Reina Villana – Capítulo 12: Confesión

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


Eugene miró sus feroces ojos azules, algo de lo que nunca podría cansarse.

La energía azul clara, se arremolinaba en sus pupilas como olas que se precipitan en el caos. Era horriblemente misterioso…

Con solo seis personas en el mundo, teniendo este poder, el Praz sobrenatural de un rey sólo puede pasar a través del linaje.

El sucesor del rey tendrá esta habilidad sobrenatural, pero su control sería inestable y su poder será menor en comparación con el de su padre. El heredero, aparentemente, solo puede heredar la habilidad intacta cuando ascienda al trono, tras la muerte del anterior gobernante.

Una energía intensa fluyó de su cuerpo, Eugene podía sentirlo en su piel, la parte que había sido rozada por su poder estaba ardiendo, aunque la tocó ligeramente, era muy probable que le dejara marcas después.

Pero, al ver, en persona, la fantasía que sólo escribió en su novela, Eugene sintió una extraña a indescriptible sensación. Ella lo miró aturdida, con los ojos fijos en él.

Se encontró encantada por los remolinos de energía que bailaban ante sus ojos, hasta que se unieron para formar una figura y se estiró por mucho tiempo como el ojo de una serpiente…no se detuvo allí, también se hinchó como si saliera de ella. sus propios ojos

Entonces, la temperatura subió…y se volvió demasiado para su cuerpo.

Fue solo en este momento, que Eugene sintió un dolor absoluto, uno que solo el Praz podía causar. Su inminente muerte, llenó rápidamente su mente que, anteriormente, estaba en una bruma de admiración por su creación.

Su creación, que podría quitarle la vida con el chasquido de sus dedos.

Por instinto, Eugene se apartó lejos de él con miedo. Su acción repentina hizo que Kasser recuperara el control de sí mismo, y las energías disminuyeron hasta desaparecer en el aire.

Kasser se miró la mano con vergüenza. Esta era la primera vez que perdía el control de su Praz desde que tomó el trono. Terriblemente asustada, los ojos de Eugene se alzaron bruscamente. ¿Tenía la intención de matarla justo ahora?

Desde el momento en que el rey entró en su habitación en un inconfundible ataque de ira, fue evidente para Eugene que Jin Anika había cometido un crimen terrible y que tendría que ser ella quien se vería obligada a llevar los castigos.

Pero ahora, al ver a Kasser ejercer su poder mortal, sus emociones se apoderaron de ella e hizo lo que cualquier otra persona haría en su posición, gritar en voz alta.

— ¿Te sientes cómodo culpando a los demás por todo lo que haces? —La voz profunda de Kasser la sacó de su pánico.

— ¿Qué? —Eugene, que finalmente volvió a sus sentidos, lo interrogó.

—Si gritas así, la gente de afuera lo malinterpretaran.

Era naturalmente imposible para Eugene, que solía residir en un mundo completamente diferente a este, comprender la situación a su alrededor en tan poco tiempo. Con los recuerdos de Anika perdidos, no había mucho que pudiera lograr.

Sin embargo, incluso si usara toda su imaginación para razonar, solo sería golpeada por un dolor de cabeza de nuevo.

Cuando preparo un guión creíble para poder hablar con la doncella Zanne pensó estar preparada para todo, entonces, esto sucedió, lo que le trajo otro misterio por resolver.

Por la forma en que sus ojos se encontraron con los de ella, penetrando en su alma, se dio cuenta de que Kasser se estaba frustrando a cada minuto. Aunque trató de entender su posición, también estaba resentida por el hecho de que fue criticada por algo que no hizo.

Ella está en el cuerpo de la reina, pero incluso si ella misma creó el personaje, este mundo de ficción, está por completo fuera de sus expectativas.

Por supuesto, ella no quiere estar en los zapatos de Jin Anika. La mirada en el rostro de un hombre que rebosa de odio la hizo darse cuenta aún más.

—Siempre he conocido tu descaro —Kasser sacudió la cabeza consternado— ¿Estás en posición de gritar ahora?

— ¿Se siente cómodo para el rey, el usar Praz contra la gente cuando se enoja? —Ella se apresuró a tomar represalias, devolviendo sus propias palabras.

Con tanta convicción, Kasser la miró incrédulo.

—Eso fue un error.

Él retrocedió, seguido de un suspiro.

Después, cayeron en un silencio incómodo. Sin embargo, pensamientos interminables, el uno del otro, pululaban en sus cabezas, dejándolos sin paz interior.

Finalmente, Kasser rompió el silencio, le preguntó bruscamente, había controlado su temperamento en comparación con su actitud anterior.

—Hablemos con calma —luego, se puso cómodo en el sofá de la habitación, que era demasiado pequeño para su gran cuerpo.

Mientras lo ofrecía, Eugene dudaba de si debia sentarse con él. Con su tamaño, ocupaba la mayor parte del espacio en el sofá. Por lo tanto, sentarse al lado del rey significa estar cerca de él. Permaneció de pie, se sentía bien en esta posición, pensó que era lo mejor.

Kasser no tardó mucho en darse cuenta de su negativa, por lo tanto, le lanzó una mirada helada como si dijera “Siéntate, tu rey lo ordena”.

Con firmeza, las rodillas de Eugene cedieron bajo ella, y se obligó a sentarse a su lado. El suave cojín, se hundió ligeramente bajo su peso.

Kasser respiró hondo, controlando su ira hirviendo y apretando los dientes interiormente. Completamente opuesto al aire que emana, Eugene estaba tan fría como un cubo de hielo.

Estaba cansada de fingir que lo sabía todo; hacerlo solo arriesgaría su vida.

— ¿Quién sabe? Jin Anika podría haber cometido un gran crimen castigado con la muerte. En renuencia a asumir la responsabilidad de sus acciones, ella me hizo transmigrar a su cuerpo…y aquí estoy, ¡poseyendo su carne y sangre!

Anika fue tratada como un ser muy especial en Mahar. Solo el Sangje podría juzgarla y condenarla por sus crímenes.

Aunque los pecados de Jin Anika se revelaron en la novela, el rey solo la mató cuando Sangje permitió un castigo sin juicio.

—Tengo algo que decirle al rey —Eugene pronunció, mirándolo a los ojos, expresando sinceridad. —Es muy repentino y es posible que no lo creas.

Ella se decidió. Le iba a dar al rey la falsa excusa que le había dado a Zanne. Después de pensarlo mucho, llegó a la conclusión de que la forma más sencilla de escapar de los rencores provocados por Anika era confesar su ignorancia.

Pérdida de memoria.

Era una excelente excusa, o ella esperaba que lo fuera.

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