Al límite – Capítulo 153: Se parece a mi esposa, ¿verdad?

Traducido por Soyokaze

Editado por Tsunai


Al día siguiente, Yu Ming llegó temprano al set de rodaje a pesar de todo. La hinchazón de su trasero había disminuido, pero su forma de caminar seguía siendo muy extraña, algo fácil de notar si uno se fijaba. Su expresión seguía siendo indiferente y su estado de ánimo no parecía distinto al de siempre.

Lo único que le dio a Sun Mu cierta sensación de logro fueron los ojos hinchados de Yu Ming, que apenas pudieron disimularse con maquillaje.

Las escenas en las que Yu Ming participó ese día eran aquellas en las que debía permanecer sentado o bien escenas de acción. Todo dependía de lo que a Sun Mu se le antojara.

Al final del día, su trasero volvió a hincharse y su forma de caminar se volvió sumamente torpe. Sun Mu caminaba detrás de él contando chistes en voz alta a la gente que lo acompañaba, y las risas eran especialmente estridentes.

Yu Ming se detuvo al llegar a la parada de autobús y Sun Mu le preguntó a propósito:

—¿Por qué tomas el autobús?

—Por conveniencia —respondió Yu Ming vagamente.

—¡Ha sido un día agotador, tomar el transporte público es demasiado pesado! —dijo Sun Mu, y luego añadió—: Ven, ven, yo te llevo.

Sin pedir permiso, lo agarró del brazo y lo arrastró hacia su coche.

Yu Ming intentó con todas sus fuerzas soltarse, pero no lo consiguió y, con frialdad, le reprochó:

—No hace falta, ¡suéltame!

Sun Mu, que parecía haber logrado por fin lo que quería, no solo no se sintió ofendido por el rechazo a su “amable intención”, sino que además exclamó con entusiasmo:

—¡Entonces no importa!

Todo esto fue visto por Xia Hong Wei, que no estaba muy lejos. Desde que Yu Ming salió del edificio, sus ojos no se habían apartado de él ni un instante.

Cuando llegó el autobús, Yu Ming subió con dificultad y, a pesar de que había varios asientos libres, optó por permanecer de pie, sujetándose del pasamanos. Su rostro estaba completamente cubierto; solo se veían un par de ojos hinchados mirando a través de la ventana.

Al verlo en ese estado, Xia Hong Wei sintió como si el corazón se le hiciera añicos en un instante.
 Un dolor intenso le golpeó el pecho y tuvo que recostarse en su asiento y cerrar la cortina, porque sentía que todo su ser estaba a punto de colapsar.

Sun Mu fue a recoger su coche y, por casualidad, vio un Maybach sin matrícula. Lo que llamó su atención fue la persona sentada dentro. Sin apartar la mirada, tiró de su asistente y preguntó:

—Ese hombre… ¿quién es?

El asistente también se quedó mirándolo fijamente y, después de un largo rato, respondió:

—No lo sé.

En ese momento, Xia Hong Wei abrió repentinamente los ojos, lo que hizo que Sun Mu se estremeciera al instante y que todo su cuerpo se pusiera rígido.
 Xia Hong Wei lo miró fijamente a través del cristal, ignorando toda su majestuosidad. El cuerpo de Sun Mu siguió sintiendo escalofríos incluso después de subirse a su coche.

♦♦♦

Yu Ming no tenía ninguna escena que rodar al día siguiente, así que decidió quedarse todo el día en su habitación.
 Han Dong le sirvió un poco de té y se quedó a su lado, entreteniéndolo con toda clase de cosas divertidas hasta que, poco a poco, el humor de Yu Ming mejoró bastante.

Al mediodía, Han Dong mezcló un poco de somnífero en la comida de Yu Ming, y este se quedó dormido rápidamente. Entonces, la mirada traviesa de Han Dong fue sustituida por una expresión sombría mientras salía con una bolsa que contenía ciertos objetos que había preparado de antemano.

Después de llegar al estudio donde el equipo de Yu Ming estaba filmando, Han Dong utilizó su identificación para entrar por la puerta principal y se infiltró en el vestuario, donde rápidamente se cambió a ropa de mujer.

En menos de media hora, una joven hermosa y seductora salió del camerino.

