Bajo el roble – Capítulo 119

Traducido por Tsunai

Editado por YukiroSaori


La cara de Max estaba perdiendo color rápidamente y al ver esto, Yulysion mantuvo sus palabras firmes y verdaderas.

—Si algo le pasa a la señora, imagínate lo desconsolado que estaría lord Calypse. Por favor, sé comprensiva.

—Pero… Pero…

El rostro de Max se retorció de dolor y conflicto. Aferró el shekel en su bolsillo. La imagen de los necrófagos y su carne negra y podrida pasó ante sus ojos. No quería acabar así. Max estaba completamente desolada ante la idea de no volver a ver a Riftan, sin embargo, no era la única que se sentía así. Idcilla tenía un hermano mayor que la apreciaba y las sacerdotisas también. Todas tenían familia y amigos que las esperaban. Incluso los soldados, ella no quería que murieran. Miró a Yulysion con ojos complacidos.

—Entonces al menos a a-algunos de ellos… debemos llevarlos con nosotros. Incluso solo algunos…

—No podemos volver. Solo aumentará el caos.

Garrow sacudió la cabeza con firmeza. Sus rostros eran tan conflictivos y distorsionados como el de ella.

—Nosotros tampoco deseamos marcharnos así, pero por favor, comprended nuestra decisión. Para nosotros, las órdenes de lord Calypse están por encima de todo.

—Dentro del ca-castillo, hay una noble dama de Livadon que vino conmigo. Solo tiene dieciocho años… estaba preocupada por su hermano, así que lo siguió hasta aquí. Cuando termine esta guerra, se reunirá con él…

La expresión de Yulysion pareció quebrarse por un momento, pero sacudió la cabeza con firmeza.

—Es demasiado arriesgado volver ahora. Por favor, perdónanos. Sin embargo, tu seguridad es lo más importante para nosotros.

—¡Y-Yo no soy una persona tan importante! ¡Tampoco soy la persona no-noble que todos pensáis…!

Ante su repentino estallido, Max sollozó y no pudo pronunciar las palabras correctamente. Garrow estaba confuso por su arrebato, pero suspiró y tiró de las riendas.

—No tenemos tiempo para discutir así. Puede haber monstruos merodeando cerca. Tenemos que salir del cañón antes de que nos descubran.

Mientras llevaba a su caballo hacia delante por las riendas, éste la siguió obedientemente. Se obligó a tragarse la pena y sus preocupaciones mientras la arrastraban con ellos. Ruth, que siempre se quejaba de ella pero seguía preocupándose por ella a pesar de todo. Idcilla, que siempre fingía ser fuerte, pero en realidad tenía un corazón blando. Y Hebaron y las otras sacerdotisas, que eran todas inconscientemente cariñosas con ella… todas sus caras pasaron por su mente.

Aunque regrese y me quede en el castillo, nada cambiará. Solo me convertiré en otro no muerto al que las fuerzas aliadas tendrán que derrotar más adelante.

Max inventaba excusas tras excusas, pero nada enterraba la culpa de haber huido sola. Cerró los ojos con fuerza y lágrimas silenciosas corrieron por su rostro. Se sentía impotente y la pesada culpa agobiaba su corazón.

Piensa en Riftan. Se lo prometiste. Qué estarías a salvo. Le dijiste que no harías nada imprudente…

Sin embargo, las lágrimas no dejaban de derramarse mientras huían del oscuro bosque en silencio. Ella seguía mirando hacia atrás. Le parecía oír gritos a lo lejos, o tal vez todo era una alucinación creada por su propia conciencia culpable.

—Creo que tenemos que cambiar nuestra ruta…

Yulysion, que los guiaba en silencio, habló de repente. Miró la cara manchada de lágrimas de Max y su expresión se volvió sombría, pero rápidamente enderezó su rostro y luego reanudó en su tono severo.

—Puedo sentir un gran grupo de monstruos moviéndose cerca. Tenemos que encontrar otra ruta.

—¿Cuántos?

Preguntó Garrow en tono serio.

—Treinta… No, unos cuarenta.

—¿Trolls?

