El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 80: Una compañera borracha y fastidiosa

Traducido por Haku

Editado por Herijo


 —Verás, Arge. Los vampiros viven mucho más que las criaturas normales y por eso… Oye, ¿me estás escuchando?

—Ah, sí. Estoy escuchando. Muy atentamente —respondí.

La verdad es que estaba dejando que sus palabras me entraran por un oído y me salieran por el otro, pero decidí asentir como si no fuera el caso.

Tras regresar de Rencia y ser por fin libres, volvimos al café May, que sirve como casa y tienda de Satsuki. En la entrada del café colgaba un cartel de “Cerrado”, pero nos topamos con ella justo cuando salía y nos guió directamente a la zona residencial.

Ahora, en la sala de estar, Iris había desplegado una enorme cantidad de aperitivos y alcohol, y estaba en plena sesión de bebida. En otras palabras, nada más volver habíamos caído en las garras de una borracha.

—Iris, no deberías beber tanto. Aunque la luz esté bloqueada, todavía es de día.

—Vamos, Satsuki, acompáñame…

—Por mucho que me lo pidas, me niego rotundamente. Como se diría en el idioma del Reino: “Yankee go home”.

Aunque la mezcla de idiomas de la República y el Reino sonó un poco rara, quedó claro que Satsuki no iba a beber. Al ser rechazada, Iris infló las mejillas exageradamente para mostrar su descontento.

—Mmm… ¿Es que no ves que estoy bebiendo sola? ¿No ves cómo me siento?

—Por norma general, los vampiros son muy débiles al alcohol. Deberías saberlo, ¿no?

—¿Ah, sí?

—Sí, bueno… eres un caso especial. Lo normal es que un vampiro común se desplome con un solo vaso de sake, así que tú tampoco deberías beber a la ligera, Arge.

Era una información cuya razón me intrigaba, pero como Satsuki lo dijo con una seriedad poco habitual en ella, simplemente asentí. Los vampiros son débiles al alcohol… quizá sea bueno recordarlo.

Kuro, por cierto, se escabulló nada más llegar, como si huyera a dar un paseo. Al parecer, ya conocía lo problemáticos que pueden ser los borrachos. Satsuki se aseguró de recibir la carne del devorador de miel.

Iris ya era amable, pero el alcohol parecía exacerbar esa faceta. Siendo sincero, lidiar con una borracha fastidiosa me resultaba un tedio y preferiría irme a echar una siesta, pero como no sabía qué podría hacerme si lo hiciera, no me quedaba más remedio que aguantar.

Kuzuha estaba sentada a la mesa conmigo, ignorando por completo la conversación de Iris mientras devoraba los aperitivos con entusiasmo. Parecía que el viaje desde Rencia le había abierto el apetito.

Era comprensible, ya que durante el viaje nuestra comida fue bastante austera, a base de pan y otros alimentos fáciles de conservar, y Kuzuha, además, come mucho.

Todos los aperitivos de la mesa eran exquisitos; no había ni uno solo que no fuera bueno. Tenían un sabor intenso, perfecto para acompañar el alcohol, y mis palillos se movían sin control. Como si diera voz a mi admiración, Kuzuha exclamó con una sonrisa de oreja a oreja:

—¡La comida de Satsuki es realmente deliciosa!

—Je, je. Me alegro. Ah, te recomiendo esto. Son fideos y otros ingredientes sazonados con una salsa agridulce… Sí, al parecer lo llaman yakisoba. ¿Quieres probar, Arge?

—Sí, está delicioso.

Había varios platos familiarmente extraños, pero eso también tenía su encanto.

Aparentemente, todos eran platos caseros de Satsuki, pero me preguntaba de dónde habría aprendido las recetas. A juzgar por la ropa tradicional japonesa y otros detalles, en este mundo diferente había muchas culturas similares a las del mundo del que provenía.

¿Se desarrollaron de forma natural o alguien más, aparte de mí, se reencarnó y las trajo consigo?

En cualquier caso, no tenía motivos para despreciar estos sabores nostálgicos. Mientras los disfrutaba sin más, Iris dejó escapar un suspiro que apestaba a alcohol.

—Ah, si tan solo Shino estuviera aquí…

—¿Shino? ¿Es una empleada?

—Sí. Shino Ichinose. Es nuestra barista, la encargada del café. Ayer se fue diciendo que iba a buscar buenos granos… y lamentó no haber podido conocerte, Arge.

—Vaya, ¿en serio?

Parecía que nos habíamos cruzado. Me pregunté qué tipo de persona sería. La gente de esta tienda no era mala, pero todos tenían sus peculiaridades, así que esa tal Shino seguramente no sería la excepción.

—Por cierto, oí a alguien del consejo decir que acompañaste a Akisame a Rencia en su inspección, ¿verdad?

—Ah, sí. Es un lugar muy agradable.

—Je, je. Lo es, ¿verdad? Allí se produce una miel excelente todos los años y es un sitio muy tranquilo. Bueno, ¿qué tal si les preparo un pastel con miel de Rencia?

Satsuki sonrió y se puso en pie, pero en ese momento sonó la campanilla que anunciaba la llegada de un cliente. A pesar de que colgaba el cartel de “Cerrado”, por lo visto no habían cerrado con llave. Como era de esperar, la dueña, Satsuki, fue la que reaccionó más rápido al sonido que resonó desde la cafetería hasta la zona residencial.

—Esperen un momento, por favor. Iré a ver qué necesita.

—Hoy es nuestro día libre, así que a menos que sea algo muy importante, recházalo, Satsuki.

—Lo sé, lo sé. Además, después tengo que pasarme por el gremio de comerciantes por el asunto de la reparación de la carretera que solicité el otro día.

Agitando la mano, se alejó de la mesa. Regresó al poco tiempo, sonriéndonos.

—Arge, tienes una visita.

—¿Yo…? Entendido. Gracias.

Una visita. Al oír eso, la primera persona que me vino a la mente fue Zeno. Aún deberían faltar varios días para que regresara al gremio de comerciantes, pero era posible que hubiera vuelto antes.

Si fuera así, habría recibido un mensaje. Es cierto que no le había dicho dónde me alojaba, pero cualquiera que me hubiera visto con Fumitsuki en el gremio podría suponer mi paradero.

Esta es mi excusa perfecta para escapar de la borracha, concluí, y decidí atender la visita.

Si es quien espero, tendré que devolverle el favor como es debido.

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