La Princesa del Ataúd – Volumen 2 – Capítulo 1: Un comienzo errático (1)

Traducido por Zico

Editado por Sakuya


Vio una extraña criatura a la luz pálida de la luna.

No… Para ser franco, llamarla objeto fue probablemente más exacto, porque no tenía brazos, piernas, rasgos, ni nada que se pareciera a una cabeza reconocible por el resto de su cuerpo. No tenía una forma definida; estaba en constante cambio de forma. Inicialmente, ni siquiera había sido capaz de decir si la cosa que tenía delante estaba de pie o rodando por el suelo. Tohru Acura continuó observando el extraño espectáculo frente a él, completamente perplejo.

—…

Parecía ser amorfo, y nunca se quedaba quieto, se movía constantemente por el suelo, cubriéndose de hojas y suciedad mientras se movía. No tenía boca, ojos o nariz. Cualquiera que lo mirara de un vistazo, probablemente sólo podría describirlo como un montón de algo. Era como si el barro y la tierra, hubieran tomado forma y se retorcieran alrededor, una aberración, claramente fuera de lo común.

—Chaika…

El aire nocturno era tan frío que la voz de Tohru salía en nubes blancas contra la oscuridad.

Chaika.

Ese era el nombre de su ama, la chica que había decidido contratarlo.

Cabello plateado, contextura pequeña, aspecto frágil… una princesa sin un imperio al que llamar hogar. Cada uno de sus rasgos era tan perfecto, como si un maestro artesano la hubiera diseñado. Un cuerpo delicado que parecía que se rompería si la abrazaban con fuerza. Piel suave y blanca sin una sola mancha.

Lo que tenía delante no tenía ninguna de estas cualidades. Era sólo un asqueroso grupo de hojas y suciedad, ni siquiera se parecía a nada humano.

—Son esos tus… tus… —manifestó Tohru, atónito. Pestañeó los ojos una y otra vez y, en algún lugar de su mente, tuvo la ridícula idea de que la vista que tenía delante era una mera ilusión, y que desaparecería en un instante si pestañeaba varias veces.

Por fin, Tohru aceptó que era real y preguntó con una voz resignada.

— ¿Es… esa tu pijama?

—Sí.

Chaika estuvo asintiendo con la cabeza cuando salió de su pijama. Probablemente había algo como un cuello, o algún tipo de agujero.

Largo cabello plateado, ojos violetas, piel blanca y clara… no había duda de que era la misma Chaika de antes.

Lo que había cambiado era lo que llevaba puesto.

—Aislamiento térmico, sobresaliente —dijo la chica cuyo cuello sobresalía de la pijama, Chaika Trabant.

—Sí, claro, pero…

—Capacidad de camuflaje, también sobresaliente.

Se puede evidenciar su tendencia a hablar con una extraña entonación que era casi como recitar un verso, no parecía ser muy competente en el lenguaje común del continente. Sin embargo, de alguna manera era capaz de entender bastante bien lo que estaba diciendo.

—Bueno, sí, eso también, pero… —La voz de Tohru salió como un gemido. — ¿Qué clase de cosas te gustan?

—Importancia crítica. Efectiva, máxima prioridad.

—…

Tohru echó un segundo vistazo a la pijama de Chaika. Aunque, sinceramente, era menos que ropa de verdad y más como una especie de saco de dormir. Específicamente, un saco de tela que podía envolver a una sola persona. No era un típico saco de dormir vacío; parecía tener suficiente espacio para moverse dentro de él.

Su exterior estaba cubierto con una fina red que había sido doblada y redoblada, y una vez dentro, Chaika había rodado deliberadamente por el suelo para recoger hojas y barro, consiguiendo que su disfraz fuera completo. El exterior añadía al disfraz una apariencia no humana en general. Desde una corta distancia, probablemente no se podría decir que había alguien ahí.

—Bueno, eres un mago, así que un disfraz como este probablemente sea necesario…

—Yo misma, lo creé. Bastante orgullosa. —Chaika asintió con entusiasmo.

—La mejor defensa es pasar desapercibido, ¿eh?

—En efecto.

—Pero no hay razón para que te pongas algo así ahora mismo. Es una molestia, así que quítatelo.

— ¿Mui?

—Estamos vigilando el área —dijo Tohru.

Actualmente, el grupo de Tohru estaba en medio de un bosque de montaña. Estaban rodeados de árboles, por lo que las hojas caídas y el humus cubrían sus huellas. Después de establecer el campamento, Tohru había colocado varias barreras.

Por supuesto, estas eran fundamentalmente diferentes de las barreras de defensa mágicas que un mago pondría, o incluso, las típicas barreras que uno usaría al vigilar. Estas medidas eran más sencillas: simplemente había escondido pequeñas ramas muertas, lo suficientemente delgadas como para que se rompieran fácilmente, debajo de las hojas caídas. Cuando se pisaba con todo el peso del cuerpo, emitían un ruido simple que le alertaba de la presencia del intruso.

Además, colgó un fino hilo negro a lo largo de la hilera de árboles, y campanas a lo largo de el. De esta manera, incluso si alguien se acercaba de otra manera que no fuera caminando por el suelo, como usando las ramas de arriba para pasar, seguirían emitiendo un sonido.

—Mira, la cuestión es. Claro, es discreto, y es difícil identificarlo de un vistazo. Pero, ¿qué pasa si necesitas moverte, y todo lo que puedes hacer es arrastrarte?

—Mu…. —Chaika frunció el ceño. Parecía que no le gustaba mucho que Tohru hablara mal de su querida pijama. —Problema, ninguno. Movilidad rápida, posible.

— ¿Oh…? —Tohru entrecerró los ojos. —Entonces, ¿por qué no intentas dar vueltas alrededor de este árbol? Corriendo, por supuesto.

—Entendido.

Como si demostrara lo simple que era la tarea, Chaika comenzó a moverse rápidamente hacia el enorme árbol que Tohru estaba señalando. Pero…

— ¿Migyaa? —No había dado ni tres pasos antes de caer de cara al suelo. El momento fue cómico. Ahora su pijama no era lo único cubierto de barro y hojas caídas, su cara blanca y su cabello plateado, también habían sido manchados.

— ¿Qué te dije?

—Uuu. Incomprensible.

—La ropa se hace de una forma por una razón, ya sabes. Esa falda que siempre llevas puesta, por ejemplo, tiene dobladillos para que puedas moverte con ella, obviamente.

Además, la fina red recogía fácilmente el barro y las hojas caídas, lo que significaba que también recogía fácilmente cualquier objeto grande como las ramas de la zona. En otras palabras, si bien era cierto que su pijama era adecuada para no ser descubierta, era lamentablemente inútil cuando se trataba de hacer una fuga rápida.

—Pero… obra maestra… —expresó Chaika de forma abatida. Como su pijama, de la que estaba tan orgullosa, le hacía difícil distinguir la diferencia entre ella y el suelo, terminó pareciendo que era una cabeza sin cuerpo que había caído al suelo, lamentando su destino. Fue un espectáculo extraño, sin duda.

—Lo que sea, ¡sólo quítatela ya!

Tohru le dio una mano a Chaika, que seguía en el suelo donde había caído.

Entonces, en el siguiente instante, hubo un ruido silbante. Una hoja rozó los dedos extendidos de Tohru y se alojó en el humus.

Un hacha….

— ¿Qué? —Tohru instintivamente retiró su mano y se preparó para la batalla.

Las hachas se usaban normalmente para cosas como limpiar la maleza, cortar leña o incluso capturar animales. Este tipo de hoja era normalmente demasiado voluminosa para usarla de una manera tan burda como esta. La hoja ni siquiera era tan afilada, era su peso lo que la hacía capaz de cortar su objetivo.

