Las palabras de la señora Irene me pillaron desprevenida.
Mis ojos vagaron inquietos.
Tenía razón. No podía negarlo ¿Un maestro que se saltaba las clases para visitar a su sirvienta? ¿Un maestro que se enfadaba con su sirvienta por ser amable con los sirvientes? Seguí leyendo “Sin madurar – Capítulo 34: La despedida (7)”
—Está bien, la primera pregunta puede parecer tonta, pero ¿por qué vinieron a Arxia? —pregunté.
El bandido me miró fijamente sin decir nada. Bueno, no voy a perder mi tiempo, ordené a los soldados que lo obligaran a arrodillarse y comencé a azotarlo. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 82: Interrogatorio (2)”