Riku – Capítulo 25: Mundo bermellón

Traducido por Gorrión

Editado por Nelea

Corregido por Sharon


Bajo el frío, con el cielo lleno de estrellas centelleantes, Roppu Nezaarand se inclinaba hacia delante.

Mirando con timidez la entrada del pasillo subterráneo, esperaba ansiosamente que Riku y Vrusto regresaran. Había pasado un buen rato desde que entraron, pero no hubo cambios en la Residencia donde suponían que estaba Charlotte, ni señales de que regresaran.

—Uu… Me pregunto si están bien. Tal vez… ¿Estaría bien si entro también? Pero va en contra de las órdenes.

Roppu estaba indeciso.

Sería extraño que fuera al lugar que Riku y Vrusto estaban invadiendo. Su audición y la fuerza de sus piernas sobresalían incluso dentro del Ejército del Señor Demonio. Pero no podía seguirlos por el olor, como Vrusto. No tenía ninguna marca para alcanzarlos y no se sentía capaz de seguirlos por sí mismo.

—Supongo que debo esperar un poco más para que pueda pensar en qué hacer.

Fue justo en el momento en que soltó un suspiro.

De repente, el suelo tembló. Después de un sonido retumbante similar al de una explosión, escuchó el sonido de algo que se derrumbaba, ambos procedentes de la entrada del corredor subterráneo.

—¿¡Eh, eh!?

Roppu miró la entrada con pánico. Pero por desgracia, como estaba demasiado oscuro no podía ver nada. Adivinando por el sonido de antes, no parecía que lo que se había derrumbado hubiera sido realmente algo a su alrededor.

Era posible que Riku y Vrusto estuvieran en peligro. Dio unos pasos retrocediendo mientras se tambaleaba.

—E-esto… ¡tengo que reportarlo al Teniente Coronel Fostar!

Roppu corrió por el camino que habían tomado antes. Estaba ante un ‘incidente inesperado’, y Riku le dijo que estuviera pendiente de ello. Necesitaba encontrar a un Oficial superior si estaban en problemas. Roppu regresó a la posada en menos de la mitad del tiempo que les tomó ante siendo guiados por Kurumi.

Y… quedó sin habla ante la escena frente a la Posada. El suelo de piedra estaba teñido de sangre, y el aire tenía el olor cobrizo del líquido carmesí. Sin poder retener la compostura para cubrirse la nariz, sólo pudo mirar sorprendido la tragedia frente a sus ojos.

—Q-Que demonios… sucedió —murmuró con sorpresa.

En ese momento, escuchó pasos acercándose por detrás. Roppu se volvió para protegerse de lo que venía, pero era demasiado tarde. Esa persona estaba lo suficientemente cerca como para tocarlo.

Con ojos fríos, la persona miró al tembloroso Roppu y apretó el puño que sostenía esa espada goteando sangre…

♦ ♦ ♦

En el corredor subterráneo había una montaña de escombros.

Debido a la onda de choque de la explosión, parte de las paredes y el techo se derrumbaron. El pasillo estaba lleno de polvo y de olor a sangre. La figura de Kurumi, que estaba en el centro de la explosión, ya no se veía. Sólo los cuchillos que utilizaba estaban en el suelo.

Vrusto salió de la pila de escombros que se había acumulado en su espalda.

—En realidad, fanfarroneó incluso en sus últimos momentos. ¿Por qué iba a explotar de repente…? ¿Puso algo en sus dientes para explotar?

Vrusto tosió suavemente. Muchos fragmentos de los escombros perforaron su cuerpo, y las heridas sangraban. Los Demonios eran más resistentes que los humanos, pero si hubiera recibido la explosión directamente, habría estado en peligro de muerte. Quizás debido a la falta de sangre, su vista estaba ligeramente temblorosa. Vrusto chasqueó la lengua con fuerza.

—Hey, agárrame.

Después de que él saliera de los escombros, extendió su mano al lugar donde estaba enterrado antes. Mientras se quejaba, sacó a Riku de los escombros.

En el momento en que la luz blanca de la explosión llenó el lugar, usando su sentido del olfato, corrió a donde Riku fue enviada volando. Ella tenía una fuerza sobrehumana que era comparable a los Demonios, pero su cuerpo seguía siendo el de cualquier ser humano. No era extraño que saliera volando por ser atrapada por una explosión tan cercana. Que su cuerpo estuviera intacto era un milagro.

—Oye, ¿Ojou-chan? ¿Sigues viva? —murmuró Vrusto mientras golpeaba su mejilla.

—… Más o menos.

