Me llevaron a rastras al Palacio Estella, otro palacio del que nunca antes había oído hablar. El estruendo de la multitud me retumbaba en los oídos. Todos los nobles de la corte estaban presentes en el evento, desde aquellos que nunca había visto hasta los que me encontraba con frecuencia.
¿De verdad esperan que le dé un regalo delante de toda esta gente? ¿Están locas? Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 43”
—¿Su Alteza?
Cuando regresé a la habitación, encontré a Serira tal como la había dejado. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 42”
—¿Qué sucede, princesa? —preguntó Serira, extrañada de que me aferrara a ella con tanta ansiedad.
Ni siquiera me apetecía responder, así que me acurruqué en su abrazo. Aunque mi pelo mojado me estaba empapando los hombros, lo más importante era que necesitaba consuelo. Daba igual de quién viniera, solo quería que alguien me dijera que iba a estar a salvo. Que esta paz nunca se acabaría. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 41”
Al volver al Palacio Soleil, me dirigía directamente a mi habitación cuando escuché la voz del mismo responsable de que me hubieran echado de allí para ir al Jardín de la Serenidad.
—¡No! ¡Fuera! Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 40”
Enfurecido por el comentario de Perdel, Kaitel le arrojó un bolígrafo, que le dio de lleno en la cara. Perdel se agarró la frente, dolorido.
Hmm, te lo mereces.
—¡Oye, eso duele mucho! —exclamó Perdel. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 39”
Tenía el sueño profundo para empezar, pero ahora que estaba enferma, dormía como si hubiera caído muerta. Estuve a punto de despertarme un par de veces, pero en cada ocasión, algo parecía arrullarme de nuevo, permitiéndome seguir descansando. Por ejemplo, si el calor subía por mi cuerpo, algo frío lo aliviaba al instante, haciéndome sentir cómoda otra vez. Gracias a todo eso, pude dormir plácidamente.
Tan plácidamente, de hecho, que abrir los ojos fue sorprendentemente fácil. Mi cuerpo… se siente renovado. Sin moverme, solo abrí los párpados. ¿Hmm? ¿Eh? La fiebre ha bajado. Ha desaparecido por completo. La suave luz del sol que entraba por la ventana indicaba que era de día. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 38”
Ladeé la cabeza ante el hecho de que Kaitel me llamara por mi nombre de la nada. Solo me miraba en silencio.
¿Está intentando hablarme con la mirada o algo así? Oye, papá, que yo sepa no sé leer la mente. ¿Qué tal si tenemos una buena conversación y aclaramos las cosas? Ya puedo hablar el lenguaje humano. ¿Eh?
—Tu nombre es demasiado largo. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 37”
Contrario a mis expectativas, lo que Elene hizo fue entregarme el plato que sostenía.
—¡Pero el pudin está a salvo! Jeje. ¡Aquí tiene, Princesa!
¿Ahora mismo te preocupa el pudin? ¿En serio? Oh, tontorrona. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 36”
¿Eh? ¿Qué has dicho? ¿Bichos? Mi rostro se puso rígido al oír su murmullo. Urgh, qué asco. Inmediatamente aparté la mano de la flor que estaba tocando.
¡Este maldito mundo no me da un momento de paz! ¡¿A qué te refieres con bichos?! Para empezar, ya odiaba cualquier cosa con más de cuatro patas. ¡Insectos, bichos! Ah, solo pensarlo es repugnante. Hice una mueca de asco, y Kaitel se rio.
¿Mi sufrimiento te produce alegría, papá? Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 35”
Al día siguiente, fui a la residencia los Vitervo con Serira para visitar a Silvia, a quien le costaba moverse debido a su embarazo.
Tuve que prepararme mentalmente antes de pedirle permiso a mi padre, pero resultó que Kaitel no se opuso ni me impidió verla. Fue un poco sorprendente, la verdad, considerando su extraña actitud cuando hablaba con ella. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 34”
—¡Quiero helado! —Del que se come a cucharadas.
La versión de este mundo del helado se parecía más a un granizado o a nieve raspada, pero me encantaba de todos modos. ¡Soy un bebé al que le gustan las cosas frías!
—Ten, Grae. Un poco para ti —dijo Serira.
—¡No! —Graecito lo apartó de un manotazo de inmediato. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 33”
Kaitel retiró su mano de mi cara en un instante, dejándome con un puchero y sin un solo momento para saborear la breve sensación que había dejado su contacto. Se giró, y el sirviente se estremeció notablemente. Me sentí mal por él.
—Bueno, um… Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 32”
Casualmente, al día siguiente era la boda de Perdel y Silvia. Por suerte, pude asistir a la ceremonia, que se celebró en un castillo cercano.
La presencia de Perdel era superflua, pues la visión de Silvia portando un vestido blanco puro era tan increíblemente hermosa que me dejó sin aliento. Me hizo pensar que, de mayor, querría ser una novia como ella. Por un momento, ¡hasta sentí que podrían brotarle alas de la espalda! Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 31”
—Te vas a arrepentir.
Las cortinas se abrieron de golpe, obligando a Kaitel a entrecerrar los ojos por el repentino destello de luz. Aún aturdido por el sueño, levantó un brazo para protegerse.
—¿Qué demonios estás diciendo? Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 30”
En cuanto estuve en brazos de Kaitel, consideré qué decirle a mi inexpresivo padre.
¿Debería sonreír? Ugh, pero ¿por qué te ves más irritable que de costumbre? ¿Exceso de trabajo? ¿Necesitas una dosis de mis monerías para animarte? ¡Agh, ni que fuera tu payaso personal!
—¡Cito! Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 29”