Herscherik – Vol. 2 – Capítulo 3 (2): Ryouko y Orán explorando la ciudad del castillo

Traducido por Shisai

Editado por Sakuya


Herscherik se abrió paso entre la multitud y logró llegar al centro del disturbio.

Recorrió la escena con la mirada y notó a una mujer joven atrapada por un hombre cuyo atuendo insinuaba que era un aristócrata acomodado. El hombre sostuvo una espada en su mano y la giró, amenazando a la multitud a su alrededor. Los ciudadanos comunes llevaban postes y azadas de madera, mientras que los mercenarios mezclados tenían espadas. Habían estado intentando rescatar a la mujer, pero ahora que la habían tomado como rehén, estaban perdidos.

—Dinero. ¡ENTREGUEN EL DINERO!

— ¡Sálvenme!

El rugido del hombre y el grito de la mujer avivaron la tensión en el aire.

No importa cómo lo mirase, el hombre no parecía estar en su sano juicio. Sus ojos estaban inyectados en sangre. Sus mejillas estaban hundidas. Escupió mucha saliva de su boca. Sus pasos eran inestables.

—Drogas… ¡las necesito! —El hombre gritó, balanceando salvajemente su espada larga.

—Oye, ¿por qué la gente de la Oficina de Patrulla todavía no está aquí?

— ¡Los estoy llamando!

Se escucharon las voces impacientes de dos hombres.

Herscherik mantuvo sus ojos en los dos frente a él, mientras escuchaba atentamente los murmullos de la multitud.

— ¿Drogas? ¡Pensar que había alguien que jugaría con tal cosa!

— ¡Probablemente pensó que era un afrodisíaco cuando lo tomó!

¿Drogas?

Mientras Herscherik se concentraba en esa conversación, le agarraron el hombro y lo apartaron.

— ¡No te vayas solo!

— ¡Orán!

Herscherik agarró la mano de Orán y señaló hacia el centro de la conmoción. En la dirección de su dedo, el hombre balanceaba su espada mientras usaba a la mujer como escudo.

— ¡Quiero salvarla! ¿¡Hay algo que podamos hacer!?

Orán examinó rápidamente la situación.

Había un hombre que se había vuelto loco y una mujer con los brazos hacía atrás, sostenida por ese tipo. En su mano tenía una espada larga. Una multitud de personas se reunió con esos dos en el centro, con hombres musculosos en esa multitud que esperaban una apertura.

—A este ritmo, ella estará en peligro.

Orán llegó a una conclusión similar a esos hombres. Si se acercaran demasiado o no fueran lo suficientemente hábiles, la mujer estaría en peligro.

—Si el hombre muestra la más mínima apertura, entonces… —Antes de que Oran pudiera terminar con “puedo manejar algo”, Herscherik asintió.

—Entendido.

Y antes de que Orán pudiera descubrir lo que Herscherik “entendió”, el pequeño se escapó por entre la multitud, apareciendo ante el loco aristocrático con una dulce sonrisa.

—Buen día, señor. Hoy hace buen tiempo.

Tanto el hombre como la multitud quedaron atónitos ante este saludo extremadamente fuera de lugar.

Algún miembro de la multitud había reconocido a Herscherik, cuando se escucharon gritos de — ¡Ryouko!

Sin embargo, Herscherik continuó sonriendo con la mirada fija en el hombre.

—Señor, ¿cuántos años tiene? ¿Qué hace? Yo ayudo en esa frutería.

Herscherik disparó temas completamente no relacionados en rápida sucesión.

Antes de que el hombre pudiera responder a ninguno de ellos, Herscherik lo interrumpió con otros temas: saludos de apertura, el precio de las verduras y las carnes, e incluso tonterías sobre el perro mascota de cierto hogar.

— ¡Este mocoso es molesto!

No obstante, el hombre se burló y balanceó su espada larga. El sonido del corte reverberó en el aire, pero como había mucha distancia entre él y Herscherik, ni siquiera estuvo cerca de tocar al príncipe. Pero eso no impidió que la mujer contenida y la multitud gritaran.

Ojalá hubiera estado un poco más sorprendido que eso.

Aunque su expresión facial permaneció sin cambios a pesar de los gritos a su alrededor, Herscherik sabía que no podía dejar que este estancamiento continuará.

