Dama Caballero – Capítulo 31: Esto es lo que soy

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


—Haa, haa.

Las respiraciones irregulares de Elena se filtraban a través de su casco. Había más hombres de los que esperaba y era difícil capturar a unos pocos, en lugar de matarlos a todos indiscriminadamente.

Hubiera sido imposible si esta fuera su primera vez en combate en esta vida, pero debido a su entrenamiento, luchó mejor que antes. Poco a poco se fue acercando a sus antiguas habilidades, pero aún quedaba un largo camino por recorrer hasta que alcanzara su máximo potencial.

Ató a los culpables inconscientes con una cuerda y luego se dirigió rápidamente hacia el puente. Los cautivos serían interrogados, pero primero tenía que quitar los explosivos de cada muelle antes de que pudieran ser manipulados.

Elena volvió a la cubierta y sus ojos se dirigieron al lugar del festival, donde vio a Carlisle bajar luego de intercambiar algunas bromas en el podio. Afortunadamente, no parecía demasiado tarde.

Los ojos de Elena estaban fijos en Carlisle mientras corría en su dirección, cuando sus ojos se encontraron en el aire, él caminó aún más rápido hacia ella.

— ¿Qué has estado haciendo…?

Carlisle se detuvo. Su frente de repente se arrugó.

— ¿Por qué huelo sangre?

Elena no pudo evitar sorprenderse ante sus agudos sentidos. Se había lavado la mayor cantidad de sangre posible en el río.

—Su Alteza, yo…

El momento en que Elena comenzó a hablar, la mano de Carlisle agarró su muñeca mientras la miraba de arriba abajo. Sus ojos eran terriblemente agudos, como una bestia observando a su presa. Al principio, no entendía lo que él estaba haciendo, pero luego notó que le estaba buscando heridas.

—No es mi sangre.

Solo después de eso, la temible energía de Carlisle disminuyó un poco. Sin embargo, su tono se volvió peligrosamente bajo.

—Entonces, ¿de quién es esta sangre? Te perdí en alguna parte. ¿De dónde diablos volviste?

—Yo… —Elena intentó explicárselo, pero Carlisle la interrumpió de nuevo.

— ¿Estás segura de que no estás herida?

Aunque Elena podía decir que él estaba tratando de suprimir la irritación en su voz, la emoción detrás de ella parecía genuina. Tal vez realmente estaba preocupado. Lo que ella hizo o por qué estaba ensangrentada no parecía importarle a él antes de su seguridad. Él le habría quitado el casco y la habría revisado si hubiera podido.

Elena se quedó en silencio por un momento ante su comportamiento, luego rápidamente recuperó sus sentidos.

—No estoy herida, así que no te preocupes. Tengo algo más importante que decir primero.

— ¿Qué es?

Ante su mirada de desaprobación, Elena le susurró con urgencia.

—Encontré algunos hombres tratando de derribar el Puente de las Flores. Hay explosivos debajo, así que necesitamos deshacernos de eso inmediatamente. También capturé a algunos de los hombres y los até, así que si pudieras interrogarlos…

Carlisle se alejó de Elena después de escucharla atentamente. Entonces, Zenard llegó en el momento justo, y Carlisle le dio algunas órdenes.

—Si vas por debajo del puente, encontrarás algunos cautivos. Quita los explosivos que se han colocado en el puente e interroga a los hombres y descubre quién los envió.

— ¿Qué? ¡Sí, Su Alteza!

Zenard estaba sorprendido, pero como un sirviente obediente, sus ojos brillaron al cambiar rápidamente su actitud y cumplir las órdenes. Elena lo vio salir del recinto del festival.

Carlisle comenzó a arrastrar a alguna parte a Elena por la muñeca. Ella no podía sentir su agarre por la armadura, pero sus nudillos estaban blancos.

Mientras se alejaban, un noble corrió hacia Carlisle.

— ¡Su Alteza! ¿A dónde va? Debe disfrutar de la noche del festival. Hay personas a las que me gustaría presentarle…

—Aléjate de mi camino.

— ¿Qué?

La cara del hombre perdió todo color. Había un aura terrible emanando del Príncipe.

Carlisle continuó arrastrando a Elena hacia un área aislada del festival donde no se veían la luces, dejando atrás al noble. El hombre no fue el único sorprendido. Incluso Elena se sorprendió bajo su casco de metal.

—Su Alteza, ¿qué está haciendo? Si tratas a otros nobles de esa manera…

— ¿Por qué no?

— Ellos dirán cosas terribles sobre ti.

— ¿Tengo que preocuparme por eso?

—Pero…

Carlisle se giró hacia Elena y la observó con sus ojos azules fríos como el hielo.

—Debes haber olvidado quién soy yo.

Elena inclinó la cabeza, incapaz de entender su significado. Volvió a girar la cara y continuó con voz ronca.

