—¡Bandersnatch, llévate a esa chica, que solo estorba! ¡Los demás, entretengan a la pequeña zorra!
Al oír la orden de Elsee, las monstruosas quimeras se pusieron en movimiento. El gigantesco perro de dos cabezas, al que llamó Bandersnatch, cargó a la inerte Renge sobre su lomo y se alejó del lugar. El resto de las criaturas se abalanzó sobre Kuzuha. Seguí leyendo “El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 84: Dorado y plateado”
