Tang Mo estuvo en Beijing hacía dos años, al graduarse de la universidad, cuando junto con el hermano Zi, visitaron al viejo Wang. De sus dos mejores amigos, uno se fue a Shanghai y el otro a Beijing.
El todoterreno negro circulaba lentamente por el camino desierto.
Tang Mo observó las vallas publicitarias y las tiendas a ambos lados de la carretera. Se devanaba los sesos para recordar todo lo que había visto dos años atrás. Su estado físico y memoria habían mejorado, pero hacía demasiado tiempo desde que estuvo en Beijing y no se había concentrado en aquel entonces. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 112: ¡Corre! ¡Mosaico está incendiando la pradera de nuevo! ¡Ayuda!”
El conde Terejia se adelantó y regresó a su propia villa en la capital real, por mi parte llegué a mi casa en la capital.
—Bienvenida de vuelta, Eliza.
Los sirvientes, que fueron contratados a principios de esta primavera para cuidar la casa en mi ausencia, inclinaron la cabeza hacia mí. Dado que casi nunca estoy aquí, excepto cuando visito la capital real cada verano, solo hay un mínimo de sirvientes que ayudan a mantener la casa. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 110: Un inicio agitado de año en la capital real”
Después de ser bañada en pétalos de flores como bendiciones en la celebración de mi octavo cumpleaños, la vida ha seguido de manera sorprendentemente pacífica y tranquila. Desde la celebración de mi quinto cumpleaños, mis días siempre han sido tan ocupados que resulta increíble tener un largo respiro ahora, y otro año ha pasado volando así de rápido. Ahora tengo nueve años. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 109: El paso del tiempo”