Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 7

Traducido por Kavaalin

Editado por Sharon


Exhalé y una gran burbuja de aire escapó de mis labios. Es doloroso, no puedo respirar. Mientras pensaba eso, abriendo más mi boca, otra burbuja se elevó. Mi garganta estaba abierta para inhalar aire. Pero mis pulmones no se expandían, en vez de eso, sentía como si fuera a vomitar ya que mis pulmones estaban siendo presionados por un peso asfixiante. A pesar de que quería toser, una burbuja tras otra dejaba mi boca y esa sensación de ahogo no cesaba. O debería decir que no era capaz de respirar.

Un molesto sonido de burbujeo hizo eco cuando una burbuja se agrandó y cubrió mi rostro. Cuando extendí mis brazos angustiada, algo enrollado alrededor de mi cuerpo se sacudió enormemente y se alejó. Pero retornó a su posición inicial al segundo siguiente y me envolvió. Extendiendo mis manos, mis dedos atravesaron algo y sintieron el aire. Un sonido de salpicadura resonó en la distancia. En ese momento, finalmente me di cuenta de en dónde estaba.

Me estaba hundiendo. Estaba sumergida dentro del agua. En otras palabras, me estaba ahogando. No me había dado cuenta hasta este momento porque había perdido la consciencia. Probablemente había despertado abruptamente porque mi cuerpo trataba de advertirme. Me advertía que si las cosas continuaban así, moriría. Cuando recordé que hasta sólo unos momentos estaba tomando un baño, naturalmente entendí que me encontraba en la bañera.

Traté de pararme con una mano y estiré la otra para apoyar mi cuerpo pero no funcionó. La palma de la mano que haber usado el fondo de la bañera como apoyo no dejaba de resbalarse. Finalmente, una de mis piernas perdió el equilibrio e hizo un fuerte ruido cuando atravesó la superficie del agua. Seguidamente, mi otro pie se hundió e hizo un ruido aún más fuerte. Mientras me mantenía luchando, la parte superior de mi cuerpo se mantuvo completamente hundida y, sin embargo, sentía como el dolor desaparecía. Pensaba que tal vez mi consciencia se estaba nublando, pero no tenía forma de confirmarlo. Para empezar, me encontraba dentro del agua, todas las líneas fronterizas a mí alrededor eran vagas y borrosas.

Incluso el hecho de que me estaba ahogando parecía mentira.

— ¡…Rita! ¡Seño…rita! ¡¡Ah, señorita…!! ¡¡Señorita!!

Era capaz de ver el rostro de alguien al otro lado de la difusa superficie del agua. No podía distinguir sus rasgos debido a lo borroso, pero por su figura probablemente se trataba de una sirvienta. ¿Se había dado cuenta por el ruido o había venido a comprobar cómo estaba debido a que me estaba demorando demasiado? Mientras continuaba llamándome metió sus brazos en la bañera para tratar de pararme. Pero era imposible que una mujer sola levantara una persona de su mismo tamaño. Mi cuerpo se hundió aún más en el agua. Intenté tragar aire de una bocanada pero una gran cantidad de agua entró por mi garganta. Sentía como mi visión se oscurecía.

— ¡Alguien…! ¡¡Quien sea!!

El sonido estaba amortiguado pero podía escuchar a la sirvienta llamando por ayuda. Parecía que mis odios todavía funcionaban. Pronto llegaron varias sirvientas, alarmadas por el ruido y finalmente fui rescatada.

O es lo que me gustaría decir, pero sólo lograron sacar la parte superior de mi cuerpo del agua. Cuando agarré a una sirvienta del brazo mientras tosía violentamente, noté que esta temblaba. La sirvienta que me miraba con un rostro desprovisto de todo color era Merge. Su desconsolada mirada distorsionada por el dolor penetró en mi pecho. Mientras tosía una y otra vez, luchando por tomar aire, al mismo tiempo pensaba con la mente fría. No podía creer que había cometido tal idiotez.

