Un día me convertí en una princesa – Capítulo 81

Traducido por Den

Editado por Sakuya


Claude se despertó después de 15 días. Ante la extraordinaria noticia, el palacio entró en caos. No revelaron que estuvo a punto de morir, pero no pudieron ocultar que estaba herido.

Además, el hecho de que se había lastimado protegiendo a la única sucesora del Imperio Obelia fue suficiente para influir en el estado de las cosas.

Debido a que había muchas damas en la fiesta de té, fue difícil encubrirlo. Pero Claude parecía completamente bien después de quince días, por lo que todos lo habían olvidado.

—¿Princesa, por qué está despierta?

No podía asimilar todo lo que había sucedido.

—¿No le dije que no puede salir?

¡Ups, me atrapó! 

Me quedé paralizada, sorprendida con las manos en la masa por Lilly.

M-Mierda. ¡Pensé que podría escapar hoy porque no había nadie! Pero Lilly abrió la puerta cuando estaba a punto de girar el pomo.

Me miró con un rostro serio.

—Dije que necesita descansar. Ahora, vuelva a la cama.

—¿Y papá?

Ni siquiera podía comprobarlo por mí misma, así que alguien necesitaba decirme qué estaba pasando.

Pero Lilly apretó los labios con fuerza ante mi pregunta. No podía saber qué estaba pensando. No obstante, le preguntaba frecuentemente por Claude, así que pudo ocultar rápidamente su rostro preocupado.

—Su Majestad también está descansado. Vamos, debe descansar para que pueda sentirse mejor pronto.

Y siempre me respondía lo mismo. La probabilidad de que cambiara su respuesta era mínima.

—Le traeré té caliente pronto. Si tiene frío, dígamelo.

—Está bien.

Antes de irse, se aseguró de que estuviera cómoda y caliente en la cama. Después de que colapsara en la fiesta de té, Lilly se volvió más sobreprotectora conmigo. Por supuesto, escuché que estaba en una condición bastante crítica en ese momento. Pero, aun así, no era justo que me envolviera dentro de mis sábanas como un capullo y no me dejara salir de mi habitación.

Ya ni siquiera me dolía tanto. Además, Claude estaba peor que yo…

Tiré de la manta hasta mi nariz.

No lo había visto en una semana. Y no importaba cuánto tratara de verlo, Lilly y Félix me detenían.

Sabía por qué lo hacían. Recordé el evento de hace una semana.

♦ ♦ ♦

—¿Quién eres?

Cuando escuché aquello por primera vez, sospeché de mis oídos.

¿Qué acaba de decir? ¿Escuché mal? 

Pero mientras pensaba eso, me quedé de pie sin comprender. Porque los ojos de Claude me miraban con frialdad.

—¿No pregunté quién eres? Tsk —Me volvió a preguntar y trató de levantarse. Pero gimió cuando estaba medio fuera de la cama. Por eso, me olvidé momentáneamente de lo que dijo.

—¡N-No, no puedes! No puedes levantarte así —Rápidamente lo agarré del brazo. ¡Estaba tratando de mover su cuerpo tan descuidadamente después de no haber comido nada todo este tiempo! ¡Y casi se muere esta vez!

Sus ojos se posaron en mi brazo y se estremecieron.

—¡Félix! —lo llamó.

¡Oh, claro! ¡Debería haber llamado a Félix y Lilly de inmediato! Y también al médico del palacio.

Afortunadamente, Claude parecía estar bien, pero también un tanto peligroso… Espera, ¿no acaba de preguntarme quién soy? 

—¿Su Majestad? —Félix apareció al instante, como siempre hacía cuando Claude lo llamaba. Abrió la puerta de golpe, con los ojos bien abiertos. Bueno, era de esperar que estuviera en shock, ya que estaba completamente deprimido desde que se desmayó. —¡Su Majestad! —corrió hacia él y lo abrazó con un rostro emocionado.

Ejem… En realidad, estaba de rodillas aferrándose al emperador como yo, pero… era bastante parecido… Además, parecía que se echaría a llorar en cualquier momento.

Lilly, que entró después de él, jadeó y se cubrió la boca.

—¡Oh, Dios mío! ¡Se ha despertado! ¡Qué alivio!

—¿Qué? Estás actuando como si me hubiera despertado después de diez años —Los miraba como si estuvieran locos. Félix le dirigió una mirada que parecía estar preguntando si realmente podía bromear sobre la situación actual. Sin embargo, tuve un mal presentimiento con todo esto.

—Pero tu cara está rara hoy. ¿Por qué envejeciste tanto de la noche a la mañana?

—¡No es justo! ¡Esto es por culpa de cierta persona! ¡Y no es “de la noche a la mañana”! Han pasado quince días desde que perdió el conocimiento.

—¿Qué? —Arrugó la frente ante sus palabras. Claude no sabía si estaba bromeando o sí se había vuelto loco.

Pero Félix hablaba en serio, y Lilly, que estaba detrás de él, asintió con la cabeza y con un rostro manchado de lágrimas.

Él era el único confundido.

En cambio, desde hace un momento yo lo había estado observando mientras contenía la respiración. Una ansiedad me subía por la espalda

Claude miró en silencio a Félix como si estuviera tratando de averiguar qué estaba pasando.

—Escucharé esa estupidez más tarde —Chasqueó la lengua y se volvió para mirarme—. ¿Quién dijo que estaba bien dejar entrar a otras personas en mi habitación? —Una voz fría penetró en el aire.

—Oh, lo lamento, no me di cuenta que eso era lo que quería —Félix pensó que Claude estaba molesto porque yo estaría preocupada al verlo en su condición actual. Pero sabía que no era eso a lo que se refería. Porque sus ojos me miraban con frialdad.

Inconscientemente solté su brazo y retrocedí.

—¿Qué eres? Si eres una asesina, ya te habrían matado.

Mi expresión ahora mismo probablemente era la misma que la suya hace un momento; como si no pudiera entender lo que estaba diciendo nadie.

—¿Quién fue? ¿Quién envió a una chica tan joven a mi habitación?

No era sólo yo quien no entendía lo que decía. Félix y Lilly lo miraban con los ojos abiertos como platos.

—¿Fue Monberk? ¿O el loco de Rachael? Sea quien sea, se han vuelto locos. Diles a esas basuras que vengan a decirme la verdad, entonces seré misericordioso y dejaré de lado la guillotina —Siguió hablando con amargura.

—Su Majestad, ¿de qué está hablando? —preguntó Félix, desconcertado.

—¿Me preguntas porque no lo sabes? Estoy hablando de la chica frente a mí —me señaló con la barbilla, sin dejar lugar a errores.

—¿E-Está hablando de la princesa?

—¿Princesa? ¿Princesa de dónde es para entrar tan temerariamente en mi habitación?

Todos, a excepción de Claude, nos congelamos.

—¿Crees que no podré matarla solo porque es la princesa de otro país? —me miraba como si fuera una extraña.

¿Quién eres? Sus palabras resonaron en mi cabeza.

—¿Su Majestad, podría ser que no reconoce a la princesa?

—¿Eres su doncella?

No era sólo a mí, sino que tampoco podía reconocer a Lilly. Su rostro se puso pálido por la sorpresa.

—¡Su Majestad, piense! ¡La princesa Athanasia es de su sangre! Debe estar confundido porque acaba de despertarse… —gritó Félix como si no pudiera creerlo.

—¿Te has vuelto loco, Félix? —Pero Claude solo lo miró como si se hubiera vuelto loco.

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