Yulysion se agachó todo lo posible para reducir el impacto de sus pasos sobre el cuerpo de Max, mientras corría velozmente por el bosque. Apretó la mandíbula, reprimiendo el castañeteo de los dientes por el frío que sentía y el dolor agónico que sentía en el hombro inerte. Se le pasó por la cabeza que sería mejor que perdiera el conocimiento. Sin embargo, no podía permitirse sucumbir a ella, existía la posibilidad de que no volviera a despertar.
Bajo el roble – Capítulo 119
La cara de Max estaba perdiendo color rápidamente y al ver esto, Yulysion mantuvo sus palabras firmes y verdaderas.
—Si algo le pasa a la señora, imagínate lo desconsolado que estaría lord Calypse. Por favor, sé comprensiva.
—Pero… Pero…
El rostro de Max se retorció de dolor y conflicto. Aferró el shekel en su bolsillo. La imagen de los necrófagos y su carne negra y podrida pasó ante sus ojos. No quería acabar así. Max estaba completamente desolada ante la idea de no volver a ver a Riftan, sin embargo, no era la única que se sentía así. Idcilla tenía un hermano mayor que la apreciaba y las sacerdotisas también. Todas tenían familia y amigos que las esperaban. Incluso los soldados, ella no quería que murieran. Miró a Yulysion con ojos complacidos. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 119”
Bajo el roble – Capítulo 118
—Si las fuerzas aliadas continúan su avance hacia el norte, podrán unirse a las fuerzas reales de Balto en la meseta de Pamela, que han estado expulsando a los monstruos desde el este. Si todo va según lo previsto, podrán acorralar a todos los monstruos en un mismo lugar y matarlos allí mismo.
Con el cansancio completamente olvidado, Max no pudo evitar estallar en una sonrisa ante las buenas noticias que Ruth le traía. Cada vez que el mago volvía de una reunión dirigida por el gran duque Aren, siempre daba los detalles después. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 118”
Bajo el roble – Capítulo 117
—Ven aquí. Te va a caer la lluvia encima.
De pie detrás de ella, Riftan le rodeó la cintura con los brazos y Max se apoyó en su sólido torso. La mandíbula de él le rozó la mejilla, haciendo que su cuello se estremeciera. Le rozó la sien con los labios y con la mano libre, le acarició el pecho, que aún le hormigueaba. Mientras el aire se volvía más pesado y húmedo, otro relámpago volvió a llenar el cielo, seguido de un trueno ensordecedor. El sonido era tan fuerte que parecía que el cielo iba a caer sobre sus cabezas. Riftan suspiró levemente y tiró suavemente de su cuerpo tembloroso hacia la cama. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 117”
Bajo el roble – Capítulo 116
Max tembló nerviosa ante el aura inquietante que emanaba aquel hombre. Se levantó de su asiento y se acercó a ellos, dirigiéndose directamente hacia Max. Yulysion le interceptó de inmediato, pero el hombre fue tan rápido con sus movimientos que la agarró por la muñeca y tiró de ella con dureza para que le mirara.
—Hmm, aunque eres muy guapa, no eres rival comparada con la princesa, ¿eh?
—¡Licht Breston! Quítale las manos de encima, ¡ahora! Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 116”
Bajo el roble – Capítulo 115
Por alguna razón, las palabras de la princesa le parecieron a Max como una reprimenda. Al mismo tiempo, sintió más confianza en sí misma, como si las palabras también tuvieran la intención de apoyarla. Agnes le dio un golpecito en los hombros y sonrió con timidez.
—De todos modos, ha salido bien. Ahora mismo hay veintidós magos aquí. Estamos desbordados con las tareas de levantar barreras por todas partes, crear fórmulas mágicas para preparar los ataques y fabricar herramientas mágicas. Es un desperdicio no ganar otro mago novato.
—¿No dejó claro Sir Calypse que no quiere que su esposa sea una carga? Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 115”
Bajo el roble – Capítulo 114
La actitud de Sir Uslin Rikaido hacia ella parecía un poco diferente, pero Max estaba demasiado agotada para pensar en ello. Se desplomó impotente en un rincón del barracón y se quedó con la mirada perdida. Estaba tan fuera de sí que ni siquiera oyó el sonido urgente de pasos que corrían hacia la tienda.
Ruth saltó al barracón de Riftan y sus ojos la encontraron de inmediato.
