Joven esposa del Capitán (de 62 años) – Capítulo 38: El Consejo de un Amigo

Traducido por Hime

Editado por Sharon


—¡¿Por qué la Orden de Caballería?!

—¿Es algo extraño?

—¿Cómo llegaste a esa conclusión? ¿Cuál…? ¿Cuál es el significado de ésto? ¿Soy la única a quién le parece extraño?

—Por favor toma asiento, Lilia.

Mientras decía aquello, limpié las manchas del té que Lilia escupió sobre la mesa

—Incluso usé hojas de té de altísima calidad, que vergüenza… Err… Disculpa, permíteme ordenar esto por un momento.

—Tómate tu tiempo… Te confesaste al señor Wilhelm, ¿verdad?

—Es correcto.

Me siento avergonzada de admitirlo nuevamente.

—Así que, uh… No estoy segura acerca de los detalles, pero tu malentendiste el ser rechazada, ¿o no?

—Es correcto.

—¿Así que fuiste e hiciste la prueba de entrada a la Orden?

—Exacto.

—¡¿Por qué?!

¿Fue algo tan extraño?

Ciertamente, al expresarlo de esa manera, no parecía haber una relación común entre esos dos puntos; pero reflexioné sobre ello adecuadamente.

—Mi madre me dijo que debía ser una buena mujer.

—Ah, sí…

—¿Qué consideras que compone a una buena mujer?

Mientras pensaba en ello, Lilia inclinó un poco la cabeza.

No creo que la respuesta llegue con tanta facilidad. Aún me era vagamente visible.

—Una buena mujer, ¿verdad? —dijo, frunciendo los labios

—Sí. ¿Qué tipo de mujer crees que es?

—Como yo.

Me fue devuelta una respuesta extremadamente sencilla

—¿Qué quieres decir?

—Preguntas qué compone a una buena mujer, ¿no es así? En otras palabras, es alguien que luce bien, tiene buen carácter y una buena familia, ¿no? ¿No soy acaso alguien así?

¿De dónde proviene esa confianza? Haa…, suspiré.

Ya sabía que Lilia era segura de sí misma, pero no esperaba que a tal grado.

Por mi parte, no tengo tanta confianza sobre mí como para afirmar que soy una buena mujer.

—Pero, tú sabes… Al final, ¿no es más una opinión personal?

—Una opinión personal, ¿eh?

—Si. Además, Creo que no tienes mucha confianza en ti misma

No podía negarlo.

No poseo la suficiente confianza. Debería haber sido algo natural en mí, siendo la hija de un duque. Pero mi apariencia es como la de una niña, y mi carácter es el de una mujer preocupada.

Sería genial tener una seguridad sin fundamentos como Lilia.

—Dime, Carol.

—¿Sí?

—¿Quieres unirte a la Orden para convertirte en una buena mujer?

—Algo así.

—No sé mucho sobre la Orden, pero ¿hacen conferencias sobre “cómo ser una buena mujer” ahí?

—Claro que no las hay.

¿Qué estás diciendo, Lilia? Si hubiera una conferencia como esa, me gustaría ser la primera en enterarse.

—Entonces, ¿por qué deseas unirte a la Orden?

—Creo que “una buena mujer” es alguien fuerte, que puede sobrevivir por sí misma. Así, creo que al entrar a la Orden seré capaz de entrenar ambos, mi mente y mi cuerpo.

—Carol…

Lilia profirió un enorme suspiro.

¿Por qué es tan exasperante?

—¿Si?

—Llevo un tiempo pensando en ésto, pero… eres inteligente pero estúpida.

—Eso es un poco contradictorio.

—No se puede hacer nada, eso es literalmente lo que pienso.

Estoy segura de que mis cursos en la escuela estaban bien. También puedo recitar las leyes. Estoy familiarizada con varias disciplinas académicas.

Pero, como consecuencia… he fallado en entender el corazón de las personas.

Tal vez es como Lilia dice, y soy realmente estúpida.