Sun Mu actuaba con entusiasmo cuando, de repente, la puerta del estudio se abrió de par en par. Han Damei caminó directamente hasta colocarse frente a Sun Mu y, sin decir una palabra, le soltó dos tremendas bofetadas.

Todo el mundo se quedó atónito.

Antes de que llamaran a seguridad, Han Dong lo señaló con el dedo y lo increpó:

—¿Reservaste ayer una habitación a nombre de alguien llamado Zhen?

Sun Mu, que estaba a punto de estallar, se quedó congelado en el acto.

En efecto, estaba teniendo un amorío con un hombre de negocios casado y adinerado de apellido Zhen; sin embargo, siempre era extremadamente cuidadoso cuando se veían. Las precauciones que tomaba eran comparables a la visita privada de un alto cargo.

¿Cómo demonios lo sabe esta mujer?, pensó, incrédulo.

—Te estás preguntando cómo lo sé, ¿verdad? —dijo Han Damei, como si leyera sus pensamientos—. Te lo diré: ¡yo soy su esposa! ¡Todos los aquí presentes escuchen bien! La inversión de esta serie de televisión está hecha, ni más ni menos, que con el dinero de mi marido. Y su productor no es más que una ramera especializada en robarle a una mujer para convertirse en el perro de otro hombre.

—¿¡Qué mierda estás diciendo!? —por fin se alteró Sun Mu.

—¿Qué, qué estoy diciendo? Solo para refrescarte la memoria: en marzo del año pasado, ¿quién te dio el ochenta por ciento de la inversión en la inmobiliaria Fujing Garden? Y, además, en septiembre del año pasado, ¿quién te arregló el desastre después de que perdieras cincuenta millones apostando en Macao?

¿No me digas que de verdad es la esposa de Zhen?, pensó Sun Mu, casi dando un brinco. Pero Zhen le había dicho claramente que su esposa era una mujer vieja y fea. Si no fuera así, ¿cómo podría “ella” saber tanto?

Al principio, todo el elenco miraba a Sun Mu con incredulidad, pero después de que Han Dong lo acorralara exponiendo una por una sus hazañas secretas, esas miradas se volvieron claramente despectivas.

El tono de Sun Mu era incoherente por la ansiedad:

—Me estás calumniando… T-tú… ¡Te lo juro que te voy a demandar! ¡Bruja!

—¿Que te estoy calumniando? —el Gran Inmortal Han sonrió con elegancia y añadió—: ¿No tienes una marca de nacimiento en un costado del cuerpo? ¿No te gusta arrodillarte cada vez que te están follando? Además, cada vez que te follan usas lubricante con sabor a mango…

Sun Mu se quedó completamente aturdido ante esas palabras, pensando para sus adentros cómo demonios lo sabía Han Dong.

Han Dong le dijo con arrogancia:

—Todo eso me lo contó mi marido cuando estaba borracho.

Sun Mu quiso replicar, pero Han Dong le rasgó la ropa en un segundo, sin darle tiempo a reaccionar, y señaló con el dedo la parte donde se veía la marca de nacimiento delante de todos.

—Miren todos, ¿dije alguna mentira? —remarcó, apuntando específicamente al costado de Sun Mu.

En el momento en que esas palabras salieron de la boca de Han Dong, todo el set cayó en un caos absoluto.

La cara de Sun Mu se puso morada. Intentó agarrar a Han Dong, pero este le soltó otro par de bofetadas.

Después, Han Dong todavía tuvo la desfachatez de ponerse en el papel de víctima:

—No solo le robas el marido a otra, ¡encima te atreves a pegarle a una mujer! ¿Te consideras siquiera un hombre? ¿Esa polla que tienes es solo de adorno?

Sun Mu perdió por completo los estribos y le gritó a su guardaespaldas a todo pulmón:

—¿Qué demonios estás esperando? ¡Saca ya a esta loca de aquí!

Han Dong fue muy listo, pues en el último segundo aplastó en la cara de Sun Mu todos los huevos podridos y cáscaras de melón viscosas que había reunido de antemano; luego levantó la pequeña bolsa que llevaba, se la colgó al hombro y, por último, le lanzó una mirada seductora al guardaespaldas mientras le advertía:

—Puedo caminar sola. Si te atreves a tocarme, te demandaré por acoso sexual.

Dicho esto, Han Damei se dio la vuelta y se alejó con elegancia. Solo se escuchaba, cada vez más lejos, el sonido de sus tacones.

Hay que tener en cuenta que lo que más cuida Sun Mu es, precisamente, su rostro. Cuando le estrellaron en la cabeza huevos podridos y cáscaras de melón viscosas, los presentes no solo no sintieron lástima por él, sino que además le dirigieron miradas de desprecio. En ese momento, deseó morirse allí mismo.

El rodaje tuvo que detenerse a causa de este repentino incidente.

Temblando, Sun Mu llamó al acaudalado hombre de negocios Zhen, solo para enterarse de que su esposa se había marchado al extranjero y que esa mujer no podía ser otra cosa que una impostora.

—¡Dense prisa y atrápenla! —rugió Sun Mu furioso—. ¡No debe de haber ido muy lejos!

Y, de hecho, Han Dong no había ido muy lejos. Entró en el baño, se cambió de ropa, se desmaquilló y salió caminando con naturalidad, como si nada hubiera ocurrido.

El guardaespaldas de Sun Mu pasó varias veces a su lado antes de detenerse por fin y mirarlo de arriba abajo, sorprendido.

—Tú… ¿no eres el Maestro Espiritual Ma? —preguntó, emocionado.

—Sí, soy yo —respondió Han Dong, estrechándole la mano con entusiasmo.

—¡Soy un gran admirador de tu película! La veo cada vez que puedo, me encanta el papel que interpretaste. Es tan emocionante que se me pone la piel de gallina cada vez que la veo.

Han Dong soltó una carcajada.

—¿Puedo tomarme una foto contigo?

Han Dong aceptó encantado. Rodeó los hombros del guardaespaldas con un brazo, posó con actitud de “chico rudo” y, con el otro, tomó la foto.

Después, Han Dong preguntó con naturalidad:

—Hace un momento te vi corriendo de un lado a otro, ¿pasó algo? —preguntó Han Dong.

—Sí, estamos buscando a una mujer —respondió el guardaespaldas. De repente pareció darse cuenta de algo y añadió—: ¿Has visto pasar por aquí a una mujer muy guapa? Tiene casi tu misma estatura, cejas espesas, ojos grandes y unas piernas especialmente largas.

Han Dong se quedó pensando un momento antes de preguntar:

—¿Tiene el cabello ondulado y llevaba un bolso de mano amarillo?

—¡Sí, sí, sí! —asintió el guardaespaldas, entusiasmado—. ¡Es ella! ¿Dónde la viste?

—La vi cuando salí del baño. Como era tan hermosa, no pude evitar mirarla varias veces —respondió Han Dong, fingiendo seriedad.

—¿Y luego? ¿Viste hacia dónde fue?

—La vi caminar en dirección oeste y después desapareció —contestó Han Dong con tono ambiguo.

Al oír esto, el guardaespaldas se dirigió hacia el oeste. Justo en ese momento, Sun Mu pasó por allí y, al verlo, le preguntó con ansiedad:

—¿La encontraste?

—Hace un momento un actor dijo que la vio dirigirse hacia el oeste —respondió el guardaespaldas—. Pero ya revisé por ahí y no la encontré…

Mientras hablaba, recordó de pronto algo: en el lado oeste de ese estudio de cine y televisión había una puerta pequeña, y justo afuera de ella un contenedor de basura. Casi nadie usaba esa salida, pero no podía descartarse que alguien la utilizara para huir.

—Ya entiendo, seguro escapó por ahí.

Dicho esto, Sun Mu salió corriendo hacia la puerta, con los guardaespaldas pegados a sus talones. Por seguridad, uno de ellos abrió la puerta primero. Pero cuando lo hizo, Sun Mu ya no pudo mantener la calma.

Encima del montón de basura había ropa de mujer tirada, exactamente la misma que llevaba puesta Han Danmei.

Sun Mu se precipitó hacia allí, emocionado, sin pensarlo dos veces. Como resultado, pisó un hoyo lleno de excremento y cayó de bruces.

—¡Ahhhhh! —gritó Sun Mu desesperado.

♦♦♦

Como Yu Ming era un artista a cargo del propio Wang Zhong Ding, y con Xia Hong Wei de por medio nada menos, este prestaba especial atención a cada uno de sus movimientos, por lo que su caso de acoso ya había llegado a sus oídos.

—Pero Sun Mu ya tuvo su retribución —le informó Er Lei.

Los ojos de Wang Zhong Ding se entrecerraron.

—¿En serio? ¿Quién lo castigó?

—Se rumorea que la esposa del principal inversionista de ese programa descubrió que Sun Mu era el amante de su marido, así que contrató a una mujer muy hermosa para montar un escándalo y arruinar por completo su reputación.

Al principio, Wang Zhong Ding pensó que había sido Han Dong quien había provocado todo aquello; por eso, tras escuchar esas palabras, sintió que su corazón se aligeraba.

—¿No llamó a la policía? —preguntó Wang Zhong Ding.

—¿Cómo se atrevería? En su situación, lo único que puede hacer es contratar a unas cuantas personas para que investiguen en secreto —respondió Er Lei.

—¿Y cómo piensan investigar? La persona en cuestión escapó.

Al decir esto, Er Lei se animó aún más y añadió:

—Esa mujer huyó por la puerta oeste y dejó allí algo de ropa. Sun Mu pensó que podría encontrar huellas dactilares en ella, pero ¿adivina qué? ¡No encontraron nada! Además, Sun Mu rodó sobre el estiércol cuando fue a recoger la ropa. Está claro que esa ropa fue preparada de antemano para engañarlo.

Wang Zhong Ding resopló y comentó con sorna:

—Esa mujer es muy inteligente.

Pero mi “mujer” es aún más lista, pensó con orgullo.

—He oído que el set de rodaje estaba muy animado mientras ella causaba estragos —añadió Er Lei.

El interés de Wang Zhong Ding se despertó de inmediato.

—¿Hay video de las cámaras de seguridad? —preguntó, curioso.

El rostro de Er Lei se volvió extraño.

¿Desde cuándo al jefe Wang le gusta meterse en el bullicio?, pensó.

—¿Lo hay? —repitió Wang Zhong Ding.

Er Lei asintió y respondió:

—Seguro que sí, pero hay que ir a recuperarlo.

Él pensó que Wang Zhong Ding simplemente agitaría la mano y le diría con gesto serio que lo dejara estar, que solo había preguntado por preguntar y que en realidad no le importaba.

Inesperadamente, Wang Zhong Ding le ordenó:

—Entonces, ¿qué estás esperando? ¡Ve rápido y consígueme una copia!

Er Lei se quedó sin palabras y fue a cumplir la orden, todavía incrédulo.

Regresó poco después de las nueve de la noche con el video en la mano. Pensó que, para entonces, Wang Zhong Ding ya se habría marchado a casa, pero para su sorpresa vio que las luces de su oficina seguían encendidas. Lo lógico era que el jefe Wang no hiciera horas extra, así que se preguntó si el motivo por el que aún seguía allí era, precisamente, que estaba esperando el video de vigilancia.

Er Lei se quedó mudo ante su propia conclusión y pensó que era poco probable que su jefe tuviera una afición tan grande por ese tipo de cosas.

Aunque Er Lei sentía mucha curiosidad antes de ver el vídeo, después de verlo no tenía el menor deseo de repetir la experiencia.

Mientras pensaba en ello, la puerta de la oficina de su jefe se abrió de repente y Wang Zhong Ding le extendió la mano:

—¿Tienes el vídeo?

Er Lei se puso tenso.

—¿No lo trajiste? —preguntó Wang Zhong Ding.

Er Lei le entregó obedientemente la copia. Quería preguntarle por qué tenía tantas ganas de verlo, pero se contuvo.

Pensó que quizá fuera porque Han Dong había estado acompañando a Yu Ming en este período tan difícil y le faltaban momentos de diversión, así que ahora aprovechaba este asunto para distraerse de su soledad.

Después, Wang Zhong Ding introdujo el CD en el ordenador y se dispuso a ver, con total atención, cómo esa mujer que disfrutaba gastando bromas —igual que su “esposa”— entretenía a todo el mundo.

Er Lei se retiró discretamente.

En cuanto apareció Han Danmei en pantalla, la mirada de Wang Zhong Ding se perdió por un instante. Cuanto más avanzaba el vídeo, más sentía que algo no encajaba.

Finalmente, cuando Han Danmei señaló el costado de Sun Mu, su expresión tranquila se vino abajo por completo.

¿E-esta mujer… se parece a mi esposa?, pensó Wang Zhong Ding, incapaz de creerlo.

 

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