La Princesa del Ataúd – Volumen 2 – Prólogo: El regreso del Caballero Dragón

Traducido por Zico

Editado por Sakuya


A primera vista, no se dio cuenta de lo que se suponía que debía ser.

Era sólo un pilar de piedra que llegaba hasta sus rodillas. No había forma de que algo tan ordinario pudiera ser llamado una lápida.

En realidad, llamarlo “pilar de piedra” era una exageración, no era más que un grupo de rocas al borde de la carretera apiladas unas sobre otras. No había absolutamente nada que señalara su propósito. No tenía marcas, sólo rocas apiladas como los bloques de juguete con los que un niño podría jugar. Su horrenda simpleza no transmitía ningún respeto o consideración por el difunto. Habría pasado de largo si no hubiera descubierto lo que era.

—Este… este… ¿Esto es…? —Exclamó Dominica Scoda.

Las pálidas nubes que colgaban sobre su cabeza, parecían teñir el cielo de mediodía con un tono sombrío, y estar de pie frente a una tumba, sólo servía para aumentar el efecto.

—Lu… Lu… Lucie…

Los ancianos del pueblo que la habían llevado a este lugar asintieron con la cabeza, manteniendo sus rostros arrugados e inclinados.  Estaban demasiado intimidados para hablar.

Naturalmente. Después de todo, estaban en presencia de su señor, que había vuelto a casa victorioso después del largo y agitado período de guerra. Pero Dominica estaba segura de que lo que más les intimidaba era la extraña y enorme criatura que estaba detrás de ella.

Sus brillantes colores plateados y negros chocaban entre sí. Sus grandes alas negras estaban dobladas, y su largo cuello estaba doblado hacia abajo. Su tamaño sobrepasaba al de una vaca o un caballo, de hecho, tales animales eran simplemente presas de esta gigantesca bestia.

La posición de su cabeza y sus extremidades, podría haber sugerido algún tipo de forma humanoide, pero las similitudes se detuvieron ahí. Su cuello y extremidades eran mucho más largos que los de un humano, y tenía un cuerno en la parte superior de su cabeza ovalada, parecida a la de un caballo. Sin embargo, la mayor desviación de la fisiología humana, fue la larga cola que sobresalía de su sección media.

Aunque se parecía a un humano en algunos aspectos, no era humano.

Aunque tenía alas, no era un pájaro.

Y aunque tenía cola, no era una simple bestia.

Era una criatura indudablemente extraña.

Pero lo que más la distinguía de cualquier otro ser, era el hecho de que no tenía ningún rasgo distintivo. Eso se debía a que la superficie de su cuerpo estaba cubierta, pero no de pelo ni de grasa. Algunos dirían que les parecía como escamas, pero claramente no eran las escamas de una serpiente o un lagarto. Eran grandes y se habían formado sobre el cuerpo de la criatura, cubriendo toda su superficie y dándole la apariencia de tener una armadura de malla como la que llevarían los caballeros.

Por esa razón, a criaturas como estas se les dio el nombre de “dragones”, dragones acorazados.

No dejaba de decir a todos que no se asustaran, que todo estaba bien, pero con la presencia autoritaria del monstruo ante ellos, era natural que todos tuvieran miedo. De hecho, al no gritar y huir, estos ancianos que guiaban a Dominica demostraron que tenían agallas. La primera vez que se encontró cara a cara con este dragón, incluso la misma Dominica estaba tan abrumada que apenas podía mantenerse en pie.

—Lucie…

Sorprendida, pronunció el nombre del que estaba enterrado bajo la lápida.

Su hermana pequeña Lucie había sido la única familia que le quedaba.

—Hermana mayor, hermana mayor…

Era su única hermana de sangre, muy amada. Incluso ahora, cuando cerraba los ojos, Dominica podía ver su cara sonriente. A través de todo el silencio, podía oír su voz en su cabeza…

— ¡Hermana mayor, mira esta flor! ¿No se vería genial en tu cabello?

—Seguro que sí. ¿Por qué no llevamos algunas a las tumbas de mamá y papá?

Los Scodas eran una familia de caballeros que cayeron en tiempos difíciles. Como nobles del campo, no poseían muchas tierras, y les había costado todo lo que tenían para vivir modestamente, manteniendo el mínimo de apariencia como familia de caballeros.

Antes de que Lucie pudiera comprender el mundo que la rodeaba, su padre, que debería haber estado ahí para proteger a su familia, se fue a la guerra y nunca regresó. Dominica pensó que no estaba preparado para la batalla, aunque la suya era técnicamente una familia de caballeros, los nacidos en ella tenían sus propios campos y se dedicaban a ellos. Y varios años después de que su padre se fuera, su madre sucumbió a la enfermedad.

Su madre había sido muy seria, al igual que su padre. Ella debe haber sufrido tanto, teniendo que criar dos hijas ella sola con los pocos ingresos que tenían, mientras intentaba mantener la dignidad de la familia Scoda. Para ser honesta, tuvo que lidiar con tantas cosas que, aunque se hubiera curado, no se habría podido salvar.

—Hermana mayor, hoy comeremos pato, ¿verdad?

—Espera un poco. ¡Estoy haciendo mi salsa de mostaza especial que tanto te gusta!