Riku abrió los ojos ligeramente. Gracias a que Vrusto la protegió, tenía menos heridas de las que esperaba. En el momento en que trató de recoger la alabarda tendida en el suelo, el dolor atravesó su cabeza.

—… Gh.

Sentía un dolor resonante justo en el centro de su cabeza. Apretó ligeramente su mano derecha en el lugar y notó que la parte posterior estaba hinchada. Tal vez fue cuando la explosión la lanzó que golpeó violentamente contra la pared. Puede que fuera sólo la sensación, pero estaba ligeramente nauseabunda.

—¿Estás bien?

—… Si es sólo esto, no hay ningún problema.

Alzando su alabarda, se apoyó en ella como un bastón. Entonces, como si recordara algo, miró a Vrusto.

—Gracias.

—E-Estúpida, es mi deber. El deber. Mi trabajo de niñera aún continúa.

Vrusto tenía su tono habitual, pero no escondía su completo agotamiento. Riku sonrió torpemente.

—Ya tengo 17 años.

—Para mí, todavía eres una mocosa… Ahora, ¿qué debemos hacer, Ojou-chan?

Riku estaba azotando su cabeza para trabajar.

Por lo alto que fue el sonido de la explosión, los Espiritistas debieron notarlo.

Deben asumir que pronto investigarán sobre esto, y entonces llegarían allí. Si fuera su yo habitual, habría sido capaz de matarlos inmediatamente, pero en su condición actual no estaba ansiosa por pelear. Si sólo fuera una o dos personas, podría ganar. Sin embargo, si eran más… no sabía si podía hacerlo.

Además, en esta condición, la lucha contra Rook Barusak era imposible.

Aún con todos los problemas, él era alguien que había vivido bajo su mismo techo durante siete años. Riku conocía muy bien el talento de Rook.

Para enfrentarse al genio Barusak que aparecía una vez cada mil años tenía que tener su cuerpo en la mejor condición. No era un oponente que fuera a ser derrotado fácilmente estando en malas condiciones.

—Es frustrante, pero… nos retiramos.

—Entendido.

Riku y Vrusto empezaron a caminar.

El camino por donde vinieron estaba bloqueado. Como no se podía evitar, sólo podían buscar otro camino a la superficie.

Sin importar cuánto caminaron, no pudieron encontrar una salida. Poco a poco, el dolor de cabeza empeoró y la sensación nauseabunda brotó. Soportando todo desesperadamente, siguió moviendo sus pies.

¿Cuánto tiempo estuvo caminando?

Cuando ya no supo cuántas veces había girado a otro pasillo, Vrusto se detuvo con expresión seria y su nariz se movió diligentemente.

—Lo siento… Ojou-chan, sigue caminando directamente por aquí.

—¿Qué pasa?

—Ah… Parece ser que se me cayó algo que el Capitán me dio y que debo cuidar. Volveré a recogerlo en sólo un momento. Ojou-chan debería seguir adelante. La alcanzaré de inmediato.

Mostrando una sonrisa tonta, Vrusto volvió por el camino del que venían. Todo pasó tan rápido que Riku sólo pudo mantenerse inmóvil, mirando a Vrusto.

—Mentiroso.

Después de murmurar eso, ella obligó a sus pesados pies a dar la vuelta.

Ella no oyó nada sobre Leivein confiándole a Vrusto algo. Lo más probable es que notara con su nariz la presencia de Espiritistas. Si se iba a convertir en una lucha entonces Riku, quien estaba herida, sólo sería una molestia.

Por alguna razón, ella no tenía la sensación de que Vrusto estuviera usando a Riku como un cebo para que pudiera huir a salvo.

Probablemente se interpuso en el camino de los Espiritistas para ganar tiempo para que Riku huyera. Tal vez lo hiciera porque ella era una Oficial de rango superior, o porque era su forma de ‘cuidar de los niños’.

No entendía las intenciones de Vrusto, pero si estuviera en su lugar… Ella elegiría dejarlo huir e iría a pelear contra los Espiritistas.

Lentamente, Riku deshizo el camino. Entonces, escuchó un sonido profundo de algo chocante que no tenía comparación.

Una voz gruesa llena de ira y sonidos metálicos retumbaban desde las profundidades del pasillo que había delante. Apretando su alabarda, apuró el paso. Estaba claro que más allá en el siguiente pasillo, se producía una batalla.

Corriendo por lo que quedaba del camino, pudo ver los cuerpos muertos de los Espiritistas en el suelo.

