Al límite – Capítulo 159: ¡Loco!

Traducido por Soyokaze

Editado por Tsunai


Dos segundos después, Han Dong se llevó las manos a la cabeza y pidió clemencia:

—Solo bromeaba, solo bromeaba.

—No digas tonterías; sé serio —lo reprendió Xia Hong Wei, fulminándolo con la mirada.

Si lo pensaba en serio, Han Dong sí sabía en qué aspectos superaba a Xia Hong Wei.

—¿Yu Ming ha hablado contigo de esto? —preguntó de nuevo Xia Hong Wei.

Yu Ming lo había hecho. En aquel entonces, dijo que, aparte de que Xia Hong Wei era más rico que Han Dong, en nada más podía comparársele. Pero ¿cómo iba Han Dong a decirle esto a la cara? Si se atrevía, su pequeña vida desaparecería de inmediato.

—Pregúntale ahora —ordenó Xia Hong Wei.

Han Dong se quedó pasmado.

—¿Qué le pregunte ahora?

—Sí. Llámalo y pregúntale directamente. Pon el altavoz.

Han Dong dudó un instante, pero sacó el teléfono. Yu Ming contestó.

—Ming’er, ¿estás bien?

El tono de Yu Ming no mostraba nada extraño.

—Estoy bien. ¿Qué pasa?

—Nada importante, solo te llamaba para charlar, je, je…

Así estuvieron un rato conversando de forma ociosa, y solo cuando Han Dong percibió que Yu Ming había bajado por completo la guardia, fue al grano:

—Es que no lo entiendo. Al final, ¿qué parte de Xia Hong Wei “no es buena”?

Cuando el tema viró hacia Xia Hong Wei, el tono de Yu Ming se volvió frío. Ese cambio irritó mucho a Xia Hong Wei.

—¿Acaso hay alguna parte buena en él? —Yu Ming clavó otra daga.

Xia Hong Wei, con una mirada helada, le indicó a Han Dong que fuera más específico.

Han Dong adoptó un tono burlón y preguntó:

—Entonces elige tú lo más serio.

Hubo un largo silencio al otro lado hasta que Yu Ming volvió a hablar:

—¡Ni una sola vez sentí placer cuando tuve sexo con él!

Xia Hong Wei jamás imaginó que Yu Ming —una persona de corazón puro y de pocos deseos— pondría ese tema en primer lugar.

Han Dong colgó y se frotó las manos, nervioso.

—En eso… cof, cof… en realidad no soy mejor que tú… Por supuesto, no es que… no es que no seas bueno… Es solo que yo… yo… para ser honesto… a veces Zhong Zhong no me soporta…

El agua de la regadera con la que Wang Zhong Ding estaba regando las flores acabó empapándole los zapatos.

♦♦♦

Esa noche, Xia Hong Wei fue a buscar a Yu Ming al dormitorio.

Yu Ming ya había adivinado quién era al oír los golpes: Han Dong nunca llamaba; los demás, sí se anunciaban. Aun así, abrió la puerta y habló con frialdad:

—¿Para qué me buscas?

Xia Hong Wei tomó la mano de Yu Ming y colocó sobre ella una piedra multicolor.

—Te ayudé a recuperarla.

A Yu Ming le costaba creer que Xia Hong Wei hubiera ido solo para devolverle la gema. No se sorprendió; más bien se sintió descolocado por la actitud tranquila de este último.

Al mirar con más detalle, Yu Ming descubrió que el color y el brillo del ópalo, así como su patrón, eran completamente distintos.

Obviamente, no era el mismo ópalo.

La sensación de pérdida en el corazón de Yu Ming se desvaneció al instante y, por primera vez en mucho tiempo, sus ojos se iluminaron ante algo que le regalaba Xia Hong Wei.

—¿Qué tiene de bueno esta piedra? —preguntó Xia Hong Wei, sin comprender.

Yu Ming respondió:

—Tiene muchos colores.

Así de simple.

Xia Hong Wei siempre había pensado que a él le gustaban las cosas muy sencillas. Inesperadamente, en realidad le atraían las cosas elegantes. Pensando en la persona que le gustaba a Yu Ming, de pronto no resultaba tan difícil de entender.

Ambos guardaron silencio durante un buen rato.

De repente, Xia Hong Wei tocó con el dedo la frente de Yu Ming.

—He oído por ahí que estabas muy insatisfecho con mi desempeño en la cama…

Yu Ming comprendió la intención detrás de aquella llamada telefónica de Han Dong.

Imaginó que Xia Hong Wei lo levantaría y lo lanzaría a la cama para poner en práctica todo tipo de represalias crudas; sin embargo, para su sorpresa, Xia Hong Wei no se descontroló ni se volvió agresivo en ningún momento. Solo lo miró con ojos cargados de interés.

—No esperaba que fueras tan terco en este ámbito. Siempre pensé que eras como Zhuangzi: un idiota que no siente nada.

Yu Ming no sabía cuántas palabras humillantes había escuchado antes de Xia Hong Wei sin que le afectarán; sin embargo, esas frases aparentemente superficiales, inesperadamente, le incomodaron.

—No sufro disfunción eréctil. Así que, ¿por qué no iba a querer sentir placer?

Xia Hong Wei sonrió; acercó un poco más el rostro al de Yu Ming y su aliento ardiente le golpeó la cara.

—Aún no has respondido a mi pregunta: ¿son mis habilidades en la cama realmente tan malas?

—No quiero hablar de esto contigo —respondió Yu Ming, intentando apartarlo.

—No me estoy burlando de ti; de verdad quiero entender —dijo sinceramente Xia Hong Wei, sujetándole la muñeca.

El rostro de Yu Ming siguió tan tenso como antes.

—¿Por qué quieres entenderlo?

—Para no cometer el mismo error si llego a tener una relación seria en el futuro.

—No tengo ninguna obligación de darte retroalimentación.

Xia Hong Wei acercó aún más su rostro al de Yu Ming, con los labios separados por apenas un milímetro. Un pequeño movimiento y se besarían por accidente. Sin embargo, su autocontrol era bueno.

Mientras tanto, Yu Ming solo quería empujarlo.

—¿No soy lo bastante amable? —preguntó Xia Hong Wei.

Yu Ming no respondió.

—¿No hago suficientes preparativos previos?

El silencio continuó.

De pronto, Xia Hong Wei giró el cuerpo de Yu Ming y le sujetó la muñeca con firmeza.

Yu Ming pensó que Xia Hong Wei repetiría su rutina de siempre; no esperaba que le empujara la nuca hasta pegarle la cara a la pared helada.

—Tienes la cara muy caliente; así se te enfriará —añadió Xia Hong Wei.

—¡Suéltame! —protestó Yu Ming, forcejeando.

Xia Hong Wei se aferró con obstinación y siguió presionándole la cara contra la pared, contemplando con complacencia y arrogancia a un Yu Ming indefenso y humillado.

Finalmente dejó de presionarlo.

—Vete a dormir. Me voy —dijo Xia Hong Wei, apartándose.

Abrió la puerta y se marchó.

Yu Ming murmuró:

—¡Loco!

♦♦♦

A la mañana siguiente, Wang Zhong Ding por fin permitió que Han Dong saliera a relajarse y se lo llevó a la oficina.

Cada vez que Han Dong salía con un hombre, le gustaba pasarle el brazo por el hombro; más aún con Wang Zhong Ding. Temiendo que los demás no lo vieran, saludaba con una voz exageradamente alta. Y, por si fuera poco, quería que él mirara hacia la persona saludada.

Wang Zhong Ding, al fin, no lo soportó más y, exasperado, dijo:

—¡Quita esa garra de encima!

—Somos hombres, ¿qué tiene de malo que ponga el brazo en tu hombro? ¿Te preocupa lo que piensen? —replicó Han Dong, con una sonrisa que no llegaba a los ojos.

—¡He dicho que quites el brazo! —lo reprendió con voz severa.

Han Dong no tuvo más remedio que bajarlo, a regañadientes.

Poco después, el brazo de Wang Zhong Ding se posó sobre el hombro de Han Dong.

Han Dong se quedó perplejo. «¿Y esto qué significa?»

¿No había dicho Wang Zhong Ding que quería librarlo de ese vicio de estirar el brazo?

Lo miró con recelo y dijo:

—Eres demasiado bajo.

No mucho después de entrar en el edificio de la empresa, Han Dong quiso ir con el equipo a revisar localizaciones para el rodaje y, como Kahn no estaba, Wang Zhong Ding agitó la mano con tranquilidad.

—Ve.

—Kahn quiere que Yi Lu y yo “cultivemos el sentimiento” —le recordó maliciosamente Han Dong.

Para su sorpresa, Wang Zhong Ding —siempre en guardia con todo el mundo— estaba cien por cien tranquilo respecto a Yi Lu.

—Debes saber que ella y tu tío… —dijo Han Dong, alzando una ceja.

Wang Zhong Ding no comentó eso; en cambio, añadió:

—Date prisa y haz tus cosas. No hagas esperar a los demás.

Así, Han Dong salió feliz de la oficina.

Yi Lu fue enviada al equipo por Li Shang. No solo no evitó estar cerca de él, sino que además le pidió que charlaran en el set provisional.

—Han Dong se convirtió en portavoz de Armani —dijo Li Yu.

—Ya veo —asintió Li Shang.

Yi Lu añadió:

—De verdad es muy destacado. Solo he tratado con él una vez, pero ya me gusta su carácter. Me preocupa nuestra amistad revolucionaria: temo que algún día te abandone para seguirlo.

Li Shang soltó una carcajada, nada preocupado.

Poco después llegó también Han Dong.

—¡Oh! ¿Ya puedes levantarte y caminar? —se burló, deliberadamente, de Li Shang.

—Viendo lo bien que te desenvuelves, ¡el preocupado soy yo! —le sonrió Li Shang como si nada—. No os molesto; me voy.

Dicho esto, Li Shang se marchó.

Han Dong le preguntó a Yi Lu:

—¿A dónde vamos hoy?

 —Oh, los subdirectores quieren revisar varios lugares de rodaje y quieren que vayamos con ellos.

—¿Entonces es un viaje de negocios?

 Yi Lu asintió.

 —Sí. Y el viaje no es corto: al menos una semana. En realidad no tendremos mucho que hacer; solo nos quieren para consultas, así que para nosotros será casi como un viaje de turismo.

 Han Dong lo entendió a grandes rasgos.

—¿Cuándo salimos?

 —Nos iremos dentro de un rato.

 —¿Tan pronto? —se sorprendió Han Dong—. No he empacado nada.

—No te preocupes, la compañía preparará todo lo que necesitemos. Y, si algo no te sirve, puedes usar mis cosas: mi asistente suele prepararme dos juegos.

 

15

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido