento. Ella estaría muy avergonzada y huiría.

—Estamos aquí —anunció cuando llegaron a las puertas dobles.

Hoy, se embarcarían en algo, afortunadamente, lo harían juntos, eso era algo maravilloso.

♦ ♦ ♦

Dentro de la sala, la mayoría de los asistentes había llegado y estaban sentados.

Leandroth condujo a Matilda en la habitación, hacia sus asientos, pero se detuvo cuando notó que una persona entraba. Matilda siguió sus ojos para ver a un hombre mayor entrar al salón.

—Ese es el marqués de Bellmud, el primer ministro —le susurró a ella.

Esta es la persona que Leandroth venera y admira tanto. Matilda lo miró a los ojos, ella le sonrió. Pero el marqués, permaneció inmóvil y luego colapsó en el suelo.

— ¡Abuelo! —Leandroth llamó, mientras corrían hacia el hombre caído.

Había un hombre detrás del Marqués cuando colapsó. El hombre se inclinó con la intención de tocar a Bellmud.

— ¡No lo toques! —Gritó Matilda. Se recogió las faldas y corrió sin trabas hacia el marqués.

Leandroth estaba pálido por la conmoción.

—Llamen a un médico, el primer ministro ha colapsado. Consigue una camilla, llevaremos al marqués a la habitación silenciosa más cercana.

♦ ♦ ♦

—Déjalo descansar aquí como está. No parece haber problemas en su cabeza, pero hay un esguince de tobillo. He preparado una cataplasma para ello. —Explicó el médico, mientras se lavaba las manos, —también podría tener fiebre. Parece que se ha estado debilitando por un largo tiempo. Cuando esté un poco mejor, debería venir a verme al hospital.

Miró a su paciente una vez más, antes de volverse hacia Matilda.

— ¿Es su Alteza la Princesa, quien estuvo cuidando al paciente?

Matilda asintió.

El doctor, que era un hombre mayor, tenía todo el cabello gris, Matilda no podía discernir qué quería decir, ya que la miraba con desdén.

—Esto es de calidad, pero no hay excusa, necesitas cambiar tu peinado. Estás causando angustia al paciente.

— ¿Huh?

El doctor la miró con frialdad.

— ¿Mi peinado?

—Ese peinado que usa es uno que la hija del Marqués, la ex Emperatriz Orlatta, favorecía. Aunque su color de pelo era más cercano al oro.

Matilda frunció el ceño, — ¿Hah?

—No eres una buena persona —la expresión de desprecio del doctor la lastimó.

—El primer ministro dijo que mirarte lo hace sentir enfermo.

Matilda se desabrochó el cabello en pánico. Ella no entendía lo que estaba pasando aquí.

—Princesa, si por favor salieras de la habitación. Por favor deshazte de ese maquillaje. Con esto dicho me iré. Volveré a visitar al paciente más tarde.

El doctor se fue. Matilda miró al hombre que se alejaba confundida y aturdida.

— ¿Cuándo murió la ex Emperatriz?

—Hace unos seis meses —una voz temblorosa respondió —Perdió a su esposa, mi abuela, Lady Kagata, hace diez años. Él todavía está afligido.

Una mujer a la espera respondió en voz baja.

— ¿Cómo murió la emperatriz?

—Se cayó por las escaleras. Había estado esperando el matrimonio del emperador Leandroth. El marqués y yo fuimos quienes la vimos por última vez. Sus últimas palabras fueron Padre, lo siento.

—Ha perdido peso —dijo una voz, en voz baja desde detrás de ellos.

Leandroth miró al marqués que descansaba con algo que parecía lástima.

— ¿Qué hay de la reunión?

—Los gobernadores y el parlamento están luchando entre sí como de costumbre, es bastante cansado. Como niños en una pelea de bofetadas. Les he ordenado que retrocedan y piensen en sus puntos y vuelvan a reunirse.

—Ya veo.

Se volvió hacia las damas que esperaban y las doncellas.

—Lo siento, pero ¿puede acercarme un peine? Y si nos dieran algo de privacidad, estaría bien.

Una de las doncellas le tendió un peine y salieron en silencio de la habitación.

Leandroth acercó una silla cerca de la cama donde descansaba el marqués y sentó a Matilda sobre ella.

Comenzó a peinar a Matilda.

— ¿Qué crees que pasó?

— ¿Esto? Es difícil de decir.

Sonrió, mientras seguía cepillando el cabello de Matilda.

— ¿Tal vez, es veneno?

— ¿Lo crees? —Leandroth preguntó, oscuramente.

— ¿No le informaron que ese doctor malhumorado no tiene consideración por las mujeres? Dijo, mientras empezaba a atar el pelo. Ella quería reír, ese hombre con ojos de serpiente.

— ¿Quién era ese hombre que estaba muy cerca del marqués cuando se cayó?

— ¿Ese extraño hombre de aspecto sospechoso?

—Sí…

—El Conde Pickers, es la primera vez que lo conoces y ya sabes que es sospechoso.

—Tiene ojos como una serpiente. Aunque a las serpientes debe parecerles grosero que las compare con ellas —dijo en voz baja. Leandroth soltó una carcajada.

—Es inusual que la gente sospeche de los Pickers. ¿Ya que la mayoría está engañada por su apariencia dorada?

— ¿Apariencia de oro…?

—Cabello como el sol, ojos azules como el océano, voz tan dulce como un chocolate…

— ¿La gente piensa eso?

Para ser sincero, ella no vio eso.

— ¿Es tan hermoso?

—A la gente solo le preocupa la belleza en la superficie.

Ella inclinó la cabeza tratando de recordar, pero se dio cuenta de que no podía. Leandroth todavía jugaba con su cabello.

—Estaba bastante preocupado cuando estaba parado cerca de ti —dijo Leandroth

—Hmm…

Un gemido vino del dormido Marqués Bellmud. Movió la cabeza, abrió, ligeramente, los ojos y notó que Leandroth estaba a su lado.


Ayanami
realmente quiero que a ese “doctor” los despellejen vivo...bueno quizás no pero si merece unos buenos golpes ヾ (・д・ヾ) 。

| Índice |

2 thoughts on “Nuestro Matrimonio Político – Capítulo 21

Responder a Eni Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *