Un día me convertí en una princesa – Capítulo 94

Traducido por Den

Editado por Sakuya


—¿Sigues con esa broma?

Claude levantó la cabeza, frunciendo el ceño, mientras dejaba de estampar su sello en los documentos. Pero la persona que lo había estado molestando desde esta mañana continuó hablando.

—No es una broma. Ya lo he dicho muchas veces: la princesa Athanasia es la única hija de Su Maje…

—Félix, deja de poner a prueba mi paciencia —La fría voz lo detuvo.

Ya estaba atrasado en su trabajo, por lo que le dolía la cabeza. Sin embargo, Félix seguía diciendo tonterías. Además, su cuerpo ni siquiera estaba sano. Su caballero dijo que se debía a que estuvo involucrado en una explosión de mana, pero Claude se rió incrédulo por lo que declaró.

¿Se involucró en una explosión de mana? ¿Por qué? Podía controlar el suyo, así que eso significaba que fue a causa de la magia de otra persona. ¿En este pequeño palacio, había un mago que fuera lo suficientemente poderoso como para dejarlo inconsciente?

—Porque protegía a la princesa Athanasia del peligro.

Era difícil de creer y, aun así, Félix siguió hablando sobre la misma tontería.

—Rechazó mi ayuda y entró en la tormenta de mana para protegerla.

Era increíble como el hecho de que estuvo inconsciente durante catorce días.

¿Princesa? ¿Desde cuándo tenía una hija? ¿Y arriesgó su vida para salvarla?

—Félix, ¿te has vuelto loco?

Cuando escuchó eso por primera vez, estuvo verdaderamente preocupado por él. Su rostro era más maduro de lo que recordaba. Además, ¿qué había sucedido de la noche a la mañana para que dijera ese disparate? ¿Comió algo en mal estado?

No obstante, al seguir oyendo su solicitud, recordó a la chica que vio cuando se despertó por primera vez.

Sí. La niña que se había atrevido a llamarlo “papá”. Hubo muchas mujeres que se metieron en su cama porque querían ser la emperatriz, pero era la primera vez que alguien afirmaba ser su hija.

Ahora que lo pensaba, ella también tenía los ojos de la realeza.

—Creo que su memoria está confusa —dijo Félix con rostro serio, pero Claude no lo reconoció.

Ah. Entonces esa chica mala, o la persona que le ordenó hacerlo, usó magia negra.

No sabía quién era, más si era alguien que tenía a Félix así, definitivamente eran hábiles.

Así que esta es la razón por la que Félix parece haber envejecido diez años de la noche a la mañana. Era un efecto secundario de la magia negra.

Claude asintió con la cabeza después de comprenderlo finalmente.

La razón por la que él estaba diciendo que había perdido la memoria podría ser por culpa de esa chica. No había forma de que hubiera entrado en una tormenta de mana para salvarla. Incluso si estuviera de acuerdo en que ella era su hija, no había manera de que hubiera hecho eso.

De ninguna manera arriesgaría mi vida simplemente por mi hijo, a menos que estuviera completamente loco, ¿verdad?

Si era cierto, su padre se levantaría de su tumba y se reiría de él y no podría defenderse.

Era completamente inexplicable, así que Claude llegó a su propio entendimiento y se concentró en tratar su cuerpo. Debido a que era como un monstruo, no tardó mucho tiempo en recuperarse del todo.

Pero cuando comenzó a inspeccionar el imperio de nuevo, se dio cuenta de que lo que decía Félix, era de alguna manera, cierto.

No se trataba de la princesa Athanasia, sino del hecho de que había perdido sus recuerdos de los últimos nueve años.

Los asuntos en el imperio eran completamente diferentes a lo que recordaba. A medida que leía los documentos que Félix preparó, se volvió más claro.

En realidad, cuando Claude se miró al espejo, notó que su rostro y el de su amigo eran más maduros de lo que recordaba. Fue lo mismo cuando los médicos y los magos de la torre vinieron a verlo después de que vomitara sangre negra.