Yulysion sacudió la cabeza y miró con clarividencia hacia el bosque cubierto de oscuridad.

—Es probable que sean kobolds o goblins guerreros, pero nada bueno sale de toparse con ellos.

Garrow espoleó a su caballo, luego le devolvió las riendas a Max y le habló con severidad.

—Ya no hay vuelta atrás. Por favor, calma tus sentimientos y síguenos amablemente.

Max apenas pudo contener las lágrimas y asintió. Yulysion volvió a tomar la iniciativa y condujo su caballo al galope. Mientras corrían por el camino, ella luchaba por recuperar la compostura. Aquel no era el momento de llorar como una niña pequeña, no podía arriesgar las vidas de Yulysion y Garrow.

—Por aquí. Vamos a cruzar el desfiladero por este sendero de aquí.

Yulysion señaló el empinado sendero de la montaña. El llamado sendero era estrecho y lleno de baches, era demasiado áspero para llamarlo siquiera sendero y Max calculó que tardarían unos veinte minutos en escapar del bosque y llegar a la carretera principal.

—¿Debemos… subir por esta pendiente?

—Parece que hay monstruos acechando al norte por si la gente de dentro abandona el castillo y escapa. Creo que será difícil dar la vuelta. Debemos subir por este camino y dirigirnos directamente al este.

—P-Pero… si hay monstruos más allá del desfiladero… entonces tal vez…

Yulysion sacudió la cabeza.

—No hay razón para que los monstruos dispersen sus tropas. Incluso si hay monstruos más adelante, probablemente solo serán exploradores. Garrow y yo podemos manejar eso fácilmente.

—Yo seré el líder a partir de ahora. Tengo más experiencia en terreno montañoso.

Garow fue el primero en subir el sendero a caballo y Max le siguió por la vertiginosa pendiente. Todo su cuerpo estaba tenso y sudaba copiosamente, su respiración era muy agitada. El camino parecía interminable, pero por fin llegaron a la cima y ella pudo contemplar toda la vista de Etileno desde arriba. Su espalda se puso rígida, un débil rugido resonó en el aire.

—Mierda…

Garrow maldijo en voz baja y Max comprendió inmediatamente la razón: uno de los dos muros que defendían las puertas del castillo ya se estaba derrumbando. El ejército de monstruos que se había reunido frente al castillo rugió y corrió hacia él ahora frágil muro como una manada de búfalos furiosos en un intento de derribarlo por completo. Max gimió desesperada. El ejército de monstruos era mucho mayor en número de lo que vio cuando se asomó a lo alto de la muralla. Había miles, no cientos, de trolls, goblins guerreros y ogros.

—¿De dónde demonios ha salido ese ejército de tantos monstruos?

—Ahora no es el momento de pensar en eso. Es probable que los monstruos hayan enviado una unidad de búsqueda a esta zona. Tenemos que salir de aquí antes de que capten nuestro rastro.

Garrow, que fue el primero en volver en sí, escudriñó rápidamente el rastro, pero Max no podía apartar los ojos del castillo de Etileno que estaba siendo invadido en ese momento. Al verla así, Yulysion, que estaba tan conmocionado como ella, intentó consolarla.

—Aunque el castillo caiga, la gente que está dentro podrá evitar la muerte. Las fuerzas aliadas volverán antes de que eso ocurra y recuperarán el castillo.

Aunque Max era una completa ignorante en guerra militar, sabía que era una mentira descarada.

¿Cómo podían unos cientos de hombres esperar detener a una horda de mil monstruos? Los monstruos destruirían el Castillo de Etileno en un instante. Miró el interminable número de monstruos que marchaban por el desfiladero cuando, de repente, algo llamó su atención.

—Si rompemos e-eso… ¿les hará mucho daño a los monstruos?

Señaló la imponente formación rocosa, construida a izquierda y derecha del camino que conducía a la puerta sur del castillo. Los dos chicos parpadearon, confusos y cuando se dieron cuenta de lo que quería decir, sus ojos se abrieron de par en par. Volviéndose para mirar la enorme roca que colgaba del borde del muro, Garrow habló con voz temblorosa.

—¿Podemos… romper eso?

—Si usamos magia… podría ser po-posible.

Max quiso sonar lo más segura posible, pero no pudo evitarlo, su voz se quebró y los rostros de los dos chicos reflejaron incertidumbre.

—Pero la señora no tendrá suficiente maná….

—Tengo un plan. Aunque solo hay una pequeña posibilidad de que fu-funcione… vale la pena intentarlo.

Los chicos se miraron, en conflicto. Dándose cuenta de que estaban frente a un dilema, Max continuó suplicando desesperadamente.

—P-Por favor, por favor. Dadme veinte minutos… No, a-al menos quince minutos. Si no lo consigo, os seguiré a los dos sin rechistar.

Yulysion, que la estaba mirando, miraba a un lado y a otro entre Max y la roca que colgaba del borde de la pared mientras se mordía los labios. Habló con Garrow al respecto y finalmente asintió débilmente.

—De acuerdo, intentémoslo. Pero si fallamos, la señora deberá seguirnos y huir de aquí inmediatamente.

Max asintió con una expresión sombría. Los dos muchachos parecieron arrepentirse de su decisión, pero los tres comenzaron a subir de nuevo la empinada montaña. Mientras conducían sus caballos hacia el acantilado, los gritos del campo de batalla se hacían más fuertes, a medida que el sol comenzaba a ponerse y proyectaba un tono púrpura sobre los cielos. Al correr a tanta velocidad, Max sintió que el aire frío de la tarde le llegaba a los pulmones.

Los muslos le palpitaban como si se los hubieran clavado con un cuchillo y los brazos le temblaban, pero no podía permitirse un descanso. Aguantó con todas sus fuerzas. Después de un largo rato, algo surgió de repente de entre los árboles. Yulysion sacó rápidamente su espada y gritó.

—¡Da la vuelta!

Max tiró de las riendas de su caballo y se dio la vuelta a toda prisa, pero también había monstruos rodeándoles por detrás. Yulysion gritó ferozmente mientras la tiraba detrás de él para protegerla y gritó.

—¡Estamos rodeados, Garrow! Asegura un camino ahora!

Los monstruos cargaron contra ellos a la vez, como si hubieran coordinado su plan de ataque y Max se aferró al cuello de su caballo para salvar la vida. Quería lanzar un escudo, pero no podía sacar la fórmula mágica, dirigir su caballo y huir al mismo tiempo.

—¡Señora, haremos de cebo, debe escapar! Estaremos justo detrás de usted!

Los gritos de Garrow resonaron en sus oídos y Max miró a su alrededor con puro horror. No tenía ni idea de hacia qué dirección debía escapar. Mientras ella estaba abrumada, Yulysion y Garrow acuchillaron goblins tras goblins y aseguraron un camino para ella.

—¡Rápido, corre!

Max espoleó a su caballo y éste salió disparado hacia delante como una flecha. Un zumbido resonó en sus oídos mientras gruesos troncos de árboles pasaban a su izquierda y derecha. Ni siquiera podía mirar a su alrededor para ver si iba en la dirección correcta. Si frenaba un poco, sería su fin, así que Max movió las riendas como un látigo, obligando al caballo a correr a toda velocidad. Pero entonces, algo salió volando hacia ella de la nada y Max fue derribada del caballo. Cayó de espaldas con un fuerte golpe contra el suelo y su respiración se entrecortó.

Mientras jadeaba, levantó la cabeza aterrorizada. Había un goblin sentado sobre su estómago y sostenía algo parecido a un garfio en las manos. Max gritó tan fuerte que le dolió la garganta mientras agarraba todo lo que tenía a su alrededor y lo lanzaba desesperadamente contra el monstruo. Afortunadamente, en su momento de histeria consiguió apuñalar al monstruo en el ojo con una rama y el goblin chilló de dolor y se agarró la cara. Rápidamente apartó al goblin e intentó arrastrarse por el suelo, pero antes de que pudiera levantarse, el goblin consiguió agarrarla por la espalda.

Max golpeó y pateó a ciegas como si se estuviera ahogando, pero todo fue en vano. El goblin la agarró por la cabeza y le pateó violentamente en el estómago. La visión de Max se oscureció en un instante y a duras penas logró aferrarse a su conciencia que se desvanecía. Pero no podía cerrar los ojos, no ahora. Si se desmayaba aquí, sería su fin. Inconscientemente, Max cogió la daga que llevaba atada a la cintura mientras la arrastraban por el pelo. Levantó el arma y la clavó, no tenía ni idea de hacia dónde apuntaba, pero podía sentir la sensación de la hoja mortal desgarrando la carne.

Los ojos del goblin se abrieron de par en par, desconcertados, y la miró con incredulidad, bajó la vista hacia su estómago y gritó, temblando y tirando salvajemente de su pelo. Max levantó de mala gana la daga una vez más y volvió a hundir la hoja profundamente en su carne. La sangre brotó como una fuente, pintándole la cara y los brazos de rojo, pero no se atrevió a detenerse. Presa del pánico, apuñaló con el arma una y otra vez, clavando la hoja sin piedad en el vientre peludo del monstruo hasta que, finalmente, el agarre de su pelo se soltó y el monstruo cayó sin vida al suelo.

Respiraba de forma errática y su cuerpo temblaba incontrolablemente mientras luchaba por volver a levantarse. El torso del monstruo parecía carne picada cuando ella lo miró. Incapaz de contenerse por más tiempo, Max apartó rápidamente la mirada. Se desplomó en la base de un árbol y vació todo el contenido de su estómago. Le ardía la garganta por la acidez del vómito y sentía que todos los huesos de su cuerpo se habían hecho pedazos. Cada vez que respiraba sentía un dolor insoportable, como si se hubiera roto las costillas. Se rodeó los costados con las manos y miró hacia atrás, hacia el camino por el que había venido, estaba destrozada.

¿Dónde estoy?

El caballo que montaba había desaparecido sin dejar rastro. Max se levantó sobre sus temblorosas piernas, apoyándose en el tronco del árbol para sostenerse. ¿Podría empeorar la situación? Ya ni siquiera podía sentir miedo mientras permanecía allí cubierta de sangre en el profundo y oscuro bosque. Max caminaba distraídamente, intentando comprender dónde se encontraba, cuando de repente oyó gritos a lo lejos. Se tambaleó hacia el sonido mientras atravesaba los árboles. Entonces, un gran acantilado escarpado con una enorme roca en el borde se extendió frente a ella.

Se acercó al saliente y miró hacia abajo desde la vertiginosa altura. Había miles de monstruos acechando fuera del muro defensivo que protegía las puertas de Etileno.

La horrible escena que se reveló bajo ella hizo que su piel se estremeciera al instante. Se rodeó con los brazos y retrocedió tambaleándose. Había seis gigantes grises en primera línea, sus piernas eran tan gruesas como troncos de árbol. Cargaban hacia las murallas de Etileno y golpeaban fuertemente contra ellas con sus garrotes de hierro. De repente, oyó un fuerte y monstruoso rugido, seguido del lanzamiento de una enorme fuente de fuego.

Max se volvió hacia la fuente de las llamas. Entre la multitud de trolls, había un monstruo vestido con una túnica negra como el carbón, encaramado a la espalda de un semidragón. Entonces cayó en la cuenta: aquella criatura debía de ser el nigromante que había maldecido a Hebaron y controlaba el ejército de engendros. El monstruo tiró de las riendas del semidragón, que estaban hechas de cadena, instándolo a acercarse al muro defensivo de Etileno. A continuación, el nigromante levantó en alto su mano negra cubierta de escamas; el semidragón lanzó entonces otra bola de fuego al aire.

Max se cubrió la cara, incluso desde la distancia podía sentir el calor de las llamas abrasadoras. Las llamas rojo oscuro volaron como una bala de cañón hacia el muro defensivo de Etileno y ella sintió una fuerte ráfaga de viento. Se agachó contra el suelo, aplanando el cuerpo para evitar ser arrastrada por el viento. Esperó a que la ráfaga dejara de soplar y, cuando el humo negro empezó a disiparse, vio el muro medio chamuscado. Entonces, los ogros se abalanzaron como una manada de búfalos y golpearon la pared con sus garrotes.

El sonido ensordecedor de sus armas golpeando contra la pared la sacó de su estupor. Entonces se apresuró a examinar la estructura del suelo en el que se encontraba. No era el momento de contemplar la escena como una idiota. Max se arrodilló en el suelo y buscó en los márgenes del terreno donde se separaban la tierra y la roca. La roca estaba firmemente incrustada en el suelo de tierra más de lo que ella pensaba. Ella, que tanteaba el terreno con las plantas de los pies, se mordió los labios en señal de conflicto. El acantilado era más sólido que cuando lo vio desde abajo. No sabía si sería capaz de separar la roca del suelo de tierra del acantilado solo con su magia. Sus ojos se entrecerraron mientras miraba ansiosamente la roca estrechamente inclinada.

No hay más remedio que intentarlo…

Si pudiera crear aunque fuera una pequeña grieta entre la roca y el suelo de tierra que la mantiene estable, la enorme roca se derrumbaría por sí sola con la gravedad actuando sobre su gran peso. Retrocedió unos pasos y apoyó las palmas de las manos en el suelo. Entonces, sacó su mana, lanzando magia para levantar una barrera del suelo, entre la roca y la tierra para crear la fisura. El maná que extrajo se extendió a izquierda y derecha, creando un patrón complejo. Al cabo de un rato, el suelo bajo ella empezó a temblar ligeramente, el suelo se levantó, creando una barrera de tierra.

Ella dio un paso atrás, evitando el espeso polvo que se formó. Sin embargo, la roca permaneció impasible. Se mordió el labio, frustrada y se apartó el pelo que le caía sobre la frente. Las barreras mágicas se creaban a partir de lo que la rodeaba, haciendo un muro tangible de lo que hubiera en el entorno. Como esta barrera se creó arrancando tierra del suelo, se suponía que la estructura que había debajo quedaría alterada. Sin embargo, la estructura parecía no verse afectada con solo esa cantidad de escala.

Volvió a reunir el maná que le quedaba en su cuerpo. Creó otra barrera, que volvió a derrumbarse como un castillo de arena, creando otra gruesa capa de polvo. No esperó a que el polvo se asentara y levantó otra barrera del suelo. Habría sido más eficaz crear algo que rompiera directamente la estructura del suelo en lugar de levantar una barrera de tierra, pero no tenía la habilidad suficiente para crear un hechizo mágico para eso. Su método era absurdo, pero no tenía otra opción que romper la estructura del suelo de esta manera.

Tiró de la barrera una y otra vez, extrayendo maná de su cuerpo constantemente. Cada vez que la barrera emergía del suelo, la tierra temblaba ligeramente, pero la roca no daba señales de moverse. Poco a poco sintió que su maná se agotaba y Max se mordió los labios con nerviosismo. Era posible que la roca estuviera incrustada a una profundidad infinita y, de ser así, tendría que repetir este método innumerables veces solo para crear una grieta que desprendiera la roca del acantilado. Apretó los puños con frustración.

Max empezó a considerarse demasiado arrogante, pensando que sería capaz de derribar este muro de roca, el guardián de Etileno, que ha resistido miles de años.

Pero no hay otra manera…

Ella solo tenía un conocimiento limitado de la magia: sacar barreras defensivas de la tierra, curar, recuperar y pequeñas llamas. No había otra opción que intentarlo y hacerlo lo mejor posible. Crear esta barrera para crear una grieta en la tierra era como intentar romper una roca usando un huevo. Repitió la creación de una barrera durante unas nueve veces, entonces fue cuando sintió que sus ojos se volvían pesados y que su cuerpo se desangraba fuertemente.

Max se apartó rápidamente, recuperando su maná del suelo. Si aplicaba más maná, corría el riesgo de que se agotara. Respiró hondo y miró al cielo con la vista desenfocada. El tono del cielo contrastaba tanto con su situación que le molestaba la dorada puesta de sol que mostraba. Parpadeó vacía, una brisa fresca le rozó las húmedas mejillas. Todo su cuerpo palpitaba de dolor y tenía la cabeza entumecida. Su cuerpo temblaba sin control.

Era completamente inútil. Si la princesa Agnes o Ruth estuvieran aquí, ya lo habrían conseguido. Si Ruth hubiera escapado en vez de ella, habría destruido este acantilado en cuestión de segundos y causado un daño devastador a los monstruos. La voz de su padre llamándola “inútil”, resonó dentro de su cabeza. Y tenía razón, a pesar de intentarlo con todas sus fuerzas, al final seguía siendo una inútil. Se consideraba absurda por intentar arreglar ella sola una situación tan formidable.

El rostro de Max se retorció de desesperación y la garganta le ardió de vergüenza. Intentó tragarse la miseria caliente e hirviente que amenazaba con controlarla, cuando de repente, un tremendo estruendo envolvió su entorno. Se levantó rápidamente y corrió hacia la cornisa. El último de los muros defensivos de Etileno se desmorona. Todos los trolls rugieron a la vez y comenzaron a marchar hacia la fortaleza.

Los soldados que estaban en la fortaleza dispararon flechas ardientes a la vez y los magos lanzaron fuegos abrasadores hacia ellos como ataque, pero nada pudo detener a estos monstruos cuyos poderes regenerativos rozaban la inmortalidad. Los monstruos se abalanzaron, chocando contra las puertas del castillo sin dudarlo un instante. Max observó la escena con horror, apretó los dientes y apoyó las palmas de las manos en el suelo una vez más.

Esta es la última. Esta oportunidad es la última que tienes.

Sacó todo su maná y lo aplicó al suelo, lanzando un hechizo mágico en consecuencia. Se sintió como si se desangrara mientras su maná se drenaba de su cuerpo. En poco tiempo, el suelo tembló y una barrera de tierra de 15 kvets (unos 4,5 metros) de altura emergió del suelo, pero ella no se detuvo, siguió extrayendo su maná a una velocidad acelerada: para crear una grieta lo suficientemente profunda, necesitaba levantar más tierra. Max hizo que su barrera se elevara cada vez más, pero la roca seguía inquebrantable. Apretó los dientes y se dirigió al suelo como si quisiera amenazarlo.

—¡Derrumbate…!

Había sacado su última brizna de maná, pero no pasó nada. Golpeó el suelo y gritó exasperada.

—¡He dicho de-derrumbate!

Se le llenaron los ojos de lágrimas calientes. Ya no le quedaba maná. La barrera cayó en vano cuando el maná se agotó, levantando una densa polvareda. Mientras observaba amargamente la escena que se desarrollaba bajo ella, de repente oyó un golpe. Sus ojos se abrieron de par en par. Entonces, el suelo bajo ella empezó a deslizarse hacia un lado, incapaz de soportar el peso de la tierra que se derrumbaba.

Max miró el montón de polvo con resentimiento y amargura cuando, de repente, lo oyó y sintió que temblaba. Sus ojos se abrieron de par en par cuando el suelo bajo ella empezó a latir con fuerza. Con los cimientos debilitados, el acantilado ya no podía soportar el peso del guardián de Etileno y empezó a caer lentamente. Se tambaleó hacia atrás e intentó apresuradamente darse la vuelta y ponerse a salvo mientras el suelo y el polvo empezaban a derrumbarse bajo ella. Sin embargo, perdió la fuerza en las piernas y no pudo huir con rapidez.

Tropezó desesperadamente para llegar al otro lado del acantilado. Y entonces, el suelo bajo ella empezó a inclinar su posición y a caer hacia el acantilado a un ritmo exponencial. Fue arrastrada indefensa por el limo que caía, haciéndola perder el equilibrio y rodar por el suelo. Y justo cuando estaba a punto de caer por el acantilado con la roca, alguien la agarró del brazo.

Max gritó al sentir una fuerte presión en el hombro. Levantó la cabeza y vio el rostro ceniciento de Yulysion. Tiró de ella hacia él en un instante y saltó al suelo inclinado como si fuera el instinto de un animal. Olvidando el dolor de su hombro, Max se dejó arrastrar hacia un lugar seguro mientras el suelo seguía derrumbándose tras ellos.

