Dama Caballero – Capítulo 18: Se ven increíblemente parecidos

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


Los días pasaron sin novedades. Elena planeaba dirigirse a la Ciudad Capital antes de la fecha del baile. Carlisle le había pedido que viniera rápido, y era natural para ella ir a donde él estaba. También temía que algo le sucediera en su ausencia.

Sin embargo, antes de que pudiera irse, había hecho los preparativos finales para asegurarse de que la familia funcionaría sin problemas sin ella. Le había llevado más tiempo de lo esperado arreglar el papeleo y coordinar a los empleados, debido a eso Elena no había podido irse a la cama hasta muy tarde en los últimos días.

Elena se frotó los ojos rígidos y se levantó de la cama. Se fue a dormir muy tarde la noche anterior, o en otras palabras, tan temprano que el sol ya estaba saliendo por la ventana. Tenía otro día ajetreado por delante y no tenía tiempo para retrasarse porque tenía que irse a la capital con Mirabelle lo antes posible.

Elena tocó el timbre de la mesa y Mary entró en la habitación.

—Mi señora, ¿está despierta?

—Sí. Me voy a bañar de inmediato, así que prepáralo.

—Sí, mi señora.

♦ ♦ ♦

Mary bañó suavemente a Elena con sus manos. anteriormente había estado pálida por el hecho de que Sophie había sido despedida, pero afortunadamente ella pronto volvió a la normalidad. Tal vez se culpó por lo que pasó. Fue una reacción muy diferente en comparación con el resentimiento que Sophie mostró contra ella hasta el final.

En cualquier caso, los rumores sobre Elena, que causaron un gran revuelo en la casa, se habían extinguido en los últimos días. Los rumores no ganaron mucha tracción en el exterior y, afortunadamente, no se extendieron a la alta sociedad; en cambio, terminaron en silencio.

Mary de repente recordó algo.

—Oh, mi señora. El Conde partió para la capital anoche. Dijo que surgió algo urgente.

—Entiendo.

Como jefe de la Cuarta Orden de los Caballeros, el conde Alphord pasó la mayor parte de su tiempo en una mansión de la capital. Esta vez, sin embargo, sus horarios se habían alineado y Elena y Mirabelle planeaban viajar junto a él a la capital. Sin embargo, parecía que algo urgente ya se había llevado a su padre. Sintió pena de haber perdido la oportunidad de estar con él, pero en su línea de trabajo no se pudo evitar.

Finalmente, terminó los preparativos de la mañana y se sentó inmediatamente en su escritorio para ponerse al día con su trabajo.

♦ ♦ ♦

Elena se sumergió en los documentos y tomó la comida en su oficina mientras el tiempo pasaba rápidamente. Sin embargo, no se sentía de esa manera, ya que se ejercitaba cada vez que tomaba un descanso.

En el momento en que la habitación estuvo en silencio, salvo por el rasguño de su pluma, hubo… un par de breves golpecitos en la puerta. Elena levantó la cabeza y miró hacia ella.

No había ninguna razón en particular para que alguien la molestara, por lo que tuvo una idea de quién era el visitante. Sin embargo, habló como si se tratara de un sirviente como precaución.

—Adelante.

Luego, la puerta se abrió con un leve crujido, y apareció a la vista el rostro del hombre que había estado esperando. Tenía el cabello azul oscuro y la piel blanca pálida. Es Kuhn.

—Bienvenido, sir Kasha. ¿Has averiguado lo que te pedí?

Elena ya no sentía curiosidad por saber cómo Kuhn se infiltró en el castillo, así que no lo cuestionó como había hecho antes.

—Sí. Por favor echa un vistazo.

Kuhn se acercó a Elena y le tendió su informe. Él no le preguntó por qué ella quería esta información. A Elena le gustó eso de Kuhn. Por supuesto, su capacidad para hacer el trabajo era lo que más le gustaba.

—Gracias por tu trabajo.

A juzgar por el grosor de la pila, había una gran cantidad de información contenida en estos documentos y ella ojeó rápidamente el contenido. Tomó nota del estado general de las cosas, pero se le saltaron algunos detalles importantes.

El informe de Kuhn decía que la persona más poderosa en el Imperio de Ruford era…

『La Emperatriz Ophelia』

Oh Dios mío…

Para Elena, esta fue una revelación completamente inesperada. En su vida anterior, tuvo poco interés en la política hasta que murió su familia. No tenía más remedio que leer detenidamente las partes sobre las que no tenía conocimiento previo.

La emperatriz Ophelia incrementó su poder mientras el emperador Sullivan estaba confinado en su cama. Fue ella la que hizo posible que el Imperio Ruford retuviera su fuerte agarre imperial.

La familia Anita. Una familia de conde orgullosa que había producido numerosos generales exitosos para el Imperio Ruford, y se había vuelto poderosa debido a la larga guerra.

Un detalle aún más sorprendente se escribió a continuación.

¿Qué? ¿Se clasifica a Paveluc bajo la fuerza de la Emperatriz?

Ella no pudo contener una risa sorprendida. Paveluc asesinó a la emperatriz Ophelia en el pasado, pero actualmente son aliados.

Nemoné
Hasta a mí me causó gracia #LaTraición #LaDecepción

Sin embargo, se dio cuenta de un detalle crucial aquí. Paveluc no estuvo en el poder desde el principio. Era un parásito de la emperatriz Ophelia y se hizo con el trono cuando la oportunidad estuvo frente a él.

Sus ojos comenzaron a acelerarse a medida que seguía leyendo. Había más detalles interesantes que no sabía antes. Si pudiera cuantificar el poder del imperio de Ruford por el número diez, entonces el emperador tenía tres, la emperatriz tenía cuatro y Paveluc era uno. Y los otros dos…

Era la familia Kraus. El nombre era reconocible por cualquiera, ya que cada alma en el imperio había comprado al menos un artículo con la insignia de Kraus. Era un negocio muy bien establecido. Debido a su presencia comercial, el Imperio Ruford, perpetuamente en guerra, se mantuvo a flote.

Si bien el reinado del emperador Sullivan había facilitado a todos vivir sus vidas, fue la familia Kraus la que hizo posible que la gente comprara bienes durante muchos años. A pesar de que su riqueza no podía ser ignorada, los Kraus eran comerciantes y tenían poco interés en los asuntos políticos del imperio.

La cabeza de Elena se giró de lado a lado mientras leía rápidamente.

Su objetivo era hacer del Príncipe Heredero Carlisle el Emperador. En este punto, los poderes del actual emperador Sullivan se entregarían a Carlisle, el siguiente en la fila al trono. Así que, la forma más fácil de controlar a la emperatriz Ophelia y Paveluc era obtener el apoyo de la familia Kraus.

Elena levantó la cabeza con satisfacción después de mirar la información que Kuhn le había traído. Nunca hubiera descubierto muchos de estos detalles si hubiera investigado sola. Ya sabía que el emperador Sullivan estaba mal de salud, y esta información secreta, que solo era conocida por algunos de los mejores nobles, también se incluyó en el informe, lo que aumentó la credibilidad de Kuhn.

—Bien hecho. Trajiste tanta información en tan poco tiempo.

A pesar de los raros elogios de Elena, Kuhn no mostró ningún signo de emoción.

Ella estaba familiarizada con su naturaleza tranquila y continuó.

— ¿El príncipe Carlisle sabe todo esto?

—Sí.

Elena se sintió complacida. Carlisle estaba mejor equipado de lo que esperaba.

Era muy probable que la gente tuviera razón en su vida pasada cuando afirmaban que si Carlisle no hubiera sido asesinado, Paveluc nunca se habría convertido en Emperador. Una vez más, se sintió afortunada de ser quien sostenía la mano de Carlisle.

Elena colocó los papeles cuidadosamente en su escritorio y continuó.

—Mantendré esta información y miraré el resto más tarde. Estoy seguro de que debes haber tenido dificultades para reunir todo esto, pero me gustaría pedirte una cosa más.

—Por favor.

—Quiero que averigües más sobre la familia Kraus.

Kuhn se detuvo por un momento antes de responder suavemente.

—Los investigaré si lo deseas, pero es difícil obtener información sobre los Kraus.

— ¿Es eso así? Entonces, por favor, averigua lo que puedas.

—Entiendo.

Elena sonrió débilmente ante la breve respuesta de Kuhn. Otro pensamiento vino a su mente.

—Es probable que sepas esto, pero me iré a la capital pronto. ¿Estarás cerca?

—Sí. Protegerte es mi deber más importante.

—Entonces, por favor, trae información sobre Kraus incluso cuando estemos en movimiento, tan pronto como puedas.

—Sí, mi señora. ¿Tiene más instrucciones?

Estaba a punto de asentir con la cabeza cuando, en ese momento, alguien llamó a la puerta. Elena y Kuhn se giraron para enfrentar el sonido al mismo tiempo.

— ¿Puedo entrar por un momento, hermana? —La voz de Mirabelle se oía desde fuera.

Elena y Kuhn giraron automáticamente hacia la puerta, luego se volvieron para mirarse. Ella tenía que resolver esto, rápidamente.

—Por favor, espera un minuto Mirabelle.

Ella se sentía preocupada. El castillo Blaise estaba lleno de caballeros, y mientras Mirabelle estuviera afuera, a Kuhn le resultaría difícil escapar.

Kuhn señaló silenciosamente la ventana de la habitación. Ella lo miró sin saber a qué se refería, pero pronto se hizo evidente cuando sacó una cuerda del interior de su chaqueta.

—Ah…

Antes de que Elena pudiera decir algo, Kuhn aseguró la cuerda a la ventana y saltó sin miedo. Asustada, Elena corrió hacia él.

Mirabelle, impaciente, abrió la puerta y asomó la cabeza.

— ¿Qué estás haciendo? ¿Estás ocupada?

—Oh, no. Entra.

Con el permiso de Elena, Mirabelle abrió completamente la puerta y entró en la habitación.

Elena miró hacia atrás con preocupación, pero Kuhn ya había llegado al suelo y la observó con una expresión de indiferencia. Cuando sus ojos se encontraron en el aire, Kuhn inclinó la cabeza como de costumbre, luego se dio la vuelta y se alejó casualmente.

Elena no pudo evitar reírse.

Realmente es una persona impredecible.

En cierto modo, Kuhn era incluso más protector de su identidad que Elena. Mirabelle se acercó a ella, mirando por la ventana.

— ¿Está pasando algo ahí fuera?

Siguiendo la mirada de Elena, los ojos verde oscuro de Mirabelle reflejaron la imagen de la figura de Kuhn. Mirabelle señaló al hombre con el dedo.

— ¡Oh! Hermana, mira a ese hombre.

Elena respondió con cautela, mirando la cuerda que aún permanecía sujeta a la ventana.

— ¿Qué hay con él?

—Su cabello es del mismo color que mi osito de peluche.

—Oh, ya veo.

Elena asintió, recordando el juguete de Mirabelle. Estaba hecho con un material aterciopelado de un color negro azulado único, y era aún más precioso porque su madre fallecida se lo dio a Mirabelle cuando nació. Cuando era joven, no podía dormir sin eso.

—Son increíblemente parecidos.

Elena y Mirabelle observaron cómo la figura de Kuhn desaparecía gradualmente.

Sin embargo, Elena pronto se puso nerviosa por la cuerda conectada a la ventana, por lo que rápidamente desvió la atención.

—Pero, ¿qué te trae por aquí?

—Oh, solo quería preguntar qué vas a empacar cuando vayamos a la capital…

Mirabelle habló, pero no podía apartar la vista de la espalda de Kuhn tan fácilmente. Pensó que si su oso estuviera vivo, él se vería exactamente así.

 

Kiara
No se ustedes pero en mi mente ya son pareja.

♦ ♦ ♦

—Manténganse a salvo.

La actitud, normalmente rígida de Derek, fue reemplazada por una expresión preocupada cuando se despedía. En la entrada del castillo, Derek, el mayordomo Northman y todos los demás sirvientes, vinieron a despedir a Elena y Mirabelle cuando se iban a la capital.

—Volveremos con buena salud, así que no te preocupes.

Habló de manera tranquilizadora con Derek, aunque él agregó más de unos pocos caballeros a su grupo. Luego se volvió para dirigirse al Northman, que estaba de pie junto a su hermano.

—Cuida la casa mientras estoy lejos.

—Por favor, siéntase a gusto. Gracias a su atención, estará en buena forma, incluso si no está aquí.

—Entonces me alegro. Si algo sucede, por favor envíeme una carta.

Mirabelle tiró de la mano de Elena mientras su despedida se hacía más y más larga.

—Es suficiente. A esta velocidad, estaremos aquí por días. Además, nuestro hermano se ve demasiado preocupado.

—Todavía…

—Vamos. ¡Te traeremos un regalo cuando regresemos!

Mirabelle condujo a Elena al carruaje e inmediatamente saludó a Derek, que estaba allí de pie, y él asintió brevemente.

—Deberíamos partir antes de que oscurezca.

Mirabelle habló con impaciencia a los cocheros.

— ¿Oyeron eso? Vámonos.

—Sí, señorita.

El cochero tiró las riendas y el carruaje comenzó a avanzar lentamente. Mirabelle agitó su mano hasta que Derek estuvo fuera de vista, y Elena reemplazó su último saludo con una leve inclinación de cabeza.

A medida que los caballos ganaron un poco más de velocidad, también lo hizo el hermoso paisaje que pasaba fuera de la ventana del carro. Mirabelle, que rara vez dejaba el castillo de Blaise, miró expectante por la ventana y murmuró para sí misma.

—Tengo muchas ganas de viajar lejos contigo, hermana.

Elena había estado trabajando sola para salvar a Carlisle, pero ahora también estaba encantada de tener a Mirabelle con ella.

—Estoy seguro de que será agradable. Vamos a pasar un buen rato juntas.

Ella sonrió satisfecha, ignorante de lo que les esperaba en la capital.


Kiara
Cada vez más emocionante, estoy super ansiosa de ver a Carlisle otra vez, nos leemos en el proximo

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