Había cinco, seis Espiritistas acostados en el suelo con sangre fluyendo. Algunos temblaban, haciendo que uno se preguntara si todavía estaban respirando.

Pero otros seguían de pie. Tres Espiritistas apuntaron sus espadas a Vrusto, quien estaba lleno de heridas.

Él luchaba contra ellos solo. Tenía una lanza pegada a su cuerpo y una espada clavada en la espalda, pero sostenía su espada con fuerza.

—Mierda, esto es difícil. ¡¡Este Demonio salvaje!!

—¡Como si fuera a dejarte matarme fácilmente!

Empuñando su espada, cargó contra uno de los Espiritistas.

Quizás por sus heridas, sus movimientos eran lentos comparados a los de siempre. Al ser golpeado por la lanza, su espada voló al aire. Al perder el arma con la que él es experto, Vrusto fue rodeado.

Pero Vrusto seguía luchando. Apretando los puños, miró a los tres Espiritistas.

En el momento en que se inclinó hacia atrás para romper el cerco, él dejó de moverse de inmediato. Desde donde Riku estaba, se dio cuenta de que la nariz de Vrusto se movía.

—¡Este es el final! ¡Demonio!

Los Espiritistas blandían sus espadas hacia Vrusto desde tres frente, y él había dejado de moverse.

Pero Vrusto mostraba una sonrisa sin miedo.

—Estúpidos. Los que están acabados son ustedes.

Junto con estas palabras, reuniendo su fuerza, Riku pateó el suelo. Ella saltó en dirección a los Espiritistas y, apuntando hacia aquella espalda indefensa, sacudió su alabarda.

—Hola, Espiritistas —murmuró en voz baja mientras golpeaba la espalda del enemigo. El Espiritista, siendo atacado de repente, mostró una expresión de sorpresa. Riku le cortó el torso, enviándolo volando.

—¿Qué? ¡¿Otro?!

Por la intrusión de Riku, los Espiritistas rompieron su cerco. Ella se adelantó para proteger a Vrusto.

—Hey, mocosa. Tú… ¿por qué no hiciste lo que te dije?

—… Esto es dar informes falsos a un oficial superior. Odio las mentiras.

Diciendo eso, presionó su alabarda contra el suelo. De hecho, ella estaba dándolo todo para permanecer de pie. Su intenso dolor de cabeza empeoró y si no estuviera prestando atención probablemente se hubiera derrumbado.

Aún así, Riku sostuvo su alabarda.

—De todos modos, si yo fuese a huir así me habrían alcanzado. Además, algo como ser perseguido por Espiritistas… hace que mis náuseas empeoran.

Diciendo sólo eso, se obligó a mover su cuerpo.

Los Espiritualistas estaban alejándose de Riku, pero ella no se los permitió. Presionando la alabarda en su pecho, Riku la giró horizontalmente. Con la alabarda hiriendo profundamente su vientre, los espiritistas cayeron de espaldas.

—¡Ah, cómo te atreves! ¡Cabeza roja!

El Espiritista restante gritó algo, pero… Riku no lo oyó. La conciencia de Riku se volvió nebulosa por el dolor y las náuseas.

Después de doblar su cuerpo para desviar la espada que apuntaba a su cabeza por un Espiritista, dejó caer el bulto de metal que era su alabarda. Con una expresión de miedo, la cabeza del enemigo fue aplastada fácilmente, como si fuera fruta. Líquido similar al jugo rojo de una sandía cayó sobre Riku.

—Con eso… ¿este es mi final?

En el momento que murmuró eso, ya había superado sus límites. Desmoronándose, se hundió en el mar de sangre, con un chapoteo. En ese momento, se había vuelto difícil incluso mover levemente su dedo.

Aún así, Riku estaba reuniendo fuerzas para levantarse de alguna manera.

No tenía tiempo de acostarse en ese lugar.

Necesitaba levantarse, salir de ese lugar junto con Vrusto y encontrarse con Roppu. Luego, necesitaba repensar un plan para derrotar a Rook. Riku trató de levantar los párpados con fuerza.

Al hacerlo, dentro de su mundo de color bermellón, vio unos zapatos blancos que se destacaban particularmente.

—Gracias a dios… todavía estabas viva, Riku Barusak-sama.

La mujer que llevaba ropa blanca estaba mirándola. Su cuerpo era delgado, y se sentía como si fuera la cosa más pura que Riku jamás haya visto.

La mujer, que tenía los ojos cerrados, extendió su mano a Riku. Y entonces, murmuró en una forma que parecía disculparse de alguna manera.

—Encantada de conocerte. Soy Shibira… soy tu aliada.

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