Lanzando un arma como esa con toda su fuerza… si hubiera impactado en la mano de Tohru, podría haberle quitado fácilmente uno o dos dedos.

—Hermano… —Una voz apagada salió de la oscuridad entre las hileras de árboles. Era una voz llena de indiferencia, que no contenía absolutamente ningún rastro de emoción humana. — ¿Cuál es el significado de esto?

— ¡Eso es lo que quiero preguntarte, idiota! —Tohru gritó. — ¿Qué demonios crees que estás haciendo de repente?

—Eso es precisamente lo que me gustaría preguntarte, hermano. —La delgada y alta figura de una chica salió de la oscuridad y se acercó a Tohru.

Sus largas rendijas para los ojos y su discurso cortés, daban la impresión de que era una adulta, pero sólo tenía diecisiete años. Tenía el pelo negro, largo y suelto, pero estaba atado con una cola de caballo en la espalda, lo que la hacía parecer casi infantil. Tenía miembros delgados, pero no eran de ninguna manera frágiles. Llevaba una semi-armadura de cuero sobre su ropa, dando la apariencia de un ciervo hembra cubierto sobre su cuerpo.

Akari Acura.

Era la hermana menor de Tohru, aunque no estaban emparentados por sangre, sino por obligación. Parecía que acababa de regresar de cazar, en su mano izquierda había un pájaro muerto, colgando del ala. Aunque probablemente le había extraído la mayor parte de la sangre y los órganos internos, todavía quedaba algo de sangre, y seguía goteando en el suelo mientras caminaba, haciendo que su aspecto fuera espantoso. Si algún niño se hubiera cruzado con ella aquí por la noche, sin duda se habría mojado de miedo, con lágrimas cayendo por su cara.

—Hacer algo así en medio de la noche… —Akari fijó sus ojos oscuros en Tohru. —Agarrando a una joven y ordenándole que se desnude…

— ¿Eh…? —Tohru no tenía ni idea de lo que ella estaba hablando. Claro que le había dicho a Chaika que se quitara esa cosa, pero…

—Ah, eso no fue, quise decir… —Tohru comenzó rápidamente, sacudiendo la cabeza. —No es lo que estás pensando, ¿de acuerdo?

— ¿Mui? ¿Desvestirse, no es necesario?

Chaika, que estaba en medio de quitarse el pijama, inclinó su cabeza extrañamente hacia Tohru. Probablemente debería haberlo adivinado, pero como ella los había llamado pijamas, era lógico que no llevara nada debajo de ellos. Además, debido al frío de la noche, su piel normalmente blanca como la nieve estaba ligeramente teñida de rojo, generando más malentendidos.

— ¿Por qué diablos elegiste quitártelo ahora?

—Tohru, no tiene sentido —contestó Chaika, hinchando sus mejillas.

—Parece que mi hermano está tramando algo malo otra vez —dijo Akari, sacudiendo la cabeza como si le causara dolor. Y, por supuesto, decirlo sin expresión alguna, hizo que su declaración fuera terriblemente transparente. Por cierto, no era que tuviera pocas emociones humanas, sino más bien que era notablemente mala para expresarlas, aunque por qué razón, Tohru no tenía ni idea.

—Solo te quité los ojos de encima por un momento, y enseguida intentas ponerle las manos encima a esta joven

— ¡No me hagas sonar tan horrible! —gritó Tohru. — ¿Quién demonios haría…?

—Pero si esa es simplemente la disposición de mi hermano como hombre, supongo que no se puede evitar.

—Escucha, tú…

—No importa cuán pervertido o depravado, no importa cuán pequeño o cuán rápido sea tu desempeño, sigues siendo el hermano que tanto amo y respeto. Como tu hermana menor, es mi deber aceptar todo de ti.

Akari extendió sus brazos, como si dijera: —Ahora, hermano, salta a mis brazos. —Todavía llevaba colgando el pájaro por su ala, así que Tohru tuvo la sensación de que el mismo destino podría sucederle a él si lo hacía.

