La Princesa del Ataúd – Volumen 2 – Capítulo 1: Un comienzo errático (4)

Traducido por Akatsuki

Editado por Sakuya 


Ipsom era básicamente el tipo de fortaleza que se podría encontrar en cualquier parte del continente Verbist.

En otras palabras, era una estructura similar al que se encontraba en Del Solant, de la cual Tohru y su grupo escapó. Aunque Ipsom era un poco más pequeño que Del Solant, estaba rodeado por un bosque en lugar de montañas, y esto era la única diferencia que tenía.

Después de llegar tan lejos, el grupo de Tohru decidió buscar una posada para pasar la noche. No había nada malo en acampar, pero honestamente, dormir bajo las estrellas consecutivamente, realmente comenzaba a desgastarlos. Afortunadamente, en este lugar había varias posadas de diferentes tamaños, por lo que pudieron asegurar un lugar para descansar.

—Bueno, entonces voy a salir. —Dijo Tohru antes de dejar la posada.

Esta misión era en solitario. Ya que Chaika no necesitaba estar merodeando por la calle debido a su notoriedad, así que Akari se quedó con ella para vigilarla. Era cierto que Chaika era una maga, pero precisamente por eso, ella no era absolutamente buena con los combates cuerpo a cuerpo. Y en el peor de los casos, terminaría cruzándose con el grupo de Gillete, sin tener tiempo para escapar. Por ahora solo necesitaban evitar un encuentro innecesario con ellos.

Incluso en condiciones óptimas, Tohru pensó en las posibilidades de ganar que tendría y resultaron escasas. Él sabía que Gillete tenía a más personas a su disposición además del asesino y el mercenario. En el peor de los casos, podría tener un mago con él. De ser así, Gillete tenía recursos más que suficientes para asegurar su victoria. Así que, para poder ganar, el grupo de Tohru tendría que recurrir a ataques sorpresa, artimañas, entre otros.

—…

Tohru tenía una verdadera montaña de cosas a considerar. Desde que abandonaron Del Solant, estuvieron moviéndose continuamente. Tanto que apenas tuvieron tiempo de sentarse y hablar de la situación o incluso considerarla. Incluso después de acampar, Tohru y Akari se turnaron para vigilar, lo que significaba que dormían solo la mitad de lo usual. Pero si aseguraban un medio de transporte, finalmente podrían discutir la situación.

Sobre la cabeza de Tohru había un letrero que decía ‘Mercado’.

En la mayoría de las ciudades, había concesionarios cerca de los mercados, ya que era en estos lugares donde los comerciantes vendían o guardaban sus carruajes. Aquí se podía encontrar todo tipo de transporte, así como los materiales para repararlos.

Pero como en la actualidad había carruajes que se movían con magia, muchos concesionarios ni siquiera se molestaron en tener uno… Ya que comparativamente, había un excedente de carruajes tirados por caballos o bueyes. Además, el final de la guerra abrió las puertas para el comercio internacional, por lo que las tiendas siempre se mantenían abastecidas y llenas de compradores.

Aparentemente, un mercado estaba al doblar la esquina. Tohru se dirigía a ella y cuando doblo la esquina…

— ¡¡¡!!!

Tan silenciosamente como pudo, disminuyó su marcha para que coincidiera con el ritmo de sus latidos a la vez que se escondía en la sombra de un establo cercano. A decir verdad, él quería patear el suelo lo más fuerte que podía para escapar por el aire, pero de alguna manera logró resistir ese impulso. En cualquier ciudad, moverse de manera diferente al resto lo delataría inmediatamente. Así que, para no ser notado, era mejor mezclarse mientras pasaban de largo.

— ¿En serio, ahora? —Murmuró Tohru, manteniendo su cuerpo dentro del escondite.

Respiró hondo y comenzó a borrar lentamente su presencia (en realidad, ocultó su presencia rápidamente temiendo que sus perseguidores lo notarán) y se adentró lentamente al establo. Las ventanas y sus puertas estaban totalmente abiertas, sin duda era para garantizar la circulación del aire en el interior. Sin embargo, también significaba que estaba expuesto si alguien miraba al interior desde el ángulo correcto. Pero había varios caballos en el interior por lo que supuso que podía mantenerse oculto.

—Mierda, ya nos alcanzó.

Tohru estaba mirando desde el muelle de carga, el establo era plano y ancho. Al otro lado del camino había solo un almacén y a su alrededor había varios carruajes de todas las formas y tamaños. Obviamente tendría que ser un distribuidor. Y probablemente también era el dueño del establo en el cual Tohru se mantenía oculto.

Los caballos que estaban en el establo, eran fuertes y parecían muy bien entrenados para jalar cosas pesadas a diferencia de los que estaban destinados a ser montados.

—…No se parece a aquella asesina.

Dos personas salieron del almacén y Tohru se dio cuenta de que uno de ellos era el joven caballero, Alberic Gillete.

Con sus características elegantes y refinadas, ciertamente se parecía a un noble. Definitivamente daba la impresión de que nació en una cuna de oro. Pero, como Tohru lo experimentó, sus habilidades con la espada eran todo menos ordinarias. Para ser sincero, no estaba seguro de poder ganarle en una pelea uno a uno.

De la misma manera que los animales eran criados selectivamente… Sería justo decir que las familias nobles, conocidas por sus habilidades en artes marciales, eran una raza completamente diferente a la de un humano normal. Los miembros de estas familias aprendían a sujetar la empuñadura de un arma antes de aprender a caminar solos. Independientemente de la estructura muscular u ósea, ellos habían sido optimizados para la batalla a través del entrenamiento continuo en las artes marciales.

No había duda de que Alberic Gillette era un descendiente de una familia de guerreros. La sangre de aquellos que lucharon en la guerra fluía por sus venas.

Pero…

— ¿Una aprendiz?

Caminando junto a Alberic había una chica que parecía estar en su adolescencia. Ella parecía tener una mirada algo estricta, sus ojos eran de color azul y unos anteojos se mantenían sobre el puente de su nariz. Era completamente diferente a la asesina que Tohru conoció hace unos días atrás, y su nombre era Viví.

Por supuesto, no solo se veía completamente diferente, sino que también caminaba diferente. Dicho sin rodeos, ella emanaba una sensación de inexperiencia. Y sólo por eso, pudo deducir que ella no tenía ni la más mínima idea de cómo se practicaban las artes marciales.

Pero… ella no se parecía a un simple plebeyo.

Le faltaba la ornamentación en sus ropas y tenía cinturones alrededor de su cintura, y sobre sus muslos colgaban varios bolsos para diferentes accesorios. Esta apariencia hizo que Tohru pensará en ella como una artesana o tal vez una mecánica.

— ¿Una maga?

Si ella fuera una, sin duda explicaría el por qué no sabía nada de artes marciales.

A juzgar por la velocidad en la que el grupo de Alberic logró alcanzarlos, era obviamente porque tenían un vehículo. Eso significaba que necesariamente un mago viajaba con ellos y probablemente esta chica lo era.

Tohru había oído que los magos sin un gundo se especializaban en el control de dispositivos mágicos.

—Si tengo razón… entonces, esto es malo.

Tohru se mantuvo escondido en el establo esperando a que ellos pasarán de largo. Él no era tan optimista como para creer que encontrarse con ellos en este lugar fuera una coincidencia. Lo más probable era que ambos pensaban en lo mismo.

El grupo de Tohru ya no podía seguir usando algún medio de transporte público. Por lo que Alberic pudo haber previsto en que Tohru y su grupo necesitarían una forma de viajar lo antes posible, por lo cual visitó todas las distribuidoras. Lo más probable era que les haya preguntado por ellos, y que si lograban verlos, le informarán. O tal vez les ordenó que les negaran cualquier servicio. Un simple plebeyo no tenía más remedio que cumplir ya que era la orden de un caballero.

—…

Para Tohru y su grupo, era de suma importancia asegurar un medio de transporte. Durante su escape de Del Solant, viajaron a pie o subían a una caravana, agotando todas sus opciones posibles. Incluso luego de hacer todo esto, el grupo de Alberic aún seguían tras ellos.

— ¿Debería tomar uno a la fuerza? —Ciertamente no era imposible hacerlo. Pero definitivamente causaría un lío, dejando un rastro que seguir.

Aunque el grupo de Alberic no estaba seguro de que Chaika estuviera en la ciudad. Tal vez, si la fortuna los favorecía, simplemente se irían en direcciones opuestas.

—…Sólo tenemos que evitar tener uno.

Al ver que Alberic y su acompañante se fueron, Tohru salió corriendo en la dirección contraria. Huir era parte de su plan, pero ahora era la única forma de regresar rápidamente a la posada.

—Tenemos que irnos de la posada ahora mismo.

Tohru no sabía cuántos miembros conforman el grupo de Alberic: aquel mercenario gigante y la asesina. Tendría sentido si ellos actuarán de manera separada a Alberic investigando. El mercenario gigante, Nikolay, a quien Tohru hirió, probablemente aún se mantenía recuperándose. Sin embargo, si realmente había más miembros en su grupo, no pudo evitar pensar que Akari sola sería insuficiente para proteger a Chaika.

— ¡Mierda!

Tohru aceleró, abriéndose paso por los callejones sin dejarse ver lo más posible.

Estaba apresurado y probablemente por eso, no se dio cuenta de la presencia de un muchacho.

—Hey…

El muchacho habló tranquilamente cuando Tohru pasó corriendo a su lado.

—No tienes que preocuparte por Chaika Gaz. Ella está a salvo, por ahora.

— ¿¡!?

Al instante, Tohru pateó el suelo para detenerse, su talón se raspó mientras aterrizaba deteniendo su impulso. Asumiendo la posición de batalla, estuvo listo para desenvainar sus espadas.

—… — ¿Quién dijo eso? No, ¿qué fue eso?

El muchacho que estuvo de pie ahí hace un momento, ya no estaba. O, al menos, no podía sentir su presencia.

Los usuarios que usaban técnicas para controlar su presencia, podrían desaparecer completamente mezclándose con su entorno hasta el punto en que no podías notarlos incluso si estaban en frente tuyo. En cierto modo, fue similar a lo que Tohru hizo anteriormente en el establo. Pero…

Si este muchacho estaba usando técnicas para controlar su presencia, era realmente muy bueno. Aunque este parecía estar frente a Tohru, la presencia que sentía era muy fina. Incluso mirándolo fijamente, no pudo saber si realmente estaba parado ahí.

Él no parecía un plebeyo. De hecho, tenía una mirada muy refinada y noble. Su cabello rubio y ojos color ámbar acentuaban su hermoso rostro. Parecía estar en su adolescencia, aproximadamente la misma que Chaika, a punto de convertirse en un hombre, ya que aún conservaba algunos rasgos infantiles. Sin embargo, algo parecía extraño.

Era casi como si fuera un títere, ciertamente parecía humano, pero le faltaba algo para demostrarlo. Si tenía que decirlo, era demasiado pulcro. De hecho, no ‘olía’ a humanidad.

— ¿Oh? —Ante la reacción de Tohru, el muchacho se giró para verlo y soltó una carcajada —Culpa mía. No tenía intención de asustarte.

—… —Tohru se mantuvo en silencio.

¿Quién diablos es este? No, ¿es amigo o enemigo?

Él sabía el nombre de Chaika y seguramente su linaje. También sabía quiénes la acompañaban. De lo contrario, no se habría dirigido hacia él.

Pero, ¿cómo sabía todo esto?

Tal vez, era otro subordinado de Alberic. Pero, si ese fuera el caso, lo que dijo no tendría sentido. En lugar de hacerle saber sobre la seguridad de Chaika, debería haber cerrado la boca y capturarla.

— ¿Quién eres tú?

—Bueno, esa pregunta es difícil de responder. —Dijo el muchacho con una leve sonrisa. —No estoy seguro de tener una respuesta que te satisfaga.

— ¿Qué?

—Sin embargo, sería muy inconveniente si no pudieras llamarme. Por ahora, dime… Ah, lo tengo. Puedes llamarme Guy.

El muchacho extendió su mano en espera a que Tohru la tomara.

♦ ♦ ♦

Alberic Gillete era un caballero de sangre pura. Desde su comienzo, la familia Gillete había sido reconocida por la destreza en artes marciales en cada uno de sus miembros y, como tal, desde una edad muy temprana, Alberic recibió entrenamiento en las artes marciales mientras aprendía simultáneamente los fundamentos de la etiqueta. Indudablemente, Alberic espero que algún día él también participará en el campo de batalla. Sin embargo, la guerra terminó antes de que tuviera la oportunidad de experimentar sus habilidades, por lo que no llegó a participar en un combate real.

Al principio, no le molestaba. Después de todo, entendía que con el fin de la guerra llegaría la paz. Los impuestos para financiar la guerra serían cosa del pasado, y finalmente las personas podrían prosperar. Era algo que se debía celebrar.

