Dama a Reina – Capítulo 94: Accediste a venir conmigo anoche

Traducido por Kiara Adsgar

Editado por Yusuke


—¿Estás despierta?

Al escuchar la voz que venía a su lado, Izu Ephreney se sobresaltó sorprendida. Era James.

—¿Señor? ¿Qué está pasando…? —preguntó con una expresión atónita.

—Oh querida. —Su expresión se volvió triste—. ¿Podría ser que no recuerdas nada de lo que paso anoche?

—¿Huh? Qué es lo que tú…

—Anoche, tú… —Él dudó antes de continuar—. ¿No accediste a venir conmigo anoche?

—Lo… ¿lo hice?

Izu se quedó sin palabras al escuchar eso por primera vez en toda su vida. ¿Ir con él? ¿Realmente lo hice? ¡Dios mío! Se sintió tan avergonzada que pensó que podía morir.

Sin embargo, no se detuvo allí. En medio de su vergüenza, notó que los dos estaban desnudos, y llegó a una sola conclusión. Izu cerró los ojos. Verse en tal estado le dio una pista de lo que sucedió anoche.

—Entonces anoche, tú y yo…

—Anoche me susurraste que no te dejará. Por favor abrazarme.

—¡YO…!

No había nada que pudiera hacer, ella estaba condenada. ¡Había desechado por completo la virtud femenina de la que la señora Anderson había enfatizado tanto antes de ir a la fiesta!

—¿Realmente hice eso? —dijo ella, como si estuviera a punto de llorar.

—Mi lady, si sigues preguntándome eso… —dijo James, molesto—. Parece que me estás acusando de violarte.

—No, no pensé eso de ti. Es solo que yo…

—Todo es mi culpa. No debería haberte dado ese cóctel anoche…

Cuando dijo esas palabras en un tono de odio a sí mismo y de rostro caído, Izu lo refutó apresuradamente.

—Oh no, señor. No es tu culpa.

—Pero si supiera que tendrías este tipo de reacción… entonces nunca… —dudó antes de terminar su oración—. Nunca me habría acostado contigo.

En otras palabras, ambos ya habían hecho algo que solo las parejas casadas tenían permitido hacer. Al darse cuenta de eso, Izu lo miró completamente perdida, su cerebro realmente había dejado de funcionar, ¿cómo iban a lidiar con la situación ahora?

—¿Hay algo que quieras que haga? —preguntó ella.

—Por supuesto no. ¿Cómo podría pedir algo después de haber hecho eso anoche con la hija de un marqués? No soy un gigoló o un hombre que venda sus servicios —dijo con frialdad, e Izu se encogió involuntariamente. No mucho después, sin embargo, la consoló con una voz amable.

—No se preocupe tanto, mi señora. Mantendré en secreto los acontecimientos de la noche anterior.

—¡Pero…!

—No puedo dejar que arruines tu futuro por una persona como yo. Anoche solo fue algo que paso solo por el calor del momento.

Izu estaba sorprendida de que él le restará tanta importancia.

—Por favor, olvídalo, mi señora. Sobre anoche y sobre mí —dijo James con firmeza, e Izu no pudo encontrar las palabras en respuesta. Él simplemente la miró antes de sonreír suavemente y plantar un beso suave en su frente.

—Me despediré para no avergonzarte más.

Con eso, se apresuró a ponerse la ropa. Izu se cubrió con la manta blanca y simplemente lo miró. Cuando finalmente terminó de ponerse toda su ropa, se volvió hacia ella.

—No necesita asumir la responsabilidad de esto, ni debe preocuparse por ello.

—Señor…

—Sólo conservaré estos hermosos recuerdos. Tus besos, tu toque y tu aliento… todos ellos.

Una ola de vergüenza se apoderó de Izu, dejándola sin palabras. James la miró brevemente antes de levantarse sin darle una segunda mirada. Izu, que ahora estaba solo, se sentó en el lugar con una expresión vacía durante mucho tiempo.

 ♦ ♦ ♦

—Y luego me di cuenta que estaba embarazada.

La expresión de la duquesa Ephreney era grave cuando los recuerdos llegaron a su mente. Increíblemente, quedó embarazada y no tuvo más remedio que organizar una boda con aquel hombre. La nobleza estaba en un frenesí de chismes al enterarse de la abrupta boda, incluso hablando de cómo quedó embarazada antes de casarse. Y como era cierto, la duquesa Ephreney no pudo asistir a ninguna reunión social durante bastante tiempo debido a su vergüenza.

En cualquier caso, ella había deseado ir con él, lo eligió, y por eso creía que se había acostado con él. Como él también la deseaba, ella cayó en la tentación. El bebé que estaba dentro de ella era fruto de su amor, por supuesto. Con esos pensamientos, toda su angustia desapareció.

El bebé era un niño y estaba destinado a hacerse cargo de la casa Ephreney. Cuando el padre de Izu falleció, Izu Ephreney, como su única hija, se hizo cargo de la finca con su esposo, James Hedwig. James tiró su apellido a favor del título de Ephreney. Y hasta ahora, ella vivió una buena vida. Por supuesto, hubo un momento en que su esposo tomó una amante, pero ella vivió una buena vida porque era la duquesa Ephreney y se quedó callada.

Sin embargo, con una sola carta cuyo remitente era desconocido, toda la autoestima y la legitimidad que mantuvo durante los últimos veinte años se desmoronaron al instante. No durmió con él porque así lo quería, simplemente él la había usado. Fue violación, no amor. Fue un incidente inventado, no un destino. La duquesa Ephreney dejó escapar una risa quebradiza al darse cuenta de todo esto. Las últimas palabras de la carta decían esto:

Ella era bastante tonta. En aquel entonces, ella era sin duda la más pura, hermosa y joven. Pero ahora, ella no es ninguna de esas cosas. Entonces, por supuesto, el duque elegiría a alguien más.

Enfurecida, la duquesa Ephreney arrugó la carta. Sin embargo, ni quemó la carta ni la rasgó en pedazos. Más bien, puso una sonrisa aterradora mientras colocaba todas las cartas en su caja fuerte secreta. Podrían ser útiles en el futuro.

No, las usaría para divorciarse de su esposo de inmediato. Un matrimonio provocado por una violación no era válido. La duquesa Ephreney puso una extraña sonrisa. Después de darse cuenta de que todo en lo que creía era una mera fantasía, lo había perdido todo en cuestión de días.

Cuando abrió la puerta, fue recibida por el aire fresco de la tarde. Sin dudar, se dirigió hacia la habitación de su esposo y entró. El duque se sorprendió con su entrada no anunciada.

Esta será la última vez que vea ese rostro en esta casa, pensó la duquesa Ephreney mientras sonreía fríamente.

—Vamos a divorciarnos, mi señor.

—¿Duquesa…?

—El funeral terminó, así que sal de esta casa de inmediato.

—Duquesa, ¿qué estás di…?

—Me has engañado durante veinte años, ¿pero tienes la audacia de usar ese tono de voz conmigo? ¿Cómo si te estuviera traicionando?

—Izu, al menos déjame saber qué…

—Hace veinte años, cuando nos conocimos —dijo fríamente—. Me violaste, ¿no? Después de que me diste un cóctel adulterado con afrodisiaco.

—Duquesa, ¿qué estás diciendo? ¿Dónde escuchaste a esa tontería?

—¿Realmente preguntas porque no lo sabes?

La duquesa dejó caer todas las pretensiones educadas hacia el duque. El hombre que estaba frente a ella era el padre de su hijo muerto, y él no era su esposo, sino su violador.

—Tan pronto como termine el período de duelo, ¡vete! Un embarazo por violación nunca puede validar la transferencia de los derechos familiares. Una vez que presente la evidencia, nuestro matrimonio será anulado, ¡así que vete! —gritó ella, hirviendo de furia.

—¡¿De qué demonios estás hablando?! —El duque le gritó.

—¡Bastardo desvergonzado! Cuando me divorcie de ti, ya no podrás quedarte en la propiedad Ephreney. ¡No es como si estuvieras relacionado por sangre!

Los ojos de la duquesa Ephreney estaban llenos de rabia e ira. En voz alta, llamó al mayordomo y le dio una orden.

—Expulse de inmediato a esa mujer y su hijo que viven en el segundo piso de esta casa. Y presenta los documentos de divorcio al amanecer. James Newton Le Hedwig ya no es el jefe de la familia Ephreney.

—Sí, mi señora —dijo el mayordomo obedientemente.

—Duquesa, pero ¿qué estás haciendo?

—¡Trae a esa mujer y niño aquí ahora mismo!

La duquesa Ephreney no escuchó ni una palabra de la boca de ese hombre. En caso de que intentara algo, ella ordenó a los criados que lo mantuvieran bajo estricta vigilancia, antes de mirar fríamente a Jaenory, que acababa de ser arrastrada a la habitación por los otros criados de la casa.

—¿Cuál es el significado de esto, hermana? —sollozó Jaenory  en los brazos de los sirvientes.

