Contrario a mis expectativas, lo que Elene hizo fue entregarme el plato que sostenía.
—¡Pero el pudin está a salvo! Jeje. ¡Aquí tiene, Princesa!
¿Ahora mismo te preocupa el pudin? ¿En serio? Oh, tontorrona. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 36”
¿Eh? ¿Qué has dicho? ¿Bichos? Mi rostro se puso rígido al oír su murmullo. Urgh, qué asco. Inmediatamente aparté la mano de la flor que estaba tocando.
¡Este maldito mundo no me da un momento de paz! ¡¿A qué te refieres con bichos?! Para empezar, ya odiaba cualquier cosa con más de cuatro patas. ¡Insectos, bichos! Ah, solo pensarlo es repugnante. Hice una mueca de asco, y Kaitel se rio.
¿Mi sufrimiento te produce alegría, papá? Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 35”
Al día siguiente, fui a la residencia los Vitervo con Serira para visitar a Silvia, a quien le costaba moverse debido a su embarazo.
Tuve que prepararme mentalmente antes de pedirle permiso a mi padre, pero resultó que Kaitel no se opuso ni me impidió verla. Fue un poco sorprendente, la verdad, considerando su extraña actitud cuando hablaba con ella. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 34”
—¡Quiero helado! —Del que se come a cucharadas.
La versión de este mundo del helado se parecía más a un granizado o a nieve raspada, pero me encantaba de todos modos. ¡Soy un bebé al que le gustan las cosas frías!
—Ten, Grae. Un poco para ti —dijo Serira.
—¡No! —Graecito lo apartó de un manotazo de inmediato. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 33”
Kaitel retiró su mano de mi cara en un instante, dejándome con un puchero y sin un solo momento para saborear la breve sensación que había dejado su contacto. Se giró, y el sirviente se estremeció notablemente. Me sentí mal por él.
—Bueno, um… Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 32”
Casualmente, al día siguiente era la boda de Perdel y Silvia. Por suerte, pude asistir a la ceremonia, que se celebró en un castillo cercano.
La presencia de Perdel era superflua, pues la visión de Silvia portando un vestido blanco puro era tan increíblemente hermosa que me dejó sin aliento. Me hizo pensar que, de mayor, querría ser una novia como ella. Por un momento, ¡hasta sentí que podrían brotarle alas de la espalda! Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 31”
—Te vas a arrepentir.
Las cortinas se abrieron de golpe, obligando a Kaitel a entrecerrar los ojos por el repentino destello de luz. Aún aturdido por el sueño, levantó un brazo para protegerse.
—¿Qué demonios estás diciendo? Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 30”
En cuanto estuve en brazos de Kaitel, consideré qué decirle a mi inexpresivo padre.
¿Debería sonreír? Ugh, pero ¿por qué te ves más irritable que de costumbre? ¿Exceso de trabajo? ¿Necesitas una dosis de mis monerías para animarte? ¡Agh, ni que fuera tu payaso personal!
—¡Cito! Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 29”
Sin querer, dejé escapar una exclamación que hizo que Serira se girara hacia mí.
¡Ay! ¡Uy! Je, jeje. Sonreí con torpeza, sorprendida, y Serira me devolvió la sonrisa. Tras observarme un momento para asegurarse de que todo estaba bien, volvió a lo suyo. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 28”
¿Habría sido mejor morir apenas nací? ¡Pero si acabo de empezar a caminar, a hablar un poco y a comer comida de verdad! ¡¿POR QUÉ! ¡AÚN! ¡ME TRATA COMO A UN PERRO?! ¿Acaso tengo que morderte como uno para que por fin dejes de llamarme así? ¡¿Eh?!
—¿Estás tratando de insultarla? —preguntó Perdel. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 27”
—No he visto a Dranste últimamente —dijo Perdel, haciendo girar su pluma como si estuviera aburrido.
—¿Y a quién le importa? —respondió Kaitel sin siquiera girarse.
—Qué indiferente. Sigue siendo tu maestro, ¿sabes? Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 26”
Kaitel bajó la vista cuando sintió que me removía en sus brazos. Yo le devolví la mirada, con los ojos muy abiertos y brillantes.
¿Por qué me miras así, papá? ¿Es porque soy adorable? Ya sé que lo soy.
—Je, je, qué linda. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 25”
Silvia suspiró y negó con la cabeza, antes de rendirse ante las locuras de Perdel.
—La princesa es realmente adorable. Me encantaría tener una hija como ella.
—¡Puedes tenerla! —Perdel tomó la mano de Silvia. Luego se aclaró la garganta. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 24”
—Todavía no estamos en ese punto.
—¿Perdón?
—He dicho que todavía no estamos en ese punto.
Fruncí los labios y me di la vuelta. Perdel y el hombre seguían inmersos en una profunda conversación. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 23”
Me encanta que me elogien. Honestamente, soy realmente adorable, ¿a que sí? Merezco todos estos halagos, ¿no?
—Últimamente se ha vuelto mucho más encantadora, mi pequeña princesa.
¿De verdad? ¿Lo he hecho? Miré a Serira con ojos brillantes, y ella me sonrió radiante. Su sonrisa me hizo aún más feliz. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 22”