Tomar un baño sola no era encomiable, pero ahogarse en la bañera no terminaría simplemente convirtiéndose en una anécdota chistosa. Debido a que ya no era una niña, toda la responsabilidad recaía en mí. La hija de un aristócrata debía pedir prestada la ayuda de sirvientas para bañarse. Alguien debería de haberse quedado en la habitación conmigo. Porque yo era la próxima marquesa. Protegerme a mí misma era una obligación impuesta como deber. En otras palabras, significaba que tenía que hacer mi mayor esfuerzo para protegerme a mí misma. Debería de haberlo sabido y sin embargo…

Fu… 

¿Había exhalado para escapar del dolor o, era para reírme de mi propia idiotez? Ni siquiera eso lograba entender ya.

Poco después, otra sirvienta me envolvió con una toalla. Esta sólo servía para calentar mis congelados hombros, sin embargo, debido a que gran parte de la toalla se había hundido en la bañera, se había vuelto pesada. El hecho de que era incapaz de pararme por mí misma me dejaba conmocionada. Desde ambos lados de la bañera, dos sirvientas trataban de pararme pero no pudieron y mi cuerpo, el cual había sido levantado con mucho intentar, volvió a caer en el agua. Mi cuerpo parecía protestar, como si hubiese perdido todos sus huesos y se negara a escucharme. Un suspiro escapó involuntariamente de mi boca y mis labios se hundieron en el agua. En ese momento…

La puerta que debería de haber estado cerrada se abrió de golpe y un hombre con cabello dorado entró rápidamente en la habitación. Que su frente estuviera cubierta de sudor no era solo mi imaginación.

—¡Joven Alfred! —Marge alzó la voz mientras sostenía mi cuerpo sin fuerzas.

Me envolvió con aún más toallas, tratando de esconder mi cuerpo de los ojos de Al. Pero este no estaba perturbado en lo más mínimo y caminó hacia el centro de la habitación, empujando a Merge a un lado. Sin preocuparse por ella, quien había gritado una vez más, me sacó de la bañera.

Era plenamente consciente de que no era bueno exponer mi piel a alguien del sexo opuesto, incluso si se trataba de mi escolta, pero también era cierto que me sentía aliviada. Mis pies se habían hinchado y dormido, ya no los sentía.

—¡¿Por qué la dejaron entrar sola?! —rugió Alfred, dirigiendo su mirada hasta Merge.

—E-Eso… —Comenzó a tartamudear de inmediato mientras vagaba con su mirada por la habitación.

—Fui yo la que dije que quería bañarme sola… Además, Merge acaba de llegar. —agregué, intentando no toser. Al apretó los labios y sacudió su cabeza.

—Había escuchado que eran excelentes sirvientas, pero parece que no es así, —dijo en un tono serio. —No creo que una excelente sirvienta haga absolutamente todo lo que su amo le ordene. —Sonaba totalmente frío. Pero yo entendía que en realidad estaba iracundo.

—Lo siento, Al. Fue mi culpa.

Las sirvientas se encogían al recibir su mirada fulminante. Trataba de responder en vez de las sirvientas, quienes se habían quedado completamente mudas. Pero no pude hacerlo bien y mi voz tembló al pronunciar las últimas palabras. Era natural, ya que casi había muerto. Ya fuera que Al fuera consciente de esto o no, rechazó tajantemente mis palabras con una voz desprovista de emoción.

—No hay necesidad de que mi señorita se disculpe.

Me tomó en sus brazos fácilmente como si la lucha anterior de las sirvientas hubiese sido sólo teatro. Seguidamente, me cargó con cuidado. Las sirvientas que se habían alarmado cuando Al, una persona del sexo opuesto, había entrado al baño, lo miraban en silencio, entendiendo que era necesaria la ayuda de un hombre.

Para empezar, me encontraba en el cuarto de baño adyacente a mi recámara, así que cuando saliéramos del vestidor llegaríamos directamente a mi dormitorio. Y allí no habría nadie. Justo cuando estábamos a punto de salir del baño, una sirvienta me puso una bata de baño encima. Probablemente pensaba que las toallas no eran suficiente. Al me depositó suavemente sobre la cama.

—Regresaré más tarde —dijo, y se retiró. Me estaba dando tiempo para vestirme.

Me apresuré en levantar mi débil cuerpo y, cuando logré alzar mi espalda, la bata se deslizó por mi cuerpo. Esta vez me fueron entregadas ropas de noche. Sin confirmar de quién se trataba, pasé mis brazos por las mangas.

—Señorita, me disculpo profundamente… —dijo una voz temblorosa en ese momento.

Sin mirarme al rostro y manteniendo su cabeza gacha, la persona que hablaba era Merge. Probablemente se estaba disculpando en nombre de todas, debido a que ella era la que tenía más antigüedad entre las sirvientas presentes.

—Lo dije antes, pero no tienes que preocuparte. Porque fui yo quien dijo que quería estar sola.

Mi vaga conciencia también estaba volviendo. Mis dedos no temblaban y podía hablar con claridad. Esto me hacía sentir increíblemente aliviada.

No había muerto… Todavía estaba viva.

—Lo siento. —Mientras decía eso en un tono calmado para evitar que el ambiente se volviera pesado e incómodo, toqué el hombro de Merge.

—¡Por favor, deténgase…! —dijo mientras se alejaba de mi mano, dando dos, tres pasos hacia atrás. Aunque sólo se trataba de una pequeña distancia, era suficiente para prevenir que nos tocáramos. Se suponía que debía estar cerca y, sin embargo, por alguna razón sentía que estaba muy lejos.

Las otras sirvientas se habían ido sin que me diera cuenta y ahora sólo quedamos las dos. En este silencio sepulcral en el que había caído la habitación, su voz calmada había hecho eco.

—No hay necesidad de que se disculpe, porque fui yo la que falló en su deber como sirvienta.

Al verla así, entendía que realmente se arrepentía.

Pero mi mente estaba absorta en el sueño que había visto mientras me estaba ahogando en la bañera. La sensación de perderlo todo en el momento de mi muerte. Esa conmoción. Aunque la había experimentado suficientes veces como para que terminara cansándome, todavía no me había podido acostumbrar. Era tan angustiante, doloroso y triste que no pudiera evitarla. Era algo que no se podía expresar con palabras. Me preguntaba por qué ese momento cuando estabas al borde de la muerte le causaba tanta agonía a la gente. Había rezado muchas veces para que al menos me fuera otorgada una muerte apacible. Cada vez que moría, siempre pensaba en esto.

—Pero, yo soy la culpable —murmuré mientras mis pensamientos vagaban sin rumbo. No solo esta vez. Siempre, siempre llamaba a la desgracia. Aunque había vivido tantas vidas, había repetido todo tantas veces, aunque me había sido ofrecido una vida enmendable… no podía vivir bien. —Derramando tinta, ahogándome en la bañera… Estoy realmente más allá de la salvación.

Había intentado decirlo como una autocrítica, pero inesperadamente mi voz había salido con un tono serio. Los hombros de Merge, quien de nuevo había bajado la cabeza, temblaron un poco y ella alzó su rostro súbitamente. Sus manos apretaban fuertemente su pecho, como si le doliera. El cuello de su vestido, el cual siempre se encontraba arreglado ahora estaba torcido y aplastado por sus palmas.

—¿Merge?

— Por qué, señorita? ¿Por qué es tan… amable? No habría sido extraño que me reprendiera por lo que hice. En lugar de confiar en las otras sirvientas ¡debería haberme quedado a su lado y, sin embargo…!

Merge hizo una expresión como si fuera a ponerse a llorar en cualquier momento, a pesar de que la crítica anterior de Al había sido mucho más feroz. Era realmente raro viniendo de alguien que siempre mantenía la calma como ella. La mujer que había pasado tiempo conmigo cuando era pequeña siempre tenía una mirada tranquila. Quedarme a solas con ella, quien usualmente asistía constantemente a Silvia, era raro, no sabía qué decir para animarla. Si hablaba ahora, diría: “Eres la sirvienta de Silvia, así que no deberías preocuparte por esto”.

Sin embargo, las palabras que planeaba decir se quedaron atoradas en mi garganta y se negaban a salir. Si las decía ahora, definitivamente serían tomadas como sarcasmo. Dado que entendía esto, pasase lo que pasase, no debía decirlas. Aunque ella podría haber querido que la culpara. No quería decirlo. Así como Marianne y ahora también Merge me describían, quería volverme una persona tolerante. Alguien que pudiera perdonar todo, amar todo, conferir amabilidad a todos.

Siempre había querido convertirme en esa clase de persona.

♦ ♦ ♦

Al final, la única palabra que había logrado decir a Merge, quien seguía disculpando había sido “gracias”. Con una sonrisa en mi rostro, le había dicho que estaba agradecida por su consideración.

Sabía que al hacer esto, todo se resolvería pacíficamente. Cuando estabas en medio de una conversación con alguien, si no podías entender las intenciones de tu compañero, por el momento podías detener la discusión dándoles tu agradecimiento. Si lo hacías, en la mayoría de los casos evitarías crear un ambiente incómodo entre ustedes. Sin embargo, a pesar de mi sonrisa, no era capaz de convencer a Merge.

A pesar de que ella me lo enseñó cuando era pequeña.

—Debe ser una dama en todo momento.

En otras palabras, una dama siempre debía sonreír y comportarse, eso debió haber sido lo que había querido decir. Lo estaba haciendo bien, ¿verdad? Instintivamente me tragué esas palabras. Merge me miró a la cara por un momento, pero luego suspiró y bajó la cabeza profundamente. Entonces, manteniendo la cabeza gacha, salió de la habitación como si estuviera tratando de escapar de mi mirada. En ese breve momento antes de darme la espalda, claramente había mostrado una expresión de dolor.

Espera, estuve a punto de verbalizar. No te vayas, casi había dicho. Era cierto, quien había abandonado a la otra no había sido yo. La única que me había desechado había sido Merge. Y, aun así, que estuviera haciendo una expresión como si estuviera siendo abandonada, era injusto.

Me recosté en la cama, respiré hondo y cerré los ojos. Era la hija de un aristócrata de una casa condal de tercer rango y la prometida de Soleil, el heredero de una familia marquesina. Por lo que no debía ser sacudida por tan poca cosa. Debía mantener la compostura. No debía dejar que nadie se percatara de mi corazón vacilante. No debía ser perturbada por nada, en vez de eso, debía jactarme de mi fuerza para intimidar a mis oponentes. Ya que me habían criado para convertirme en esa clase de persona.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué no podía suprimir mi aflicción?

—Me fue reportado que casi te ahogaste en la bañera.

Apenas unos minutos después de que Merge se fuera de mi habitación, apareció mi madre. Estaba haciendo una expresión complicada, pero más que preocupada parecía estar meditando sobre algo. Estaba a punto de levantarme, pero ella me dijo que me quedara como estaba, así que terminé mirándola, mientras se sentaba al lado de la cama. Al sentir repentinamente una mirada sobre mí, miré hacia la esquina de la habitación y me encontré con  mi caballero escolta. Supongo que habría entrado con mi madre. Aunque estaba frunciendo el ceño, no parecía enojado. De hecho, probablemente estaba ansioso por mi estado. Debido a que habíamos estado juntos desde hacía mucho tiempo, entendía completamente cuán amable era. En el pasado, había interpretado mal este sentimiento y había terminado perdiéndolo.

—No te sientes mal, ¿verdad?

Cuando asentí ante la pregunta de mi madre, ella soltó un gran suspiro y se sostuvo la frente.

—¿Madre?

—No me hagas preocuparme.

Al ver la triste expresión de mi madre mientras murmuraba con la cabeza gacha, por alguna razón mi corazón se entibió. Aunque por lo general le daba igual lo que pasara conmigo, parecía que esta vez sí se había preocupado. Saber eso calmó a mi corazón. Justo cuando pensaba que era inescrupuloso de mi parte tener esos pensamientos y estaba a punto de sonreírle,

—Tener que preocuparme por esa niña ya es suficiente.

Entendía perfectamente las palabras de mi madre. La sonrisa que estuve a punto de mostrar fue destruída en un instante. Aun así, mis labios de alguna manera lograron formar un gesto gentil. Mis dientes chocaban entre sí como si estuviera temblando de frío. Levanté el rostro preguntándome si mi inquietud había sido percibida, pero mi madre todavía estaba haciendo la misma expresión complicada. Un pensamiento cruzó mi mente. Tal vez las palabras que había escuchado habían sido sólo una alucinación auditiva. Pero…

—Es problemático para mí. Si incluso tú eres así, es problemático, —fueron las palabras soltó, las palabras que cayeron en mí.

Un suspiro se suponía que debía ser cálido y, sin embargo, ¿por qué se sentía tan terriblemente gélido? Esas palabras se deslizaban por mis mejillas, su filo cercenaba mi piel como si estuvieran cortando grandes trozos de hielo. Incluso si sabía que esto se trataba sólo de una ilusión, las comisuras de mis labios se distorsionaban por el dolor. Incluso si este dolor era sólo una ilusión, entendía que las palabras que habían salido de los labios de mi madre eran reales.

De inmediato quise taparme los oídos e intenté levantar los brazos para hacerlo. Pero, mis brazos exhaustos sólo se movieron un poco antes de hundirse pesadamente en las sábanas. Eran pesados ​​como el plomo. Como tratando de resistirse, las yemas de mis dedos se movieron, pero sólo pudieron clavar mis uñas en la tela.

—Silvia también dijo que no se sentía muy bien… Cuando crees que la condición de esa niña ha mejorado, al momento siguiente empeora, así que no puedes descuidarte, —dijo mientras relajaba el ceño.

Era algo doloroso ver esa expresión suya y, cuando parpadeé una vez, la escena que había visto en los archivos se desplegó frente a mis ojos. Esa niña hablando alegremente en medio de la gentil luz del sol, las figuras de nuestros padres caminando detrás de ella. Supongo que su condición empeoró por haber tomado el sol durante mucho tiempo. Quizás, incluso una suave brisa que normalmente se sentía bien podría resultar ser venenosa para Silvia. En ese momento, mi madre… En ese momento, mientras se encontraba en medio de esa feliz pintura idílica, a mi madre probablemente no le importaba dónde me encontraba yo. Esa madre que tenía conocimiento del paradero de Silvia en todo momento. Por ejemplo, si la figura de Silvia desapareciera de su habitación, no había duda de que se convertiría en un incidente importante y la mansión sería puesta patas arribas. Mi madre estaría extremadamente decidida, se volvería frenética. Pero cuando yo desaparecía no se convertía en un alboroto. Ese era el nivel de valor que mi existencia tenía en esta mansión.

Porque de todos modos, yo sólo era un bien del marqués que estaba siendo guardado aquí. Eso era lo que significaba convertirse en la prometida de Soleil.

—Esa niña es realmente frágil —dijo con tristeza. Yo sólo pude asentir.

—Sí, es cierto… —Mi ronca voz sonaba terriblemente débil, pero parecía que yo era la única que pensaba eso.

—Para casi ahogarte en la bañera… ¿Qué te pasó? —Estaba siendo presionada a responder esta pregunta. Su ceño fruncido claramente me estaba culpando. —Aunque imperfecta, sigues siendo la prometida del hijo mayor del marqués.

Para mí, sus palabras eran muy obvias. Deja de hacer algo tan vergonzoso como ahogarte en un baño oscuro. Fue lo que la escuché decir. Ya no podrás actuar como una niña mimada. 

Recordaba las palabras de rechazo que me había dicho en mi infancia.

Solté un muy, muy pequeño doloroso suspiro. No podía respirar bien, sentía que algo estaba bloqueando mi pecho.

A pesar de que no me estaba ahogando en el agua, sentía como si me estuviera hundiendo por completo.

—Mi pie se resbaló. —Intenté reír, tratando de sentir como si realmente fuera gracioso. El sonido resonó varias veces en lo profundo de mi garganta. Como si realmente me estuviera riendo.

—Eres una niña sin remedio —dijo con un pequeño suspiro. Seguidamente, hizo una leve sonrisa irónica. Nos estábamos mirando, cara a cara, con una sonrisa en nuestros rostros y, sin embargo, nuestros corazones se encontraban a la deriva en un lugar muy lejano. Pero tal vez le había mostrado a mi madre la expresión que quería de mí porque no me culpó de nada más.

Ah, no me equivoqué.

Sintiéndome aliviada, secretamente me acaricié el pecho para no dejar que nadie lo notara.

—Señora, ya va siendo hora.

Quien rompió el silencio que había caído entre mi madre y yo fue mi escolta, quien observaba el transcurso de la conversación desde una esquina de la habitación. Seguramente estaba preocupado por mí. La atmósfera que circulaba entre mi madre y yo no podía describirse como tranquila. Era imposible no notarlo. Mi madre rápidamente apartó sus ojos de mí y le mostró una dulce sonrisa a Al.

—Es verdad —respondió. Entonces, se levantó lentamente. Seguido de eso, abrió la puerta sin voltearse en mi dirección ni una sola vez. Como si no pudiera imaginar que estuviera mirando a su espalda. No, tal vez… No había volteado precisamente porque lo sabía.

Mi mirada fija era como la de una niña pequeña anhelando el calor de su madre, irremediablemente patética y miserable.

—Mi señorita, me disculpo profundamente.

Después de que mi madre se fuera con la sirvienta que esperaba detrás de la puerta, Al, que todavía en la habitación, bajó su cabeza.

—¿Por qué te estás disculpando…?

Era una pregunta genuina, pero parecía que había sonado diferente para Al.

—Me disculpo profundamente —repitió, y volvió a agachar la cabeza.

—Todos ustedes siempre se están disculpando. Me pregunto, ¿piensan tan mal de mí?

Una risa escapó de mis labios, pero por alguna razón también brotaron lágrimas. Al miró mi rostro sin decir nada.

—¿Fuiste tú quien llamó a mi madre?

Cuando me sentí con ánimos de preguntar esto, Al sacudió su cabeza.

—No.

—Entonces fue Merge. —Un suspiro se entremezcló con la conclusión que había sacado de su respuesta.

—Debí de haberla detenido, —escupió Al mientras se tragaba el aliento y fruncía los labios. En otras palabras, su disculpa anterior tenía una razón de ser.

Sin embargo, podía entender que la acción de Merge provenía de su amabilidad. Probablemente había pensado que me ayudaría, dado que era mi madre. Era la persona que empleaba a las mejores sirvientas por el bien de su hija. Una persona que siempre hacía lo mejor para su familia. Mi madre era una persona maravillosa, porque amaba a su familia. Nadie podía compararse con esa imagen de madre. Era una madre. Sólo una madre. Nada más y nada menos.

—Desde ahora en adelante, serás la prometida de Soleil. Un feliz futuro se te ha sido prometido. Ya que te convertirás en la esposa del marqués. Así que, desde hoy, ya no serás la hija de la familia del conde, serás la prometida del heredero del marqués.

Esto es lo que mi madre me dijo cuando se decidió que me convertiría en la prometida de Soleil. No era como si esas palabras hubiesen sido dichas con indiferencia. Tampoco eran insensibles. Mi madre no estaba equivocada. Pero…

—Al.

—Sí…

—Al.

—Sí.

Probablemente se debía a que se encontraba en la habitación de una mujer soltera, incluso si se trataba de su ama. Preocupado por esto, mi escolta se mantenía a cierta distancia, mirando mi expresión mientras una sonrisa amarga involuntaria se formaba en sus labios. Era igual que en mi vida pasada. Aunque mi mano estaba extendida hacia él, ni siquiera estábamos conectados. Cuando le dije que quería que se acercara, no se opuso a mi petición.

—Mi mano… ¿Podrías sostenerla?

Mi voz sonaba horrible y distorsionada. Mi suspiro poco confiable y vibratorio había hecho que mi visión se tambaleara. Parecía que estaba a punto de comenzar a llorar incontrolablemente al recordar esta escena. Era igual que en mis vidas anteriores. Nuevamente, nos enfrentábamos de la misma manera que alguna vez lo habíamos hecho. Al igual que en ese momento, Al se paró a unos pasos de la cama, sin tomarme de la mano. Es porque ambos entendíamos que si lo hacía, ya no seríamos sólo ama y siervo.

—No, no es nada. Sólo quería probar a decirlo.

—Sí, entiendo…

No podía evitar sentirme triste y dolida. Aunque las había sentido innumerables veces, no podía comprender cómo estas emociones casi me destruían. No podía aumentar mi tolerancia, siempre era herida, la profundidad del dolor que tenía que soportar siempre era la misma. ¿Qué tan cómodo se sentiría si pudiera desechar mi corazón?

Si tan sólo pudiera resignarme a no ser amada por nadie. Todo sería más fácil.

—Al, ¿escucharías mi historia?

—Por supuesto.

—Es una historia sobre mí, Silvia y… nuestros padres. Es una historia sobre mí, a quien se me negó el amor desde el momento de mi nacimiento.

Cuando dije eso, mi corazón se oprimió como si fuera asaltada por un mal presentimiento.

Quería que alguien me escuchara. Pero no quería que nadie me escuchara. Quería que alguien entendiera, pero no quería que nadie entendiera. Sobre mi miserable vida, sobre la vida que había vivido mientras me convencía de que seguramente era amada. Sin embargo, no había dicho que quería que él lo entendiera.

Solo había una sola persona que había querido entender. Porque esos ojos negros siempre veían a través de todo.

—Silvia es una princesa.

—Sí, —aceptando lo que había dicho, asintió profundamente.

En la mansión, Silvia era tratada de esta manera. Tanto por mis padres como por los sirvientes. Ella era ese tipo de existencia, porque era atesorada como la luz de sus ojos, como una gema preciosa. Sin embargo, el significado de mis palabras era diferente.

—No, Al. No es una metáfora.

Silvia es, una genuina, princesa. Y la protagonista de una historia.

Los ojos de Al estaban llenos de sorpresa mientras escudriñaban mi rostro. Un poquito de inquietud y miedo mezclados en su mirada. La mayoría de los humanos probablemente mostrarían la misma reacción cuando tocaran la verdad que no debería de ser conocida.

—Y yo soy el verdadero personaje de apoyo de una historia.


Kavaalin
¡Chan, chan, chaan!

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2 thoughts on “Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 7

  1. Atelier Otaku says:

    No he podido evitar llorar, además me duele en el alma que ella y Al nunca esten juntos, estoy segura de que podría ser feliz con el!!! TT^TT

  2. Lirio Alicia says:

    Buaaaaaaaa lloro, lloro, sufro, sufro 😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭 pero creo q soy masoquista x q sigo leyendo 🤔🤔🤔
    Gracias por la droga 😣😣😣

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