Riku – Capítulo 11: Entregar el regalo

Traducido por Kaori

Editado por Kaori

Corregido por Sharon


Un grupo de jinetes atravesaba a la brisa nocturna.

El carruaje negro y quienes iban a caballo tenían un abrigo negro que se camuflaba con la oscuridad de la noche.

Si no fuera por el sonido de las pezuñas de los caballos al golpear el suelo, los únicos que se habrían dado cuenta de su presencia hubieran sido los animales acostumbrados a la oscuridad.

Quien dirigía a estos cincuenta jinetes era la Teniente Primera Riku Barusak. Aún escondido bajo la capucha su cabello rojo destacaba bajo la luz de la Luna.

Ella se concentró mirando el camino, hasta que encontró una piedra tirada a un costado, la cual tenía unas letras grabadas en la superficie. Después de darle un vistazo, continuó avanzando.

El jinete a su lado levantó su voz.

—En poco tiempo tendremos contacto con el objetivo, ¿estás lista?

—Sí, no hay problemas.

—¿Es así? Bien.

La comisura de sus labios se elevaron.

Respirar el frío aire que iba en contra de su cara, hizo que su llama interna se refrescara un poco. Aun así, no podían apagarse solo con eso.

—A todos los soldados: a partir de ahora, comienza la misión. Aunque su vida esté en peligro, ejecuten las órdenes del Teniente General Leivein —habló ella con sus ojos brillando y una mirada parecida al fuego.

—… No, Ojou-chan. En realidad las órdenes son del Teniente General Gortoberuk.

El jinete a su lado, el Suboficial Vrusto habló mientras suspiraba. Los ojos de Vrusto parecían muertos. Su habitual expresión de combate no estaba por ningún lado. En su lugar, su rostro decía que nada le importaba. Su caballo avanzó mientras hablaba.

—Además, no es un trabajo en el que tengan que arriesgar sus vidas. Solo tenemos que enviar el regalo del Teniente General a su nieto.

—…Transportamos mercancías importantes…

—Sí, si… Ahh, ¿por qué tengo que ser transferido así…?.Bueno, ya tienes 17 años, así que ya no necesito ser tu niñera nunca más.

Riku no respondió.

Ella pensó que era un poco grosero decir que estaba haciendo de niñera, pero no tenía ganas de responder a su provocación.

Completaría su tarea a la perfección. Ese era el único pensamiento que tenía en su cabeza. Con el fin de proteger el lugar al que pertenece y convertirse en alguien útil para Leivein, sin importar lo que fuera, ella lo haría.

Por su bien, incluso si era una tarea que no podía ni ser considerada como un trabajo adecuado para un Primer Teniente, lo iba a hacer.

Ella enviaría el paquete ni demasiado pronto, ni demasiado tarde. Tomando en cuenta el tiempo en el que el Teniente General Gortoberuk ordenó enviarlo en el momento correcto.

Por supuesto, el regalo no debe sufrir ningún daño durante el trayecto. Entregaría el regalo en su estado perfecto. Esa también era una de sus responsabilidades.

—Como estaba diciendo… Estas poniendo todo tu entusiasmo en el lugar equivocado. Deberías estar más enojada por este irrazonable trabajo. Santo cielo, ¿qué está pensando el Capitán Leivein? De todas las personas que podría haber elegido… que fuéramos transferidos al Ejército del Teniente General Gortoberuk…

Escuchando los murmullos de Vrusto, ellos avanzaron.

Poco a poco la luz de una fogata atravesó el espacio entre los árboles. No tardarían en salir del bosque y después de eso, debería estar el pueblo de Gortoberuk.

Para este trabajo que Gortoberuk les dio desde el Castillo Myuuz, debían atravezar las montañas a ritmo constante durante la noche para llegar.

Estaban a punto de terminar.

—Me pregunto si está aquí.

Al salir del sombrío bosque había un castillo que era tan blanco que parecía estar hecho de tiza.

Debido a las circunstancias de los Demonios, se vieron obligados a vivir ocultos. Para ellos que vivían así, se les dijo que la casa de Gortoberuk era una de las que más brillaban.

Si no fuera la casa de un Demonio y en su lugar fuera la de un Ministro que sirve al Rey, entonces los edificios del barrio de Nobles eran varias veces más elegantes.

Tirando de las riendas del caballo, Riku avanzó lentamente hacia la magnífica puerta.

—Desde el Ejército del Señor Demonio, bajo las órdenes del Teniente General Gortoberuk, se presenta la Teniente Primera Riku Barusak. Vengo a entregar el regalo a su nieto por las órdenes del Teniente General.

Cuando terminó, el portero asintió.

—La entrega fue justo a tiempo. Buen trabajo, nos ocuparemos del presente. ¿No hubo ningún daño?

—No hubo ningún problema… Aquí está.

Riku hizo una ligera señal con su mano.

Después de eso, todos los solados a la vez bajaron el presente. La razón por la que este trabajo necesitaba de 50 jinetes era simple.

En primer lugar, la cantidad de regalos para su único nieto eran más de 30. Más aún, cada uno de ellos eran de frágiles piezas de vidrio fáciles de romper. Por eso cada soldado debía llevar un presente en sus manos mientras el resto los protegía.

Vrusto todavía consideraba que esto era un desperdicio de tiempo para los capaces soldados. Pero como estas órdenes venían de Gortoberuk, no había nada que pudiera hacer al respecto.

Sin quejarse, Riku siguió la órden al pie de la letra. Vió cómo comprobaban los regalos cuidadosamente y, cuando estaba por dar un suspiro de alivio…

—¿Eh?

De repente, Riku sintió un escalofrío en su espalda.

Todavía sobre el caballo, miró hacia atrás. Sin embargo, todo lo que pudo ver fue la oscuridad del bosque. El viento soplaba como si estuviera rugiendo.

Ella frunció el ceño y, a pesar de que seguía mirando al bosque, nada pasó.

Riku pensó que había algo malo con este lugar. Una vez descargados los regalos, Vrusto se acercó, enfermo de este trabajo.

—¿Cuál es el problema, Primer Teniente Riku?

—No… Me pareció tener un mal presentimiento sobre algo.

—Estúpida, sólo estás pensando demasiado… ¿Hm?

La nariz de Vrusto comenzó a moverse.

Justo en ese momento, la cara de Vrusto regresó a la normalidad. Su expresión anterior, como si estuviera a punto de morir, parecía una mentira. Con los ojos brillantes llenos de ferocidad, miró hacia el bosque.

—… Huelo sangre.

—¿Sangre?

—Sí, desde atrás. Está cada vez más cerca.

Riku sujetó las riendas con fuerza y dio la vuelta al caballo. Lentamente, se acercó al bosque.

Mientras ella lo hacía, sus subordinados se separaron para abrirle un camino.

Sin dejar de avanzar, Riku puso una mano sobre la alabarda en su espalda. En sus ojos había una expresión aguda.

—Teniente Primera Barusak, ¿hay algún problema?

El portero pensó que las acciones de Riku eran sospechosas y se acercó. Estaba manteniendo su mano sobre la espada en su cintura.

Riku ni siquiera lo miro. Ella se limitó a concentrarse en la oscuridad del bosque.

Como Riku no contestó, él perdió la paciencia. Cuando estaba por levantar la voz, sucedió.

Los árboles temblaron y luego una figura negra cayó al suelo.

En el momento en que la figura estaba por tocar el suelo, Riku movió su alabarda para apuntarle.

—¿Quién es? Dependiendo de la respuesta, te mataré.

Siendo señalado por la alabarda, la figura se movió con pánico.

Riku, quien estaba mirando intensamente a la figura, dejó escapar una voz sorprendida. En realidad, era un demonio con orejas de conejo. Todo su cuerpo, incluso sus largas orejas, estaban cubiertas de barro y sudor. Su cara y sus brazos estaban cubiertos de heridas y su respiración era inestable.

A pesar de todo, lo que sorprendió a Riku no era su apariencia.

El Demonio con orejas de conejo portaba la armadura del Ejército del Señor Demonio. Más aún, tenía el símbolo del Tercer Ejército bajo el mando de Gortoberuk.

Estaba claro que algo le había sucedido a las Fuerzas Principales.

—S-S-Soy el Sargento Mayor Roppu Nezaarand del Tercer Ejército, unidad de Mensajeros. Tengo un informe urgente para la Teniente Primera Riku Barusak —habló con un tono cercano a un grito.

Debido a la inusual situación, todos quedaron en silencio. Sin duda, no podían ser buenas noticias. Riku miro la cara de Roppu cubierta de sudor.

—¿Qué pasa? —Fue lo único que dijo.

Roppu apresuradamente comenzó a decir el mensaje.

—La Fortaleza Rein está sufriendo un gran asalto de las fuerzas espiritistas. A pesar de que el Teniente General Gortoberuk participó en la lucha, fue una gran derrota. Las fuerzas del Teniente General se retiraron con éxito al Castillo Myuuz, pero si sigue así, la derrota es inminente.

Todos quedaron en silencio.

Incluso el portero que estaba cerca no hizo un solo ruido. El color de sus caras había cambiado por completo. La mayoría estaban pálidos, como si les hubiesen sacado la sangre del rostro. Todos esperaban que Roppu dijera que sólo era una broma.

Nadie abrió la boca. Con el tiempo, el silencio se hacía cada vez más insoportable.

Intentando romper el silencio, alguien alzó la voz.

—Hey, eso es una mentira, ¿verdad? Porque, el castillo Myuuz deber tener unos veinte mil soldados, ¿verdad? Hey, tú también di algo.

—S-Sí, es verdad. ¡Veinte mil soldados!. No hay manera de que alguien acorrale a esa cantidad de soldados en una noche…

—Jajaja, era una mentira entonces. ¡Es obvio que es una mentira! ¡Alguien diga que esto es una mentira!

Pero nadie podía decirlo con certeza.

Aunque quisieran creerlo, no había manera en que pudieran hacerlo. Sólo con mirar a Roppu lleno de heridas podía verse la verdad.

No sabían qué estrategia usaron los Espiritistas, pero para que el Teniente General Gortoberuk fuera arrinconado de esa forma, era igual a decir que el Tercer Ejército estaba aniquilado.

Entendiendo la situación, la alabarda de Riku permaneció en el cuello de Roppu, inmóvil. El Demonio tembló.

—¿T-Teniente?

—Roppu Nezaarand, ¿verdad? ¿Puedo preguntarte una cosa?

Riku miró los ojos redondos y llorosos de Roppu.

No se veía como si estuviera mintiendo. Probablemente la Fortaleza Rein había caído y el Teniente General Gortoberuk había sido puesto en una situación difícil. Pero aun así… Precisamente debido a eso Riku necesitaba confirmar algo.

—¿Has visto las banderas de los espiritistas que atacaron?

—¿Las banderas? Debería haber sido… Una con un unicornio y otra con un grifo.

—¿Una bandera con un grifo?

Al enterarse de eso, inconscientemente puso su mano en su boca. Muchos viejos recuerdos surgieron.

El emblema de unicornio pertenecía a la Familia Bistolru. Por generaciones habían sido una familia de espiritistas cuyo Jefe siempre fue una mujer y su actual jefe era una niña que debería tener la misma edad que Rook.

Pero el problema no estaba allí.

—Sí, ¡una bandera de grifo! ¡Un emblema de grifo, ¿no!?

Riku comenzó a presionar su mano cerca de su boca con más fuerza.

Si no hiciera eso, no sería capaz de contenerse y mostraría una sonrisa retorcida. Si no se calmaba, comenzaría a bailar de la felicidad. No podía soportarlo.

La Familia Espiritista con un emblema de grifo sólo era una.

—Si hay espiritistas de la Familia Barusak, entonces, realmente necesito ir a enfrentarlos.

Si se tratara de cualquier otra familia, ella hubiera dejado a alguien como Gortoberuk a su suerte y volvería con Leivein.

En primer lugar, ir hacia un Ejército acorralado es difícil. En esta situación, aunque eligiera volver con el Batallón del Dragón Demonio nadie se opondría.

Pero si los Espiritistas de la Familia Barusak estaban involucrados, la situación cambiaba. Si era su hermano menor, su padre, o su hermana mayor, entonces necesitaba demostrar que podía aplastarlos, asesinarlos, descuartizarlos… Y mucho más.

Las personas que la rechazaron estaban frente a sus ojos.

¿Tenía una razón para no ir? No, no la tenía. De hecho, no matarlos era irrazonable.

Sus brazos, sus piernas y su corazón estaban siendo envueltos por una indomable intención. Tenía el deseo de romper, torcer, aplastar, destruir todo, hasta que nada quedara intacto.

Una ardiente felicidad que no había sentido desde hace mucho tiempo surgió desde el interior de su cuerpo y la atravesó. Era como si una ola de fuego la consumiera.

—Teniente Primera Barusak, podría ser que… ¿le entregase información secreta?

El portero que ahora había sacado su espada, le pregunto con un tono serio.

Al ver a este estúpido portero, con su cara tan seria, ella no pudo evitar sonreír más.

—¿Filtrar información? ¿Yo? ¡Pffjajajajajajajajaja!

Se echó a reír con fuerza.

Sin vacilar, ante todos esos Demonios, ella rió.

En ese momento el portero se alejó de ella, pero Riku no le prestó atención.

No vacilo por el hecho de que habían muchos demonios, ella solo reía. En ese momento, el portero se estaba alejando de ella, pero Riku ni siquiera le presto ninguna atención.

Después de reírse un rato, volvió a ponerse seria. Y entonces, apuntó con su alabarda al inútil portero que sospechaba traición.

—No hay manera de que hiciera algo así. ¿Te estas burlando del Batallón del Dragón Demonio de Leivein? Bueno, ya que no me vas a creer de todos modos, ¿qué pasa si voy a tomar algunas de las cabezas de sus generales? Ya sea una, dos o tres.

No sacó su mirada del portero en ningún momento.

Mirando la alabarda frente a su nariz, sus piernas cedieron y el portero cayó sentado al suelo.

Ignorándolo por completo ahora que había perdido su valor, ella movió su alabarda a un lado.

Miró a los 50 Demonios que la acompañaban. Ellos ya se imaginaban lo que iba a suceder, sus rostros mostraban su desesperación.

Con un tono de voz igual al habitual, les preguntó:

—¿Cuál fue el trabajo que se nos encargó?

—Fue… Entregar el regalo e ir de regreso al Castillo Myuuz.

Una persona respondió con timidez entre los soldados.

Y a su respuesta, Riku asintió. Poniendo su alabarda en su hombro, intercambió una mirada con los ansiosos soldados.

Como siempre, su rostro era inexpresivo, pero sus ojos brillaban de éxtasis.

—Hasta que volvamos al castillo, nuestro trabajo no está terminado. Incluso si hay algo que nos obstaculice el camino… No se preocupen, tengo un plan —declaró Riku con magnificencia.

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