Incluso cuando fue incorporado en la organización Kleeman bajo las órdenes de su rey, él lo veía como un trabajo digno de admirar, una en la que podía contribuir en mantener la paz. Por lo menos, no creyó que fuera una forma de los altos mandos de mantenerlos firmes. Más bien, sintió que era una bendición trabajar con personas de ideas afines. De esta manera, Alberic ciertamente fue un caballero.

Luego de seleccionar a sus subordinados, para bien o para mal, dedicó todo su ser hacia su deber. Como era de esperar de un caballero, eliminó cualquier duda o incertidumbre que pudo haber albergado, reemplazándolas con orgullo y dignidad. Pero…

‘La guerra va conmigo. ¿Acaso tú, no quieres volver a la era de caos?’

Desde aquel encuentro, aquellas palabras resonaban en su cabeza.

¿De qué demonios estaba hablando?

Absolutamente no podía creer que realmente hubiera personas en desacuerdo con esta paz que llegó después de tantos años.

Pero ahora… de repente se le ocurrió que él y el saboteador podían ser lo mismo. Aunque su moral, posición y educación eran, por supuesto, diferentes, ambos habían forjado sus mentes y cuerpos para la guerra desde que nacieron. No era exagerado decir que su único propósito en la vida era pelear en el campo de batalla. Pero… la guerra ya había terminado. Además, escuchó que todas las aldeas de los saboteadores habían sido eliminadas con el pretexto de que incitarían a una rebelión o algo parecido. Igualmente, los saboteadores tenían que negar que todo lo aprendido durante sus vidas se había vuelto inútil.

No, no solo se trataba de caballeros o saboteadores. Después de todo, la guerra había durado unos cientos de años. Y había muchas personas que se sentían de igual manera que ellos. Personas cuyas vidas dependían de la guerra; una salvación que se les entregó y que de repente les fue arrebatado.

Alberic estaba al lado del analista con mayor autoridad y capital. Pero, ¿qué habría hecho si ese no hubiera sido el caso?

Akatsuki
Para aclarar, Alberic estaba pensando en qué habría sido de él si no hubiera logrado estar al servicio de los políticos.

Alberic estaba perdido en sus pensamientos cuando.

—Gillete-sama.

— ¿Hm? ¿Sí?

Al escuchar una voz provenir de su costado, se volvió para ver a la persona que lo llamó por su nombre.

Después de haber visitado a todas las distribuidoras, estaban caminando por la calle de regreso.

Examinando una vez más sus alrededores, las calles se mantenían bulliciosas; con puestos y tiendas por aquí y por allá. Este lugar ciertamente parecía animado, al ver esto, reafirmó en su mente que este era un buen ejemplo de lo que trajo la paz.

— ¿Qué pasa? Pareces absorto en tus pensamientos. —Preguntó la chica que estaba a su lado. Su nombre era Zita Brusasco y era una de las magas expertas en el Grupo Gillete.

—No, no es gran cosa. —Respondió Alberic con una sonrisa forzada. —Además, hemos hecho un reconocimiento básico por la ciudad.

Ciertamente caminaron por toda la ciudad. Hace una semana que Chaika Gaz y dos saboteadores, que supuestamente la ayudaban, se dirigían hacia esta ciudad de alguna manera, ya sea a pie o tal vez en una caravana, ellos tendrían que estar aquí. Por esta razón, Alberic visitó a todos los comerciantes que vendían carruajes o vehículos, y los presionó para que le diesen información. Sin embargo, no obtuvo rastro de ellos. Dejándoles descripciones de Chaika y sus acompañantes les indico a cada uno que si llegaban a verlos se comunicaran con la organización Kleeman de inmediato.

En otras palabras, el grupo de Tohru estaba siendo acorralado por ahora. Y sólo tenían que esperar a que aparecieran… O eso fue lo que Alberic pensó, pero…

—Zita, no crees que pudimos haber pasado algo por alto, ¿verdad?