—¿Estás bien? Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 114”
Bajo el roble – Capítulo 113
Sentía como si le quemara el dolor por el hecho de tenerlo al alcance de la mano y sin embargo, no poder ni siquiera encontrarse con él. Por un momento, Max consideró seriamente ir tras él y confesarle todo, pero solo imaginar cómo reaccionaría Riftan le produjo escalofríos.
—Oye, ¿qué haces aquí de pie sin hacer nada?
Justo cuando Max se debatía en un dilema interno, la mano de alguien se posó de repente en su hombro. Un pequeño grito escapó de sus labios por reflejo mientras se giraba para mirar. Un hombre tan grande como Hebaron la miraba fijamente. Esbozó una extraña sonrisa y luego inclinó su rostro barbudo hacia el de ella. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 113”
Bajo el roble – Capítulo 112
Al enterarse de la herida de Hebaron, los ojos de Max se abrieron de golpe. Solo oír hablar de la maldición del monstruo ya era terrible de por sí.
—Entonces… ¿no hay forma de curar la herida?
—La magia divina podría funcionar.
Ruth respondió frunciendo el ceño mientras se rascaba el pelo revuelto.
—No te preocupes demasiado por ello. Los caballeros Remdragon ya habrán llegado a Etileno y el sumo sacerdote de allí se encargará de Sir Nirta. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 112”
Bajo el roble – Capítulo 111
La luz del rostro de Max se nubló. Su espina dorsal se enfrió como si estuviera sumergida en agua helada cuando escuchó que Riftan se enfrentó a mil trolls en batalla. Eran monstruos más pesados que un toro y tenían una capacidad de regeneración increíblemente rápida, hasta el punto de que incluso con la cabeza medio cortada podían curarse en un abrir y cerrar de ojos cuando se la volvían a unir al cuello.
Pensar que luchó contra un ejército de monstruos tan aterradores con solo doscientos hombres…
¿Cómo pudo ser tan malditamente imprudente? Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 111”
Bajo el roble – Capítulo 110
Max hizo acopio del poco valor que le quedaba y a duras penas consiguió abrir los ojos. Era difícil ver lo que ocurría, ya que el polvo que los rodeaba era tan denso como la niebla. Podía oír gritos, el ruido del acero al chocar, el relincho furioso de los caballos y el sonido nauseabundo de la carne desgarrada. Se mantuvo lo más cerca posible de la gente que la rodeaba y se estremeció de miedo. Un grupo de caballos pasó junto a ellos, dejando tras de sí una espesa polvareda de tierra y el resplandor de la armadura gris plateada de los caballeros pasó ante sus ojos. Su silueta cargó contra los trolls como una tormenta y pronto se desató una violenta batalla contra las docenas de trolls. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 110”
Bajo el roble – Capítulo 109
Max se quedó perpleja al ver la determinación que había en los ojos de la chica. Idcilla, que tenía cuatro años menos que ella, era cien veces más valiente que ella. Sintiéndose incómoda bajo su mirada, Max apartó la vista. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 109”
Bajo el roble – Capítulo 108
Max ayudó no porque quisiera ser reconocida por sus buenas obras, sino porque ayudar en el asilo la mantenía ocupada y prefería eso a holgazanear en el monasterio. El agotamiento físico que le causaba también la ayudaba a dormir por la noche. Recientemente, sufrió de insomnio severo. A lo largo de las oscuras noches, mientras yacía sola en su cama, los rostros horriblemente distorsionados de los caballeros caídos atormentaban su mente. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 108”
Bajo el roble – Capítulo 107
Max se apresuró a doblar las rodillas en una reverencia. Un nudo de nervios le apretó el estómago al darse cuenta de que el joven frente a ella era el comandante de los caballeros sagrados.
Apretó con fuerza la carta que guardaba en el bolsillo. Por más que lo pensara, sabía que no era adecuado pedirle a alguien como él que hiciera de mensajero. Dio un paso atrás, incómoda bajo su mirada. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 107”
Bajo el roble – Capítulo 106
Max sintió que se le hacía un nudo en la garganta. No podía creer que esas fueran sus palabras de despedida para ella; tan sencillo y frío. Era como si el tiempo que pasaron en el barco fuera toda una mentira. Riftan se volvió, con el rostro tranquilo y sereno mientras se alejaba de la capilla. Los caballeros que estaban a su lado bajaron la cabeza hacia ella y siguieron al comandante.
—Regresaremos pronto y llevaremos a la dama de regreso a Anatol, así que no te preocupes demasiado —dijo Yulysion con confianza antes de darse la vuelta. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 106”
