La Princesa derriba banderas – Capítulo 89: La fatiga del hijo del marqués

Traducido por Ichigo

Editado por Sakuya

En la región suroeste de Flamme se encuentra un pequeño pueblo portuario llamado Guarnere.

Dentro de una habitación de una mansión construida en la cima de una colina que daba a la costa, yo, Georg Zu Eigel, exhalé un pesado suspiro.

Acababa de pasar las últimas tres horas hablando tediosamente con los representantes de la ciudad y los marineros.

Tenía la intención de terminar con esto, pero al traer a plebeyos que no conocían la etiqueta para una discusión adecuada, me vi obligado a ser tan paciente como pudiera.

Fueron muy firmes en justificarse a sí mismos negando la realeza de una tierra extranjera.

Los aldeanos intentaron todo, desde insinuar que la princesa intentaba ayudar a su familiar no era más que una elaborada mentira, hasta cuestionar la legitimidad de sus reclamos a la princesa.

Ya sea que se tratara de un acto para obtener la ventaja o no, había un límite a lo tonto que una persona puede llegar a ser. Cuando los desafié por su actitud grosera hacia la realeza de otro país, sus rostros se pusieron pálidos y finalmente mantuvieron sus bocas cerradas.

Fue una pelea fácil después de que agotaran su ingenio.

Un rápido caballo fue enviado a la capital con informes que detallaban un barco atracado sin permiso, medidas especiales en cuanto a la situación de emergencia, salvaguarda de los heridos y enfermos, y finalmente, una petición para suprimir a los piratas.

Había órdenes específicas dentro de los informes para mantener la existencia de la princesa en silencio.

El informe no contenía más que cortesía y la verdad de la situación, pero debido a las relaciones diplomáticas actuales, sería definitivamente visto como una amenaza. Aquellos en la capital que trataron a la princesa injustamente deberían estar sudando frío en este momento.

La mayoría de los que se habían dado cuenta de las desventajas, se habían echado atrás y mantenían sus objeciones.

Cuando amenacé al resto con mi relación con el actualmente floreciente comerciante, Julius Zu Eigel, se comportaron inmediatamente.

—Estoy cansado…

El pequeño susurro fue ahogado por el bullicio de la habitación.

Parecía que nadie me escuchaba. Al darme cuenta de ese hecho, me recompuse. Actuar tan complaciente después de las negociaciones no era algo que me permitiera hacer. Si el tío Julius me viera ahora, seguramente me daría su mejor sonrisa sarcástica.

Me levanté, aclaré mi garganta y notifiqué al personal que deseaba irme, y luego salí de la habitación.

Había una montaña de cosas por hacer, pero antes de eso debería darle al Sr. Belmar una visita rápida. Después debía encontrar a alguien que me ayudara con mi trabajo y dejar que Michael descansara.

Cuando la señorita Marie se despierte tendré una comida ligera preparada para ella. Puede hablar después de eso.

Cualquier conversación de ahora en adelante debe ser cuidadosamente discutida. Sí, debo ser cuidadoso, me dije a mí mismo.

Entendí que la señorita Marie estaba retenida en Flamme y enviarla de vuelta a Nabel lo antes posible sería lo mejor.

Pero esa no era mi decisión.

El objetivo de la señorita Marie todavía me eludía, pero confiaba en que no era un viaje caprichoso para visitar Flamme. Sin embargo, antes de poder preguntar nada, dudé después de ver su resolución absoluta.

Aun así, no podía pasar por alto el hecho de que ella está en peligro.

Me lamenté de mi propia decisión y suspiré una vez más mientras dejaba esos pensamientos negativos en otra parte.

—Um… ¿Sir Georg?

Una voz aguda me detuvo.

Miré por encima del hombro y ahí estaba una niña de unos 12 años. Con su ondulado pelo rubio fresa y sus ojos gris-azulados, sentí que la había visto antes en algún lugar. Ya que dijo mi nombre, no me sorprendería que fuera una conocida.

Ya sea gracias a la formación de mi tío o a un talento que yo tenía, podía recordar bien las caras. Pero por alguna razón, otros detalles se me olvidaban.

Sin embargo, sería demasiado grosero preguntarle a una dama dónde nos habíamos conocido.

Qué situación tan preocupante. Seguí mi entrenamiento y me reí con una sonrisa falsa. Sin embargo, la chica no cayó en esos trucos baratos.

—Soy la hija mayor del barón de Graz, Flora von Graz. Es un placer conocerlo.

Con una sonrisa irónica, dobló las rodillas, se pellizcó el dobladillo de la falda y me saludó.

De repente, me acordé. Su bisabuela tenía una estrecha relación con la familia Eigel y a menudo había una chica alrededor. Así que la chica que vi hace un año cuando visité a su bisabuela, la señorita Mehrich, era la señorita Flora.

Ya veo. No es una sorpresa que no la recordara.

Ella ha cambiado.

Mientras estaba aturdido, murmuré esas palabras en mi corazón.

Siempre estuve rodeado de chicas de su edad por mi posición como próximo heredero de la Casa del Marqués y por los diversos estímulos de mi madre. Pero ni una sola vez me sentí realmente feliz pasando tiempo con alguna de ellas.

Todas las jóvenes eran tímidas al principio, pero no se engañen, sus ojos eran de bestias carnívoras que atacaban a sus presas. Lo peor era que fingían inocencia en la superficie pero se mataban entre ellas cuando nadie las miraba. La lucha entre las chicas era intensa.

Más que lindas, eran aterradoras. Mi tío, por otro lado, hacía comentarios astutos como “Qué chico tan lamentable” mientras suspiraba.

Si fuera sincero, la señorita Flora era parte del puñado que era apropiado.

Apuesto a que los maridos cuyas esposas mostraron claras sonrisas altivas y hablaron condescendientemente, tendrían sus problemas.

Pero ver la amarga sonrisa de la señorita Flora no me hizo sentir incómodo en lo más mínimo. Con su sencillo vestido verde en su pequeño cuerpo, parecía una chica normal.

La mirada en su rostro era más bien modesta, casi como si hubiera perdido todo su orgullo y altivez.

Como si fuera una persona diferente.

Cuando pensé que estaba observando mis reacciones, sus hombros temblaron ligeramente y de repente soltó una pequeña risa.

—¿Señorita Flora? ¿Hay algo en mi cara?

Su sonrisa se hizo más profunda. Me miraba como una madre compasiva viendo el error de un niño.

—No… no esperaba que mostrara tal expresión.

—¿Eh?

Como si fuera una persona diferente. Está escrito en tu rostro —dijo bromeando la señorita Flora mientras mi boca estaba arriba.

Pensé que mis expresiones faciales eran tan duras como una máscara de hierro, pero la fachada se caía tan fácilmente. Juré en nombre de mi tío que haría un entrenamiento extra cuando llegara a casa.

—¿Te importa si camino contigo un rato?

Como una joven que atrapó a su hermano en sus momentos poco tranquilos, no tuve elección y asentí con la cabeza.

La conversación continuó mientras caminábamos por el largo pasillo. No había muchos temas en común de los que pudiéramos hablar, así que nos conformamos con la salud de la señora Mehrich y mi madre.

—¿Y por qué vino hasta Flamme, señorita Flora…?

A medida que las charlas se fueron apagando, quise llenar un nuevo tema.

—Eso es…

Sin embargo, la señorita Flora se quedó callada.

Pensé que estaba aquí para hacer turismo, pero aparentemente me equivoqué. Me di cuenta de mi error cuando vi su cara llena de dolor.

Cuando estaba pensando en una manera de animarla, vi a la señorita Flora con una sonrisa.

—¿Qué pasa Sir Georg? ¿Qué le ha traído hasta aquí, a Flamme? —devolvió mi pregunta y descartó el ambiente incómodo.

Gracias por su consideración. Le responderé con sinceridad.

—Vine aquí para encontrar algo.

—¿Una búsqueda? ¿Es para su negocio..? No, siento haber hecho preguntas tontas.

La señorita Flora reconoció que estaba fuera de lugar y retiró su pregunta.

—No, está bien. Lo que estoy buscando no es por mi propio bien, así que no sé mucho al respecto.

—Así que viajó a Flame… ¿Todo por otra persona?

Una vez que vi la expresión de sorpresa de la señorita Flora, me di cuenta de que lo que hice no era normal. Hacer el gran esfuerzo de viajar lejos a Flamme por otra persona no sería visto como mera buena voluntad.

Si viera a alguien más hacer lo que yo hice, también me sorprendería. La mayoría ya se habría rendido.

Pero no se podía evitar. Después de todo, quería hacer algo.

—¿Te arrepientes de tus acciones? —pronunció estas palabras con una débil sonrisa amarga. Me miró a la cara y sacudió la cabeza poco después—. No, eso no puede ser. Debes apreciar mucho a esa persona, ¿verdad? Lo puedo decir sólo por la mirada en tu rostro.

Rápidamente cubrí mi boca con la mano.

Aunque había notado que mis mejillas habían comenzado a sonrojarse, todavía era vergonzoso que otras personas lo señalaran.

Cuando recordé su rostro lloroso, mis mejillas se calentaron sin querer.

Ugh, ahora que lo pienso, he estado haciendo todo tipo de expresiones incómodas durante toda esta conversación, ¿no es así? El hecho de que ni siquiera pudiera mantener una conversación con una chica era bastante lamentable. Con todo mi tartamudeo y mis dudas, me preguntaba cuál era la impresión que la señorita Flora tenía de mí. Ojalá pudiera olvidarlo, pero eso sería demasiado conveniente.

—Por favor, no me mire demasiado.

La señorita Flora bajó la mirada y habló con una pequeña voz mientras sonreía.

Su voz burlona era animada, pero de alguna manera esos ojos grises y azules estaban llenos de soledad.

—¿Señorita Flora…?

¿Se encuentra bien?

Las palabras que se suponían que debía decir fueron interrumpidas por un fuerte ruido. Sonaba como si algo hecho de cristal se hubiera roto.

Nos volvimos hacia el lugar de donde provenía el sonido.

—Creo que la princesa está ahí…

La señorita Flora murmuró algo mientras miraba la habitación al final del pasillo. Capté sus palabras y empecé a correr.

Llegué a la puerta con ímpetu, pero me detuve antes de poder entrar. El cuarto de una chica… No solo eso, sino que entraría en los aposentos de Su Alteza durante la noche. Sería más que grosero entrometerse. Sin embargo, esto era una emergencia.

Mi vacilación duró solo unos segundos.

—¡Perdonen mi intromisión!

Abrí la puerta de golpe.

Había imaginado que algún matón asaltaría la habitación, pero no había nadie a la vista. Todo estaba en su lugar como debía ser. Lo único que estaba mal era un vidrio roto cerca del cofre de nogal que estaba debajo de la ventana.

La alfombra húmeda, las flores azules dispersas y los trozos de cerámica rota me dijeron que el jarrón estaba roto. Tal vez se quedó atrapado en las cortinas revoloteando.

Suspiré, aliviado. Pero cuando miré alrededor de la habitación, algo no estaba bien. No había nadie aquí. Ni una sola alma. Solo una fina manta cubría el sofá donde se suponía que estaba durmiendo.

—¿Señorita Marie…?

Nadie respondió a mi llamada.

Me quedé atónito cuando la fría brisa hizo que las cortinas volaran.

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