Un día me convertí en una princesa – Capítulo 76

Traducido por Den

Editado por Sakuya


En ese momento, había limpiado la cinta y me la regresó. Pero no la tenía porque Claude la había tirado inmediatamente después de que la recibiera. ¿Por eso él dijo que era basura? ¡Y pensar que Zenit lo recordó y me dio una nueva cinta para reemplazarla! Además, no era como si la hubiera comprado casualmente como dijo, ¡sino que había salido de casa para comprarla! Escuché su conversación ese día.

Simplemente debería presumir de haber comprado el regalo después de considerarlo mucho, pero ¿por qué lo decía como si estuviera asustada de que la rechazara…?

Me sentí mal por ella, y acepté el regalo antes de que pudiera hacer una expresión de decepción.

—Muchas gracias por el regalo.

Ante mis palabras, Zenit levantó la cabeza y pude ver el reflejo de mi rostro sonriente en sus ojos.

—Definitivamente la usaré en la próxima fiesta de té. Estoy deseando que llegue para poder llevar una cinta que la señorita Magrita eligió para mí.

Y su rostro se convirtió en el del lago; brillante y con gracia. Su sonrisa era preciosa.

—No hay nada más que pueda esperar.

♦ ♦ ♦

—Princesa, hizo una amiga —dijo Félix de camino al Palacio Esmeralda.

Lo miré de reojo y vi que estaba sonriendo alegremente como si fuera él y no yo quien hubiera hecho un nuevo amigo.

Una amiga… Una amiga.

Hice una expresión extraña ante la extraña palabra.

Y entonces, como si hubiera notado mi presencia, Blackie vino corriendo desde lejos meneando la cola.

—¡Ah, Blackie!

Hannah, que había tratado de alimentarlo, se dio por vencida y lo miró desde donde estaba.

—Blackie, ¿te estás divirtiendo?

—¡Ruff!

Solté todo y corrí a acariciar su esponjoso pelaje. ¿Por qué nuestro Blackie tenía que ser tan lindo? Aw. Es muy lindo. 

¡Oh no! ¡Hay otro mechón enredado en su pelaje! ¿Estos días ha hecho un clima seco?

—Por favor, princesa deme a Blackie y vaya a descansar adentro.

—¿No puedo alimentarlo?

—El mago dijo que no debería estar demasiado cerca de él… Yo le daré de comer.

¡También quería darle de comer! Waah.

Hice un puchero pensando en Lucas, quien me había dicho que me mantuviera alejada de Blackie.

¿Se lo dijo a Lilly a propósito porque sabía que no lo escucharía? Aparte de que Blackie crecía rápidamente, no había nada fuera de lo común con él.

—¡Ruff!

—¡Buen trabajo! Aquí tienes más, Blackie.

Hm. Pero Blackie era parte de mi magia. ¿Significaba eso que desaparecería cuando yo creciera y lo absorbiera? No quería que eso pasara…

Me dirigí hacia el Palacio Esmeralda pensando que algún día debería preguntarle a Lucas.

Y esa oportunidad llegó esa noche.

—Lucas, ¿hay una forma de que no absorba a Blackie?

—Seguías diciendo que te convertirías en una gran maga. ¿Por qué preguntas eso? ¿Ya no quieres usar magia? —me respondió mientras comía frutos secos.

Waah. Decirlo de esa forma duele. 

—No es eso, pero Blackie desaparecerá si lo absorbo.

Si eso iba a suceder, preferiría renunciar a mis sueños de ser una gran maga. No sabía precisamente lo que significaba absorber a Blackie, ¡pero pensar en que desaparecería…!

—Olvídalo. Ni siquiera es un ser vivo; solo está hecho de magia —respondió despreocupadamente mientras se estiraba cómodamente en el sofá.

Me miró con ojos inexpresivos. Eran los ojos que me recordaban que no era un humano hecho de carne y hueso como todos los demás.

—Parece que estás confundida porque estás tratando a una criatura mágica como si fuera tu cachorro, pero no está vivo. Sólo existe.

Lo observé en silencio y agarré lo que había cerca de mí.

—Así que no le des demasiado afecto. Solo será algo que ni siquiera dejará huesos…

El cojín que dejó mi mano, voló hacia su cara. Pero él inclinó ligeramente la cabeza y evitó el rango de ataque.

—Ni siquiera iba a doler tanto, ¿por qué lo esquivaste?

Lucas permaneció en su posición ligeramente encorvada mientras me miraba. Pude sentir sus ojos rojos escudriñando mi rostro.

Pero lo ignoré y me levanté para coger el cojín que solía estirar. Éste estaba tirado en el suelo después de que Lucas lo esquivara.

—¿Estás enfadada? —dijo cuando me incliné para recogerlo.

No dije nada.

—Estás enfadada.

—Muévete.

—Sé por qué estás enfadada. Pero no dije nada malo —dijo con frialdad, sujetando el extremo del cojín que acababa de recoger.

Me enfadé con sus palabras. —¡Bien, eres el mejor! ¡Lo sabes todo! ¡Eres el todopoderoso Lucas!

Tiré del cojín y se lo arrebaté de las manos. Luego levanté mi brazo hacia él.

—Soy estúpida por preocuparme por un puñado de magia que podría desaparecer en cualquier momento, pero ¿eso qué tiene de malo?

Lucas frunció el ceño mientras seguía golpeándolo con el cojín, pero esta vez no lo esquivaba. Sí, ¿y qué? Probablemente ni siquiera le dolía tanto.

—Sí. Puede que tengas razón. Pero ¿te dolería decirlo amablemente? ¡Siempre dices las cosas con rudeza! ¿Hm? ¿Eso es lo mejor que puedes hacer?

Seguí golpeándolo con el cojín. Me detuve cuando estuve cansada.

—¿Has terminado?

—¡No!

Le tiré el cojín en la cara una vez más. Fue lo que no pude hacer antes.

Frunció el ceño cuando se lo volví a lanzar. ¿Por qué? ¿Qué me vas a hacer?

Solté un bufido, recogí el cojín que le arrojé y volví a donde estaba sentada.

—¡Ack!

¡Pero este tipo me puso la zancadilla! Me tambaleé y apenas logré aterrizar en el sofá con ayuda.

—Deberías tener cuidado. ¿Por qué tropezaste con la pierna de alguien?

E-Este tipo… ¿Esto fue venganza? ¿Estaba siendo así solo porque lo golpeé con una almohada un par de veces? Y ¿por qué me agarró del brazo al final?

Lo fulminé con la mirada con mi cabello despeinado.

—Ven aquí —me llamó, chasqueando la lengua.

¿Pero este tipo que quiere de nuevo? ¿Soy su perro para ir cuando él me llama? 

—Entonces ven tú aquí.

Había menos de un metro de distancia entre nosotros, por lo que en realidad era una situación divertida si lo pensabas.

Al final suspiró como si yo estuviera exagerando. Me tendió la mano primero.

—Fea.

¿Estaba tratando de enfadarme de nuevo?

Cuando estaba a punto de ponerme violenta otra vez, presionó su frente contra mi cabeza.

—Ni siquiera puedo dejarlo estar.

—¿Alguien te pidió que lo arreglaras?

Sabía que Lucas se me acercó para limpiar mi magia de nuevo. Pero, aun así, me quejé, ya que estaba enfadada con él.

—Aunque me supliques que lo arregle ahora, no puedo.

En ese momento, inconscientemente contuve la respiración.

—Me iré por un tiempo —me dijo con una expresión tranquila.

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