— ¡Espera un momento, no agregues cosas innecesarias a esa declaración…!

— ¿Innecesarias?

— ¡No necesitas mencionar cosas como lo grande o lo pequeño que puede ser! No importa lo rápido o lento que haya sido para actuar. —Exclamó Tohru.

—Es necesario. Es un área importante —dijo Akari solemnemente. —Bueno, parece que debo confirmarlo por mí misma entonces. Como tu hermana.

— ¡Al diablo con eso!

—Ahora bien. Desnúdate, hermano —le ordenó Akari en silencio. —Si mi hermano insiste en acciones ilógicas como ordenar a alguien que se desnude cuando él mismo se niega, me temo que me cuesta creerle.

— ¡Sólo créeme y ya!

Tan pronto como Tohru gritó eso, tomó el hacha de guerra que había quedado incrustada en el suelo e inmediatamente la arrojó de vuelta a Akari con un golpe de muñeca. Con una sola mano, Akari la agarró, completamente despreocupada, lo giró con sus dedos y lo deslizó de nuevo en la funda de su cintura.

—Ahh, maldita sea… ¿por qué diablos estoy en esta montaña de todos modos?

—Estamos levantando el campamento, ¿no? —Respondió Akari en un tono de voz que implicaba, ¿estás preguntando esto ahora?

—Oh, por supuesto. ¿Cómo podría olvidarlo? —Escupió Tohru con odio.

Con el fin de atrapar su hacha, Akari había arrojado el pájaro a Tohru, quien lo tenía en sus manos.

— ¿Y qué demonios vamos a hacer con esto? Comerlo crudo va a apestar.

—Bueno, tú dices eso, hermano, pero no podemos encender un fuego aquí —respondió Akari.

Era obvio por qué. Incluso algo como encender un fuego en medio de las montañas sería demasiado sospechoso. Y aunque de alguna manera ocultaran el fuego, el humo o incluso su olor sería más que suficiente para avisar a cualquiera. No había nada que pudieran hacer.

El grupo de Tohru estaba siendo perseguido. Debían tomar todas las medidas posibles para reducir el riesgo de ser descubiertos.

—Prepararlo con sal es una opción, supongo, excepto que no tenemos suficiente sal. Tampoco hay utensilios…

—Tohru. —Sintió dos tirones en la manga, y ahí estaba Chaika. Ya no estaba medio desnuda. Él no sabía cuándo lo había hecho, pero en algún momento, ella ya se había cambiado a su traje blanco y negro habitual.

—Cocinando. Con magia, se puede hacer. —Mencionó Chaika.

Chaika se señaló a sí misma.

—Ah, supongo que eso podría funcionar, entonces. ¿Puedo contar contigo?

—Sí. —Asintió con entusiasmo y se acercó a la caja negra apoyada en el costado del gran árbol. Era una caja larga y octogonal, lo suficientemente larga para que entre una persona en su interior.

Era un ataúd.

Pero cuando la abrió, lo que tenía dentro no era un cadáver, obviamente, sino piezas de un artilugio hecho de madera y metal. Había un largo tubo, varias piezas mecánicas complejas, y una pieza de madera que se asemejaba a una empuñadura. Con una mano experta, Chaika comenzó a combinarlo todo.

En muy poco tiempo, ensambló y preparó el dispositivo para su uso. El producto terminado era rico en longitud, incluso más largo que la propia Chaika.

Era un dispositivo mágico llamado Gundo. Los llamados magos los usaban como una especie de varita mágica para usar y controlar su magia. Anteriormente, la magia había sido una técnica que requería innumerables rituales prolongados para su uso, pero con la llegada de estos dispositivos, su manejo se había vuelto mucho más sencillo. Después de tomar la pieza llamada cuerda de conexión y atarla alrededor de su cuello, Chaika señaló una rama que crecía en el gran árbol junto a Tohru.

—Tohru. Carne, brocheta. Esa rama, usar.

— ¿Esta?

—Sí. —Asintió con la cabeza y apuntó con su Gundo al ahora ensartado pájaro. Entonces…

—Aimuru… Iai… Deruza… Torugu… Irugu… —Mirando a través de la mira con un ojo cerrado, empezó a cantar, incomprensiblemente. Entonces, por fin, luces fosforescentes azul claro comenzaron a aparecer a su alrededor.

No se parecían a las llamas o a los relámpagos, sino que aparecían justo ahí en el cielo nocturno, y en el momento siguiente, comenzaron a expandirse en todas las direcciones, formando un patrón complejo.

Era un circuito mágico, especialmente diseñado para regular y controlar la magia en una dirección fija. Lo que originalmente eran sólo fragmentos de luz, se unieron y giraron lentamente alrededor del centro de Gundo. Luego, todos convergieron, concentrándose alrededor de un solo punto, y se convirtió en un gran círculo mágico.

—Ahora ven, La caldera. —Chaika declaró, completamente segura de sí misma.

Y en el momento siguiente, aunque no podía verlo, sintió como si algo se hubiera apoderado del pájaro en la brocheta, envolviéndolo. No había luz, ni siquiera un sonido, pero Tohru sabía que algún tipo de fuerza tenía que estar trabajando. Entonces…

—Oh-wow.

Un leve olor a carne asada llegó inmediatamente a su nariz.

Ser capaz de cocinar algo en tan poco tiempo sin necesidad de usar fuego, era tan conveniente, que casi daba miedo.

Tohru miró a Chaika con admiración, y luego…

—Ah.

Parpadeó los ojos varias veces.

E inmediatamente después… el pájaro cocinado explotó.

— ¿¡Yaggh!?

Por supuesto, ese grito de dolor se debió a los pedazos de carne de ave en llamas que se esparcieron por todos lados, incluyendo el área donde Tohru estaba parado. Tohru confiaba en sus habilidades de evasión, pero aun así, era imposible evitarlos todos.

— ¡Caliente! ¿¡Qu-Qué demonios fue eso!?

Limpiando un abrasador trozo de carne de su cara, Tohru se giró para mirar al pájaro de brocheta.

No había otra forma de describir cómo se veía, excepto, lamentable. Toda la carne y las entrañas del interior habían sido voladas, dejando nada más que la piel colgando del hueso.

— ¿Qué demonios ha pasado?

—…

Chaika se quedó ahí de pie con los ojos bien abiertos. Entonces…

—Tehe.

Sonrió con disculpas.

— ¡No intentes disimularlo! —Gritó Tohru.

Básicamente, parecía que Chaika se había equivocado al aumentar el calor. Añadió demasiado rápido el calor, causando que el interior del pájaro hirviera en pocos momentos, se expandiera y luego explotara. Como resultado, el pájaro se había desgarrado en pedazos.

Luego, recordó. Esta chica llamada Chaika, tenía una extraordinaria habilidad cuando se concentraba, pero a cambio, era completamente torpe cuando se trataba de tareas normales, con o sin magia.

— ¿Cómo pude olvidarlo…? —gimió Tohru mientras se quitaba los trozos de carne que quedaban en su ropa.

—Bueno, eso fue absolutamente inútil —declaró Akari. Y no era difícil ver por qué, con la carne haciendo una explosión tan vistosa, sin importar el humo, el olor por sí solo era suficiente para delatarlos.

—Ah, maldita sea… —Tohru levantó la cabeza hacia la luna, mirando al cielo nocturno, y dio un gran suspiro.

El saboteador, Tohru Acura.

—Tal vez mi decisión fue demasiado precipitada después de todo.

Incluso al principio, ya se enfrentaba a suficientes dificultades para hacer que se arrepintiera de haber hecho este viaje.

| Índice |

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *