Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 9

Traducido por Kavaalin

Editado por Sharon


Fue Al quien reaccionó al seco golpeteo reverberante.

Supuse que había sentido la presencia de alguien incluso antes de que llamaran a la puerta. Me miró, aparentemente preguntándome qué debía hacer, pero no tenía más opción que asentir. No sabía quién era, pero probablemente habían venido sabiendo que estaba dentro de la habitación. Sin embargo, por unos instantes Al no se movió de su lugar. Como no había ninguna sirvienta presente en este momento, solo él podía abrir la puerta. Parecía que quería decir algo, curvó los labios y suspiró un poco antes de hablar en voz baja.

—Continuaremos esta conversación más tarde.

Probablemente quería asegurarse de que su voz no llegara al otro lado de la puerta. Entonces, de repente, cerró el libro y me lo devolvió silenciosamente.

—¿Está de acuerdo? —preguntó para asegurarse, pero no fui capaz de responderle nada. En su lugar, dirigí mi mirada hacia la puerta para instarlo a que dejara pasar al visitante. Por un momento, Al pareció disgustado, pero no dijo nada y siguió mis instrucciones.

—Por favor, espere un momento. —Seguí su espalda con los ojos mientras se volteaba hacia la puerta.

Probablemente había sentido que ya no volvería a tocar este tema. Si fuera capaz de reunir valor una sola vez, se podría decir que había sido en ese momento. Pero no lo había logrado. Si tuviera que pedir prestada la ayuda de alguien, esa persona seguramente sería Al. Ahora que había perdido la existencia absoluta que era Cuervo, si tuviera que nombrar a una persona en la que pudiera confiar desde el fondo de mi corazón, ese sería mi caballero escolta. Por eso, sabía que debía apreciarlo. Apenas podía contener a mi vacilante y apretado corazón, el cual estaba a punto de romperse y caer a los pies de Al.

—Hermana…

La voz de mi encantadora hermanita me llamó desde el mar de pensamientos en el que estaba inmersa. Con su nervioso rostro ligeramente rojo, estaba parada detrás de la puerta abierta por Al. Inmediatamente me di cuenta de que tenía fiebre. Silvia entró en la habitación mientras caminaba vacilante y con dificultad. La corta distancia desde su habitación a la mía la había dejado con la respiración entrecortada.

—Silvia, deberías estar descansando —le dije a la vez que me enderezaba.

—Te digo lo mismo, hermana. Escuché que casi te ahogas en el baño… —dijo con palabras ambiguas mientras le lanzaba una mirada fugaz a Al. Entonces, de repente, se quedó en silencio. Parecía que dudaba si estaba bien hablar de esto aquí. Casi me ahogué por un error mío y si la gente se enterara, podría ser un inconveniente para mí. Si sólo miraba esa parte de ella, pensaría que esta niña también parecía estar creciendo adecuadamente.

—Al sabe, así que está bien hablar de eso, —dije con una sonrisa, Silvia soltó un pequeño suspiro y también sonrió. Ese rostro efímero y frágil hacía que me doliera el pecho.

Ella estaba realmente preocupada por mí. Silvia era muy amable. A pesar de su mal estado se estaba esforzando para visitar a su hermana enferma.

—Hmm… si te parece bien…

Al apoyó el cuerpo tembloroso de Silvia hasta que esta llegó hasta mi cama.

—Lo siento.

Mi hermanita, ladeando la cabeza con esas palabras y sus mejillas teñidas de rojo, se veía tan encantadora que las personas eran incapaces de no verla con buenos ojos. Despertaba el deseo de protegerla en cada miembro de nuestra familia. La escena de mi caballero escolta llevando de la mano a una niña tan débil era extremadamente natural y no manifestaba la menor sensación de incongruencia.

Pero por alguna razón, incliné mi cabeza, sintiendo una especie de incomodidad, como si algo estuviera mal. Algo me hacía intuir que el problema era con esos dos. ¿No estaba mal el emparejar a Silvia y a Al? Probablemente tenía este sentimiento porque la persona al lado de Silvia no era Soleil. Repentinamente me di cuenta de lo sorprendida que estaba conmigo mismo por haber tenido ese pensamiento y dejé escapar el aliento que estaba conteniendo inconscientemente.

Sorprendida por lo fuerte que se había escuchado mi respiración dentro de la silenciosa habitación, me encogí de hombros. El dolor y la angustia que sentía no eran parte de mi imaginación.

—Hermana, ¿te encuentras bien?

Mi hermanita, habiéndose acercado hasta una distancia alcanzable mientras me encontraba distraída, tomó mi mano entre las suyas. Esta gentil acción me hacía sentir mareada. Yo, siendo la lamentable cobarde que era, no podía agarrar esa mano.

—Sí, estoy bien, no te preocupes.

Respondí mientras negaba con la cabeza, pero mi propia voz sonaba como la de una extraña. Se sentía como una voz desprovista de emoción. Sin embargo, Silvia no pareció darse cuenta y sonrió ligeramente.

—Esta es una infusión que nuestra madre preparó para mí.

Gentilmente me mostró una pequeña botella, sosteniéndola como si fuera un tesoro. Luego, dando aires como si estuviera muy satisfecha consigo misma, lo colocó en mi mano. El interior de la botella de vidrio estaba llena de hojas de color marrón claro.

—Sin embargo… no sabe muy bien. —Rió, sonriendo como una niña traviesa y agregó mientras ponía su dedo índice en sus labios: —Mantenlo en secreto de mamá, ¿de acuerdo? Se supone que ayuda a calentar el cuerpo.

Mientras me explicaba los efectos del brebaje, me acariciaba el brazo con ternura. Sus dedos apenas tocaban mi piel, acariciándola con la suavidad de unas plumas.

—¿Silvia?

Mi hermanita, cuya mirada había caído sobre sus propios dedos, de repente levantó la cabeza.

—Oh, lo siento. Parecía que tuvieras frío, por eso…

Alejó sus manos. Había perdido ese calor demasiado abruptamente por lo que perseguí esos dedos casi inconscientemente. Quizás no quería perder esta gentileza que me era ofrecida con generosidad. Abriendo mucho los ojos, Silvia volvió a tomar mi mano sin dudarlo.

Sabía que eran estas manos las que me lo robarían todo. Pero al mismo tiempo, recordaba que, en el pasado, eran las mismas manos que me habían protegido.

¿Eso es todo?

Sentía que Cuervo estaba riendo. Riendo porque toleraría y perdonaría todo, sólo por eso.

♦ ♦ ♦

Al día siguiente, por algún tipo de destino, me encontré con Soleil en el corredor de la academia.

—¿No almorzarías conmigo de vez en cuando?

Incluso si me invitaba sin relajar su expresión rígida, ya que estábamos delante de otra gente, no podría rechazarlo. Debido a que era el heredero de una casa marquesina, como su prometida no había forma de que pudiera decir “no quiero”. Si hubiéramos estado solos, no habría sido vergonzoso para él, pero resultaba que estábamos en medio del corredor. Varios estudiantes pasaban junto a nosotros y se esforzaban por escuchar mi respuesta.

Y más que nada, como el hombre parado un poco detrás de Soleil me miraba fijamente, no podía mostrar el más mínimo descuido. No era el amigo que siempre estaba cerca de Soleil. Esto era bastante inusual, pero también lo era el que me cruzara con ellos. Sin embargo, mis ojos se habían encontrado con los de Soleil, quien inesperadamente parecía estarme buscando. Por lo general, bajaba la mirada y ocultaba mi presencia para que no me descubriera, pero por alguna razón hoy no había pasado así. Y no había sido sólo Soleil quien se había dado cuenta de mí presencia a pesar de mis precauciones.

—¿Es ella tu supuesta prometida?

Dando un paso adelante con una gran sonrisa en su rostro, Saion se acercó a nosotros. Fingió que esta era la primera vez que se encontraba conmigo y astutamente hizo esta pregunta mientras inclinaba la cabeza diagonalmente. En esas pupilas suyas de color oscuro, brillaba una luz mientras comparaba nuestros rostros como si fueran muy interesantes. No sabía cómo se vería la conversación entre Saion y yo a los ojos de un tercero. ¿Alguien se daría cuenta de que ya nos conocíamos? Si esta fuera la primera vez que nos encontrábamos, entonces, como cualquiera que fuera de una familia noble, tenía que mostrar una sonrisa y presentarme. No importaba cuán agonizante fuera. Cuando arqueé ligeramente las rodillas, Saion levantó imperceptiblemente una ceja y curvó los labios como si lo que estaba viendo le pareciera interesante. Lucía como si estuviera intentando no dejar escapar una risa.

—Es un placer conocerlo. Mi nombre es Ilya Il Machisse.

Siendo la prometida de Soleil, el hijo mayor de una casa marquesina, no era apropiado asumir una actitud humilde al conocer a alguien. Aunque dar mi nombre primero daba a entender que poseía un estatus más bajo, no había necesidad de someterme más que esto. Tenía que ser lo más cuidadosa posible para no avergonzar el apellido de Soleil. Con sólo eso, mi propia posición a partir de ahora podría cambiar. Como ya sabía que Saion era un aristócrata superior extranjero, tenía la intención de ser especialmente cuidadosa. Mientras tanto, Soleil se mantenía observando en silencio, sin responder a la pregunta de Saion, ni complementando mi auto presentación al confirmar que sí era yo.

Probablemente significaba que no tenía intención de presentarme como su prometida. O porque era un hecho bien conocido, ¿pensaba que no había necesidad de decirlo explícitamente?

—Mucho gusto, muchachita. Me llamo Saion Topias.

No había malicia en su rostro sonriente, pero llamarme muchachita era una manera grosera de hablar. Se podría tomar como que me estuviera menospreciando. Era una expresión utilizada por un hombre en la plenitud de su vida para dirigirse a una mujer más joven, en otras palabras, no era un saludo intercambiado entre un hombre y una mujer cercanos en edad. Si se tratara de una fiesta nocturna, sería una señal de desprecio hacia alguien. Sin embargo, él era alguien de otro reino. Puede que todavía no estuviera acostumbrado a nuestra forma de hablar. Probablemente era mejor pensar de esta manera. No era como si tuviera la intención de sacar a relucir este tema ahora, pero era un hecho que él ya se había presentado anteriormente. En tal caso, me preguntaba qué tipo de actitud sería correcta tomar.

Pero, en ese momento, noté que una mirada penetrante dirigida a mí.

—¿Joven Soleil…?

Como había susurrado involuntariamente, rápidamente tragué saliva. Soleil, que miraba en mi dirección a un lado de Saion, probablemente tenía la misma expresión que yo. Era algo risible que los dos estuviéramos sorprendidos, pero apuesto a que seguramente no me encontraba en su línea de visión. Aunque Saion miraba como si quisiera decir algo, Soleil ya había recuperado la calma y sacudió la cabeza con su habitual expresión indescifrable. Nada se expresaba en esos estrechos ojos suyos.

—Bueno, supongo que no importa, —dijo Saion mientras se reía ligeramente.  —Entonces, ¿nos vamos? —agregó, aparentemente con la intención de sentarse con nosotros.

Él comenzó a caminar. La gente que nos rodeaba nos miraba directamente a Soleil y a mí, quienes habíamos quedamos atrás. Mientras estaba expuesta a estas miradas incómodas, miré a Soleil, quien estaba a mi lado. Entonces, Soleil, que de nuevo se había volteado a mirarme, desvió la mirada sin decir nada. Me estaba pidiendo con sus ojos que siguiera a Saion, pero la verdad era que no sabía dónde debería sentarme. Ni siquiera había respondido al ofrecimiento de Soleil.

Miré a su espalda mientras caminaba unos pasos delante de mí. No esperaba que respondiera.

—Puedes tomarte tu tiempo, pero dímelo, ¿de acuerdo?

Con una mirada amable, con una voz susurrante, Soleil le había dicho esto a mi hermana pequeña. Ciertamente lo había escuchado decirlo, pero no podía recordar cuándo había sido. Podría haber sido durante la fiesta de té o podría haber sido en otra ocasión. Eso probablemente no importaba. Silvia había dicho algo con sus mejillas enrojecidas y Soleil la había mirado cariñosamente. Sus ojos parecían decir que indudablemente prefería la actitud reservada de mi hermana pequeña. Yo, que estaba fuera de su campo de visión pero definitivamente no a una distancia lejana, ocultaba mi respiración. En ese momento, ya sabía que no debía interponerme en su camino y molestarlos.

Ese día en que había sido presentada como su prometida, en ese jardín, Soleil se había quedado esperando a que lo alcanzara. La imagen de él esperando sin apurarme había aparecido en lo profundo de mis párpados. El Soleil que había aflojado ligeramente sus labios y sonreído en el momento en que por fin lo había alcanzado, ya no se encontraba por ningún lado.