—No hay nada que no pueda hacer en este imperio.

Era el colmo de la arrogancia. 

Sin embargo, Elena conocía a Carlisle. Él no estaba equivocado. Era el siguiente en la fila para convertirse en emperador, y no encontrarse cara a cara con un solo noble no era importante. No obstante, ella esperaba que construyera apoyo político externo. No quería imaginar qué pasaría si él no le gustara a los nobles.

Pronto llegaron fuera del área de celebración, más allá de la vista de todos los demás. Para Elena ya era un lugar familiar, ya que lo había estado investigando.

Carlisle se detuvo y lentamente se volvió hacia Elena. Podía ver sus ojos brillando de ira en la oscuridad.

¿Pero por qué?

Nemoné
¿Pero por qué? x2

Elena no podía entender la razón por la que estaba molesto.

La voz de Carlisle se elevó mientras hablaba.

— ¿No prometiste que te quedarías a mi lado todo el tiempo?

—Sí. Con la condición de si era posible.

—Si quieres cumplir tu promesa, deberías haber acudido a mí en el momento en que percibiste el peligro.

—No podía hacer eso. El puente iba a colapsar cuando todos los explosivos fueran instalados. ¡Entonces la gente en el puente y Su Alteza habrían…!

Carlisle la interrumpió.

— ¿Y si te lastimaban?

Elena se puso rígida. Carlisle tenía razón en que la situación era peligrosa. Pero Elena confiaba en poder detenerlos. Había estado arriesgando su vida con frecuencia en el pasado, y en esta vida no sería diferente desde el momento en que prometió protegerlo. Pero todo lo que Carlisle señalaba era el peligro.

—Eres lo suficiente inteligente como para amenazarme al pedirme que renuncie a mi matrimonio contractual.

— ¿Eh?

—Si te hubieran lastimado, entenderías porque estoy enfadado.

Elena hizo una pausa. No lo había considerado tanto, pero para ser justos, no tenía mucho tiempo para pensar en eso cuando estaba ocupada salvando a Carlisle.

—Entiendo lo que dices. Pero si no los hubiera detenido, tu vida podría haber estado en peligro. ¿La gratitud no debería ser lo primero en una situación como esta?

—Existía la posibilidad de que muera, pero solo porque un puente se derrumbe no significa que sea una garantía.

Algo amargo surgió en su pecho. Ella nunca imaginó que estaría tan molesto como para no ofrecer siquiera una simple palabra de gratitud. Nunca haría un comentario semejante contra alguien que le salvó la vida, sin importar lo preocupada que estuviera.

—Sí, incluso si sobrevivieras, las innumerables personas en el puente…

—Debes pensar en ti antes de preocuparte por las innumerables personas en el puente.

— ¿Qué?

—Te lo dije, si te lastimas, podría perder la cabeza…

Su mirada se volvió pesada y ardió como la luz del día en la oscuridad. Su intensa mirada se fijó exactamente en Elena.

— ¿Has pensado en lo que haría con ellos si te lesionas? Podría arrancarles las extremidades para que parecieran muertos, pero aún estarían vivos.

Nemoné
Cálmate por favor

Elena se quedó momentáneamente sin palabras.

Él era serio. Su voz tranquila pronunció tales palabras crueles sin dudarlo.

—Entonces si mueres… ¿qué crees que haré?

Si la lesión por sí sola pudiera llevarlo a este terrible estado, ella no podía imaginar qué haría él más allá de eso si moría. Carlisle continuó en voz baja.

—El Imperio de Ruford quiere impedir que me convierta en emperador.

¿Por qué? ¿Qué demonios iba a hacer? 

Elena no pudo mantenerse al tanto de cómo Carlisle mencionó tan fácilmente estas horripilantes historias. Sabía que él estaba preocupado por ella, pero esto era más que racional. Pudo haber sido culpa de Elena por haberse ido de su lado sin una explicación adecuada, pero el contrato ya le había permitido actuar como caballero.

Ahora, la misión de Elena era cambiar su terrible futuro. La vida de su familia estaba sobre sus hombros. No importaba lo mucho que Carlisle lo odiara, ella lo defendería y lo haría emperador.

Elena respondió con voz tranquila.

—Caril… Quiero ser emperatriz, y es por eso que hice un matrimonio por contrato contigo. Pero eso no significa que seré una muñeca esperándote dentro de un palacio resplandeciente.

Ella lo llamó por su apodo para calmar el ambiente y, convencerle de que le permitiera mantener su contrato, tanto como fuera posible.

Al parecer su corazón fue conmovido, los ojos ardientes de Carlisle parecieron suavizarse un poco.

—Hay algunas cosas que entiendo de Caril, y otras que no.

Pero el punto era…

—Esto es lo que soy.

Elena no era solo una mujer noble bonita con un vestido hermoso. También era un caballero vestido con una armadura que empuñaba una espada.

—Voy a usar esta armadura, quieras o no.

De repente, se escuchó un fuerte estallido proveniente de la dirección del festival. Quizás se acercaba el final de la celebración.

Una brisa se agitó y esparció pétalos rojos en el aire, que comenzaron a bailar como copos de nieve alrededor de Elena, mientras esta todavía se encontraba en su armadura negra. Los pétalos eran del mismo color que sus vivos ojos carmesí que brillaban debajo de su casco. La armadura dura y los pétalos rojos ciertamente eran una contradicción pero, en este momento, se adecuaban bien.

Una bella dama de día y una fría espadachina de noche.

—No trates de cambiarme.

Carlisle no respondió. Solo le dirigió una mirada complicada, pero ya no había rabia en sus ojos.

Los dos simplemente se miraron en silencio. El murmullo del río que fluía en la distancia era extrañamente cómodo. Si estas dos personas habían mantenido partes de sí mismas escondidas hasta el momento, era en esta ocasión que sus capas se habían expuesto un poco.

La mano de Carlisle todavía sostenía el brazo de Elena, y de repente tiró de su cuerpo hacia sí mismo.

Elena perdió momentáneamente su equilibrio por la fuerza y Carlisle abrazó su cabeza con la otra mano. Sus ojos se abrieron de par en par debajo del casco mientras él susurraba con fuerza en sus oídos:

—No te lastimes.

—No estoy herida.

Carlisle parecía haber olvidado que Elena no había sido herida durante la batalla. En lugar de un abrazo apropiado, él acunó su cabeza contra su pecho. Ella no podía sentir su toque debido a la armadura, pero quería salir de esta situación incómoda.

Cuando Elena trató de volver a su posición original, Carlisle apretó su agarre.

—Caril…

—Eres una mujer muy peligrosa. Me haces ser demasiado egoísta.

Elena quería preguntarle a qué se refería. Sin embargo, Carlisle volvió hablar con más resolución en su voz.

—No tendrás que cambiar así que, por favor, quédate un poco más de esta manera.

♦ ♦ ♦

—Eugh, ¿por qué el clima es así?

Helen desembarcó de su lujoso carruaje y se recogió el chal sobre los hombros.

El cochero, por su parte, se apartó de su asiento y le hizo una reverencia que fue suficiente para que una persona normal se destrozara la espalda.

—Mi señora, este es el clima de la capital.

—Me resfriaré antes de asistir al baile real.

Quien se encontraba detrás de la quejumbrosa Helen era Sophie, que había sido contratada y compensada generosamente por la familia Selby. Ella fue rápida para tratar de impresionar a Helen más que nadie.

—Señorita Helen, por favor entre. ¡Sería terrible si se resfría!

—Sí. Todos ustedes, tomen mi equipaje. Por Dios, espero que el frío no arruine mis hermosos vestidos.

Otra criada apareció a las instrucciones de Helen. Ella era Tilda, la que había destruido el vestido de Elena y había huido.

— ¡Sí, mi señora! —Tilda se apresuró a mover el equipaje con una expresión de pánico en su rostro.

Helen se dirigió a la mansión a un ritmo pausado, ya que los sirvientes estaban en una conmoción debido a ella. Cruzó el jardín desde donde se encontraba el carruaje, mirando alrededor y murmurando incómodamente.

—Ese viejo… No me consiguió una mansión bonita.

Era una mansión imponente con un gran jardín, a diferencia de la simple residencia Blaise. Pero, incluso eso no podía compararse con el castillo de Helen.

Helen vio al mayordomo correr hacia ella, habiendo recibido tardíamente la noticia de que había llegado a la mansión. Se habían retrasado mucho debido al largo viaje, y el mayordomo no había recibido la debida notificación.

—Oh cielos, mi señora, ¿ha llegado?

—Sí. Su recepción parece apresurada.

—Mis más sinceras disculpas.

El mayordomo dejó caer la cabeza y Helen se burló de él.

—He enviado a un hombre, pero no he sabido nada de él. Averigua qué está mal.

— ¡Sí, mi señora!

—Y envía a alguien para que averigüe si la Emperatriz puede recibir una audiencia.

—Sí, de inmediato.

Helen se deslizó por delante del mayordomo.

—No se limite a decir que lo hará. Dese prisa.

— ¡S-Sí! —El mayordomo se apresuró a llevar a cabo las tareas que ordenó.

Pronto el sonido urgente de sus pasos se desvaneció, y Helen entró serenamente en la mansión.

Ahora que el baile estaba cerca, había mucho trabajo por hacer. Afortunadamente, Tilda rasgó el vestido de baile de Elena, lo que hizo que no pudiera asistir. Sin embargo, eso no calmó su ira.

—Señorita Blaise, algunas cosas divertidas están por suceder.

La sonrisa de Helen brillaba cuando recordaba a Elena en la fiesta del té.

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