Cuando volvió a mirar a la multitud, vio que Orán había comenzado a moverse hacia una posición en el punto ciego del hombre. Herscherik vio cómo su caballero había percibido sus intenciones y se había movido sin instrucciones explícitas, reafirmando al príncipe que este hombre era justo lo que esperaba. Sin embargo, podía decir que Orán aún no había terminado sus preparativos. Como tal, Herscherik no tuvo más remedio que pasar al Plan B.

—Señor, como puede ver, soy hija de un aristócrata. Soy más rica que esa mujer. Además, como soy una niña, sería mucho más fácil de cargar… ¿verdad?

Herscherik inclinó la cabeza de una manera linda, pero la multitud jadeó. Nunca habrían imaginado que un niño pequeño se ofrecería a sí mismo como reemplazo en esta situación.

El hombre reflexionó sobre la oferta de Herscherik por un momento. Un niño pequeño sería mucho más fácil de usar como rehén que una mujer adulta, y un aristócrata ciertamente le daría más dinero que un plebeyo. Podía ver que la ropa que Herscherik llevaba era de primera clase. Y el niño emitió una atmósfera bien educada, lo que significa que era un joven maestro de una familia acomodada. Aunque este hombre había perdido la mayor parte de su cordura, aparentemente todavía podía calcular los pros y los contras de esta oferta.

— ¡Ven aquí!

Justo cuando el hombre lo ordenó, Herscherik dio un paso adelante.

El hombre abandonó a la mujer que había estado sosteniendo y extendió la mano para agarrar al niño.

Al momento siguiente, Orán se paró entre Herscherik y el hombre, obstruyéndolo.

Sacó la espada de su cintura y lanzó una estocada hacia la mano del hombre. El otro vio que su espada giraba hacia el cielo con un sonido agudo antes de que Orán lo pateara, enviándolo a volar también.

Aterrizó de espaldas frente a la multitud y dejó escapar un gemido.

— ¡Qué alguien lo sujete!

La multitud comenzó a moverse con las órdenes de Orán. Mientras el hombre desbocado estaba sometido, Orán agarró la espada larga del piso. Si descuidadamente hubiese dejado la espada a un lado, existía la horrible posibilidad de una víctima accidental. Por lo tanto, había enviado la espada hacia arriba.

— ¡Maldición…! ¡¡¡MALDICIÓN!!!

Incluso ahora, el hombre estaba tratando de resistir mientras los ciudadanos lo ataban con una soga. Después de asegurarse de que estaba bien sujeto, Orán se volvió hacia Herscherik.

— ¡Gracias, Ora-Ow!

Herscherik tenía la intención de expresar su gratitud cuando Orán dejó caer el puño sobre la cabeza del niño. Herscherik gimió ante el inesperado ataque sorpresa y se agachó en ese lugar, sosteniendo su cabeza con ambas manos.

— ¿Qué demonios estabas haciendo? ¡Eso fue peligroso!

—Pero… —El pequeño pensó en poner una excusa mientras miraba a Orán. No obstante, después de mirar esos ojos de zafiro azul llenos de preocupación genuina, lo reconsideró. —Lo siento.

Orán dejó escapar un profundo suspiro.

—Sheesh, deberías estar agradecido de que pude llegar a tiempo…

—No te preocupes. —Herscherik dijo con una cara llena de confianza. —Creo en ti, después de todo.

Octavian se quedó sin palabras.

Después, los dos entregaron la espada como evidencia a los hombres de la multitud y abandonaron el área antes de que la Patrulla pudiera aparecer, ya que existía la posibilidad de que la Patrulla reconociera las verdaderas identidades de Herscherik y Orán si se encontraban. Los dos podrían predecir fácilmente lo problemático que sería.

Se despidieron de la pareja de vendedores de frutas antes de regresar.

Una puesta de sol similar en color al cabello del caballero personal, iluminó a los dos.

—Hey, Orán.

Herscherik miró al caballero, quien caminaba a su lado. Justo en ese momento, el fatigado Orán dejó escapar un gran bostezo.

—Odiaste convertirte en un caballero, ¿verdad? Más bien, odias a la familia real.

Ante las palabras de Herscherik, Orán se detuvo en seco y abrió mucho los ojos.

—… ¿Por qué piensas eso?

—Me di cuenta de que realmente no querías tomar la entrevista por la forma en que respondiste las preguntas. Era demasiado obvio.

Orán estaba perplejo por la risa de Herscherik.

—Quiero decir, ninguna invitación de la Orden de Caballeros te llegaría con lo cerca que estaban tus calificaciones de fallar. También estaba la forma en que me mirabas, con ojos despectivos, y la forma en que me tratabas, como si fuera un tonto.

Fue lo mismo con la pregunta sobre el lema de su familia durante la entrevista.

Esa fue una pregunta bastante irónica para hacerle a un miembro de la familia real. Se suponía que la realeza… con la excepción del rey, era como el joven desempleado: gastando los impuestos del país para vivir una vida ociosa.

—Entonces, ¿por qué me hiciste tu caballero personal? ¿Porque soy más fuerte que tu mayordomo?

El príncipe dijo antes de la batalla simulada que quería a alguien más fuerte que su mayordomo.

—Bueno, vencer a Kuro era el requisito mínimo…

Finalmente, Herscherik se detuvo y se dio la vuelta. Como Orán había permanecido inmóvil desde entonces, ahora había una gran distancia entre los dos.

—Te lo diré cuando decidas que realmente quieres ser mi caballero.

El príncipe esbozó una sonrisa antes de comenzar a caminar de nuevo. Orán también continuó caminando para evitar aumentar la distancia entre ellos.

El caballero consideró qué decirle, pero al final, solo pudo abrir y cerrar la boca varias veces sin emitir ningún sonido.

♦ ♦ ♦

—Estoy en casa…

Orán llegó a casa dos horas después de que él y Herscherik regresaron al castillo.

El príncipe había abierto la puerta, pero la cerró de inmediato sin entrar. Sintiendo una leve sensación de déjà vu, escuchó al niño decir con una mirada distante: —Si lo escucha de los dos, ¿crees que nuestro castigo se reducirá a la mitad…?

Abrieron la puerta de nuevo y entraron. Ahí, el jefe de mayordomos Kuro, los estaba esperando en una postura imponente y una sonrisa maravillosa.

¿Su sonrisa siempre lució tan aterradora…?

Orán se estremeció ante el recuerdo. Los dos más tarde terminaron recibiendo un regaño interminable del mayordomo.

Era una maravilla cómo obtuvo la información, pero Kuro sabía del alboroto que ocurrió en la ciudad del castillo ese día, hasta el más mínimo detalle. Para empezar, los reprendió por la peligrosa decisión del príncipe. Luego, continuó regañando a Orán por no detener al príncipe. Además, agregó comentarios sobre la actitud habitual de Herscherik hacia su estilo de vida y sobre la necesidad de revisar la vestimenta habitual de Orán.

Herscherik y Orán se arrodillaron uno al lado del otro frente a Kuro mientras escuchaban su conferencia. En cierto modo, se estaban uniendo con corazones abiertos.

—No, incluso con nosotros dos, este regaño no se reducirá a la mitad. Más bien, se duplicó. Por mucho más.

Debido a que Herscherik había murmurado eso, fue evidente que el tiempo de regaño de Orán se extendió.

Para cuando finalmente fue liberado, ya no sentía sus piernas. Aun así, arrastró su entumecido cuerpo de regreso a casa.

— ¿Estás de vuelta? —Quien lo recibió cuando entró en la casa fue su padre, Roland.

—He regresado.

— ¿Cómo estuvo Su Alteza Herscherik?

Orán se tomó un segundo para procesar la pregunta, ya que era extraño que su padre mostrara tanta preocupación por él.

El séptimo príncipe se había mezclado naturalmente en la ciudad del castillo, era proactivo en aprender más sobre el mundo, estaba dispuesto a usar su cuerpo como sacrificio para salvar a alguien, no se enfadaba en absoluto cuando sus criados lo golpeaban o le daban conferencias, y era alguien que se disculpaba honestamente cuando cometía un error.

Orán ya no sentía el odio que sentía hacia la familia real, que había estado con él hasta ayer. Solo se quedó con una especie de asombro ante los ojos azules del príncipe que vio a través de todo.

—…No lo entiendo. —Esa fue la única respuesta de Orán.

Odiaba a la familia real. Pero, decir que odiaba a Herscherik…

Mirando a su hijo que estaba perdido en lo más profundo de sus pensamientos, Roland dejó de esperar una respuesta, sacudió la cabeza una vez y abrió la boca.

—Ya veo. Eso me recuerda. Escuché que hubo un disturbio en la ciudad del castillo.

Orán se sorprendió, pero logró mantener su actitud tranquila.

—El hijo rubio de un aristócrata y un caballero con cabello del color de la puesta del sol, sometieron al hombre que causó la perturbación. ¿Sabes algo sobre eso?

—Je. Ah, ¿sucedió tal cosa?

‘Fuimos el príncipe y yo’. ¡No hay forma de que pueda decir eso!

El sudor apareció por la espalda de Orán. Su padre se encogió de hombros y murmuró.

—También se parecía al príncipe… —El susurro de Roland no llegó a los oídos de Orán. —De todos modos, date prisa y termina tu comida o estaré en problemas.

—Seguro.

El padre dijo eso y le dio la espalda a Orán. Parecía que de repente había recordado algo y le arrojó lo siguiente a Orán: —Escuché que el hombre arrestado tenía una pequeña cantidad de drogas en su poder. Son prácticamente las mismas que los de hace dos años.

Orán miró a su padre con sorpresa. Sin embargo, este no dijo nada más y se dirigió a su propia habitación.

— ¿Qué… qué dijiste…?

Orán apoyó la espalda contra la pared, sin fuerzas. Y así, se deslizó hacia abajo hasta que estuvo sentado en el suelo. Finalmente, sostuvo su cabeza.

—Él dijo drogas…

30 minutos después, su preocupada hermana menor se le acercó, pero él no podía moverse de ese lugar.

 ♦ ♦ ♦

En una habitación iluminada con la mínima cantidad de luz estaban Herscherik y su jefe de mayordomos, Kuro.

—Ese es el final del informe.

—Entendido. Gracias, Kuro.

Después de que terminó su informe, el príncipe asintió. Agarró el reloj de bolsillo plateado en su mano. Había desarrollado el hábito de jugar con el reloj cada vez que pensaba profundamente en algo.

Nunca dejarían ningún registro de su conversación en papel. Decidieron entre ellos que comunicarían asuntos importantes solo por vía oral. Habían considerado el riesgo de que un tercero encontrara estos registros.

—También escuché sobre las drogas en la ciudad del castillo hoy. Sé que estás cansado y todo eso, pero ¿crees que puedes recopilar información sobre este medicamento lo antes posible?

—Seguro.

El mayordomo asintió e inmediatamente desapareció en la oscuridad.

Le he dejado demasiado trabajo a Kuro…

Herscherik reflexionó sobre esto, pero solo tenía a Kuro en este momento. Era inevitable que él fuera el único al que podía confiar esto, ya que este era su único medio.

—Las drogas… Parece ser algún tipo de narcótico.

Revivió el recuerdo de su tiempo como Ryouko. Había aprendido de un especial en televisión sobre lo terribles que eran los narcóticos.

Aunque fácilmente podías sentir una sensación de libertad y felicidad, solo era temporal. La droga se convertiría en un veneno del que no puedes escapar.

—Si tuviera suficiente dinero para comprar drogas, bien podría gastarlo en un juego o manga.

Eso fue lo que Ryouko había pensado mientras veía el programa.

Solo había usado juegos y manga como ejemplo porque eran lo que le gustaba, pero no podía entender por qué alguien volcaría deliberadamente una gran suma de dinero en algo que arruinaría su vida. No obstante, esta historia sucedió a través de una pantalla de televisión; no tenía conexión con su propia vida.

Sin embargo, ahora estaba sucediendo cerca suyo.

Los narcóticos no tuercen la vida de una sola persona. Si se deja solo, las drogas tienen la capacidad de sacudir a toda una nación. No debía dejar que eso pasara, a toda costa.

—… ¿Exactamente quién y por qué motivo? ¿Quizás el conde lo sabía?

Aunque ahora era un espíritu, debía estar junto a él. Miró el reloj de bolsillo. Mantuvo presionado el botón y lo que apareció no fue el reloj, sino un retrato familiar de tres personas.

—Estará bien. Definitivamente protegeré a todos.

En lugar de una declaración decidida y elevada, estas palabras susurradas fueron más que suficientes.

Se levantó y salió de su habitación. También tenía que hacer lo que pudiera. Incluso si lo que podía hacer era limitado.

Herscherik se dirigió hacia el castillo real cubierto por la oscuridad.

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