—¿A quién llamas “hermana”, perra? Soy la única hija del marqués Ephreney. Nunca he tenido una hermana como tú. —La duquesa Ephreney se burló mientras miraba incrédula a Jaenory—. El jefe de esta casa ya no es James. Soy la única representante de la familia Ephreney, así que sal de esta casa con ese hombre.

—¿Qué?

—Y tu hijo tampoco tiene una gota de sangre de Ephreney, ¿verdad? Sería muy diferente si yo fuera su madre, pero no lo soy.

—Duquesa, ¿dónde esperas que vayamos en medio de la noche?

—Eso no es de mi incumbencia. Tíralos ahora mismo.

—Por favor, duquesa, ten piedad… —declaró Jaenory.

—¿No son suficientes 4 años de misericordia? —Con una burla, la duquesa regresó a su habitación.

Jaenory estaba en problemas. ¡¿Qué es esta ira repentina que pareció salir de la nada?! el pequeños niño que tenía en sus brazos gritaba ruidosamente. Sin embargo, los sirvientes de la casa no simpatizaban con la moribunda Jaenory. Tal vez la única persona que sintió lástima fue la niñera de Jacob, pero eso fue simplemente para el niño pequeño, no para la madre.

En cualquier caso, los sirvientes cumplieron fielmente las órdenes de la duquesa. Jaenory y su hijo fueron expulsados. Con las manos vacías.

 ♦ ♦ ♦

—¿La señora Jaenory fue expulsada?

La noticia llegó a oídos de Petronilla rápidamente. La criada que le informó asintió con la cabeza.

—Los vi mientras me dirigía a la carnicería. A juzgar por su ropa irregular y su apariencia, parece que han sido expulsados ​​de la casa.

—Santo cielo. —Petronilla chasqueó la lengua.

La criada continuó.

—Se veían tan lamentables que les di algunas monedas. Aunque la mujer se ofendió inicialmente por el gesto, los recogió. Probablemente se dio cuenta de que necesitaba comer para sobrevivir.

—Aparte de eso, parece que algo sucedió en la finca Ephreney. El duque Ephreney no permitiría que algo así sucediera de la noche a la mañana —indicó Petronilla.

—De hecho, algo parecía haber sucedido, pero no lo sé.

—Preguntaré mañana. Ya es demasiado tarde para visitarla. —Con esas palabras, Petronilla comenzó de repente, como si recordara algo—. Ahora que lo pienso, mañana es el juicio.

—¿De la marquesa Ethylaine?

—Sí. Es mañana por la tarde.

—Ella recibirá un castigo, ¿verdad?

—Es muy probable. —La voz de Petronilla bajó a un murmullo—. Lo que más me pregunto es si, ¿tratará de hacer algo para escapar…?

—Aun si lo intentara, es muy difícil para ella ahora, ha cometido un delito grave.

—Es verdad.

Pero una mujer astuta como ella no se rendiría hasta el final. Petronilla esperaba que el juicio transcurriera sin problemas mañana.

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27 thoughts on “Dama a Reina – Capítulo 94: Accediste a venir conmigo anoche

  1. Karina Carcelen Viteri says:

    Bueno apesar de que me da pena el niño pudo ser peor , pudo acabar muerto por las acciones de su madre, que seguro tendra que regresar a ser prostituta para comer ya que su querido sino termina muerto , terminara en la miseria

  2. Xoxo says:

    Me encantó leerlo, el duque al fin tuvo su merecido… Pero sentí mucho pesar por el niño…
    Finalmente no tiene la culpa de nada.
    Gracias a todos los que trabajan duro en ésta novela.

    • CARMEN says:

      Ese viejo malvado, cómo se atreve a jugar con el corazón de una joven inocente. Espero que tenga su merecido, y que la duquesa apoye a Rizi, que le quite el título de hija a Rose 😏😏

  3. purah says:

    A pero que giro seee se está poniendo muy interesante me encanta como se están manejando las cosas seee
    Muchas gracias por el capítulo 🤩🤩🤩

  4. Alex says:

    Un apaluso para la duquesa!!!!. Hizo lo que debia hacer hace mucho tiempo!!!!.
    Quiero verte llorar maldito perro!!!!!!.
    Gracias por el capitulo!!!! Estuvo genial!!!

  5. LeCori says:

    Yo ya quiero ver que pasa jajajaja pobre de la señora… Pero bueno, al menos ahora se puede librar de esas cosas. Ahora sólo falta la Rose esa, ya quiero ver qué tontería hace.

  6. Osiosi says:

    Waaoo!! Igual me dió pena por el bebé , no tiene la culpa de nada, pero a veces uno termina pagando por los pecados de los padres u.u

    Me alegro por la duquesa…

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