Ja. Entonces, ¿lo que Félix dijo era cierto?

Claude entrecerró los ojos mientras leía los documentos. Se había pasado toda la noche pensando en ello en su oficina, pero solo reconoció el hecho de que había perdido la memoria. Dejando todo de lado, no podía creer que tuviera una hija.

—Si vas a continuar con la misma tontería, ¿por qué no te sientas ahí y ayudas a organizar los documentos?

Claude ignoró lo que Félix decía y le dio montones de papeles. Entonces vio un extraño sofá. Era algo por lo que había estado sintiendo curiosidad, así que le preguntó a su caballero:

—¿Por qué hay un sofá ahí? Nadie se queda en la oficina.

A veces, cuando había asuntos urgentes, hacía pasar a las personas, pero siempre terminaba en una breve conversación.

Si necesitan sentarse y hablar, pueden usar la sala de conferencias. Además, el sofá parecía demasiado cómodo para utilizarlo durante las reuniones oficiales.

¿Estaba ahí porque a veces lo empleaba para descansar? Sin embargo, Claude recordó que no descansaba en su oficina, por lo que su presencia le resultaba sospechosa.

—Es el sofá que colocó aquí para que la princesa Athanasia no tenga que esperar cuando venga a verlo —respondió Félix, como si hubiera estado esperando su pregunta.

—¿Qué?

—Y lo ordenó especialmente por su suavidad.

Su respuesta fue tan increíble que se quedó sin palabras.

—Mire aquí. ¿Cree recordar algo? La princesa Athanasia a menudo se sentaba aquí y lo veía trabajar —Félix, emocionado, giró el sofá hacia Claude, y le instó a que intentara recordar algo.

Claude miró en silencio sus ojos desesperados y se rió incrédulo.

—Esa fue nueva.

—Lo diré de nuevo: no es una broma —El caballero levantó la voz como si estuviera frustrado. Parecía sincero, por lo que Claude frunció el ceño con amargura.

Pero tiene que tener algún sentido para mí, para al menos fingir que le creo.

—También lo diré de nuevo: no tengo el suficiente tiempo libre para escuchar tonterías. Ya que hay un lugar, siéntate y trabaja, y ni siquiera pienses en abrir la boca hasta que hayas acabado.

Sería más creíble si dijera que colocó el sofá ahí para que Félix pudiera descansar.

Claude se sujetó su adolorida cabeza y dejó de pensar en el mueble de su oficina. No obstante, seguía teniendo preguntas.

—¿Desde cuándo están esas cosas ahí?

—A la princesa Athanasia le gusta leer. Hace tres años, ordenó que se construyera una biblioteca para ella.

—¿Una biblioteca?

Sospechó de sus ojos, así que lo miró con seriedad.

—Para de bromear. Nunca di esas órdenes.

—Por supuesto. Ya que perdió la memoria.

Félix se atrevió a hacer una expresión de preocupación, como si estuviera mirando a un paciente. Claude frunció el ceño y se dirigió hacia el edificio que vio.

—Su Majestad ha venido.

—¡Bendiciones al sol de Obelia!

Los ojos de Claude brillaron con frialdad cuando vio a los guardias frente al edificio, que era más grande de lo que parecía de lejos. Estos se enderezaron al notarlo, e hicieron una reverencia.

—¿Qué están haciendo aquí? —Les preguntó con un mal presentimiento, porque nunca ordenó que construyeran esta edificación ni colocó guardias aquí. No le gustaba esta situación. Más aún por lo que dijo Félix. Además de que hablaron como si hubiera estado aquí antes.

No obstante, ante su voz baja, los caballeros palidecieron más de lo necesario y comenzaron a disculparse.

—¡Me disculpo, Su Majestad!

—¡Si cometimos un error durante nuestra vigilancia fue porque somos pocos!

—¡Reforzaremos nuestra seguridad!

—¡Daremos nuestras vidas para que cuando la princesa Athanasia venga no corra peligro!

Claude frunció el ceño y las arrugas de su frente se acentuaron más.

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