Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 8

Traducido por Kavaalin

Editado por Sharon


En una historia, siempre hay un tema. Si comparábamos esta extraña vida con una historia, me preguntaba, ¿cuál sería el tema? ¿Y qué tipo de enseñanza contendría?

—Al, ¿conoces este libro?

Cuando le mostré un libro que había sacado silenciosamente debajo de mi almohada, Al levantó con destreza una de sus cejas e inclinó la cabeza. Tal vez pensaba que era un poco insatisfactorio que la hija de una familia noble leyera este tipo de libros, ni muy gruesos ni muy delgados.

Sin embargo, su legibilidad era probablemente una de las razones por las que se había hecho tan popular, incluso entre los miembros de la alta sociedad, independientemente de su rango. Como no había muchos personajes, las relaciones humanas no eran complicadas. Sólo se desarrollaba la historia amorosa entre la princesa del reino vecino y un caballero.

—Por supuesto que lo conozco, pero…

“¿Qué hay con eso?” Al miró el libro que sostenía mientras hacía una expresión tan seria que dejaba entrever sus dudas. Debido a que durante una época este libro se había convertido en un tema popular de conversación entre los aristócratas, como subordinado de una, no era de extrañar que lo conociera. No habíamos hablado de él, pero probablemente al menos había escuchado el título.

—¿Sucede algo con ese libro?

Al, que se encontraba demasiado lejos como para alcanzar el libro, dio un paso adelante y miró la novela que le estaba mostrando. Parecía dudar acerca de si estaba bien recibirlo o no. Su mano derecha quedó suspendida en el aire por poco tiempo antes de que la devolviera a su posición original, sin tomar el libro.

—Me pregunto si alguna vez has leído este libro, Al.

Ante esta pregunta, como era de esperarse, sacudió la cabeza para responder negativamente.

—Oh, es ese tipo de historia… —respondió después de contarle brevemente la trama mientras asentía con la cabeza con una expresión desinteresada. Marianne también había reaccionado así, pero aun así el libro se había hecho popular en la alta sociedad y las personas que mostraban la misma reacción que ellos eran pocas.

—Entonces, ¿qué tiene de especial este libro?

La princesa del reino vecino y un simple caballero, estos dos personajes principales que normalmente nunca habrían terminado casándose, transformaban la historia en un magnífico romance, era una historia cuyo único contenido era la relación entre los protagonistas. Aunque estos dos personajes se habían vistos enfrentados contra un duro destino, en este mismo reino había muchos nobles que nunca se habían podido casar debido a la diferencia en sus rangos sociales.

Si buscabas entre ellos, seguramente encontrarías una historia aún más dramática. Es por eso que Al no encontraba ningún interés en el contenido de esta novela. Más bien, parecía sospechar del libro en sí mismo, dudando si contendría algún mecanismo secreto o no. Sus ojos azules miraban desconfiadamente la portada y contraportada.

Sin embargo, no había nada especial en este libro. Nada era diferente de lo que se podía comprar en las librerías normales, era un bien que podía ser obtenido al día siguiente de solicitarlo a nuestro proveedor habitual. Bastaba decir que, como novela romántica, su portada era extremadamente simple.

—Este libro le pertenece a mi padre.

Trataba de evitar que mi voz temblara, pero no creía haberlo logrado.

Esas palabras, teñidas con una inseguridad mayor a la que había imaginado, resonaron en la silenciosa habitación. Aunque tenía la intención de pretender estar tranquila, de repente, mis dedos perdieron su fuerza. El libro cayó en la alfombra con un ruido sordo, sus páginas se voltearon a pesar de la falta de viento.

Cuando estaba a punto de moverme para levantarlo, Al me detuvo con la mirada y tomó el libro. Permanecí acostada en la cama, simplemente mirando el objeto en su mano. Fue en ese momento que noté que mis propias manos temblaban. Solté la respiración que había estado reteniendo involuntariamente. Mi corazón, el cual debería de haberse calmado, latía rápidamente.

¿Estaba realmente bien continuar y contarle la verdad?

De repente, me di cuenta de que tenía miedo y cerré la boca.

—¿Pertenece al amo?

La voz de Al estaba teñida de dudas, probablemente porque sabía que esa persona no me regalaría algo así. En estas repetidas vidas mías, en esta vida que no era tan larga, las cosas que mi padre me había dado eran pocas. Si lo pensaba, el collar que había recibido el año de mi debut social era el único artículo que podía declarar haber recibido de mi padre. En cuanto a otras cosas… como los libros necesarios para mi educación como dama, los vestidos que me ponía cuando me invitaban a otra casa, o los adornos que me entregaba mi madre, no pensaba que mi padre hubiera estado involucrado.

Mi madre me los había entregado personalmente, diciendo: Tu padre te lo regaló, pero la verdad era diferente. Probablemente se había compadecido de mí, que nunca recibía nada y me había dicho esa mentira.

Por eso, mi madre no sabía de esta novela romántica y mi padre no me la regalaría. Al también lo sabía. Como mi escolta, había notado lo innatural de mi pobre relación con mi padre.

—Lo robé.

Cuando le dije esto a Al, que se encontraba frunciendo el ceño, este abrió los ojos, mostrando una reacción interesante. Como su expresión era tan diferente de lo habitual, me eché a reír sin querer, una risita avergonzada que surgió desde las profundidades de mi garganta.

—Señorita…

Creo que pensó que me estaba burlando al ver mi reacción. Con un tono de protesta mezclado en su voz, me miró a los ojos.

—Es verdad, ¿sabes? Realmente lo robé, —repetí, esta vez sentándome correctamente en la cama.

En comparación con antes, sentía que la mayor parte de mi cansancio se había desvanecido. Una vez perdida la oportunidad de simplemente reír y esquivar el asunto, Al tragó saliva en silencio. Robar las pertenencias de un padre no era algo que debiera hacerse, sin tomar en cuenta a las demás familias, en nuestra casa, no estaba permitido. Sin mencionar el hecho de que la delincuente no era Silvia sino que yo. Si mi padre se enterara de ello, me condenaría sin darme tiempo para defenderme. Tal vez la palabra “condenar” era demasiado dura.

Sin embargo, sería agredida con palabras desalmadas como: No recuerdo haber criado a una hija así, y probablemente sería encerrada en mi habitación. Me daría un castigo discreto para que este hecho no alcanzara oídos ajenos. Pero si Silvia hubiera sido la delincuente, no había duda de que se habría reído y la perdonaría, diciendo algo como, esta niña no tiene remedio, ¿qué haré contigo? Y todo terminaría después de reprenderla gentilmente, mantén tus travesuras en un nivel moderado. 

¿Confiaba tanto en esa niña o, simplemente sospechaba que yo era una existencia dañina para esta casa? Aunque había imaginado varias posibilidades como esa, al final, no podía asegurar nada.

—Señorita, ¿puedo escuchar sus razones?

Sin atreverse a abordar directamente el tema del robo, Al miró el libro. Estaba observándolo intensamente con la cabeza inclinada, probablemente porque no importaba dónde mirara, no había rastro del mecanismo oculto que esperaba encontrar. ¿Había pensado en la posibilidad de que su interior hubiera sido vaciado para ocultar algún tesoro? Pero muy pocas personas usarían un método tan clásico.

—No tiene ningún truco, ¿sabes?

Cuando repetí esto una vez más con una sonrisa, Al movió su línea de visión para observarme. Parecía querer una respuesta a su pregunta.

—Razón, una razón preguntas…

Sin embargo, no tenía una respuesta para él. Podría decirse que había encontrado el libro por mera coincidencia o que algo me había incitado a descubrirlo. Sentía que había sido conducida por alguna circunstancia y guiada por una fuerza mayor y, como resultado, no había podido evitar encontrarlo. Probablemente nadie sabía la respuesta. Si alguien lo supiera, entonces sólo sería ese ser llamado Dios.

—Lo siento, Al. No puedo decírtelo. Por lo tanto, sería feliz si no me preguntaras.

Mientras negaba con la cabeza en señal de rechazo, él entrecerró sus ojos del color de un profundo mar. Este gesto era como tratar de verificar algo que se encontraba muy lejos.

—No, fui demasiado intrusivo.

Sonreí irónicamente al ver a mi escolta con la cabeza gacha en un estado ligeramente deprimido. Tal vez realmente pensaba que eso. No estaba equivocado, pero no podía decirle todo aquí y ahora. Por esa razón, me reí y pasé por alto el tema.

—Está bien, también lo siento.

—No es necesario que mi señorita se disculpe —respondió como siempre con la cabeza aún gacha. Él mismo seguramente estaba harto de repetir esta oración, pero cada vez que me disculpaba, seguía diciendo esas mismas palabras. No ha cambiado en todo este tiempo. Desde hace mucho, mucho tiempo, sin cambio alguno, intentaba ser siempre mi caballero.

La primera vez que había encontrado este libro fue en una de mis vidas pasadas; había sucedido por casualidad. Yo, que ya me había casado con Soleil, estaba visitando la casa de mis padres para pedirles consejos sobre la gestión del feudo.

Sin embargo, a pesar de haber agendado una cita por adelantado, mi padre se encontraba ausente. Al preguntarle al mayordomo, este ni siquiera se disculpó mientras me explicaba que para ayudar a mi débil hermanita a recuperarse, él, mi madre y Silvia se habían ido de vacaciones a una villa en los suburbios. Después de que le preguntara si mi padre no se había enterado de que iría de visita, el mayordomo soltó una risa avergonzada que daba a entender que mi padre lo sabía. Bajó la cabeza y añadió de manera forzada que parecían tener prisa.

En otras palabras, trataba de explicar que no habían tenido tiempo de contactarme. Tuve que tragar desesperadamente el nudo que se había acumulado en la profundidad de mi garganta. Entonces, me comporté como si fuera una persona de mente abierta y muy tolerante y dije:

—Si es por el bien de Silvia, entonces no hay nada que hacer.

Me convencí a mí misma de que ya no era la joven hija de un noble. Me advertí a mí misma que esto era parte de las relaciones humanas, parte de mi trabajo. Si no lo veía como una interacción entre miembros de una familia, entonces no me lastimaría tanto. Me convencí de que sólo habían cancelado una junta de trabajo. Por lo tanto, no me fue tan difícil fabricar una sonrisa. El mayordomo, el cual seguramente pensaba que haría una rabieta, sonrió y comentó:

—Mi señorita se ha convertido en una persona magnánima.

No sabía si era sarcasmo o su verdadera opinión, pero mantuve la compostura suficiente para al menos agradecerle. Había adquirido bastante experiencia. No era la misma persona ignorante del principio. Comprendía bien lo que debía hacer para protegerme. Me mantuve firme mientras pensaba que a pesar del hecho de que la conducta de mi padre era de esperarse, yo había sido negligente al no confirmar la reunión.

Después de que el mayordomo se fuera, me quedé completamente sola en el pasillo, sumida en mis pensamientos mientras soltaba un suspiro. ¿Por qué las cosas siempre cambiaban de esta manera? En este corredor desprovisto de ventanas, no había nada más que unos floreros, algunas decoraciones en las paredes y un silencio sepulcral. Incluso si concentrabas la vista, mi sombra era casi invisible. Nada cambiaría incluso si yo no estuviera aquí.

Miré al techo, pensando que mi vida también podría ser así. Con la esperanza de que un ave negra pudiera estar acechando desde allí, mi línea de visión viajó por los lujosos candelabros alineados a intervalos regulares.

Y luego, casi inconscientemente, agarré el pomo de la puerta del estudio de mi padre.

Había sido una acción inesperada para mí ser habitual, pero por alguna razón desconocida sentía que tenía que hacerlo. De hecho, la puerta que debería haber de haber estado cerrada se abrió con mucha facilidad. Hasta ese momento, siempre había creído que esa gruesa puerta era increíblemente pesada, pero recordaba que en ese momento la había sentido tan ligera como una pluma.

Comprendía que si descubrían mi intrusión el problema no se resolvería con una simple disculpa. Pero como si otro ser hubiera tomado posesión de mi cuerpo, mis pies cobraron voluntad propia y se movieron indiscriminadamente. En lugar de sentir que me estaban arrastrando, era como si simplemente hubiese entrado, sin sentir culpa alguna. No había forma de que ese astuto padre mío olvidara cerrar su estudio. Por lo tanto, tendría sentido que no estuviera bloqueado incidentalmente. Quizás sentía que la culpable no era yo, sino los sirvientes.

Fue en ese momento cuando me hice con esta novela.

En la esquina superior derecha de una estantería más alta que una persona. El libro se encontraba guardado en un lugar tan oculto que te olvidarías de él, a menos que lo estuvieras buscando expresamente. En otras palabras, estaba en un lugar donde no se vería a menos que te treparas en una escalera. Ni siquiera sabía por qué lo había notado. Pero, como si sintiera que algo se ocultaba allí, acerqué la silla para invitados que estaba en un rincón y me trepé a ella. Como se había ido de viaje, mi padre no aparecía repentinamente. Había perdido el miedo.

¿Por qué tenía una novela romántica?

Esa fue lo primero que se me vino a la mente. Él no era una persona interesada en las historias de amor de otros y mucho menos en obras de ficción, estas probablemente ni siquiera llamarían su atención. Ese era el tipo de persona que era mi padre. Incluso yo misma, como mi máxima prioridad era luchar contra mi desdichado destino, aunque sabía que ese libro era popular en la alta sociedad, nunca había pensado en leerlo. Porque había escuchado que era una historia de amor, entre personas de diferentes clases sociales, que podrías encontrar en cualquier parte. Por eso, tenía una sensación de incomodidad por el hecho de que tal libro estuviera en el estudio de mi padre y mientras reflexionaba sobre ello con la cabeza inclinada, pasaba las páginas. Sin siquiera sospechar que un importante secreto se encontraba escondido allí.

—Al, ¿puedes abrir el libro en la última página?

Sin explicar nada, mientras Al miraba confundido el dorso del libro, le pedí que pasara las páginas. Estaba haciendo una expresión perpleja pero aun así acató mi orden sin mostrar ninguna reticencia en particular. Como sólo era cuestión de abrir el libro, no tardó nada de tiempo. Luego, después de un momento de silencio…

—¿Es la señorita Silvia? —Soltó el nombre de mi hermana pequeña.

Cuando encontré este libro en el estudio de mi padre, me había asegurado de confirmar su contenido sin más demora y había soltado un suspiró una vez confirmado que esta era la misma historia que ya conocía. No sabía si era un suspiro de alivio o de cansancio. En todo caso, el peso sobre mis hombros había sido eliminado una vez  me hube cerciorado de que allí no había nada escrito sobre los acontecimientos que controlaban mi vida. Entonces, en ese momento, encontré esa cosa.

—¿Es un boceto? No, es un retrato… ¿verdad?

Asentí en silencio ante la pregunta de Al. Estaba en lo correcto. Eso era lo que estaba dibujado en la blanca hoja, en la última página de esa novela. Un retrato dibujado a lápiz, tan sucio que parecía un garabato. Sin embargo, esta imagen traía consigo un sentimiento como si fuera un sueño efímero y fugaz.

Al igual que Al, también había pensado que era un boceto de Silvia. Sintiéndome un poco asustada por lo celosa que estaba de esa adorada niña, había cerrado rápidamente ese libro. Incluso si nuestras madres fueran diferentes, el hecho de que tanto Silvia como yo fuéramos las hijas de nuestro padre no cambiaría. Así era como deberían haber sido las cosas. Y, sin embargo, estos pequeños detalles mostraban la diferencia en el afecto que recibíamos, haciendo que mi corazón se encogiera. Mis dedos temblaban ligeramente al delinear la contraportada del libro y, desde el fondo de mi corazón, sentía lástima por los padres de mi primera vida que me habían abandonado.

Fingiendo estar tranquila nuevamente después de haber respirado hondamente, cuando intenté volver a colocar el libro en su lugar original… ¿cuál era esa repentina sensación de incomodidad que había sentido? No sabía por qué, pero había sentido que algo estaba mal.

—Esa que ves, Al… no es Silvia.

Si abrías el libro una vez más y mirabas detenidamente de principio a fin, obtendrías la respuesta a su debido tiempo. La fecha, la era y el nombre de mi padre estaban grabados allí. Todos los bosquejos dibujados por mi padre tenían su firma y la fecha, parecía ser un hábito suyo. Eso lo probaba todo. Probaba que lo que estaba dibujado allí, había sido creado mucho, mucho antes de que Silvia naciera.

—¿No es la señorita Silvia…?  No, pero… su rostro… se parece mucho al de ella.

La mujer en ese pedazo de papel tenía casi el mismo rostro que Silvia. Como no estaba dibujada a color, no se podía probar que fuera una persona diferente. Las personas con delicados cabellos plateados como los de Silvia eran muy raros en este reino. Si esa mujer en el dibujo tuviera el pelo rubio, sólo con verla la gente habría entendido que era una persona diferente. Pero esa mujer que había sido dibujada con tinta negra sólo sonreía alegremente como si estuviera mirando algo al otro lado de una ventana.

—Esa es la verdadera… madre de Silvia.

Una fecha anterior al nacimiento de Silvia. Un rostro que era similar al de ella. El hecho de que mi padre lo dibujara. Con todo esto, no era tan difícil deducir la respuesta.

—¿La madre de la señorita Silvia?

La pregunta era ¿por qué estaba dibujada en este libro? La yo de esa vida que había descubierto este libro lo había sacado del estudio de mi padre y traído de vuelta a la finca donde vivía con Soleil. Luego, lo había escondido en la cómoda de mi habitación. Fue después de esto que había comenzado a actuar para eliminar las dudas que habían surgido en mi corazón.

Tenía que reunirme con el autor, conocerlo y hablar con él.

No era como si alguien me hubiera amenazado, pero tenía la sensación de que prácticamente me estaban coaccionando. Para mí, que ya me había convertido en “la próxima esposa del marqués” y poseía algunas conexiones, tenía algunos medios para localizar al autor que vivía en algún lugar de este reino, por lo que no pensé que sería difícil concertar una reunión. Luego de algún tiempo todo había sucedido como esperaba. Había caído sobre las palmas de mis manos, como una gota de lluvia que caía de un cielo nublado. El final, exactamente como había imaginado, estaba al acecho.

—Es hermosa, ¿no es así?  Se veía casi igual que Silvia…

—Esta persona…

Al dejó escapar un suspiro de admiración y asombro, su mirada fija en el retrato de la mujer. Sus ojos azules mostraban claramente su curiosidad. No pude ver ninguna otra emoción aparte de esta. Eso me hacía sentir aliviada. Si Soleil hubiera sido el que mirara esa foto, seguramente habría buscado las características de Silvia en esa mujer dibujada con tinta. Seguidamente, esos estrechos ojos gélidos suyos se suavizarían y sonreiría ampliamente mientras sus dedos trazaban con suavidad las líneas del retrato. Tiernamente, como si estuvieran tocando a Silvia. Podía imaginar esta escena con bastante claridad, seguramente algo estaba mal conmigo. O bien, ¿había visto esta escena en algún lugar de una de mis vidas pasadas?

—Pero aun así, es misterioso, ¿no?

Al alejó su mirada del boceto de la madre de Silvia y me miró con una sonrisa amarga. Luego inclinó la cabeza.

—Es natural que la madre de la señorita Silvia existiera… no, por supuesto que es natural, pero… Es algo difícil de creer, —dijo Al sin ninguna mala voluntad ni significado oculto. Simplemente estaba afirmando un hecho.

Algunos estaban convencidos de que Silvia, con su constitución débil y cuya existencia en sí misma era fugaz y efímera, no era una persona real. No se sorprenderían si se les dijera que había nacido de una semilla de flor. Ciertamente se sentía extraño y misterioso que existiera una mujer que había dado a luz a tal niña.

La primera vez que la yo pasada se había enfrentado a este hecho, había pensado lo mismo. Por esa razón había intentado imaginar en secreto a esa persona que nadie conocía. El color del cabello de la persona que era la madre de Silvia. Sus ojos, su voz. Me preguntaba si hablaría con ese tono, si haría tales gestos, con qué tipo de expresión abrazaría a Silvia… la débil constitución de Silvia, ¿habría sido herencia suya?

Había muchas, muchas cosas que quería preguntar y saber. Pero no obtendría esas respuestas. Porque nunca conocería a la madre de Silvia.

Por otro lado, había algo que entendía sin tener que investigar. Este libro era de mi padre, pero esto no indicaba quién era su propietario. Exactamente eso lo decía en el sentido literal.

Dentro del libro, cierto caballero estaba dibujado. Un hombre perteneciente a una familia noble de rango medio que se había enamorado de la princesa del reino vecino… su caballero escolta. Y ese era…

Mi padre.

Una vez llegada a esa verdad, en lugar de sentir un frío calar en mi cuerpo, había sentido más bien una sensación de súbita revelación y de resignación.

Ah, ya veo. 

Ya lo entendía. Para nuestra sociedad, este era sólo un común, morganático amor. Pero para las personas involucradas, era el mayor romance del siglo. Era una historia tan dramática que se había convertido en un libro. Aunque se había presentado como una obra de ficción para el resto del mundo, los personajes no eran completamente ficticios. Sin embargo, mi madre no era la princesa de un reino vecino. Era algo de lo que estaba segura al ser su verdadera hija. Y si no lo era, significaba que la protagonista de este libro no era mi madre.

Pero también era cierto que mi madre no había nacido en este reino.

—¿Señorita…?

Mientras me encontraba completamente inmersa en mis pensamientos, Al me llamó con vacilación. Seguí pensando mientras lo miraba al rostro. Si quería contarle todo, tenía que hacerlo ahora. Sin embargo, al hacerlo, existía la posibilidad de que el camino por delante fuera a desviarse demasiado.

—Alfred es tan lamentable. Murió porque te eligió a ti como su ama…

Las palabras que había escuchado en una de mis vidas resurgieron en mi mente. Mientras dudaba sobre lo que debía decir, en este momento abrí la boca lentamente…

Alguien llamó a la puerta de mi habitación.


Kavaalin
Y los misterios comienzan a esclarecerse...

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