Oyó maldecir a Yulysion antes de que el chico le rodeara la cintura con un brazo y saltara a tierra firme. Max contuvo la respiración ante el dolor que sintió en el costado. Aterrizó cerca de un árbol tan ágil como un gato y se agarró firmemente a una de las gruesas ramas del árbol, luego las apoyó contra el tronco, evitando la tierra que se precipitaba con la caída. Max se aferró a él con fuerza para salvar la vida. El suelo tembló violentamente como si el cielo y la tierra se estuvieran abriendo y rugidos y feroces gritos resonaron durante mucho tiempo. No tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado cuando su entorno por fin se calmó y apenas pudo abrir los ojos.

Tardó un rato en darse cuenta de lo que acababa de ocurrir. Su visión estaba borrosa, como si sus ojos estuvieran cubiertos de escarcha, cuando vio la enorme roca que había caído bajo el acantilado y los monstruos que estaban aplastados y enterrados debajo. Parpadeó con incredulidad. Cuando la roca de la cima del acantilado cayó, la escarpada pared de roca se derrumbó junto con ella.

—Oh, Dios mío…

Por encima de ella, Max oyó la voz desconcertada de Yulysion.

Temiendo que pudiera dejarla caer, el brazo del chico alrededor de su cintura la rodeó con tanta fuerza que aumentó el dolor que sentía en el costado.

—La mitad del ejército de monstruos fue aplastada por la roca. ¿Lo ves? La entrada ha quedado completamente bloqueada. Podrán resistir hasta que lleguen los refuerzos.

Habló con voz temblorosa mientras la alejaba de la cornisa y volvía en sí. Max se aferró a Yulysion para apoyarse y a duras penas consiguió pisar un suelo blando y tambaleante con tierra suelta mientras el chico seguía divagando con excitación.

—¡Eso fue asombroso! ¡Absolutamente asombroso! Pero tenemos que salir de aquí inmediatamente. Los monstruos descubrirían que estamos aquí arriba. Tenemos que encontrar rápidamente un lugar donde escondernos…

De repente, Yulysion se interrumpió. Max lo miró fijamente con ojos desenfocados y soltó un jadeo bajo y rápidamente fue a quitarse la capucha para revelar su rostro.

—Dios mío, sangre, sangre es…

Ante la mención de la sangre, Max recordó de manera tardía cómo había apuñalado hasta la muerte a aquel goblin. Su sangre probablemente todavía estaba salpicada sobre ella. Levantó la mano y se tocó la cara.

—E-Esta es la sangre de un goblin. Me s-salpicó la ca-cara…

—N-No, tu nariz…

Antes de que Yulysion terminara de hablar, cogió su capa y le apretó la tela contra la nariz para detener la hemorragia. Solo entonces Max se dio cuenta de que algo caliente le goteaba por la nariz. Parecía que la nariz le había estado sangrando mucho cuando recobró el sentido y sintió el sabor metálico de la sangre en los labios. Debía de tener un aspecto horrible, pero ni siquiera pensaba en su antiestético aspecto. Tenía frío en todo el cuerpo y temblaba violentamente. La cabeza le daba vueltas y se sentía muy mal. Incluso los brazos y las piernas le temblaban más que la última vez que había perdido maná. Al darse cuenta de su desastroso estado, Yulysion se puso blanco como la harina.

—Estás perdiendo demasiada sangre. Por favor, sujeta esto y haz presión para detener la hemorragia.

Max se estiró débilmente y levantó la capa hacia su cara con manos temblorosas mientras Yulysion le daba la espalda y se arrodillaba.

—Súbete a mi espalda, yo te llevaré.

Le resultaba difícil mantenerse en pie y mucho más caminar, así que Max no tuvo más remedio que trepar obedientemente por su espalda. Yulysion se levantó suavemente una vez que estuvo sujeta a su espalda y corrió por el bosque a la velocidad del rayo.

—Por favor, espera un poco más. Primero debemos ponernos a salvo.

La voz urgente del chico parecía tan lejana. Max gimió de dolor mientras luchaba desesperadamente contra su conciencia que se desvanecía. Si se desmayaba allí, solo sería un estorbo. Mientras luchaba por mantener a raya su conciencia, la voz de Garrow surgió de repente.

—¡Yuly! ¿Qué ha pasado?

—La señora consiguió atravesar el acantilado, pero creo que agotó su maná.

Garrow corrió rápidamente hacia ellos y se quedó con la boca abierta.

—¿Se encuentra bien mi señora?

Max lo miró con los ojos nublados y vio la cara pálida del muchacho. Se preguntó qué aspecto habría tenido ella para que él se mostrara tan alarmado.

—Tenemos que encontrar un lugar seguro donde escondernos ahora mismo. Los monstruos saben que estamos aquí arriba. Los que sobrevivieron al desprendimiento vendrán a por nosotros.

—¿Seguiremos hacia el este como habíamos planeado?

Yulysion negó con la cabeza.

—No podemos viajar con la señora en este estado. Tenemos que volver a Etileno.

—Pero la batalla…

—El corrimiento de tierras ha bloqueado completamente las puertas sur del castillo. Como mucho, hay un centenar de monstruos atrapados entre las puertas del castillo y el montón de rocas. Las tropas que quedan en Etileno podrán acabar con ellos. El problema son los monstruos que sobrevivieron. No se sabe lo que harán.

—¿Cuántos del ejército de monstruos pudieron sobrevivir?

—Entre seiscientos y setecientos… No, no puedo estar seguro. Vi a más de la mitad de ellos quedar sepultados por el corrimiento de tierras, pero los trolls son increíblemente resistentes. Si no murieron por el impacto, ya se habrían regenerado.

Yulysion se acercó a su caballo y puso a Max en pie. Gemía de dolor con cada movimiento, sus costillas y hombros prácticamente gritaban. Yulysion, ansioso y asustado por no saber qué hacer, preguntó.

—¿Puede la señora montar a caballo?

Max negó débilmente con la cabeza.

—Mi b-brazo i-izquierdo…

Solo entonces se dio cuenta Yulysion de que uno de sus hombros estaba terriblemente dislocado y se mordió el labio. Con cuidado, la levantó sobre su espalda.

—Deshagámonos de los caballos y viajemos a pie. Llevemos solo lo imprescindible con nosotros.

—¿Eso estará bien?

—Si no podemos montar y viajar en los caballos, será mejor dejarlos. Esas fueron las órdenes de Sir Calypse. Será difícil cubrir las huellas de los caballos, solo nos atraparán antes.

Garrow retiró rápidamente las alforjas y la silla de montar de los caballos y los dejó libres. Los tres descendieron inmediatamente por la montaña y Max iba como un muñeco de trapo a lomos del muchacho. Le dolía el hombro como si se lo hubieran clavado con un cuchillo justo en la articulación y las costillas le palpitaban insoportablemente. Incluso cuando su padre la golpeaba hasta los huesos, no le dolía tanto como ahora. Tenía el hombro dislocado, las articulaciones le palpitaban agónicamente y sentía las costillas como si se las hubieran roto por completo.

Tenía las rodillas muy lastimadas por haber sido arrastrada por la avalancha y probablemente, también tenía la cadera magullada por haberse caído del caballo. Sentía los brazos y las piernas inertes, no había un solo lugar de su cuerpo que no le doliera y todo su cuerpo temblaba mientras sentía escalofríos como si por sus venas corriera agua helada. Gemía de dolor mientras temblaba impotente.

—Maldita sea, tenemos que encontrar algún lugar donde escondernos y descansar un rato…

Yulysion murmuró con urgencia mientras miraba de izquierda a derecha.

—La señora solo puede acabar peor si perdemos el tiempo en un escondite. Sería mejor llevar a la señora inmediatamente a un sanador.

—Pero está sufriendo mucho…

Max intentó abrir los labios. Quería decir que estaba bien, pero de su boca solo salió un sonido extraño. Los síntomas de su agotamiento de maná empezaron a empeorar exponencialmente y el frío le calaba hasta los huesos. Yulysion comenzó a apresurarse, sintiendo su sufrimiento.

—Esto no servirá. Debemos entablillarle el hombro para reducir el dolor. Busquemos una cueva.

 

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