Después de eso, Dominica y su hermana pequeña Lucie habían vivido juntas bajo el mismo techo.

Por muy escasas que fueran, aún poseían tierras, así que habían recibido suficientes ingresos para vivir al principio. Sin embargo, gradualmente se hizo evidente que los residentes de su pueblo no pagaban sus impuestos. Claro, los Scodas eran “nobles”, pero el anterior cabeza de familia había muerto en combate, y sólo había dejado dos niñas sin sirvientes que no tenían ni veinte años, así que por supuesto, nadie las tomaría en serio. Y las dos chicas no tenían medios para desafiar esta falta de respeto.

Dominica se dio cuenta de que no podía seguir así.

En ese momento, no había ninguna señal de que el largo período de guerra fuera a terminar pronto.

Al contrario, las líneas del frente siempre estaban siendo empujadas hacia atrás, y no se sabía cuándo el pueblo natal de Dominica y su hermana se convertiría en un campo de batalla también. Considerando la pequeña cantidad de tierra que poseían y su actual estado de nobleza, Dominica temía que fueran abandonadas por su propio país. Teniendo todo esto en cuenta, había un peligro real de ser asfixiados por las llamas de la guerra.

—Hermana mayor… ¿por qué…?

Cuando Dominica le dijo a su hermana que se iba a la guerra, Lucie se quedó abatida. Dominica recordaba la dolorosa reacción de su corazón ese día, pero a pesar de todo, ya había tomado una decisión en ese momento. No había vuelta atrás.

Si lograba algunos reconocimientos en el campo de batalla, podría aumentar la cantidad de tierra que poseía, o quizás incluso alejar su territorio del frente. Incluso los aldeanos la respetarían como un señor entonces.

No tenía el apoyo de nadie. En este mundo devastado por la guerra, esta era la única manera de proteger a su hermana.

—Hermana mayor… ¿cuándo volverás?

Por supuesto, a pesar de que provenía de una familia de caballeros, no sabía nada de artes marciales. El que debería haberle enseñado a luchar, su padre, estaba muerto, y conseguir que alguien con algún renombre le enseñara, requería una gran cantidad de dinero y tiempo. No hace falta decir que no podía permitirse el lujo de prescindir de ninguno de los dos.

Por lo tanto, las maneras en que podía ganar elogios dentro del ejército eran limitadas. No es cierto, sólo había un método disponible para ella. Nunca tuvo el lujo de elegir en primer lugar.

Para mantener ese sueño vivo, entregó su propio cuerpo.

En otras palabras…

—Lucie…

Ahí, frente a la lamentable tumba, Dominica cayó de rodillas.

—La guerra finalmente terminó, y sin embargo…

Había recibido los elogios que deseaba, adquirió nuevas tierras como parte de su botín, y regresó a casa victoriosa… e incluso después de todo eso, este fue el resultado.

— ¿Por qué… por qué tenía que ser así?

—Mira eso…

Alrededor de ella, los aldeanos parecían explicarse mutuamente las circunstancias de la muerte de Lucie, pero Dominica escuchó poco o nada de lo que decían. Estaba completamente concentrada en lo que había delante de su hermana fallecida que yacía bajo la tierra. No había forma de que pudiera pensar en otra cosa en un momento como este.

Todo había sido por el bien de su hermana. No había nadie más que ella sintiera la necesidad de proteger. Tenía otras cosas que podía proteger, pero era sólo por su hermana que sentía que necesitaba proteger cualquier cosa en primer lugar. Fue por su bien que ofreció su cuerpo a soldados fornidos y caballeros de “pura raza” y similares, un método desgarrador para entrar en el campo de batalla del que la mayoría se estremecería.

Y cuando llegó ahí, había luchado y luchado hasta que recibió sus recompensas. Pero…

—Yo…

¿Había hecho mal en ir a la guerra?

Tal vez nunca debió haberse alejado del lado de su hermana. Incluso si no era capaz de evitar su fatídica muerte, podría haber cuidado de su hermana mientras estaba en su lecho de muerte. Entonces podrían haber fallecido juntas.

Seguramente Lucie debe haber esperado todos los días con ansias el regreso de su hermana.

Debió morir mientras estaba completamente consumida por la soledad y la desesperación.

Cuando Dominica pensó eso… no pudo soportarlo más.

—Oh… ohhh… ¡ooohhh…!

Justo ahí, frente a la tumba de Lucie, Dominica se quebró y lloró.

Hizo una bola con ambas manos en puños y golpeó el suelo repetidamente mientras sollozaba, sin prestar atención a la suciedad que cubría su brillante armadura de plata. No sabiendo cómo lidiar con la pena que se le venía encima, puso todos los sentimientos que no podía expresar en sus puños y continuó golpeando el suelo.

Entonces, un ruido resonó desde el cielo nublado que se extendía sobre Dominica.

—Oooooooohhhhh… oooooooohhhhhh…

Un aullido, que hizo eco casi por completo de los sollozos de Dominica, fueron emitidos por el dragón con una armadura de plata. Con la cabeza inclinada hacia los cielos, su gran cuerpo temblaba mientras soltaba su lamento hacia la oscura y nublada extensión de arriba.

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