En la oscuridad de la noche, bajo la pálida luz de la luna, cinco siluetas cruzaban velozmente las callejuelas y avenidas, avanzando hacia el este.
Beijing, Escuela Secundaria Nº 80.
Lian Yuzheng atravesó las puertas del recinto, se puso en cuclillas y manipuló algo en el suelo. Unos segundos después, se oyó un chasquido agudo, como si un mecanismo se hubiera abierto. La mujer se giró hacia Fu Wenduo y Tang Mo, asintió con seriedad y se internó primero en el campus, como prueba de su sinceridad. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 148: Fue porque… no superó el juego de la Torre Negra”
—Al principio, los jugadores supervivientes no notaron la existencia de la gente invisible porque estos no se diferenciaban de los jugadores ordinarios. Aparecían de repente, y antes de que alguien pudiera reaccionar, los supervivientes eran asesinados —explicó Chen Shanshan.
Ni siquiera Tang Mo habría imaginado que los invisibles fueran los seis mil millones de humanos que habían desaparecido de la Tierra. Resultaba comprensible que los supervivientes ignoraran ese hecho. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 147: Los suertudos jugadores de reserva”
Vio que la mano de Tang Mo estaba manchada de sangre seca. Durante la pelea, todo había ocurrido con tal rapidez que Fu Wenduo no la había notado antes. Ahora, bajo la luz del sol, podía ver con claridad que el dedo índice de Tang Mo estaba casi cortado; un hilo de carne nueva crecía lentamente en el borde de la herida, que tardaría aún unas horas en cerrarse por completo.
Había pasado tanto tiempo que Tang Mo casi había olvidado la lesión. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 146: No quiero matar a nadie. Son ustedes quienes me atacaron”
Los ojos de Li Chaocheng se movían con rapidez mientras hablaba, pensando en cómo escapar y evitar revelar información.
Los dedos de Tang Mo se agitaron y se oyó el claro chasquido de la afilada hoja al incrustarse en la tierra. El frío cuchillo se aferró al dedo cortado de Li Chaocheng, listo para atravesar su carne en un instante. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 145: Mayor Fu, ¿ya nos conocemos bien?”
—¿Quién demonios eres?
El rugido sacudió el patio, cargado de sorpresa y pánico. Li Chaocheng clavó la mirada en los tres frente a él, como si quisiera arrancarles la verdad de sus rostros. Pero Tang Mo y Chen Shanshan permanecían imperturbables, sin un gesto de cambio. Jack, en cambio, no comprendía el trasfondo de aquellas palabras y no reaccionó en absoluto. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 144: Revolución del tiempo”
El sol poniente se hundió por completo bajo la tierra, y el último destello de luz se desvaneció en el lejano horizonte.
Tang Mo se quedó inmóvil en cuanto Jack abrió la boca. Al reconocerlos, guardó la sombrilla. Jamás habría pensado encontrar a Jack y a Chen Shanshan en Beijing. Tras la sorpresa inicial, bajó la vista hacia la chica delgada y menuda, convencido de que debían buscar un lugar donde resguardarse. Antes de que pudiera hablar, Chen Shanshan tomó la iniciativa:
—Deberíamos irnos de aquí primero. Esto está demasiado cerca de la instancia de realidad de la Universidad de Beijing. Ya es de noche y no es seguro. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 143: 89 en la tabla de tiempos”
Tang Mo se desplazó de lado para esquivar el cuchillo mariposa plateado. El bello filo giró en el aire y regresó al joven de rostro aniñado.
Bai Ruoyao se impulsó hacia delante. Dos cuchillos mariposa, delgados y brillantes, volaron de sus manos: destellos de plata que recordaban al filo mismo de la muerte. Su velocidad era asombrosa. Tang Mo esquivaba una y otra vez mientras sacaba la pequeña sombrilla y la abría de golpe. Las hojas impactaron contra su superficie, arrancando un estruendo metálico. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 142: El primer beso de Tang Mo~”
Las patas traseras de la mujer lobo se impulsaron con fuerza y su cuerpo salió disparado por el aire. Cayó como una bomba y el suelo retumbó con un cráter abierto en medio del patio. Gigantesca, descomunal, pero nada torpe: su velocidad era la de una bestia cazadora. En cada zancada, sus garras brillaban, buscando desgarrar a Tang Mo. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 141: Tang, ¡me la has jugado!”
La Torre Negra no les dio respiro. Antes de que pudieran asimilar las nuevas reglas, la partida comenzó de inmediato.
En el centro del tablero, Mosaico —envuelta en la membrana luminosa— tarareaba una cancioncilla desafinada con alegría. Nadie hablaba ya. El silencio era prueba de la urgencia: cada jugador calculaba fríamente cuántos pasos podía dar, cuándo debía moverse, cómo causar el mayor impacto posible en esa ronda… Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 140: Tang Mo, ayúdame…”
Lo que Liu Wansheng había deducido, Tang Mo ya lo había pensado.
Si los jugadores avanzaban siguiendo el «orden de prioridad», el único que realmente controlaría el desenlace del juego sería Tang Mo. Antes de eso, sin importar en qué casillas estuvieran Bai Ruoyao o Lin Qian —incluso si ocupaban las casillas con libros—, mientras Tang Mo apagara la casilla del Mosaico al final, ellos no podrían completar el nivel. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 139: Oh, esta es la justicia del juego~”
Tang Mo no le hacía esas preguntas a Mosaico por simple curiosidad.
En primer lugar, las reglas eran claras: la niña no podía abandonar la cuadrícula del centro del tablero. En segundo lugar, su arma más peligrosa —el fósforo gigante— no estaba en sus manos. Sin él, no era rival para Tang Mo; apenas un jefe débil de la Torre Negra, «suprimible», como él pensaba. Y Tang Mo ya tenía experiencia negociando con criaturas así… el Señor Conejo era prueba de ello. No desperdiciaría la oportunidad de presionarla. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 138: ¿Quién diablos te crees?”
El aviso de la Torre Negra se desvaneció y, en el espacioso patio, una luz empezó a parpadear.
El resplandor creció, volviéndose más vivo y cegador, hasta formar veinte capas de luz azul… vacías.
Cuando Tang Mo volvió a abrir los ojos, vio que las cuadrículas ahora contenían veinte objetos flotando: piedras de colores aparentemente inútiles, un martillo, clavos largos, otros manchados de sangre… y un pequeño vestido rojo. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 137: Mosaico: ¡Me lo suplicaste!”
Una enorme mujer lobo, de dientes afilados y enfundada en un largo vestido negro, descargó el libro que llevaba en la mano contra una niña menuda. La pequeña, vestida de rojo y con dos coletas, se echó hacia atrás y, de la nada, sacó un fósforo gigante. Cuando el libro descendió, Mosaico alzó su fósforo para recibir el golpe. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 136: … ¿Supervivencia o loli? Ese es el problema”
La herida de Bai Ruoyao resultó ser peor de lo que Fu Wensheng había imaginado, por lo que pasaron cerca de un cuarto de hora en la cocina. El joven de rostro aniñado salió caminando mientras observaba con curiosidad su muñeca derecha, ahora envuelta en un vendaje. A decir verdad, la habilidad curativa del pequeño Fu era excelente, pero su técnica de vendaje era proporcionalmente inversa. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 135: ¡Eres una vaga y te niegas a leer, Mosaico!”
Un frío viento vespertino soplaba desde la distancia, alborotando el cabello del joven de rostro aniñado. Bai Ruoyao, con las manos en los bolsillos y una sonrisa extraña colgándo de los labios, aparentaba honestidad. Nadie imaginaría que acababa de decir que quería matar a Tang Mo. El exbibliotecario lo miró con frialdad.
Fu Wensheng sacó su pistola con rapidez, dispuesto a disparar al psicópata. Tang Mo y Fu Wenduo extendieron la mano al mismo tiempo para bloquear la boca del cañón.
El niño los miró, confundido. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 134: ¿Victor? Mo Tang”