Solo soy la hija “normal” de un duque – Capítulo 39: Un acto por la mañana

Traducido por Lugiia

Editado por Yonile


Al abrir los ojos, veo un techo diferente al habitual. Siento un calor en mi espalda y unos brazos acariciándome suavemente.

—Rosarin…

Cuando me giro hacia el otro lado, veo a Dirk sonriéndome.

—Para que Rosarin duerma a mi lado, qué bonito sueño es… —murmura en un trance, acariciando mi cuerpo. No, esto es malo. Esta forma de tocar es mala.

—Espera…

Justo cuando quiero detenerlo y decirle que esto no es un sueño, me coloca un dedo dentro de la boca, evitando que hable.

—Qué linda… —murmura y empieza a desabrocharme los botones de mi pecho. Mi pecho queda expuesto y, antes de que su mano pueda acariciarlo, genero electricidad estática con un hechizo que no necesita un canto, y lo golpeo con eso. A mí también me duele un poco.

—¿Eh…?

Dirk se congela en el lugar. Sacando su dedo de mi boca, respondo:

—Buenos días. No es un sueño, es la realidad.

Intento sacar la lengua para que lo tome como una broma, pero Dirk estalla en lágrimas… No puede ser, ¡¿de verdad está llorando?!

—No puedo soportarlo más…

Su rostro palidece y se levanta. Toma el cuchillo de ayer e intenta empujarlo hacia su propio cuello. Le pido ayuda a Rosalia y rápidamente le quito el cuchillo de una patada.

—¿Por qué…? No puedo seguir viviendo si soy odiado por ti, Rosarin…

—No te odio, ¡está bien! ¡Fue solo un incidente!

En primer lugar, es mi culpa por bromear sobre pechos con un joven inocente.

Dirk solloza de nuevo como una doncella.

—¿D-De verdad? ¿No me encuentras repugnante? ¿No me odias?

—Te amo. En primer lugar, eres mi prometido, así que esto está dentro del rango de tolerancia.

Dirk sigue sollozando, pero parece calmarse por ahora. Le doy una palmadita en la cabeza.

—Dirk, ¿la señorita está aquí…?

Después de llamar, Martha abre la puerta y da un paso en la habitación, encontrando: a mí con el área de mi pecho al descubierto y a Dirk sollozando con su camisa desabrochada por completo.

—Señorita… —comienza a decir Martha con una expresión de tristeza.

—¿Sí…?

—No importa si está comprometida…, no puede tomarlo a la fuerza.

—No he hecho nada de eso, ¡ahh!

Mi grito de frustración resuena por todo el ducado.

Cuando le explico que vine por mi cuenta a la habitación de Dirk para dormir juntos, no hace falta decir que me regañaron.

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