—Hmm, veamos… —Zita inclinó la cabeza. —No sé nada sobre los carruajes tirados por caballos, pero en cuanto a los mágicos, podría haber algo que no investigamos, como los lugares que venden las partes por separado. Aunque claro, probablemente no sean capaces de poder armar uno por sí solos, e incluso si lo lograran, no serían capaces de hacerlo en poco tiempo. Sin mencionar que necesitan un taller para hacerlo…

Como se mencionó anteriormente, esta chica era una maga. No obstante, sus habilidades, incluida su aptitud y agudeza, eran inferiores a la media. Mattheus, que también formaba parte del Grupo Gillete, en realidad tenía una mayor aptitud en la magia que ella. Pero cuando se trataba del manejo, manipulación y mantenimiento de los gundos, vehículos y otros dispositivos mágicos, era una historia diferente. Ya que además de ser una maga, también era una ingeniera experta en mecánica. De hecho, su única fortaleza como asistente fue en eso. Debido a que los comblades eran un tipo de dispositivo mágico, ella era un activo indispensable a pesar de que no tenía una capacidad de combate real.

—Salvo la posibilidad de que nos hayan mentido, o simplemente traicionado, después de haberlos sobornado, secuestrado y amenazado, hemos cerrado las vías de escape de la hija del Rey Demonio… Pero si tienen cómplices, pudieron haber conseguido ya un vehículo.

—Sin embargo, no parece haber nadie más que esos dos saboteadores ayudándola.

—No obstante. —Zita frunció el ceño. —Queda una pregunta fundamental. ¿Cómo logró sobrevivir estos cinco años sola?

—… —Alberic también se estuvo preguntando lo mismo.

En el momento de la subyugación de Arthur Gaz, los ejércitos de las fuerzas aliadas habían rodeado y asaltado el castillo por completo. Definitivamente no había rutas de escape. A pesar de todo eso, ¿cómo es que Chaika Gaz logró escapar y sobrevivir durante cinco años? Ella parecía estar en la mitad de su adolescencia. Si era verdad, entonces debería haber tenido como máximo unos diez años en aquel entonces. No importaba cuán resistente o poderosa fuera, una niña de sólo diez años asumiendo todo lo sucedido, logrando sobrevivir y manteniéndose oculta e inclusive evitando a los traficantes de personas, ella sola con una apariencia ridículamente única, era increíblemente difícil de imaginar.

Obviamente tuvo que haber recibido ayuda de alguien. Pero si estuvo sola todo ese tiempo en realidad, ¿dónde estuvo hasta ahora? Quizás sus salvadores perecieron en el camino, o tal vez simplemente la abandonaron.

—Bueno, todo esto se basa en la suposición de que ella es la verdadera Chaika Gaz. —Dijo Zita.

Por supuesto, Alberic también pensó que ella era una imitación de la verdadera ‘Chaika Gaz’.

Para empezar, la información de que Arthur Gaz haya tenido una hija era dudosa. Aunque era conocido como el ‘Emperador Taboo’ en todo el continente, casi nada se sabía realmente de su vida. Como cosas básicas, donde nació o si al menos tenía una familia, todo era un completo misterio. Y, además, tampoco hubo registros de alguna emperatriz viviendo con él.

—Tengo la sensación de que algo está mal con todo esto. —Dijo Zita.

— ¿Quieres decir que la hija de Arthur Gaz podría ser mentira?

—No exactamente eso. Más bien como… que algo importante está siendo malentendido.

—Malentendido… Eh. —Dijo Alberic cruzando los brazos.

Un gran malentendido.

Correcto e incorrecto.

Bien y mal.

Santos e impíos.

Luz y oscuridad.

Fuego y agua.

Aunque eran polos opuestos, en comparación, de cierto modo, eran muy parecidos. Por esta razón, un simple malentendido podría hacer que uno pierda de vista la verdadera naturaleza de algo.

—Podría ser.

La imagen de la chica llamada ‘Chaika Gaz’ pasó por su mente. Una chica con el cabello plateado, elegante y efímera.

Recordando lo que le dijo al saboteador, incluso para él fue difícil imaginar que una chica como ella fuera realmente la sucesora del Rey Demonio. Pero, de nuevo, esta chica era un completo enigma.

Dejando a un lado su apariencia, tenía la extraña sensación de que había una fuerza mayor en su trabajo… Qué conocerla era parte del plan de alguien. ¿Pero de quién? ¿Y con qué fin?

Él no lo sabía y la cara de aquel saboteador apareció en su mente una vez más.

Para este caballero sincero, honrado y noble, esta era la primera vez que albergaba sentimientos de duda hacia su deber.

Por supuesto, pasaría un tiempo hasta que estos sentimientos se manifestaran claramente.

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