—Eso me recuerda que no te veo muy seguido, ¿dónde sueles almorzar?

Reservamos una mesa para cuatro personas y Soleil y yo nos sentamos uno frente al otro. Saion estaba sentada al lado de Soleil. No sabía si esta distribución era correcta o no. Inevitablemente comencé a preguntarme dónde se habría sentado de ser Silvia.

—¿Hay algún lugar donde puedas almorzar aparte de la cafetería?

A pesar de que ya sabía la respuesta, Saion había hecho esta desagradable pregunta mientras hacía una expresión verdaderamente intrigante. ¿Esta persona que engañaba tan fácilmente a los demás era amigo de Soleil? Sentía que era a la vez aterrador y confiable.

—Por lo general, almuerzo en el patio…

Cuando respondí, mostré una sonrisa ambigua. Si eras una persona considerada, terminarías con el tema aquí, pero Saion no parecía estar leyendo el ambiente y continuó preguntando algo que ya debería saber.

—¿Almuerzas con tus amigos?

Probablemente tenía un significado más profundo. Como no entendía cuál era su objetivo, sólo podía continuar respondiendo a sus preguntas.

—No, siempre estoy sola.

Aunque había dicho esto con la intención de implicar que no era la gran cosa…

—¿Completamente sola?

Quien reaccionó fue Soleil.

—S-Sí, así es.

Me sorprendió mucho. Mis ojos se abrieron de par en par. Soleil había mostrado interés en mí. La temperatura de mi cuerpo aumentó de repente. Era ridículo lo alterada que estaba sólo por esto. También sabía que Saion observaba atentamente a semejante tonta. Sin embargo, no podía mantener mi fachada, me sentía impotente e incapaz. Aunque pensaba que estaba actuando como un idiota, una sonrisa natural afloró en mis labios.

—En ese caso, cuando nuestros horarios coincidan, almorcemos juntos.

En la cafetería llena de voces, la de Soleil destacaba. Me preguntaba si no lo había escuchado mal, pero me di cuenta de que era poco probable que repitiera sus palabras. Entonces, sólo miré su rostro fijamente. Pensaba que corregiría sus palabras, diciendo que se le había escapado. Sin embargo, no dijo nada, sus ojos reflejaban mi rostro. Como si estuviera esperando una respuesta, tragó saliva. Como si hubiera recibido una solicitud impensable o me hubieran ofrecido un trato comercial, mi espalda se tensó intensamente. Saion destruyó esta atmósfera en un instante con una risa que no parecía querer ocultar.

—Aunque estén comprometidos, es un poco raro. Es raro que estén tan nerviosos, —continuó. Entonces, como si no pudiera soportarlo, rió de nuevo. —Casi parecen extraños.

Sin embargo, su voz no contenía diversión, sólo estaba anunciando un hecho. Y yo no podía negar sus palabras, incluso inconscientemente estuve de acuerdo con él. La sensación de distancia entre nosotros no se había reducido desde el día en que nos habíamos conocido. Ese día estaba corriendo tras su pequeña espalda, creía sin ninguna duda que algún día estaría a su lado y vería el mismo panorama que él. Sin embargo, la realidad no era tan dulce. Nunca miramos en la misma dirección ni hizo realidad mi deseo de ver el mismo panorama. ¿Cómo podría haber predicho que llegaría el día en que se fijaría en otra mujer?

—Cállate, Saion.

Soleil lanzó una mirada fugaz a la persona sentada a su lado y declaró esto con voz fría. Yo era la única cuyos hombros se habían sacudido por la sorpresa. Saion levantó ambas manos, respondiendo sin ninguna preocupación mientras fingía darse por vencido. Probablemente era una conversación normal entre dos amigos.

La que no estaba acostumbrada era sólo yo.

—Ilya…

Cuando mi nombre fue llamado como si me estuvieran presionando para que respondiera, sólo pude concordar.

—Sí, supongo.

Al final, no tenía ninguna objeción para que almorzáramos juntos, ya que era si nuestros horarios coincidían. Pensaba que era la conducta correcta que una prometida debería tomar. Si tan sólo no estuviera mi hermanita…

—Entonces, también debemos invitar a Silvia, ¿verdad?

No podía ver la malicia de Saion cuando interfirió en nuestra conversación… Fingía que no la veía. Sentía que la pregunta que Saion nos había hecho había quedado en el aire. Quien la recibiría y respondería probablemente sería Soleil. Entendía que no era buena idea responder que no. Si yo fuera una buena hermana mayor para Silvia, entonces debería concordar con la propuesta de Saion.

Soleil me veía recibir la penetrante mirada de Saion y, sin embargo, al no poder decir nada, no pudo permanecer indiferente y dio un pequeño suspiro. Entonces, aceptó como si realmente no fuera nada importante.

—Sí, deberíamos.

Yo, que estaba escuchando su voz mientras fingía que era asunto de otra persona, me preguntaba cómo me vería a los ojos quienes nos rodeaban. Cuando repentinamente levanté la cabeza, al otro lado estaba Saion, sus ojos escrutándome. Lucía como si estuviera sonriendo, como si estuviera tratando de averiguar algo. Era una expresión que verías a menudo en la alta sociedad. Por eso también simplemente le devolví una sonrisa.

—Por cierto, Saion, tengo una pregunta para ti, si no te importa.

Soleil cambió el tema de la conversación de manera bastante informal. Bajó ligeramente la voz y comenzó a susurrarle a Saion. Aun así, a veces, una sonrisa afloraba en sus labios por un momento, por lo que parecía que su conversación no era particularmente seria. Por unas pocas palabras que apenas había logrado escuchar, suponía que probablemente se trataba de asuntos internos del departamento de caballeros. Incluso durante un almuerzo en el cual no estaba segura de si estábamos interrogándonos, ellos se reían frívolamente. Su discusión emitía un sentimiento de franqueza. Debido a que los dos poseían un estatus importante, en la academia estaban en una posición donde serían atendidos por personas del mismo departamento.

Incluso si no daban la orden, cuando se sentaran, les sería servida una comida sabrosa. Era una comida lujosa hecha para aristócratas. Ahora que lo pensaba, esta era la primera vez que almorzaba junto a Soleil en la cafetería. En todas esas otras vidas mías, en todo este tiempo que seguía repitiéndose, esta era la primera vez que era invitada a almorzar, que nos comprometíamos a volverlo a hacer. La razón por la que mi espalda temblaba era seguramente por los escalofríos que sentía.

A pesar de que el tiempo pasara normalmente, era acosada por la impaciencia y la inquietud, como si alguien me persiguiera. Sentía como si muchas manos negras estuvieran arrastrándose como gusanos, tratando de alcanzar mi espalda.

Huye, huye, huye.

Sin embargo, era un destino del que no podía escapar.

—¿Joven Soleil…?

La repentina aparición de mi hermanita se sentía como una confabulación, era como uno de los pequeños incidentes del gran curso de los acontecimientos. Y, como era de esperarse, yo sólo podía quedarme a ver cómo se desarrollaba. El rostro de Soleil, el cual había levantado la cabeza bruscamente, era de un color diferente al de hace unos momentos. Sus ojos gélidos se habían derretido en un segundo y ahora mostraban una fuerte emoción.

Así es, era igual que siempre. No pensaba que alguien más lo hubiera notado. Si tuviera que parpadear una vez y observarlo nuevamente, pensaría que habían sido un malentendido ya que Soleil ya había vuelto a su expresión indiferente.

De inmediato, ahogué la voz que estaba a punto de llamarlo. Si lo hubiera hecho, no habría sabido qué decir.

| Índice |

7 thoughts on “Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 9

    • Cirse Price says:

      Maaal, apoyo ls moción con total violencia. Esta historia es terrible!
      Me duele mucho el corazón cuando leo cads capitulo, sera porque prácticamente todas las historias de tipo isekai que le leido son de romance empalagoso o de mujeres que quieren vengarse por X motivo y son bien enpoderadas.
      Esta es la unics historia que leo en donde ls protagonista sufre y sufre y sufre sin parar.
      Quiero que obtenga algo de felicidad por dios! Ya no quiero verla sufrir más.
      Tambien quiero:
      -Castrar a ese pendejo de Solei, diablos como odii a este tipo.
      -Acomodarle las neuronas a golpes a la mosquita muerta de la hermana.
      -Tirar toda mi furia sobre sus padres pendejos, gente de mierda.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *