Al límite – Capítulo 156: Rebelión Total

Traducido por Soyokaze

Editado por Tsunai


Wan Li Qing regresó a China al día siguiente.

Wang Zhong Ding fue personalmente a recogerla y ambos se sentaron un rato en una cafetería cercana al aeropuerto.

El estado psicológico de Wan Li Qing era bastante bueno en comparación con los días previos a su viaje al extranjero. Ahora tenía las mejillas más sonrosadas y la piel más suave y luminosa, lo que la hacía lucir aún más hermosa.

Wan Li Qing notó que Wang Zhong Ding estaba muy distinto de antes.

Un cambio multifacético: por ejemplo, su peinado.
Antes, llevaba el cabello perfectamente peinado hacia atrás, dejando la frente al descubierto y remarcando unos rasgos maduros y profundos. Ahora lucía un corte corto con la parte superior erguida, moderno y con estilo, que hacía sus facciones peligrosamente atractivas.

Otro ejemplo era su postura al sentarse.

Antes, Wang Zhong Ding se sentaba muy erguido; aunque no estaba inmóvil, todos sus movimientos eran sobrios y contenidos. Ahora se inclinaba ligeramente, con las piernas separadas a voluntad, transmitiendo una leve sensación de libertad y desenfado.

Este Wang Zhong Ding resultaba un poco menos estricto y un poco más varonil.

Por supuesto, el mayor cambio estaba en lo que decía.

Wan Li Qing aún no entendía por qué había publicado esas palabras en su Weibo. Además, había fijado el mensaje en su perfil y todavía no lo retiraba. Por mucho que otros lo reenviaran y se burlaran de su contenido, él no lo eliminaba.

—Solo quise aclarar el malentendido para que los demás no piensen que odio a Han Dong —dijo Wang Zhong Ding, y fue al grano.

Wan Li Qing respondió:

—No me sorprende en absoluto el motivo por el que lo publicaste en Weibo. Lo que me cuesta entender es cómo puedes elogiar tanto a alguien. ¿No sientes vergüenza?

Wang Zhong Ding no consideraba que hubiera nada de qué avergonzarse.

—Si el límite de caracteres lo hubiera permitido, habría escrito más.

Wan Li Qing se quedó de piedra.

—¿Acaso… la persona a la que tanto alabas es el hombre que me llamó “cuñada”?

Wang Zhong Ding asintió a regañadientes.

A ella le resultó aún más difícil de comprender.

—¿Por qué irías tan lejos por él? Tú, inesperadamente…

—No hablemos más de eso —la interrumpió. Luego preguntó, directo—: ¿Sabe Xiake que has vuelto?

—Le avisé, pero me dijo que tenía cosas que hacer durante el día. Me temo que solo podremos vernos por la noche.

Wang Zhong Ding asintió y, con cautela, preguntó:

—¿Aún no has olvidado a ese “veneno de taquilla”?

—No. Su “envenenamiento” se ha vuelto cada vez más grave. ¿Crees que está enfermo? ¡Ha desperdiciado tres años en un hombre tan ordinario! No es que discrimine ese tipo de amor, solo me asombra que a él pueda gustarle un hombre. Como lo mires, parece heterosexual…

—Yo también soy así —dijo de pronto Wang Zhong Ding.

Wan Li Qing lo miró atónita.

—¿Qué dijiste? —preguntó, dudando de si había oído bien.

—A mí también me gusta un hombre —confirmó él.

—T-tú… estás bromeando, ¿verdad?

Wang Zhong Ding respondió con firmeza:

—De hecho, hoy vine expresamente para decírtelo.

Justo entonces entró una llamada de Han Dong.

—Estoy en el aeropuerto, ¿dónde estás?

—Terminal 2, sala internacional.

—De acuerdo, llego en un momento.

Dos minutos después, Han Dong apareció frente a Wan Li Qing. Esta vez cambió la forma de dirigirse a ella.

—Qing’er, estás más hermosa cada vez que te veo.

Qué confianza… En vez de llamarme Qing’er, ¿por qué no me llama Laofoye?, pensó Li Qing, molesta, con el ceño fruncido.

—Solo llámame Wan Li Qing.

Han Dong y Wang Zhong Ding se sentaron uno al lado del otro y la miraron.

La verdad estaba justo delante de ella, pero Wan Li Qing no le dio demasiadas vueltas. Hasta que Wang Zhong Ding empezó a hablar.

—Lo que quería decirte hoy es que él y yo estamos saliendo.

—¿Cuál “él”? —preguntó Wan Li Qing, todavía confundida.

Han Dong levantó la mano:

—¡Yo! ¡Ese “él” soy yo!

Wan Li Qing sintió como si un rayo le partiera la cabeza en dos.

—¿Cómo es posible?

Wang Zhong Ding bajó la mano y tomó la de Han Dong antes de hablar, con gesto culpable.

—Es verdad.

Wan Li Qing se quedó sin palabras.

♦♦♦

Xia Hong Wei se apresuró a finalizar sus asuntos y se dirigió directamente a la empresa de Wang Zhong Ding con el rostro ensombrecido, pero a mitad de camino recibió una llamada de Wan Li Qing.

—¿Dónde estás ahora?

—De camino a la empresa Dawang —respondió Xia Hong Wei.

—Muy bien, entonces ven directamente a mi casa.

—Ahora mismo quiero ir a la empresa a saldar cuentas con alguien. Termino eso y luego voy a tu casa.

—No —insistió Wan Li Qing—. Ven de inmediato. Tengo algo importante que decirte.

Xia Hong Wei no tuvo más remedio que dar la vuelta y acelerar rumbo a la casa de Wan Li Qing.

Al verlo, Wan Li Qing descargó al instante la ira que tenía acumulada.

—¿Por qué no me dijiste que Wang Zhong Ding y Han Dong están saliendo? —lo increpó.

El corazón de Xia Hong Wei dio un vuelco.

—¿Qué has dicho? ¿Wang Zhong Ding y Han Dong están saliendo?

—¿No lo sabías? —Wan Li Qing se mostró muy sorprendida.

La expresión de Xia Hong Wei lo dijo todo.

—¿Quién te dijo semejante cosa?

—¡Wang Zhong Ding lo admitió hoy en persona!

El color del rostro de Xia Hong Wei bajó de golpe a cero absoluto.

Wan Li Qing, que pensaba interrogarlo y luego quejarse y reclamarle, descubrió que su expresión era aún peor que la suya.
No pudo evitar maldecir en silencio: «¿Qué demonios ha pasado durante mi ausencia?».

—Ya veo —dijo Xia Hong Wei, y se marchó.

Después de eso, se dirigió nuevamente a la empresa; esta vez no fue a buscar a Han Dong, sino a Wang Zhong Ding.

—¿Estás saliendo con Han Dong? —preguntó Xia Hong Wei.

Wang Zhong Ding asintió.

—No tuve tiempo de decírtelo.

Esperaba que Xia Hong Wei se enfadara y lo acusara de poco considerado. No imaginó que este le pasaría un brazo por el hombro y hablara como si fueran compatriotas marcados por las mismas tribulaciones.

—Han Dong está jugando a dos bandas, ¿lo sabías?

Esta vez, a quién le atravesó la estocada fue a Wang Zhong Ding.

—¿¡Qué has dicho!?

—Te digo que a Yu Ming le gusta Han Dong. Y, aunque no puedo asegurar que Han Dong sienta lo mismo por Yu Ming, sí estoy completamente seguro de que conoce los sentimientos de Yu Ming —dijo Xia Hong Wei.

Wang Zhong Ding se enfureció. En realidad, no le importaba si a Han Dong no le gustaba Yu Ming; lo que lo encendía era que se lo hubiera ocultado.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó.

Xia Hong Wei le contó cómo, la noche anterior, había descubierto el ópalo en la habitación de Yu Ming.

Al oír la palabra “ópalo”, a Wang Zhong Ding le pareció que la cabeza iba a estallarle. Por muy buenas que fueran las intenciones de Han Dong, eso no borraba el hecho de haberlo mantenido en la ignorancia.

—¿Estás seguro de que era un ópalo? —preguntó.

—Anoche la habitación estaba poco iluminada y no pude verlo con claridad, pero estoy bastante seguro de lo que vi.

Wang Zhong Ding llamó de inmediato a Han Dong, pero su teléfono se había quedado en el dormitorio; la llamada fue directa al buzón de voz.

Así que Wang Zhong Ding se dirigió al dormitorio de Han Dong, con Xia Hong Wei pisándole los talones.

Dio la casualidad de que Yu Ming y Han Dong estaban comiendo fuera, así que el dormitorio estaba vacío.

Xia Hong Wei entró en la habitación de Yu Ming y se acercó a la cama para buscar el ópalo, pero no lo encontró.

—Debe de haberlo guardado en alguna parte —dijo Wang Zhong Ding.

Ambos comenzaron a registrar la habitación minuciosamente.

Pronto, Xia Hong Wei descubrió algo dentro de un armario.

—Aquí está.

El rostro contrariado de Wang Zhong Ding contrastaba con el brillo de la piedra preciosa de cinco colores.

—¿Y esto qué es? —preguntó Xia Hong Wei, sacando del armario una falda con estampado de juncos.

La expresión de Wang Zhong Ding cambió.

—Déjamela ver.

Xia Hong Wei se la entregó.

Al principio, Wang Zhong Ding pensó que se trataba de la estera de juncos que había mencionado Xiao Liang, pero al sacudirla comprobó que era una falda; y no solo eso: llevaba la firma de Kahn en la parte superior.

—Parece que Yu Ming ha recibido cosas muy buenas —comentó Xia Hong Wei, cuyo rostro se había oscurecido por completo.

Wang Zhong Ding fingió indiferencia y explicó con calma:

—Eso no se lo dio Kahn a Yu Ming; se lo dio a Han Dong, y él se lo pasó a Yu Ming para que lo guardara.

Xia Hong Wei lo miró fijamente.

—Amigo, tu situación es peor que la mía.

Los dos hombres guardaron silencio… hasta que sonó el teléfono de Han Dong en la habitación contigua.

Wang Zhong Ding fue a recoger el teléfono y vio un nombre desconocido en la pantalla. Pensó que sería alguno de los amigos sinvergüenzas de Han Dong, así que no respondió la llamada. Sin embargo, no colgó de inmediato: abrió el historial de mensajes.

Encontró entonces un mensaje que Han Dong había olvidado borrar. El texto podía sonar sarcástico, pero contenía mucha información. Para empezar, la palabra “sexy”, reforzada con el adverbio “muy”, encendió las alarmas de Wang Zhong Ding.

¿Muy sexy qué? ¿Acaso ya lo vio con alguna ropa reveladora?, pensó.

Con esa sospecha, Wang Zhong Ding usó el móvil de Han Dong para escribirle a Kahn:

—¿Qué quieres decir con “una foto muy sexy con falda de juncos”?

La respuesta de Kahn llegó al poco tiempo:

—Es que la última vez me enviaste una foto tuya desnudo de perfil y me sangró la nariz. No pude evitar fantasear cómo te verías con una faldita corta, medio cubierto y medio expuesto. Te verías muy sexy, jojojo~.

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