—Así que, ¿qué harás tras entrar a la Orden?

—Quiero entrenar mi mente y mi cuerpo.

—¿Seguirás con eso hasta dejar la Orden, hasta que puedas decir que eres una mujer apropiada?

—Eso…

No lo sé.

De hecho, en realidad no tengo idea del tipo de entrenamiento que provee la Orden.

Lilia dió un gran suspiro a mi falta de respuesta.

—Cuando entres, no te convertirás en una buena mujer. Te lo garantizo.

—¿Cómo…?

—Porque no conoces los fundamentos.

¿Cuáles serían?

Pensé bastante en ello en mis ilusiones hasta dibujar una conclusión.

—Te lo dije hace un rato, ¿no? Una buena mujer es alguien que luce bien, tiene buen carácter y una buena familia.

—Sí… Entonces, ¿quién lo dictamina? ¿Quién determina quién es una buena mujer y quién no?

—Eso sería…

¿Quién podría ser? ¿Sería tu pareja? ¿Un caballero que anhela por tí?

—Eres tú misma —dijo Lilia antes de que pudiera seguir preguntando—. Si tú no puedes reconocer esos aspectos en ti misma, ¿entonces quién podrá?

—Pero…

—Te lo preguntaré otra vez. ¿Qué harás una vez que entres a la Orden? —preguntó con una expresión muy seria.

Lo que haré una vez entre…

Querer entrenar mi mente y mi cuerpo fue sólo una idea vaga.

No tengo una meta concreta.

—Así es como es, no tienes ningún propósito. ¿Sabes el motivo?

—No, no lo conozco…

—La Orden de Caballería es la fuerza militar que protege a este país. Es sagrada y compuesta por caballeros movidos por el deseo de proteger esta tierra. De haberlo escuchado antes, ¿seguirías deseando entrenar tu mente y tu cuerpo? ¿Y convertirte en una buena y confiable mujer? No bromees conmigo.

—Uuh…

No podía decir nada en respuesta a las palabras de Lilia.

En efecto, sólo he pensado en mí misma. Me decidí por la Orden únicamente por el bien de mi confianza.

Las palabras de Lilia perforaron mi pecho.

—Somos nobles. Nunca debes olvidarlo.

—Noble…

—El deber de un noble es gobernar y hacer avanzar a su país, no es luchar como un soldado en el campo de batalla; ser una mujer no cambia las cosas. Una mujer nacida en la nobleza debe ser un apoyo para el hombre que será su compañero. Si no eres capaz de entenderlo, entonces no estás calificada para ser una noble.

Una noble.

Al parecer yo no estaba entendiendo la naturaleza de mi verdadera posición.

Así, fui amonestada por Lilia.

—Pude regañarte como tenía planeado. Me opongo a que Carol se una a la Orden, pero de todas formas ya hiciste el examen. Por cierto, ¿una buena mujer, llora?

—No… una mujer que llora es de tercera categoría. Una mujer que aprieta los dientes y aguanta, es de primera clase.

—Entonces está bien. Estaba un poco preocupada de que fueras a llorar —asintiendo, Lilia se puso de pie. Y acarició con gentileza mi cabello—. Carol, quiero que sepas que creo que eres una buena mujer.

—Eh…

Me quedé desconcertada por sus palabras. Soy desconsiderada, explosiva y débil.

—Eres una persona tierna, pura y delicada. Una buena mujer.

—Pero…

—Te lo dije, ya seas o no una, una buena mujer es una cuestión de opiniones. Incluso si todo el mundo lo niega, seré quién te lo diga. Carol, eres una buena mujer.

Mi pecho se calentó.

Lilia es la única que me ha dicho esas palabras.

Es por ello que estoy agradecida desde el fondo de mi corazón.

—Gracias, Lilia.

—Está bien. Porque… somos mejores amigas, ¿no?

Entonces, Lilia sonrió, y pensé que era la expresión más bonita que ha hecho nunca.

Aunque, no se lo dije.

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